
"La relación se rompió tiempo después de lo que debió ser una luna de miel (el Mundial de Alemania). Y terminó de desencadenar el divorcio. Sin embargo, las cenizas capaces de avivar el fuego todavía perduran, existen. Y tienen futuro. Acaso por una reconciliación que se palpita muy cercana... Pasaron cinco meses y medio de aquella ruptura. Fue un adiós doloroso, inesperado, acosado por las críticas y los sufrimientos internos y externos. "Me lo pidió mi mamá, es por la salud de ella", fue el argumento y, se sabe, la sensibilidad amortiguó la crítica. En realidad, lo que Román necesitaba en ese momento era tranquilidad. Una paz interior que parece haber recuperado ahora, otra vez en su país, en este regreso a su club que le devolvió algo de su propia alma. Porque las ganas de ponerse la celeste y blanca, siempre lo confesó, pocas veces le faltaron. ¿Y entonces? Y entonces la ventana se abrió sin querer queriendo el día de su presentación en Boca. Y hoy es ventanal, puerta. Una puerta que el propio Riquelme está decidido a cruzar para jugar la Copa América. ¿El? Sí, él. Y aquí lo determinante: el Coco también está dispuesto a devolver la llave de esa cerradura que, como técnico, nunca cerró."
Este texto es parte de la nota de tapa de la edición de hoy del diario deportivo Olé, de Buenos Aires. La nota completa, titulada "COCO, TELEFONO" puede leerse completa aquì.
La llegada de Juan Román Riquelme a Boca, a préstamo por parte del club Villarreal de España, en donde ya no se lo soportaba más, dejó en evidencia unas cuantas cosas:
1. La necesidad de Macri de dar un"golpe anímico" y propagandístico parael clubque preside, luego de la miserable pérdida del campeonato anterior (que todos los hinchas de Boca creían ya ganado de antemano), el traumático enroque de equipos técnicoscon Vélez Sársfield y la pobrísima actuación del equipo durante el verano (doble derrota con River Plate incluido). El golpe debe haber costado mucho dinero, pero sirvió para que se hablara de Boca en términos positivos.
2. La NINGUNA autoridad del flamante técnico Miguel Angel Russo ante el plantel que finge conducir. Es evidente que tanto en la compra de refuerzos y en la formación del equipo en la cancha, la decisión es del presidente del club.
3. La maraña de millonarios negocios de los medios de comunicación, relacionados con la marca "Boca".
Si nos detenemos en este último punto es prioritario marcar lo evidente que resulta, hasta para el menos avisado de los mortales, la desmedida presión mediática para instalar al exiliado Riquelme como, no sólo el gran salvador del Boca, sino también como el más grande evento que le pudo suceder al fútbol argentino.
Nadie pide a la parcialidad de un equipo que sea lo contrario, o sea, imparcial. Un medio de comunicación es otra cosa, salvo que haya tanta plata en juego que estén dispuestos a cagarse olímpicamente en cualquier noción de ética:
Todos sabemos lo que es Riquelme. Un individuo problemático, cansino y poco dado a socializar. Parco, casi autista, Román hizo un papel tan amargo en el último mundial como el que después desarrolló en el Villarreal. No creo ser el único que no ha olvidado su actitud desdeñosa y prescindente en el campo de juego, defendiendo los colores nacionales, alimentado por los elogios irreales de ciertos periodistas, pero soportando el odio de la gran mayoría de los hinchas argentinos, esos que no reciben cheques para hablar bien o mal de alguien.
Vuelto a Boca, la campaña comenzó ni bien Román puso un pie en suelo argentino. “Se lo ve feliz”, dijo un amanuense mediático. “Si Román está feliz, todo va a ir bien”, cacareó otro. Era el principio. Todo era sonrisas, mucho alivio. Otra vez Boca era noticia por cosas positivas. Los billetes despertaron pasiones exaltadas. “Llegó el Mesías” proclamó alguien en la radio. ¿No será mucho?
Era de esperarse. El olfato de lo que vende más diarios o procura ratings más altos existe y algunos de estos bichos lo tiene aguzado hasta límites insospechados.
Fue lo mismo que, por citar un ejemplo que involucra también al remiso Riquelme, luego de aquella pelea con su actual “amigo” Macri, celebró un gol parado frente al palco del presidente de Boca con las manos haciendo pantalla en los oídos, gesto claro que indicaba “quiero escuchar lo que tenés para decir ahora”. Era una declaración de guerra que los chicos de los medios convirtieron por arte de magia en el “Topo Gigio”, porque era necesario ocultar el problema interno del equipo estrella, ese que DEBE salir campeón de algo al menos una vez al año para que no bajen las ventas y los anunciantes vuelquen sus recursos a los canales y las radios.
Entonces Riquelme volvió a la Patria. Nadie dijo con claridad que los problemas que lo eyectaron del Villarreal eran los mismos que levantaron el aluvión de críticas que por fin lo llevaron a renunciar a la Selección Nacional. Allí también los medios dieron una mano, certificando como cierta la excusa de que a “su mamá no le hacen bien las críticas”. Qué buen hijo de Román. Qué hijos de puta en los medios, tan dedicados a cuidar sus inversiones e ingresos.
Russo “decidió” ponerlo de entrada. ¿Acaso podía ser de otra manera? Con Román en la cancha volvió la alegría. Que durante el desarrollo del partido fuera el mismo poste que en sus últimos tiempos, frío y apático, importó poco. Ya vendrían tiempos mejores. Por eso, al cabo de dos buenos pases en el partido contra Independiente, Y SOLO POR ESOS PASES, obtuvo la ansiada calificación 10 en los diarios del lunes. Clarín, especialmente, diera la impresión de ser el “house organ” de Riquelme y de Boca. Ellos sabrán por qué.
Y ahora, la Selección. Es inevitable. La presión empieza, porque los medios se saben impunes y luego de un próximo fracaso de este perfecto “pecho frío”, sencillamente mirarán para otro lado y seguirán con sus negocios, como si nada hubiese pasado, como si fueran inocentes comunicadores, como si no hubieran operado descaradamente, manipulado a las audiencias e inventado un crack que ya no lo es hace mucho tiempo.
Impunes. Como en la historia política y económica de nuestro país. Igualito.
¿Para cuando un Nuremberg para los Medios?
MP