En el 2005 ya estábamos curados de espantos. Ya habíamos sido testigos del regreso de “La guerra de las galaxias” seis años antes y despues habíamos visto a Yoda pelear con su sable láser tres años después. Entre medias, “Spider-Man” y “El señor de los anillos” habían arrasado, llevándose consigo a parte de los desencantados fans de “Star Wars” que se fueron con la promesa de no volver... A los incondicionales de la Fuerza nos quedaba el último gran cartucho, el último estallido antes del final de una época... la época en la que aún no sabíamos cómo Anakin Skywalker se convirtió en Darth Vader. Pero el desencanto era contagioso. No por nada, sino porque ya no tienes cinco años, y la increíble expectación que despertaron las precuelas ya parecía agotada.
Error.
Durante el mes de mayo del 2005, los medios de comunicación, siempre atentos a explotar una noticia desde sus ángulos más superficiales, repitieron el bombardeo mediatico que nos asoló en el verano del 99. Gracias a dios, hacía mucho tiempo que había dejado de grabar telediarios y anuncios de televisión, porque las dos primeras semanas de mayo fueron una auténtica fiesta de imaginería del “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...”. Hasta los chaqueteros fans de Frodo y compañía y los desertores desengañados volvieron a caer en la trampa del lado oscuro y acudieron en masa a ver un Episodio III que arrasó en la taquilla como hacía tiempo que no se veía (superando por mucho, lo ingresado por “El ataque de los clones”). Nada de esto fue, en realidad, una gran sorpresa. Sí lo fue la respuesta crítica... con una unanimidad ni siquiera vista en los años de “El imperio contraataca” (bastante vilipendiada en su momento, por cierto). “La venganza de los Sith” según muchos, era el mejor episodio de toda la saga. Palabras mayores para quien ha crecido con Han Solo y la princesa Leia en su corazón.
Y es que hay ciertos aspectos sobre los que merecería hacer un pequeño comentario.
El factor nostalgia, por ejemplo. La nostalgia que nos hizo estar años deseando oír noticias de las nuevas entregas, que nos hizo caer desmayados del shock cuando vimos el primer trailer de “La amenaza fantasma” en noviembre de 1998... Soy de la opinión de que ésta nostalgia corrió en contra de las películas una vez que el público de entre veinte y treinta años se enfrentó a ellas. No sólo por las desmedidas expectativas que pusimos, sino por las inevitables comparaciones en términos de “experiencia vital” que ofrecía, por ejemplo “La amenaza fantasma”, comparada con “La guerra de las galaxias”. La diferencia es obvia.
Nostalgia, pura y dura.
Incluso en mí, defensor a ultranza de la magia que desprenden las precuelas, la impresión que causó el Episodio II no puede compararse a los años que pasé soñando con vivir en Bespin, con pilotar un X-Wing y con ser un caballero Jedi. Simplemente, no se puede. En la anterior parte de éste megapost, rafa aw, en los comentarios, hacia un interesante análisis a nivel de guión del Episodio II, y de Lucas por añadidura. Y es este tipo de análisis sobre los que quiero matizar, no porque sean incorrectos, sino porque creo que son el exacto reflejo de las desmedidas reacciones de frustración y repulsa que generaron los Episodios I y II... un excesivo análisis, una sobreexposición de analítica cinematográfica que una película para adolescentes como “La guerra de las galaxias” nunca debería exigir. No se me malinterprete. No digo que una buena película de aventuras no sea equiparable a otros géneros, o que no pueda parir obras maestras, digo que, simplemente, cuando nos sentamos a ver “Piratas del Caribe” o “Independence day” no examinamos tan al detalle los requiebros del guión ni de cualquier otro aspecto técnico de la película. Sin embargo, el profundo amor que desprenden las viejas pelis de Star Wars, unido a ese factor nostalgia que nos quiere retraer a cuando fuimos pequeñas personas deslumbradas por la magia de aquellas películas... nos obliga a buscar y justificar de forma racional los cómos y los porqués de que una película que forma parte de la saga no nos cause la impresión que nosotros esperábamos de ella.
También está el que las películas simplemente no te puedan gustar. Evidentemente. Yo estoy hablando (por si no lo habías notado) a un nivel terriblemente freak. Lo que pasa es que las generaciones que ya habían pasado la edad para deslumbrarse cuando llegó “La guerra de las galaxias” en el año 77, no tienen esa subjetividad y ese nivel de exigencia que nosotros sí. Para mi padre, que tenía cuarenta y pocos cuando se estrenó la primera película, la única diferencia con el Episodio I es que ésta está repleta de efectos digitales (y que es más floja, pero sigue siendo “La guerra de las galaxias”, en sus inmortales palabras).
Todo este rollo, viene a que si para nosotros, la afirmación “es la mejor de las seis” nos suena a grotesca herejía. Para alguien que, o bien haya crecido con las nuevas películas, o bien ya estuviera crecido cuando llegaron las antiguas, es, simplemente una opinión como otra cualquiera. Como decir que el remake de “El cabo del miedo” es superior al original.
Yo soy una de esas personas que sabe perfectamente que ninguna película que vea a día de hoy podrá dejarme la misma huella que “El retorno del Jedi” hace veinticinco años. Lo sé. Y aún así, “La venganza de los Sith”, me parece, si no la mejor de las seis, casi, casi la mejor de las seis. Ya os veo cogiendo las antorchas...
Me gustaría añadir que la experiencia de ver el Episodio III en el cine no fue ni remotamente comparable al éxtasis del Episodio II. Que la cinta, a pesar de emocionarme y atraparme en muchos momentos, me dejó una ligerísima sombra de decepción... probablemente una mezcla de los putos inciviles que acudieron al estreno en el Kinepolis, de la horrible sensación de que Star Wars, de una vez y para siempre había tocado a su fin, y de mis propias expectativas. Vi la película otras cuatro veces en el cine, y aunque mi opinión mejoró mucho con cada visionado, me seguía quedando con el Episodio II. La última vez que la vi fue en agosto del 2005. Y hace una semana por fin desempaqueté el dvd y me dispuse a acometer el visionado de la nueva trilogía con la deliciosa sensación que produce estar a punto de ver una película de “La guerra de las galaxias” que NO te sabes de memoria.
Como habréis imaginado, este mega-post es directo resultado de esa maratón, y sobre todo, de esa revisión del Episodio III... que me dejó tocado, e inmerso en las más profundas simas del amor y la gratitud eternas.
“La venganza de los Sith” comienza tres años después del final de “El ataque de los clones”, con las guerras clon en su punto álgido y un Anakin y un Obi-Wan cuya relación ha crecido, de paterno-filial a fraternal. Padme y el susodicho continúan manteniendo su amor en secreto, a C-3PO le han pintado por fin del dorado más brillante, el canciller Palpatine sigue usando sus poderes especiales para ir liquidando burocracia y acelerando el final de la guerra, y algunos senadores como Bail Organa, del planeta Alderaan (guiño-guiño-codazo-codazo) empiezan a estar con la mosca detrás de la oreja. En este punto de la historia, al conde Dooku no se le ocurre otra cosa que invadir Coruscant con su masivo ejército de droides y secuestrar al Canciller. Y claro, alguien tiene que acudir al rescate.
A diferencia de los Episodios I y II, aquí no voy a empezar por lo que no funciona. Aquí voy a empezar por el principio, por esa media hora que deja con la mandíbula abierta. Decía no sé quién que una película tenía que empezar con un terremoto y luego ir hacia arriba. Siempre he considerado esas palabras como un auténtico pozo de sabiduría. En el cine de género especialmente, un buen principio puede hacer maravillas por una película, aunque no es nada comparado con lo que hace un gran final... pero, como decía, un buen principio puede hacerte ganar una considerable cantidad de tiempo para exponer tu argumento y a tus personajes. En mi post sobre el Episodio I no me cansé de alabar lo que consideraba uno de los mejores principios que una película de acción y aventuras puede proporcionar... bueno, pues si el comienzo de “La amenaza fantasma” se puede considerar un terremoto, el principio de “La venganza de los Sith” sería el Fin de los días... poco más o menos.
La batalla sobre Coruscant, los buzz droids, R2 salvando el día con los acordes de la fanfarria rebelde, el aterrizaje en la nave, Obi-Wan y Anakin por todos lados cepillándose androides de batalla, de nuevo R2, él solito contra los super droids... el general Grievous, el canciller, la muerte de Dooku, la huída por el hueco del ascensor... yo! yo quiero ser Ben Kenobi! y el win... y el win!...
Se me va...
Como digo y repetiré y repetiré hasta que me muera: los primeros treinta minutos de “La vengaza de los Sith” valen por filmografías enteras de otros directores... no sólo por al alucinante ritmo que no decae un sólo segundo, sino por la maravillosa presentación que hace de los personajes, por el humor, tan familiar y tan... Star Wars (ese R2) y por la perfecta caracterización de los protagonistas, quienes con apenas un par de diálogos nos demuestran cómo su relación y ellos mismos han evolucionado desde la última película, cómo Anakin ha madurado de aprendiz a caballero Jedi, y como ese canciller Palpatine empieza a recoger las semillas que tanto tiempo lleva preparando... para lo cual paga el pato el pobre Dooku, que apenas tiene tiempo para un nuevo y genial duelo son sables láser antes de caer decapitado. Todo un auténtico festín para los sentidos.
Tras este “terremoto”, un poco de calma y la primera escena onírica de toda la saga (en qué cosas tan tontas me fijo, claro que habría quien considere la escena con Vader en Dagobah como onírica... rayos). La cosa es que nos vamos adentrando en una película de guerra en toda regla, mientras el politiqueo y los trapos sucios de Palpatine empiezan a ser cada vez más cantosos, hasta el punto de que los Jedi empiezan a considerar seriamente el golpe de estado... y al mismo tiempo, Anakin, el pobre, bascula de un lado a otro, debatiéndose entre el Jedi que quiere ser, la mujer que ama y la fidelidad a su amigo el canciller...
De entre esta parte central de la película destaca poderosamente la escena en la ópera galáctica en la que Palpatine, perfecto Ian McDiarmid, empieza a ganarse el oscuro corazoncito de Anakin, perfecto Hayden Christensen. Una escena tensa y dramática, ejemplarmente rodada y mejor montada que sirve como contrapunto a las aventuras de Yoda en el lejano planeta Kashyyk, hogar de Chewbacca, donde se está montando la de dios es cristo Originalmente, este planeta iba a ser el climax de “El retorno del Jedi”, pero eso fue hace mucho tiempo y ya hablaremos de ello.
Para cuando Obi-Wan aterriza en Utapau, donde el chungo del general Grievous se esconde junto a parte de la cúpula de los secesionistas, el tono festivo de la primera parte de la película ya está volviéndose progresivamente más oscuro, aunque antes de que el Drama con mayúsculas se apodere de la función podremos ver otra delirante secuencia de acción que quita el hipo, con Obi-Wan enfrentado a las cuatro espadas láser de Grievous y una persecución de lo más peculiar... hay que destacar el papel de Ewan McGregor, quién, lejos del estatismo del Episodio I, parece un niño con zapatos nuevos, comodísimo en su cada vez más maduro general Kenobi. Su energía se contagia también, como en esa despedida que nuestros dos héroes intercambian en Coruscant, poco antes de que Obi-Wan parta en pos de los separatistas. Un momento para estrechar lazos con Anakin, dejando patente el cariño y profundo respeto que se profesan el uno al otro... y que será la última vez que se vean antes del fatídico duelo.
Uno de los momentos cumbre de la película es, sin duda, la transformación de Anakin en Darth Vader, comenzando con ese intercambio de planos entre Padme y él, a kilómetros de distancia, mientras el tema “Anakin’s dark seeds” del maestro John Williams suena de fondo... la tragedia se masca en el ambiente, y los dos lo saben... un momento dramático sin igual en toda la saga. Luego vendría la llegada de Mace Windu al despacho de Palpatine y la definitiva e irrevocable decisión de Anakin... el miedo, finalmente, es el que le lleva al lado oscuro.
Para entonces ya nos hemos adentrado en una auténtica tragedia de proporciones galácticas. La celebérrima “orden 66" que deja, en pocos momentos, a la República huérfana de caballeros Jedi que la defiendan en una de las secuencias más memorables de la saga. La emoción a flor de piel a medida que Anakin, escoltado por varios escuadrones de clones, se acerca al templo Jedi para rematar la faena... “Todos y cada uno de los caballeros Jedi son ahora un enemigo de la República...” Pelos como escarpias, no lo neguéis. Y ese momento devastador, en el que uno de los jovencitos aprendices de Yoda se acerca a Anakin en busca de protección y retrocede un pasito al notar su espada láser encenderse. ¿Queríais una película oscura? Tres tazas.
Genial también la aparición de ese Bail Organa, exigiendo explicaciones a los clones, antes de salir por patas, consciente de que sus peores temores se han hecho realidad. El ejército está tomando el control de la República... yaiks.
Jimmy Smitts, un gran paso desde "La ley de Los Angeles" a ser papá de la princesa Leia.
Éste último acto de la película, en el que Yoda y Obi-Wan regresan al templo Jedi tratando de evitar la masacre que ya se ha producido, al mismo tiempo que el canciller se autoproclama Emperador traspasa los niveles de emoción y congoja que cualquier otro episodio de Star Wars haya conseguido antes (“así acaba la democracia en la galaxia, con un estruendoso aplauso”, Padme, at her best...). La historia, claro, es mucho más épica. Estamos hablando del fin de la libertad y la democracia y la imposición de una dictadura que sembrará el terror por todos lados. Una historia política que muchos críticos sesudos trataron de reflejar en la actual política estadounidense, motivo por el cual, supongo, la peli cayó tan bien entre la prensa especializada (seguro que los sables láser no tuvieron nada que ver).
Finalmente llegamos a Mustafar, el planeta volcánico del que llevamos veinticino años oyendo hablar, y en el que tuvo lugar el gran duelo entre Obi-Wan y un Anakin consumido totalmente por Darth Vader que ya no tiene reparo alguno en pasar por encima de Padme e, incluso R2... (mítico su pequeño momento con 3PO en el que parece decirle “este tío me está dando muy mal rollo”, a lo que 3PO contesta “está bajo mucho estrés...”). Un Anakin ciego por el lado oscuro, embebido de poder y con el odio como su gran aliado amenazando incluso la vida de su amada, una destrozada Padme que ve con sus propios ojos como el chavalín de Tatooine ha quedado completamente erradicado de la mente de su esposo... “No puedo enfrentarme a él” le dice Obi-Wan a Yoda, casi implorándole. “Envíeme a detener al Emperador” (curioso que ya lo llame Emperador cuando éste aún no se autoproclanado idem, o como mucho lo está haciendo en ese mismo momento...) “pero no me pida que mate a Anakin”... “Para enfrentarte a Lord Sidious suficientemente poderoso no eres”, le contesta Yoda, claro, alla va el Maestro Jedi, en una batalla climática paralela al momento más deseado por todos aquellos que una vez fuimos jóvenes viendo “El imperio contraataca”. Decir sólo que si la épica de las imágenes es absoluta, la música no se queda atrás, mezclando sabiamente el poderoso “Duel of the fates” de “La amenaza fantasma” con el tema clásico de la Fuerza y el nuevo e imponente “Battle of the heroes” que aporta un terrible matiz de tristeza a toda la escena. Por cierto, que es aquí donde está mi frase favorita, quién sabe si de la saga entera... “Si tan poderoso eres... por qué huir”, le dice Yoda al Emperador. Auch.
El final del duelo entre Obi-Wan y Vader (aparte de una pequeña incongruencia que mencionaré más adelante), nos regala otro momentazo de Ewan McGregor (“you were the chosen one!”) en el que Hayden no se queda atrás... por fin somos testigos de la desfiguración física de Anakin, de la que no se nos escamotea ningún detalle. Un momento largamente esperado que no deja indiferente... pero que es sólo el paso previo al nacimiento del auténtico Darth Vader, el que conocimos hace casi treinta años, el hombre de la máscara de hierro, cuyo nacimiento es paralelo al de su propia descendencia: Luke y Leia, nombres para la eternidad.
A riesgo de me llaméis moñas, la tristeza del final de “La venganza de los Sith” consigue que se me salte alguna lagrimilla cuando Padme se deja morir tras el alumbramiento, presa de la más profunda melancolía..., cuando Leia es entregada en Alderaan, o cuando el funeral de Padme en Naboo nos enseña el colgante que Anakin le regaló siendo un crío... y el rostro cariacontecido del pobre Jar Jar, prácticamente en su único plano de la película. Y, por supuesto, también cuando un aparentemente impasible e inexpresivo Vader contempla desde el puente de mando del destructor estelar los comienzos de la futura Estrella de la Muerte, en un plano aparentemente inocuo, pero que deja entrever la profunda tragedia con la que cargará el personaje durante el resto de su vida (más sobre ello en “El imperio contraataca”).
El nivel de chunguez de semejante final es digno de elogio, aunque por otro lado... no había otra manera de terimanarla. El Episodio III acaba siendo la película más oscura de toda la saga, al mismo tiempo que la más espectacular y emocionalmente intensa, y la que más pelotas pone sobre la mesa. Ejemplarmente dirigida por Lucas, a la película sólo le puedo achacar un par de defectillos.
El primero sería el tema de la desfiguración del canciller. Cuando Palpatine aparece en “El retorno del Jedi” uno asume que es un tío jodidamente viejo horriblemente conservado por culpa del lado oscuro, sin embargo, el Episodio III nos enseña, de forma poco acertada, a mi parecer, que Palpatine fue desfigurado por culpa de su lucha contra Mace Windu, y que luego utilizó la baza de sus “cicatrices” (tela) como prueba del golpe de estado que los Jedis habían intentado realizar. Yo creo que no hacía falta desfigurarle, que su putrefacción física se daba por asumida en los veintitantos años que pasan entre el Epsiodio III y el VI, más cuando el maquillaje del Episodio VI es bastante mejor (más sutil) que el del III (lo podemos achacar a años de cirugía plástica... o algo). Además, ese momento “podeeeer absolutoooo” que en español nos hace saltar los empastes (en su idioma original no es tan horrible), tampoco parece que fuera el mejor momento del guión.
Otro aspecto, insignificante, realmente, es la bajada de pantalones que supone erradicar a Jar Jar por completo de la trama... aunque siendo sinceros, sólo le echas de menos cuando aparece al final de la película y te das cuenta de que es la primera vez que sale (en realidad aparece al principio de la película, cuando Anakin y Obi-Wan llegan a Coruscant y son recibidos por varios senadores). Hubiera estado bien buscarle algún huquecillo en la trama, semejante a sus estelares momentos en “El ataque de los clones”.
Otro problema que, en realidad, es un problema del Episodio I. Sí, porque en el momento final del duelo entre Obi-Wan y Anakin, aquel le dice a éste “Se acabó, estoy en una posición elevada”... lo que, irremisiblemente provoca un efecto flash-back en mi, en el que retrocedo hasta el climax de “La amenaza fantasma” en el que Darth Maul se encuentra en lo que podríamos llamar “una posición elevada” respecto a Obi-Wan, ya que éste se encuentra colgando a sus pies en una extraña tubería de varios cientos de metros de profundidad. El porqué Darth Maul no hace lonchitas a Obi-Wan cuando éste salta por encima de él (como sí hace Obi-Wan con Anakin en idéntica situación) sólo cabe explicarlo por la torpeza del montaje de esa escena en el Episodio I: todo el sentido de la escena (resaltado por la mirada de extrañeza que pone Darth Maul) se debe a que la maniobra de Obi-Wan es absolutamente impensable por su velocidad... y aún así, consigue realizarla, pues tal es su dominio de la Fuerza como resultado de los sentimientos ante la muerte de Qui-Gon, cosa que no queda reflejada en absoluto en esa escena... por contra, Anakin, que es visiblemente más poderoso que Obi-Wan no tiene control sobre sus emociones, por lo que cae derrotado en idéntica situación. Una oportunidad perdida de establecer un paralelismo que redondeara el arco como personaje de Obi-Wan Kenobi.
Y el último problema, en realidad no lo es tal. En las escenas eliminadas del dvd se pueden ver tres escenas que tratan sobre la creación de la Alianza Rebelde y cómo Padme toma un papel activo en ella. En esas escenas podemos ver como Bail Organa (futuro papá de Leia) y Mon Mothma (vista posteriormente en “El retorno del Jedi” como la líder de los rebeldes) convencen a Padme de la necesidad de crear una alternativa capaz de hacer frente al abuso de poder del canciller.
El caso es que esta subtrama redondearía de forma magistral el guión del Episodio III, pero es cierto que vistas a posteriori, las escenas probablemente ralentizarían el impecable tempo que la película conserva durante todo su metraje.
Mon Mothma, en "La Venganza de los Sith" y en "El retorno del Jedi".
Una puñetera lástima, especialmente porque sin ellas, el papel de Padme se ve visiblemente reducido a prácticamente esperar en su casa a que venga Anakin mientras prosigue su embarazo (si bien es un contrapunto imprescindible para el personaje), y también porque esa preciosa actriz que interpreta a la joven Mon Mothma (alucinante el casting por su parecido con la actriz de “El retorno del Jedi”) hubiera merecido esos minutillos. También salía en esas escenas Bai Ling, actriz de indiscutible morbo a la que hemos podido ver en “Sky Captain”, “Southland tales” o “El cuervo”, que por aquella época posó para Playboy y algunos maliciosos apuntaron que ese fue el motivo por el que se erradicó su escena.
La senadora Bana Breemu, caldeando el ambiente.
Ey, fijaos que pocas cosas negativas me han salido del Episodio III. Y es que, como decía anteriormente, hay que medir los sentimientos con los que sales del cine. En muchas ocasiones un análisis más reposado de la película, o un segundo visionado pueden hacer cambiar los gustos y las opiniones del más seguro de sí mismo. Es por ello que siempre evito los comentarios grandilocuentes nada más ver una película en el cine (bueno, casi siempre). Normalmente, una peli que te ha gustado mucho te parece LA HOSTIA, y una que no te ha gustado nada te parece EL HORROR. Me gustaría saber cuantos de aquellos que pensaban que “El retorno del rey” era su película favorita a la salida del cine, opinan igual cinco años después de su estreno. De la misma forma que aquellos que decían entonces que “La venganza de los Sith” era la mejor de Star Wars, probablemente ni se compraron el dvd. Yo no lo dije entonces, pero creo que ahora puedo decirlo: “La venganza de los Sith” es grande. Muy grande.
También me gustaría hacer un último comentario dedicado a los más jóvenes, aquellos chavalillos que resistieron a la horda de películas, series de televisión, videojuegos y consolas de última generación y no vieron su atención descuidada de las películas que les atraparon en el cine... me estoy refiriendo a aquellos (algunos habrá) que experimentaron con el Episodio I o II las mismas sensaciones que nosotros con “La guerra...” o “El imperio...” y que acudieron al estreno de “La venganza de los Sith” esperando ver a su héroe, Anakin acabar con los villanos villanosos... ¿Os imaginaís lo que hubiera sido para nuestra generación que al final de “El retorno del Jedi”Luke Skywalker se pasara al lado oscuro y matara a sus colegas? ¿No creéis que eso fue exactamente lo que ocurrió cuando los chavales salieron de ver “La venganza de los Sith”? ¿No os da miedo pensar que George Lucas ha creado una generación de psicopatas en potencia? Mi hermana me contó que el hijo de un compañero de trabajo, a la salida del cine le dijo a su padre algo como esto:
- Papá... entonces... ¿a mi me toca ser malo?
- ¿Cómo?
- Claro, si Anakin se hace malo, yo también tengo que ser malo...
(Primeros acordes de la “Marcha imperial” ON).
Escalofriante, ¿no?
Para el próximo post, por fin, la trilogía clásica. Se acabaron las suspicacias y el hacer de abogado del diablo. Retrocederemos veintiocho años desde el estreno del Episodio III en el 2005 al del Episodio IV en 1977. A un punto en el que la Historia del cine cambiaría para siempre y dejaría a un par de generaciones de jovenzuelos con la lengua afuera y los ojos como platos. Una época de asombro y descubrimiento. El principio de todas las cosas para muchos de nosotros...
La vida a veces te da sorpresas. Pasamos mucho tiempo criticando gran parte de lo que estamos obligados a hacer, o de lo que nos ha tocado padecer... pero a veces, sólo a veces, la vida te da regalos.
La Plaza de España sevillana en versión Naboo.
El 13 de septiembre del año 2000 pude cumplir un deseo tan ilógico e impensable, que ni siquiera se me había ocurrido soñar con él. Y es que ese día, George Lucas, Natalie Portman y compañía grabaron una escena del Episodio II en la Plaza de España de Sevilla. Y allí que fui (ventajas de tener una novia sevillana en aquel entonces, todo sea dicho). Durante todo el día estuve subido en la verja del parque María Luisa, grabando con mi cámara todo lo que podía. Ya sólo eso me hubiera bastado para irme a casa contento. No tenía ninguna expectativa de nada más, pero a media mañana decidí alejarme del gentío apelotonado delante del set de rodaje y nos quedamos sentados en el verdecito de un apartado rincón en un extremo de la Plaza de España... en cuestión de cinco minutos, como si me hubiera estado esperando, George Lucas avanzó hacia esa zona y se acercó a la verja de la que (ipso facto) nos colgamos como monos... y empezó a estrechar manos y a firmar autógrafos. Yo no tenía nada que me firmase, un pequeño complemento que me siguió desde Madrid (hola Rafita) trajo el libro del “Como se hizo el “Episodio I” que se llevó firmado (y yo me burlaba de él por traerlo...), pero a mi fue el primero en estrecharme la mano.
Pausa dramática.
¡¡El puto George Lucas estrechó mi mano!! Gracias a dios pude capturarlo en video (aunque de momento no puedo enseñaroslo porque no tengo la cinta en mi poder) y María pudo hacerle unas cuantas fotos. El resto del día lo pasamos viendo a Anakin y a Padme charlando de un lado a otro cargando con unas maletas. Y fui feliz.
George Lucas firmando en Sevilla. Ahí no estoy yo, pero si os pusiera la foto que tomó María, sería muy parecida (solo tenenmos que encontrar los negativos...)
También se acercaron más tarde Rick McCallum (productor) y Ahmed Best (Jar Jar), y yo aún me pregunto por qué no envié lo que había grabado a algún telediario (porque las imágenes que salieron en la tele eran mucho peores de las que yo tenía). Por cierto que Lucas llevaba una camiseta buenísima con un texto de una crítica nefasta de "La guerra de las galaxias"... Sólo faltó una cosa, y es que cuando vi la película, R2 acompaña en esa escena a Anakin y Padme... pero es un R2 digital porque nuestro querido androide astromecánico no pisó Sevilla. Si le hubiera visto, si hubiera estado allí, podría decir ahora mismo que mi vida está completa.
Y es que aquel maravilloso día, el del estreno de “El ataque de los clones”, viví una auténtica experiencia mística. Sí, porque, creedlo o no, fui lo suficientemente estúpido como para ver el Episodio I por primera vez en aquella celebérrima copia pirata que medio mundo se tragó antes del estreno. Fue una mierda, lo sé. Bueno, poneos en mi lugar, si no la hubiese tenido, no la habría buscado, pero un día (a principios de junio) me llama David y me dice “te invito esta noche al estreno del Episodio I”. Después de dieciséis años de espera, y cuando aún quedaban casi tres meses para el estreno español... fui débil, lo reconozco. Y aunque el primer visionado fue maravilloso, no puede ni compararse lejanamente a lo que fue descubrir en el cine el Episodio II...
Aquí es cuando la gente se echa las manos a la cabeza, pero mantengo, sin temor a caer en la exageración, que fue una de las mejores experiencias que he vivido en un cine. Luego entraremos a analizar la peli detenidamente, sus fallos (claro que los hay) y sus virtudes (que también), pero me gustaría mencionar la reacción de la gente cuando acabó la película y se encendieron las luces de la sala 25 del Kinepolis... un aplauso rotundo y unos tipos detrás mio “¡ahora sí! ¡ésta sí!”...
Estoy seguro de que si ahora mismo encontrase a alguno de esos tipos por la calle y le preguntara, me diría que el Episodio II es una mierda de película. Y es que los fans son una rara especie difícil de entender. Es como aquel chiste al principio de “Annie Hall”, dos viejecitas en un asilo y una le dice a la otra “La comida aquí es horrible”, “Sí, y además las raciones son tan pequeñas...” Pues así son los fans, ¿no les gusta la mierda? Da igual, te exigen ración doble.
Durante casi un año (entre octubre del 2000 y agosto del 2001) estuve trabajando en una tienda de cómics de Madrid especializada en la venta de figuras de Star Wars, antiguas y modernas (si sois entendidos ya sabréis cuál es). El caso es que estaba en el territorio comanche del freak... porque en tan solo unos meses, ser fan de “La guerra de las galaxias” había pasado de ser un estigma llevado con orgullo a ser una letra escarlata tatuada en tu frente. Además, los fans en las tiendas de cómics tienden a querer compartir sus frustraciones con el dependiente. Llamadlo inseguridad, falta de confianza, necesidad de estrechar lazos... el caso, que mientras les iba enseñando las nuevas Princesas Leias y Han Solos que iban llegando, ellos se veían en la necesidad de exteriorizar sus sentimientos. Frases como “Lucas ha destruido mi vida” se te quedan a fuego grabadas en el cerebro, especialmente cuando lo que más quieres es darle a ese tipo una colleja y gritarle “¡madura!”. Bueno, no seguiré. Simplemente añadir que fueron más de uno y más de dos los que entraban en la tienda cagándose en el alma de George Lucas (otros llegaban con ganas de tener una vida y te decían cosas como “¿sabes que el villano del Episodio II va a ser Jean Claude Van Damme?”, conversación verídica, lo juro por Dios).
Pues bien, todo esos individuos, todos y cada uno de ellos sin excepción estaban el día del estreno de “El ataque de los clones” esperando recibir su nueva dosis de mierda. Y todos y cada uno de ellos, al igual que pasó a la salida del Episodio I, salieron del cine dando vítores y proclamando que era tan buena como “El imperio contraataca”. Yo, simplemente, levitaba, ajeno al resto del planeta. Con el tiempo, curiosamente, el Episodio I ha dejado de estar tan mal considerada, y el Episodio II, por contra, se ha convertido en la más odiada de la saga. A mí que me registren, ya he dejado de pretender entender a la mayoría de éstos tipos...
Hagamos recuento, empezando, como no, por lo que no funciona.
“El ataque de los clones” empieza diez años después del final de la primera parte, con un Canciller Palpatine asentadísimo en su mandato, y una Amidala cuyo reinado expiró y que ahora se ha convertido en un valioso miembro del Senado galáctico, donde comparte escaño con, cielos, Jar Jar Binks (un giro de argumento maestro). El tono de la película es mucho más oscurillo que el del Episodio I (salvo por una escena que todos sabemos) y en general lo que se plantea aquí es el comienzo de una guerra de secesión de nuevo orquestada en las sombras por el mismo lord Sith que montó el sarao en Naboo. Anakin ha crecido hasta convertirse en un muchachuelo impertinente y Obi-Wan ya no es aquel discípulo calladito. Sin embargo, lo que no ha cambiado es el enrarecido ambiente político de la capital de la República. En medio de atentados de asesinato y complots por todos lados, Anakin y Padme se dan cuenta de que, en el fondo, se quieren.
Y aquí, en el mismo núcleo de la película (la historia de amor) es donde se vertieron los ataques más viscerales. Y es que seamos sinceros, es facilísimo atacar las escenas románticas... no sólo aquí, en cualquier película. El grado de ñoñería y cursilería tiene que estar muy bien medido para que el azúcar no nos salga por las orejas. Son escenas peliagudas y más en medio de una saga como “Star Wars” que, además tiene el magnífico referente del “romance” entre Han Solo y Leia, tan bien resuelto con un par de escenas.
Pero a mi esa comparación me parece injusta. Me explico: Han y Leia no tienen nada que perder, son dos tipos que viven juntos en asentamientos rebeldes y que se quieren o se odian sin que eso le importe realmente a nadie, y además su “romance” apenas se consuma. Tras la escena del beso, magistralmente interrumpida por C-3PO, digamos que su relación se da por resuelta, sin que haya ningún acercamiento real hasta ese “Te quiero” antes de ser congelado en carbonita. Anakin y Padme, por contra, están yendo contra todas las reglas establecidas. Su romance es inmoral e irresponsable en el mundo en el que viven, con lo que tienen mucho que perder... por lo que es imperativo que ese amor sea vea reflejado y consumado en pantalla. No podemos contarlo “entre escenas” como sí ocurre en “El imperio contraataca”. Así, pues, la comparación es injusta.
Pero sigamos con ello, y por favor, no hablemos de ese ESPANTOSO doblaje, que hizo que unos diálogos ya de por sí cogidos con pinzas, parecieran rematadamente estúpidos, ese “la arena se mete por doquier” o “cuanto más me acerco más me crece” que algún fan oligrofénico de Star Trek se encargó de traducir, hizo que mucha gente soltara alguna inoportuna carcajada, y no hay cosa que más odie en un cine que alguien que se ríe a destiempo... En mi opinión, la relación entre Padme y Anakin funciona a medias. Funciona cuando Anakin intenta hacerse notar mientras ella hace la maleta en Coruscant, o cuando le explica su retorcida interpretación de cómo a los caballeros Jedi se les “anima a amar” (me parece un diálogo brillante y bien resuelto).
El problema empieza con la escena en el lago... hay buenos momentos en esa escena (los silencios que reflejan la incomodidad que todos hemos padecido en los instantes previos a arrimar tus morros a los de la chica de la que estás colado), pero me chirría que en ese primer acercamiento Padme se deje besar, e incluso corresponda... me falta algo en medio que me haga ver que ella también siente algo por él. Luego tenemos la escena a lo “Sonrisas y lagrimas” que a mi me gusta, precisamente porque es abiertamente ñoña, y la escena que sigue, en la que Anakin y Padme “discuten” sobre política, que me parece un diálogo acertadísimo y que deja ver por dónde van los tiros... ¡Anakin es un facha! Y ya llegamos al verdadero problema de este romance: la escena de la chimenea, que ya empieza rara, con los actores parados como estatuas... esas escenas hay que empezarlas con algo de movimiento o con una frase a medio acabar, de lo contrario parecen forzadas, pero claro, luego llega el speech de Anakin, de palabras demasiado rebuscadas para ésta o cualquier otra galaxia “soy prisionero del beso que nunca debiste darme... “, es, simplemente demasiado... lo cual me jode, porque la continuación del diálogo si me gusta, como Padme se encabrona en que hay que hacer lo que es responsable y no dejarse llevar por la calentura, y como Anakin recula y patalea tratando de convencerla... Y ya para acabar, la escena a punto de entrar en la arena, en la que finalmente Padme le declara su amor y le dice “qué coño, hagamoslo...”, pues es que me vuelve a faltar algo en medio... tenemos clarísimo lo que siente Anakin por Padme, pero no tenemos ni idea de lo que pasa por la cabeza de la muchacha... con un par de pasadas al guión podría haber quedado una historia de amor tan resultona como la de “Titanic” sin ir más lejos.
Hay, no obstante, un detalle en la escena en la que Anakin y Padme se despiden de Obi-Wan que no quiero dejar pasar la oportunidad de comentar... Obi-Wan, le dice al guardaespaldas de Padme“Espero que no haga nada irresponsable” y éste le contesta “A mi me preocupa más que sea ella la que haga algo...” y ahí lo dejan. Ese diálogo siempre me deja en plan “¿ein?”, ¿qué quiere decir realmente el Capitan Typho? ¿es acaso Padme una guarrilla y nadie lo sabe excepto él? Diossss...
El gran despropósito de “El ataque de los clones”, fue, sin duda, la escena de 3PO intercambiando carrocería con un androide de batalla. Aunque la premisa era graciosa si se hubiera mantenido para dos momentos... sin embargo se prolonga durante minutos agónicos en los que, cual doloroso flashback, volvemos a vivir los sinsabores de Jar Jar en la batalla gungan... toda la escena de C-3PO en la fábrica de androides parece casi sacada de un capítulo de aquella serie de dibujos, “Droids” de cuya calidad es mejor no hablar... En una película que guardaba un tono considerablemente más adulto, y en el que la presencia de Jar Jar había sido reducido a lo mínimo, sorprende muy desagradablemente esta incomprensible salida de tono que, ya digo, se podría haber perdonado de haber durado una tercera parte (he de reconocer que ese “estoy tan confuso” me sigue haciendo gracia).
Y otro gran defecto que le achaco al Episodio II es la música. No, no os alarméis, John Williams cumplió más que de sobra (se podría discutir, incluso, si la de “El ataque de los clones” es la mejor banda sonora de la nueva trilogía). El problema fue que, cuando comienza el clímax, la música original (incluída en el disco, de hecho), desaparece sustituida por música de “La amenaza fantasma” remontada y remezclada para encajar con las imágenes. En un movimiento sin precedentes en la saga, la pureza musical de la historia desaparece, siendo sustituida por una colección de grandes éxitos del Episodio I. Llevo años esperando que alguien me explique por qué ocurrió esto, y más teniendo en cuenta que existía música original para esas escenas (vamos, yo la estoy escuchando en estos momentos). Un expediente X que se vio ligeramente subsanado cuando en el Episodio III, ilustrando uno de los mejores momentos, suena a todo trapo el tema que originalmente debía pertenecer al final de estos clones...
Otro defectillo que le veo a la película está en esos efectos digitales cuando reconstruyen las partes bajas de los personajes (es decir, cuando montan en bichos digitales, al final en el circo, o cuando Anakin hace surf con la garrapata gigante)... quiero decir, que, no sé, están francamente mal hechos, especialmente si los comparamos con el resto de efectos de la peli (o con los del Episodio III, donde no cantan tanto), aunque bueno, eso es una minucia.
Y hasta aquí llega lo malo que tengo que decir del Episodio II. Porque ya sé por donde me vais a salir y no, no estoy de acuerdo... creo que Hayden Christensen tiene un papel muy complicado, un Anakin que en realidad es un niñato engreido... pero que tiene que caernos bien de alguna forma. Me parece que el chaval cumple de sobra con el papel... y que la antipatía que genera su personaje en ocasiones hace que mucha gente lo exteriorice con el propio actor. Ya he dicho en muchas ocasiones que su escena en Tatooine después de regresar de recoger a su madre, en la que deja escapar toda su ira y su frustración, me parece uno de los momentos álgidos de la saga. Una escena que, no importa cuántas veces la vea, siempre me pone la carne de gallina. Y en eso tiene mucho mérito Hayden. Pero claro, todo es opinable.
Otro punto polémico es la presencia de Jango Fett y su doble misión como asesino a sueldo y como germen para el ejército clon. Bueno, en realidad el único que ha reparado en este detalle es César, pero como le da tanta importancia, lo comentaré porque tiene parte (sólo parte) de razón. Según él es muy cuestionable desde el punto de vista argumental, que el mismo tipo que se usa para crear el ejercito clon que va a ser, a fin de cuentas, el responsable de la aniquilación de los Jedi, sea pluriempleado por el conde Dooku para matar a la reina. Pongámonos en el pellejo de Christopher Lee por unos momentos... estás en tu despacho, en alguna mazmorra del planeta Geonosis, moviendo hilos maquiavélicamente para que más y más planetas se unan a tu causa en contra de la República... y suena el móvil:
- Dooku, soy Palpat... errr, soy Darth Sidious.
- Hola Palp... errr, Sidious.
- ¿Cómo va lo de la guerra de secesión?
- Bien, bien. Todo listo.
- ¿Y lo del ejercito clon?
- Saliendo del horno.
- Vaaaale, pues una cosilla más. Necesito que el senado me otorgue poderes especiales para poder hacer lo que me dé la gana durante la guerra.
- Aha...
- Sí.
- Es buena idea.
- Eso creo.
- ...
- Bueno, pues eso, lo que iba diciendo, que creo que una buena manera sería intentar asesinar a la senadora Amidala.
- ¿Otra vez?
- Hombre...
- No, no, está bien.
- ¿Lo ves muy cantoso?
- No, no... (ejem)
- ¿Qué?
- Nada. ¿Cómo la matamos?
- Oh, sencillo, contrata a alguien para que se ocupe, ya sabes, que sea discreto... con una bomba o algo así.
- Vaaaale.
- Pero ten cuidado con quién contratas ¿eh? No pueden relacionarnos con él de ninguna manera.
- Sí.
- ¿Te has enterado? ¡Es muy importante!
- Debes creer que soy idiota, sé lo que tengo que hacer...
- Es muy importante.
- Ha quedado claro las tres primeras veces.
- ¡Hazlo y punto! Llamaré más tarde...
-VOZ EN OFF DE PALP... errr... de DARTH SIDIOUS: “Bueno, ¿pues saben lo qué hizo? ¿saben lo que hizo después de tanto “sí”, y tanto “ya, ya”? El muy cabrón llamó al mismo tipo que había usado para crear el ejército clon...”.
Ésta, claro, es una posible recreación de los acontecimientos, la otra, por la que me decanto yo, es simplemente que, como bien explican Yoda y Mace Windu, el lord Sith ha conseguido limitar el poder de la Fuerza entre los caballeros Jedi, por lo que éstos no son capaces de percibir la presencia a dos metros de sus narices del propio Palpatine. En esta tesitura y con la guerra prácticamente ya declarada, los Jedis se ven obligados a aceptar el ejército clon, aún a pesar de que saben que es una trampa. La cuestión es que ellos lo saben, puesto que ningún Jedi, ordenó nunca la creación de tal ejército... ni siquiera hay que recurrir al argumento de que el tipo en el que se basan los clones sea el mismo que esté tratando de asesinar a la reina... es más sencillo, el ejército clon se lo han metido doblado a los Jedis, pero, sin los clones, la República está completamente desvalida.
Cuando Dooku captura a Obi-Wan primero trata de convencerle de que un lord del Sith está manejando los hilos para conseguir apoderarse del senado, pero éste no le cree porque, bueno, lo que hace Dooku es manipular la verdad constantemente en su beneficio (por cierto, una duda que siempre he tenido y creo que nunca resolveré... ¿trata realmente Dooku de que Obi-Wan se una a él para derrocar a Palpatine? ¿o simplemente le está vacilando? pero si le está vacilando ¿por qué le cuenta lo del senado? quiero decir, que es una pista bastante grande...) resumiendo: al final de la película, Obi-Wan comparte las revelaciones de Dooku con Yoda y Mace Windu, y admite que, a pesar de que el ejército clon les ha sido impuesto con imprevisibles resultados, la batalla de Geonosis se habría perdido de no ser por ellos... y es entonces cuando Yoda revela su preocupación “el velo del lado oscuro ha caído”, que significa “nos van a dar por el culo”.
Jango Fett and his bitches...
Así que yo veo bastante poco relevante el hecho de que los Jedis relacionen a Jango Fett con el ejército clon (que lo hacen), puesto que en última instancia ha sido todo orquestado por Dooku. El tema, quizá, sería si habría que haber reflejado mejor, con algún diálogo, el hecho de que los jedis saben que se la han metido. A mi, las palabras finales de Yoda me sirven, más que nada por la interpretación del enano verde durante toda la película... por favor, la próxima vez que la veáis, fijaos en todo momento en las expresiones de Yoda... se pasa toda la película con el gesto de “nos están cagando encima” y, en la primera escena en el despacho del canciller, le hecha una mirada bastante definitoria “tú no eres trigo limpio, y lo sé”. En cualquier caso, me parece un debate inutil hablar sobre la firmeza del mcguffin de la historia, ya que, como se demuestra aquí, muchos mitos caerían si aplicaramos ese mismo rasero con algunas otras de nuestras historias favoritas.
Y ahora lo que me flipa: la primera escena, de hipnótica quietud, con el aterrizaje de la nave de la senadora en Coruscant, que acaba reventada acto seguido... la persecución super gamberra de speeders a través del cielo de Coruscant y la posterior trifulca en el bar (un bar que me creo sin ninguna duda que es la versión cosmpolita de la sucia cantina de Mos Eisley en el Episodio IV), con uno de las grandes gags de la saga (“¿quieres pildoras mortales?” ¡por favor! ¡es buenísimo!)... el rollo detectivesco de Obi-Wan, buscando un planeta perdido... esa memorable pelea con Jango Fett precedida de una intensa conversación...
Inciso: Hay algo muy notorio en “El ataque de los clones” respecto a “La amenaza fantasma” y es la comodidad con la que los actores retoman a sus personajes, Ewan McGregor, muy discreto en la primera parte, aquí se queda con gran parte de la película (tiene réplicas memorables, como ese “good job”) y a Natalie Portman también se la ve mucho más desenvuelta. De Hayden, ya lo he dicho arriba, no tengo peros, sin embargo la gran, gran sorpresa de la película es la recuperación de Christopher Lee como villano villanoso, y es que yo ya estaba harto de que tipos como Tim Burton o Joe Dante bebieran los vientos por el mejor Drácula de la Historia del cine, y luego le dieran en sus pelis papeles de mierda de media página... tuvieron que llegar Peter Jackson y George Lucas prácticamente a la vez para volver a darle a Christopher Lee esos papeles de villano de serie B que tan bien le sientan (y encima hace de conde, ¡de conde!!). Ahora sólo falta que le den un papel de bueno... Y hablando de bueno, qué decir de nuestro gungan favorito, Jar Jar, aquí metido a senador y, en un giro increíblemente coherente con todo lo visto en la anterior película, artífice directo del hunidmiento de la democracia en la galaxia... Si vas a pasarte la peli metiendo la pata hayá por donde vas, al menos hazlo con estilo.
Al igual que los actores, a Lucas también se le ve mucho más cómodo en la planificación de la película. Para mi, visualmente, es una gran salto cualitativo respecto al Episodio I (y lo será aún más con el Episodio III). Fin del inciso.
Y bueno, al llegar a la parte de Tatooine tengo que quitarme el sombrero ante una de las mejores secciones de la saga. La llegada a su planeta natal que tan trágicas consecuencias traerá para Anakin, es uno de los momentos más maravillosamente líricos de la serie. Me quedo con ese plano de Anakin al atardecer delante de la granja de humedad de los Lars, siendo abrazado por Padme y perdiéndose después en el horizonte con el “Duel of the fates” sonando a todo trapo mientras comienza la búsqueda de su madre, secuestrada por los funestos Moradores de las arenas... También con la muerte de Schmi, incapaz de pronunciar ese “te quiero” con el que Anakin ha soñado tantas veces... y con éste llegando con la mirada cargada de odio, trayendo consigo el cadáver de su madre... pero LA escena de la película, y de todas las precuelas, es aquella a la que me he referido antes, cuando Anakin explota y confiesa que, llevado por el odio, masacró sin piedad a todo un poblado de gente de las arenas. “¡Los odio! ¡Los odio a todos!” mientras los coros que ponen banda sonora al lado oscuro se apoderan del ambiente para acabar estallando en los primeros compases del tema de Darth Vader... Yo no le puedo pedir nada más a una película.
Tras esa parte, con el emocionante funeral incluido, Padme y Anakin parten en busca de Obi-Wan, llevándose por el camino a 3PO (regalo de Owen, que se siente culpable por no haber podido defender a su madrastra... esto último es una suposición mía, dada la alegría con la que se larga en la nave con ellos). Hay que reconocer que ver el principio de la relación amor-odio entre 3PO y R2 también me emocionó lo suyo y bueno, tras una sensacional escena de acción que parece sacada de un videojuego de Donkey Kong (hagamos un paréntesis con el tema de 3PO), llega la escena del circo que para mí tuvo un significado especial por una tontería muy grande... En el anterior post mencioné aquellos tristes años de desinformación y vacío en los que parecía que Star Wars había acabado para siempre, pues bien, mi imaginación suele adelantárseme casi siempre, y recuerdo que un par de noches tuve sueños en los que las aventuras de Luke, Leia y Han Solo continuaban por ahí... (esto, supongo, es un síntoma de enfermedad... soñar con “La guerra de las galaxias”) en uno de los sueños (el único, realmente) que recuerdo, nuestros tres protagonistas favoritos estaban encadenados en el centro de una suerte de circo romano mientras unos bichos tipo rancor les atacaban... comprenderéis que, unos quince años después, ver esa misma escena salida de la imaginación de Lucas e insertada en el Episodio II de “La guerra de las galaxias” fuera, al mismo tiempo, desconcertante y emocionante a partes iguales...
Lo que no estaba en mi imaginación fue la apabullante entrada de Samuel L. Jackson (“this party is over!” y el momento en el que los Jedis toman el estadio, seguido de una descarnada batalla. Tengo que admitir que en esta fantástica escena que hizo botar de alegría al freak de corazón que llevo dentro, hubo un par de detalles que me sacaron un poco y es que, joder, podían haber cuidado un poco más el casting de esos caballeros Jedi, porque por ejemplo, el tipo que le lanza a Obi-Wan una espada láser tiene una pinta de “tengo hora con la peluquería” que espanta, pero bueno, su plano dura una fracción de segundo (y aún así, jode). Y 3PO, otra vez, claro.
Todo esto nos lleva al “Momento Yoda”, una escena que, simplemente por existir (esté bien o mal, te guste o no) ya merece todos los aplausos. No soy el único que veía inconcebible un combate de sables láser con Yoda, sin embargo, recuerdo el momento en el que el renacuajo verde toma posición de batalla... el cine entero estalló en aplausos y varias mandíbulas se cayeron al suelo, la mía entre ellas. Hay quien se quejaba de que Yoda pareciera un viejo inválido un momento, y al siguiente fuera el puto amo, pero yo creo que la Fuerza tiene estas cosas... Yoda reserva siempre sus energías para cuando la ocasión lo requiere (igual que el señor Miyagui). Debería salir en todas las películas del mundo. Imaginaos “Notting Hill” con Yoda. “Million Dollar baby” con Yoda. "Misión:Imposible" con Yoda. “No country for old man” con Yoda...
La explosión musical del final, con el ejército clon despegando de Coruscant y paralelamente la boda secreta entre Anakin y Padme nos recuerda a ese final de “El imperio contraataca” con Luke y Leia mirando al espacio en uno de los grandes “continuará” de la Historia del cine... y es que John Williams, sabio él, se descolgó con un tema de apabullante belleza, el “Across the stars”, plato fuerte de estos clones que musicalmente fueron algo defenestrados por las imágenes.
Como digo, el Episodio II causó muchísima mejor impresión que el I, básicamente porque, admitamoslo, es una película mucho más parecida a lo que la gente tenía en mente, sin embargo, con el tiempo, se ha endurecido ésta primera impresión, hasta el punto de que hay quien la considera lo peor de la serie. Pues no sé, a mi me sigue emocionando, creo que es la que más me emociona de la nueva trilogía... pero eso es muy debatible dado lo que nos ofreció “La venganza de los Sith”...
¡Sí, amigos! Año 2005, el fin de una era. Seis años de escepticismo y odio hacia Lucas y sus nuevas películas no consiguen evitar que, de nuevo, los fans acudan desatados al estreno del Episodio III. La imagen de Darth Vader en las marquesinas de los autobuses y la promesa de que vamos a ver el capítulo definitivo, el final de la historia (y consecuente principio)... y por primera vez los fans no cambiaron de opinión a la salida del cine. “La venganza de los Sith” es un éxito de principio a fin... joder, si hasta le gustó a Carlos Boyero...
Pero de ello hablaremos en la siguiente entrega de este interminable post.
Cuando algo no sólo te gusta, sino que te cala en lo más profundo de ti mismo, consiguiendo que te emociones, y que alcances estados anímicos que ninguna persona mayor de doce años está moralmente autorizado a experimentar... cuando algo que sólo debería ser entretenimiento de sábado por la mañana consigue trascender hasta tocarte la fibra moral e impulsarte por encima de la triste realidad que nos rodea diariamente... cuando algo, en definitiva, que para muchos no pasaría de ser infantil y mundano, hace que, casi siempre, tu vida parezca que tiene significado, se nos presenta un concepto cuya comprensión y análisis se hace, casi, imposible de describir.
Eso es para mi, “La Guerra de las galaxias”.
Y ese es el motivo por el que pocas palabras han surgido en este blog hacia la saga que me convirtió en la persona que soy ahora. La inmensidad de la empresa... no sólo analizar y tratar de explicar las seis películas que forman la saga de “Star Wars”, sino también hacer comprender al lector lo que éstas significan para mi, lo que provocan, el estado de absoluta abstracción que me proporcionan, y el respeto, admiración y pleitesía desmedidas (según muchos) que les rindo siempre que tengo ocasión.
Y es que con el estreno de las precuelas, mi amor ha sido puesto a prueba a causa del irrefrenable odio en el que se transformó lo que antes era amor desmedido de gran parte del “fandom” o aficionados al “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...” En parte a ellos, a esos aburridos Lucas-haters que echan espuma por la boca cada vez que se les menciona a los midiclorianos, va dedicado este post, que más que un post, pretende ser una declaración de amor... pero un amor analizado con objetividad y rigor (entiéndase la paradoja, pues un amor incondicional jamás podría responder a criterios tan frugales como la objetividad y el rigor).
Pero empecemos por el principio, y luego vayamos al final, que en realidad es el verdadero principio.
Yo nací dos meses después del estreno en España de “La guerra de las galaxias” (tuvo lugar en noviembre del año 1977) por lo que se puede decir que, desde el principio, la Fuerza ya estuvo en mi vida. No tengo claro cuál es el primer recuerdo que tengo de “La guerra de la galaxias”. Estoy casi seguro de que vi la película en el cine en algún punto anterior al año 1982, pero no recuerdo cuándo ni dónde. Sí recuerdo los cómics retapados de Bruguera (adaptando la película y posteriormente continuando la historia, no de forma demasiado brillante, aunque con unos hipnóticos dibujos de Howard Chaykin primero y, sobre todo Carmine Infantino después) y un día, al contemplar a mis padres viendo en la televisión (supongo que sería una película alquilada, pero mi memoria es traicionera) a Darth Vader asfixiando al almirante Motti con el poder del lado oscuro, reconocer, emocionado, la misma escena del cómic que tantas veces había ojeado (obviamente, aún no sabía leer).
Pero esto tuvo que ocurrir después. Me he debido equivocar porque nosotros no tuvimos el primer vhs en casa hasta mayo del año 83, pocos meses antes del estreno de “El retorno del jedi”, y recuerdo perfectamente haber ido al cine Princesa (donde se encuentra actualmente un Zara) a ver “El imperio contraataca” y que, a la salida del cine, en el mismo vestíbulo, vendían los muñecos de la película (me compraron el Han Solo en Hoth, yuhu!). Y eso, estoy casi seguro de que tuvo lugar en el año 82, como poco, principalmente porque desde aquel momento me volví un absoluto pesado con respecto a todo lo que tuviera que ver con “La guerra de las galaxias”, y además, porque mi madre que se veía obligada a cargar conmigo en sus expediciones al Corte Inglés, siempre me compraba un muñeco nuevo de “Star Wars” para que no incordiara.
Dada la respetable colección de muñecos que tenía (unos sesenta, de un total de poco más de cien figuras que llegaron a salir entre 1978 y 1985), puedo asegurar que mi madre pasó mucho tiempo en el Corte Inglés.
De estos almacenes también recuerdo la estampa de un individuo vestido de Darth Vader que me impactó muchísimo y que iba repartiendo postales con la imagen de Vader dibujada. En mis recuerdos, era el puto David Prowse (actor inglés que iba dentro del traje en las películas originales) con el mejor traje del universo.. en la realidad probablemente hasta se le verían las costuras, pero el ojo de un niño hace maravillas con la realidad.
Así que de una manera o de otra, recuerdo vívidamente el verano del año 83, persiguiendo por todos lados a mi hermano mayor porque era mi única fuente de información sobre la tercera y última parte de la serie... un pobre chico que no sabe leer y al que le quedan diecisiete años para tener internet en su hogar y poder buscarse él mismo la información... total, que mi hermano, que siempre ha sido un poco cabrón, me daba la información con cuenta gotas.
-Empezará con Luke y Leia yendo a rescatar a Han Solo...
Eso sólo ya bastaba para que me cayera de la silla.
-Se le verá la cara a Darth Vader...
Etc... De un par de años antes recuerdo perfectamente una revistilla acerca del cómo se hizo “La guerra de las galaxias”, editado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad (sic), que literlamente devoraba de cabo a rabo... me la sabía de memoria y es uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Salían fotos de la película (era de la época del estreno de la primera), así como diseños y bocetos y un montón de cosas más. Lo bueno de esa revista, que puedo decir con inmenso orgullo que he mantenido casi intacto hasta el día de hoy (y del que os escaneo la portada aquí mismo) es que como no sabía lo que ponía... yo me lo imaginaba. Y lo que me contaba yo mismo, estoy seguro de que era muchísimo más interesante.
En lo portada, si os habéis fijado, aparece un individuo inédito en la película, enfrentándose a Darth Vader con una espada laser. Durante años esta increíble paradoja alimentó una incesante fuente de elucubraciones y preguntas sin respuesta, hasta que años más tarde, cuando por fin pude ver algún documental, descubrí la verdad. En una parte de la escritura del guión, y como maniobra para interesar a los productores en su proyecto, Lucas contrató a Ralph McQuarrie para que hiciese unos diseños definiendo el look de la película, en base a uno de sus primero borradores del guión. Este borrador (el tercero) se llamaba “Las aventuras de Starkiller” y era, basicamente, la misma historia, sólo que el protagonista era un chico llamado Luke Starkiller, hermano del Capitán Starkiller que era capturado por Vader al principio de la película (de ahí el dibujo) y que era el último descendiente de una casta de poderosos guerreros llamados caballeros Jedi. Luke (que tenía una hermana llamada Leia), acompañado por Han Solo y Chewbacca, partirían en pos de su padre para rescatarlo de la Estrella de la Muerte. Más o menos. El hecho de que Luke y Leia fueran hermanos en este temprando borrador de la historia desmonta la teoría conspiratoria de que Lucas improvisó esa parte después de “El imperio contraataca”.
Otro boceto en el que se ve a los hermanos Starkiller junto a unos primerozos R2, 3PO y Chewbacca.
Añadiré que, con la llegada de internet, me hice con esa versión del guión, y, en una desgarradora muestra de frikismo sin redención, lo traduje toscamente al castellano. Aún lo conservo encuadernadito y todo.
Pero volvamos atrás, una vez explicados mis antecedentes biográficos relacionados con la saga, llega le mítico estreno de “El retorno del Jedi” en octubre del 83. Cabe decir que, como todos los que fuimos crios en esa época, las altísimas expectativas que llevamos todos al cine, fueron superadas ampliamente. Luego llegaría la copia piratona alquilada en el videoclub, que devoré nueve veces (recuerdo el número porque mi familia flipó en colores) en unos cuantos días... puñetera infancia...
Durante años, los muñequitos (con los que me montaba mis propias películas, jugando durante horas) y volver sobre las películas una y otra vez era lo único que mantenía mi hambre insaciable por más “Star Wars”. De vez en cuando, en alguna revista o programa de televisión, alguien lanzaba un rumor sin fundamento acerca de la nueva fecha del siguiente capítulo de la saga. A esas alturas ya estaba concienzado de que tenían que hacerse los episodios I al III puesto que “La guerra de las galaxias” era el IV (durante muchos años tuve que solucionarle esta duda a mucha, mucha gente... “Por qué la película empieza con un “Episodio IV”? aunque en realidad, sólo empezó así a partir del primer reestreno en el año 78, en su estreno original no aparecía nada, y la edición en vhs tampoco lo incluía, aunque sí “El imperio contraataca”). También había rumores de que, después de rodar las tres primeras partes, habría una tercera trilogía continuando a partir de donde se quedó “El retorno del jedi”.
En fin, un sinvivir... primero se habló de 1987 como la nueva fecha (en los cómics que editaba Fórum en España, llegaron a asegurar que el Episodio I se estrenaría en 1986), luego 1990... Como curiosidad, en el número de junio del 87 de la revista Imagenes de actualidad (aún la conservo), había una entrevista a Mark Hamill con motivo del estreno de "Slipstream" (tranquilos, si no fuera por esta entrevista yo tampoco sabría qué película es), su regreso al cine desde, precisamente "El retorno del jedi", y en ella le preguntaban si iba a participar en alguna de las siguientes entregas de "La guerra de las galaxias", a lo que contestó que había hablado con Lucas y que tendría un pequeño papel en la novena película (!), "...allá por el año 2001". Durante años este par de frases alimentaron mi esperanza y devoción... con el tiempo he llegado a comprender que simplemente, en el año 87, Mark Hamill aún no había acabado de desintoxicarse.
Cuando llegó 1991 se oyeron declaraciones de Lucas en algún lado diciendo que no pensaba volver sobre la saga en un futuro cercano... no recuerdo bien. Finalmente, alrededor de 1992, apareció esto en el primer número de la mítica (y añorada) Fantastic Magazine:
Si bien, y como podréis apreciar, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, sirvió para darme esperanzas.
En esta época, coincidir con flipaos de mi envergadura sobre la saga era bastante complicado, llegué a afiliarme a un peregrino club de fans, del que no esperaba recibir nunca nada, hasta que un día se plantó en la puerta de mi casa sin previo aviso uno de los miembros (fue extraño, la verdad)... tras unas cuantas horas intercambiando impresiones se fue con la promesa mutua de que estaríamos en contacto, intercambiando información y cotilleos. Nunca volvimos a vernos o a saber nada el uno del otro, o del club de fans...
Con el tiempo, llegaron las ediciones especiales y la fiebre por “Star Wars” empezó a salir del armario. Para cuando estaba a punto el estreno de “La amenaza fantasma” y el primer trailer sacudió a medio mundo, tuvo lugar un acontecimiento revelador en mi vida... Loser Films (o el gérmen de Loser Films, puesto que entonces no éramos más que un grupo de colegas unidos con el noble propósito de hacer cortos cutrillos en video) se hizo con un stand en el “I Salón Star Wars” celebrado en los salones del Hotel Puerta de Toledo... (más detalles de aquel momento mítico AQUI).
El caso es que en ese mítico fin de semana, ocurrieron varias cosas: la primera y más importante, fuimos testigos en primicia del trailer de “La amenaza fantasma”... las primeras imágenes de una nueva película de “Star Wars” en dieciséis años... sin miedo a exagerar, os puedo decir que mi culo se cayó al suelo y tardé varias horas en recogerlo... en aquel fin de semana pude haberlo visto... no sé ¿cien veces? Además, como si fuera el guardían de la puerta... se me asignó su responsabilidad, con lo cual, aparte de ser libre de hacer copias a mansalva (recordad, finales del 98, no mucha gente tenía internet) me encargaba de realizar las proyecciones... y creedme, las reacciones de la gente no tenían precio. Y esa fue la segunda cosa que ocurrió en aquel fin de semana...: la gente. Como alguien que ha estado sumido en la oscuridad muchos años y de repente sale a la luz... descubrí que había más flipaos como yo. Flipaos terminales... mucho peores que yo, que me asaltaban cual jawa sobre un androide, inquiriéndome sobre mi colección de figuritas o sobre mis libros favoritos de “La guerra de las galaxias”. No sólo no estaba solo en el mundo, sino que, sin saberlo, me había convertido en parte de una oscura secta cuyo primer paso de iniciación fue volver a caer en el coleccionismo de figuras (la nueva serie de muñecos se reflotó en 1995, con unos ejemplares más parecidos a He-Man que a Luke Skywalker... y en el que aparecieron muñecos míticos como “Disco Lando” o “Leia Manolo”... aunque esas lamentables primeras figuras fueron dando un rápido paso hacia adelante y convirtiéndose en una simpática colección que mi ánimo completista-yonki fue adquiriendo rápidamente...
La conocida popularmente como "Princesa Leia Manolón"... ¡porque una lider de la Alianza Rebelde también puede ser transexual!
No fue tampoco el único hábito de coleccionista compulsivo que retomé, durante unos cuantos meses me dediqué a coleccionar absolutamente TODO lo relacionado con la saga: álbumes de cromos, revistas, periódicos... grababa los anuncios de la tele, los programas en los que la mencionaban, los telediarios... joder, grababa los putos telediarios por si hablaban del estreno de "Star Wars"... luego vendrían los cereales, las cajas de pizzas, las camisetas... hasta los turrones con la cara de Darth Maul. Finalmente, como una estrella del rock sumida en sus excesos que se da cuenta de que con su adicción a la heroína está perjudicando a aquellos que más quiere... un día me vi rodeado de toda esa montaña de basura y comprendí que había tocado fondo... así que dejé de grabar los telediarios...
En fin, que finalmente llegó el año 1999 y el final de una agónica espera. Y la verdad, aunque todo fue muy confuso, el estreno del Episodio I fue una bonita época que recuerdo con cariño... aunque en muy pocos meses, todo el amor que el mundo profesaba por “La guerra de las galaxias” se convirtió en odio... Por cierto, adivinad quién sale entrevistado en la tele en el cine Kinepolis, momentos antes de entrar a la sala cierto día de agosto de aquel año...
Bueno, si no superáis la vergüenza ajena que produce todo esto, lo interesante está a partir del minuto 1:25... aunque la verdad es que se refleja bastante bien toda la locura que fueron aquellos días.
Y gracias a Dios, me libré de salir en el programa “Cartelera”, me cazaron en el preestreno y pretendían venirse a mi casa a grabar mi colección de muñecos y demás parafernalia freak... entonces me imaginé a mi madre diciéndole al equipo de grabación “pues el niño me tiene frita con tanto muñequito, la verdad... a ver si acaba la carrera de una vez”... y decidí escurrir el bulto...
La verdad es que no creo que le sorprenda a nadie cuando diga que me acabo de perder en ésta maraña de recuerdos y nostalgia más o menos gratuita... esto iba a ser un post algo más conciso... aunque bueno, qué más da. Esto trata de mi amor por “Star Wars” y eso es lo que estoy tratando de difundir... amor, o como mínimo... respeto.
Y voy a empezar por lo más dificil. Porque, joder, es muy fácil amar “El imperio contraataca”. A todo el mundo le gusta “El imperio contraataca”. Hablar de sus virtudes es casi una perogrullada... así que ahí voy yo, valiente caballero de reluciente armadura a defender el honor de los Episodios I al III. Al menos cuando acabe podré decir que lo he intentado... deseadme suerte.
Empecemos por lo que no funciona, para que veáis que soy un tipo objetivo, a pesar de todo.
“La amenaza fantasma” es la primera película de George Lucas en veintidos años. Una ausencia tan larga, por fuerza se tiene que notar. Para mí el principal obstáculo al que se enfrenta este Episodio I es que no tiene historia suficiente para una película de dos horas. O sea, sí que la tiene, evidentemente, pero creo que todo el arco argumental de las precuelas no daba para tres películas, por lo que finalmente el resultado es más parecido a un prólogo que a un primer episodio.
Veamos... obviamente el punto más importante de la historia sería el descubrimiento de Anakin Skywalker y el inicio de su adiestramiento como Caballero Jedi, pero tampoco hay que olvidar el principio del final de la República galáctica que lleva miles de años en activo. Estas dos lineas argumentales se desarrollan a partir de un conflicto comercial en un remoto planeta de la galaxia. Al parecer los fenicios propietarios de la Federación de comercio no están nada de acuerdo con las rutas comerciales establecidas por la República y, como acto de represalia, sitian Naboo, un pequeño y pacífico planeta gobernado por una reina de catorce años elegida democráticamente (sí, a mi también me extraña que eligan a las reinas democráticamente, y encima menores de edad). Todo esto es como si Iberdrola se cabrea y deja sin luz a un pueblo de Málaga porque no le gusta que el gobierno le diga las tasas que quieren ponerle a la luz... nos entendemos ¿no?
Lo jodido es cuando aparece un oscuro Lord del Sith, es decir, alguien extremadamente chungo y poderoso, y de cuya presencia nadie tiene constancia (de ahí la amenaza fantasma), que ha pactado con la avariciosa Federación... lo que quiere este Lord del Sith, es erradicar al planeta Naboo de la galaxia... ¿con qué fin? lo descubriremos en próximos episodios. Como la República es consciente de que la cosa puede convertirse en un polvorín, y su deber es proteger a todos sus planetas miembros, mandan a un par de Caballeros Jedi, guardianes de la paz y la justicia durante generaciones, para negociar una respuesta con la Federación de comercio... pero éstos, obligados por el lord Sith, tratan de matarlos e invaden el planeta... contando con que las autoridades de la República tarden siglos en enterarse (cortando todas las comunicaciones del planeta para asegurarse).
Todo esto lo explico porque había mucha gente que se quejaba del confuso argumento político de la película (que en mi opinión es una de sus virtudes). Como consecuencia de ésta pequeña anécdota (la invasión de un planeta insignificante a cargo de una empresa avariciosa) ocurren dos sucesos determinantes para el posterior devenir de la Galaxia: el senador de Naboo es elegido como canciller supremo de la República y Anakin Skywalker deja de ser un esclavo para empezar a adiestrarse como Caballero Jedi.
¿Por qué el Episodio I decepcionó tanto a tanta gente? Para empezar porque es una película de Star Wars que no recuerda a las películas de Star Wars de siempre. La ambientación es radicalmente diferente, empezando por el exceso de digitalización de decorados y personajes y el hecho de que transcurre 32 años antes de la primera película. Además no hay personajes con los que identificarse fácilmente. Los protagonistas son un niño de nueve años, y dos Caballeros Jedi, más parecidos a monjes de clausura que al prototipo de vaquero intergaláctico que representa Han Solo. Y precisamente por esto, porque el protagonista es un niño, la película es mucho más infantil que cualquiera de las anteriores, y esto implica mucho chiste tonto, y un personaje principal que es, literalmente, un payaso. Jar Jar Binks focalizó muchas de las iras de los fans, y con cierta razón... su presencia rebaja el tono de la historia hasta la infantilización más absurda sí, pero... también tiene sus buenos momentos... como 3PO en las antiguas películas, o Gimli en “El señor de los anillos”. Ni más ni menos. Y vamos, que me digan que el humor que destila Johnny Depp en "Piratas del Caribe" es mucho más sofisticado... Pero estamos con lo negativo...
Porque parte de lo anterior no dejan de ser defectos completamente subjetivos. Sí, coño, subjetivos, porque a mi no me disgustan los decorados retro, ni me importa que no haya un personaje facilillo, ni que el prota sea un niño ni que el tono sea mas infantil (en general, en algunas cosas sí me molesta).
Lo que si es más problemático, es el evidente desapego emocional que se aprecia en gran parte de los actores. Ewan McGregor, que nos deslumbró en “Trainspotting” y alguna otra, tiene que lidiar con un personaje que, a priori, todos pensábamos que tendría mucho más peso. Su Obi-Wan Kenobi es durante casi toda la película, un mero comparsa de Qui-Gon Jinn, cuando todos esperábamos que él fuera el verdadero protagonista. Éste es otro detalle que a mucha gente molestó pero que no debe ser considerado como un defecto, por algo que explicaré más adelante.
Obi-Wan eligió un mal día para dejar la heroína.
Ewan McGregor, como decíamos, parece bastante despistado durante toda la cinta (con la excepción del duelo de sables laser) y, junto a algunos momentos de Natalie Portman, el chaval Jake Lloyd y a algunos secundarios que pasan por allí, parecen un poco zombificados. Parte de la culpa, es evidente, es de Lucas por no dirigirlos con mano más ferrea, pero por otro lado, las excelentes interpretaciones de Ian McDiarmid como el futuro Emperador, Pernilla August como la madre de Anakin y, sobre todo, de Liam Neeson, nos hacen pensar que los grandes actores saben estar bien incluso cuando todo lo demás a su alrededor está mal.
Luego tenemos la debilidad estructural del guión, mencionada antes. Uno pensaría que toda la sección de la película que transcurre en Tatooine, con la espectacular carrera de vainas incluída, está excesivamente alargada, lo cual es más o menos cierto (también se podrían haber evitados pasajes como los de la ciudad gungan, por ejemplo). Pero el caso es que lo que hay, no aburre en ningún momento, que es la principal misión de una película.
Otro problema: los villanos. Al villano principal, ya lo hemos dicho, solo le vemos a través de hologramas, manipulando a los piltrafillas de la Federación, y la verdad, son demasiadas escenas... si os fijáis, cada vez aparece en un holograma diferente... proyectado sobre una pantalla, en un cacharro con patas, sentado, de pie... demasiadas escenas (y lo peor, visualmente mal resueltas) para dejar claro quién es el que manda. Luego están los nemoidianos que invaden el planeta y tratan de matar a los Jedi, los cuales resultan un poco excesivamente patéticos en su caracterización... y entonces entra en liza Darth Maul, el aprendiz de Sith de siniestra figura. Y aqui se encuentra el mayor problema al que se enfrentó la película... la campaña de marketing.
Darth Maul, la imagen del 99 de los turrones Virginia (no es coña).
Desde poco después del primer trailer comenzó la campaña de marketing, cuyo motivo principalse basaba en el rostro de Darth Maul, cobrando de golpe una importancia absolutamente dispar a su presencia en pantalla. Durante meses se nos vendió a Darth Maul como el nuevo villano carismático de la saga, compitiendo en maldad con el propio Darth Vader, lo cual era ridículo porque Lucas es lo suficientemente listo como para no buscarse un nuevo villano que, obviamente, jamás podría superar en carisma a Vader. Darth Maul tiene la presencia y el protagonismo equivalente al de Boba Fett en “El imperio contraataca”... no es, en realidad, el villano de la película, pero nos lo vendieron como tal... y joder, sus escasos diez minutos en pantalla y sus tres palabras de diálogo no llenaron las expectativas de los flipadillos.
Sigamos con el tono infantil, para hablar de Jar Jar... sus chistecitos no molestan en su mayor parte (la escena de la cena en la casa de Anakin es un perfecto ejemplo de que el personaje puede dar juego si se usa con moderación) sin embargo el uso y abuso que se hace de su torpeza y cobardía llega a extremos terribles en la batalla de los gungans con los androides. Evidentemente se quería repetir el esquema de la batalla con los ewoks, pero allí, aparte de las payasadas de éstos personajillos, había mucha más chicha, e, incluso dentro de todo el payaseo, hubo tiempo para que viéramos morir a algún ewok, aquí Jar Jar se carga una escena que podría haber sido muy intensa y que acaba desluciendo el que es, para mi, uno de los mejores climax de la Historia del cine.
Jar Jar Binks: una fiesta.
Aparte de la batalla, claro, también tenemos algún detallito (el pedo del bicho en la carrera de vainas, algo que jamás debería haber salido en una película de Star Wars...). Y enlazando con Jar Jar, la verdad es que no aguanto a Boss Nass (el jefe de los gungans), ni entiendo ese puto tic que tiene en la boca y que le hace babear. Es una de las pocas cosas que no aguanto de la película... es tan gratuito e innecesario y perjudica tanto a los escenas en las que aperece... y lo peor es que sé que está ahí únicamente para provocar la sonrisa de los más jovencitos. Qué pena.
Bien, vale. Hasta aquí los defectos que yo le veo a “La amenaza fantasma”. Uno casi diría después de leerlos que la película no me gustó mucho... ¡error! Una cosa es ser consciente de los defectos de una película y otra muy diferente que no seas capaz de disfrutar de ella. Ahora voy a enumerar las virtudes, algunas más subjetivas que otras.
Para mí, el gran mérito de éstas precuelas es que Lucas las ha concebido como una historia que se escribe hacia adelante. Es decir, para que en el futuro, los espectadores que vean Star Wars lo hagan empezando por el capítulo I y acabando por el VI. Sé que muchos se resisten a aceptarlo pero es así... si visualizas “La amenaza fantasma” como una película independiente se comprenden decisiones como la del nulo protagonismo de Obi-Wan... el ejemplo más evidente de esto lo tenemos en “Alien”. El personaje de Sigourney Weaver, Ripley, no es el protagonista hasta bien avanzada la trama, de hecho, incluso se hace porque nos caiga mal, sin embargo al final resulta la última superviviente de la Nostromo. El personaje crece a lo largo de la cinta, para acabar convertido en inesperado protragonista, exactamente al igual que Obi-Wan cuando se ve obligado a acoger a Anakin como su discípulo. Y, al igual que Ripley, su verdadera definición como personaje, llega en la secuela... Otra prueba de ésto es el detalle de no mostrar nunca el efecto de "hipervelocidad" (esas estrellas estirándose), que pasaría a ser una novedad de la segunda trilogía, o que ningún jedi sea capaz de transformarse en espíritu como luego sí logran Obi-Wan y Yoda en los Episodios IV al VI (se explica al final del Episodio III).
Desde el comienzo con ese texto que se pierde en el espacio bajo la música de John Williams y esa nave espacial con esos efectos sonoros tan reconocibles avanzando hacia el planeta Naboo, yo me sentí como en casa. Cuando los sables laser aparecen por primera vez supe que los dieciséis años de espera habían merecido la pena... Ese primer acto adrenalítico, con los dos Jedis masacrando droides, con el ejército de la federación invadiendo Naboo bajo la ominosa banda sonora... incluso la primera aparición de Jar Jar... puro Star Wars, diversión a tope, lagrimita en mi ojo. Pero entonces llega el mejor momento de la peli, y para mi, casi de toda la saga: la presentación de R2-D2, digna del pedazo de personaje que es. Salvando a la nave de su casi inminente destrucción. Mi alma se eleva cada vez que veo a R2 salvando el día por primera vez.
Entonces llega Tatooine, una predecible caída en el ritmo excesivamente trepidante hasta ese momento, que nos regala el cameo de C-3PO, construido por el futuro Darth Vader en un detalle argumental un poco cogido con pinzas pero que a mi me hizo muchísima gracia... además, qué sentido tiene hacer una precuela de “La guerra de las galaxias” si no metes a 3PO como sea? Entonces llegamos a la carrera de vainas... otra cumbre del cine espectáculo, y ahí la verdad es que no creo que nadie pueda discutirlo. La carrera, con cameo divertidísimo de Jabba incluído, es un disfrute para los sentidos, ejemplarmente planificada y montada, tanto en imagen como en sonido...
Luego tenemos la despedida de Anakin de su madre... hay que tener horchata en las venas para no emocionarse cuando la música se eleva (el tema de la Fuerza, tan estrechamente relacionado con Anakin) mientras el hijo se aleja de la madre sin mirar atrás... sniff... más lagrimitas... Tras un breve enfrentamiento con Darth Maul, deliberadamente poco elaborado (no hay que adelantar el gran climax de la película) nos adentramos en la mejor parte, el politiqueo de Coruscant, la capital de la República, donde somos testigos de la corrupción, la burocracia, el abuso de poder y el estilo de vida Jedi y, oh no!, la infame explicación de los midiclorianos... algo que levanta ampollas...
Pausa para explicar lo de los midiclorianos: Existe la equivocada concepción de que al meter esta suerte de justificación científica para explicar el funcionamiento de la Fuerza, Lucas se cagó en su propio jardín, al perder el caracter místico e incognoscible de este “campo de energía que rodea a la galaxia”.
Coño. Que no.
Los midiclorianos, según palabras de Qui-Gon, son seres microscópicos que habitan en todos los seres vivos. En todos. Las margaritas y los cerdos también tienen midiclorianos... Estos bichitos nos comunican con la Fuerza, de forma que, con el debido entrenamiento podemos ser capaces de manipularla como hacen los Jedis. Entonces, ¿qué diferencia a los caballeros Jedi del resto de personas? ¿su número de midiclorianos? ¡¡NO!! ¡Error! Lo que diferencia a un Caballero Jedi de una persona normal es su capacidad y su habilidad para comunicarse con la Fuerza... capacidad que sólo puede desarrollarse con el debido entrenamiento. El número de midiclorianos que habita en tu cuerpo sólo te dice el potencial que tienes para usar la Fuerza... pero sin el entrenamiento, los millones de midiclorianos de Anakin son tan inútiles como los pocos cientos de Jar Jar. Como dice Yoda“su energía nos rodea y nos une, debes sentirla a tu alrededor entre tú y yo, el árbol, la roca... todas partes”... la Fuerza sigue siendo una energía mística de explicación incognoscible, solo que ahora tenemos una base científica para explicar por qué podemos manipularla. La Fuerza es como internet, y los midiclorianos son el ratón... que tampoco es tan grave.
Además, coño, seamos serios, los midiclorianos son una excusa de guión para poder explicar porqué el personaje de Anakin es tan poderoso. Es así de sencillo, y asi de cutre, como el Arquitecto de (perdón...) “Matrix reloaded”.
Después llegamos por fin al climax de la peli, donde mi corazón saltaba de alegría con el duelo entre Qui-Gon, Obi-Wan y Darth Maul, con el asalto del palacio por parte de la reina Amidala y con Anakin pilotando su Naboo Fighter por el espacio... incluso un poco con la batalla de los gungans también, qué coño. La energía de estas escenas me parece que compensa de sobra los posibles defectos de la anterior hora y media, aunque sí que me choca el montaje un poco torpe en la muerte de Darth Maul...
También me gustaría destacar, pese a que en general las interpretaciones estén un poco deslucidas, que el comienzo de la relación entre Anakin y Padme está perfectamente plasmado. Creo que sus escenas juntos son los mejores momentos de sus personajes y que planta ejemplarmente la semilla de lo que luego se desarrolla en el segundo episodio. Me quedo incluso, con esa sonrisa que intercambian en la celebración final, una radiante Natalie Portman y un Jake Lloyd con mirada de orgullo. Y por supuesto, el papel de Liam Neeson, cuyo Qui-Gon Jinn rezuma credibilidad en todo momento, otorgándole a la película un peso enorme y absolutamente necesario. Que pena que no incluyeran un cameíto al final del Episodio III, coño, con lo potente que hubiera sido volverle a ver... pero claro, ya explicaré en su momento por qué no existe tal cameo.
Como digo, la sensación objetiva final es que dos horas son demasiadas para contar tan relativamente pocas cosas, sin embargo, la diversión sin limites que proporciona debería estar por encima de las excesivas expectativas que los fans volcaban en esta película. La cuestión a defender es que se trata de una película muy diferente de la primera trilogía... necesariamente diferente. Además, creo que el tono excesivamente infantil es deliberado, bueno, no el “excesivamente”, pero sí que creo que la película busca en todo el momento el espíritu de peli de aventuras positiva y luminosa, que la hermana al Episodio IV, si bien en este caso el infantilismo tiene un argumento justificado en el protagonismo del niño... de forma que el tono de la presente trilogía vaya madurando a medida que Anakin va creciendo y acercándose al lado oscuro. De nuevo otra forma de construir las precuelas hacia adelante, en lugar de buscando la constante referencia a las películas originales.
Una vez analizada la película me gustaría detenerme un poquito para hablar de la música de John Williams. A lo largo de toda la saga, la música ha hecho tanto por la historia como las imágenes en sí mismas. Desde ese “Main tittle”, la fanfaria rebelde, el tema de la Fuerza (relacionado con Ben Kenobi en un principio) a la alucinante melancolía del tema de la Princesa Leia, "La guerra de las galaxias” entraba en otro nivel desde su mismo comienzo. El cuidado y las cantidades incontables de talento que Williams puso en la elaboración de la saga con la posterior música de “El imperio contraataca” y “El retorno del Jedi” ponían el listón increíblemente alto para este Episodio I y, al igual que el resto de la película, la música cogió a todo el mundo desprevenido... con ese “Duel of the fates” lleno de coros, y tan tremendamente épico que era, al mismo tiempo, tan y tan poco de “Star Wars”. Más predecible fue el tema de Anakin, en la línea del de Luke o Leia, aunque sin llegar a esos extremos de grandeza.
Luego teníamos la música recurrente, que nos enlaza con la trilogía original y va tejiendo un complejo entramado musical de leit motivs... el tema de la Fuerza (alucinante cuando Qui-Gon intenta destrozar la puerta para llegar hasta el puente de mando de la nave de la federación), el tema del Emperador de "El retorno del Jedi", directamente ligado al lado oscuro de la Fuerza y, de forma muy breve, el tema de Yoda (al final de la película, en la conversación con Obi-Wan), que al poco deja oír de forma extremadamente sutil los primeros acordes de la marcha imperial (el tema de Darth Vader), cuando Yoda expresa la desconfianza que le provoca Anakin (por cierto, no la he comentado antes, pero pedazo escena).
La música, en fin, volvió por la puerta grande. Y a esperar otros tres años hasta el Episodio II.
En nuestro próximo capítulo trataré de abarcar los Episodios II y III, con un poco de suerte, habré terminado para el 2010...
Al fin, damas y caballeros, después de tantos años oyéndome rajar de ésta maravilla del mundo audiovisual, por fin podéis ser testigos de su grandeza.
Pensaba rescatar el video de alguno de mis oxidados cds primerizos pre-internet, pero luego, mi astuto cerebro me ha sugerido que hiciese una búsqueda en youtube y... voila! aquí lo tenéis. En toda su setentera gloria.
Este pretende ser el preámbulo de un va-a-ser-tan-largo-que-me-da-pereza-pensarlo-post sobre "Star Wars" que llevo retrasando los dos años que este blog lleva en pie. Este fin de semana me he visto la saga entera casi non-stop y tengo ganas de empezar a recibir palos cuando me ponga a hablar de Jar Jar Binks y compañía. Avisados estáis.
Seguimos analizando la carrera de Walter Hill, justo en el punto en el que nos quedamos la última vez...
Después del batacazo en taquilla (incomprensible, aunque en el año 84 hubo unas cuantas pelis dignas de verse, todo hay que decirlo), quién sabe si para resarcirse o como modo de afianzar su estatus en la industria, Walter Hill se decidió por una comedia con Richard Pryor (garantía de éxito en esa época) que, si bien no es demasiado consistente con el resto de su obra, hay que decir que es una de las mejores películas que hizo Richard Pryor en los ochenta. ¿Casualidad? Sí, claro.
La descacharrante premisa de “El gran despilfarro” consiste en que el típico muerto de hambre adeudado hasta las orejas descubre de pronto que es el único heredero de una inmensa fortuna, sin embargo, hay una condición para disfrutar de la pasta. Si quiere 300 millones de dólares tiene que gastarse 30 en el plazo de 30 días. ¿Creéis que es fácil? La cosa está en que al cabo de esos 30 días no puede tener ningún tipo de posesión material a su nombre...
No podemos obviar la mejor parte de la película en la que el personaje de Pryor decide presentarse a alcalde. Convencido de que no saldrá elegido, presenta una campaña que se llama “Vota por Ninguno de los anteriores”... ahhh, si la vida política real fuera así de generosa. Unas gotitas de crítica social en una estupenda comedia que, si no fuera por su alto nivel de calidad no parecería dirigida por Walter Hill.
Zapatero y compañía tienen donde mirarse...
Una vez que la taquilla le dio lo suyo, y aprovechando que se había alejado un poco de las películas de acción, Hill se metió en lo que sospecho sería otra película de encargo que, debido a su gran pasión por el rock y el blues (compartida con su compositor habitual, Ry Cooder), recibió con los brazos abiertos.
“Cruce de caminos” se articula en base a una leyenda urbana según la cual, Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Misisipi), a cambio de interpretar el blues mejor que nadie. Robert Johnson, el abuelo del rock y considerado mejor bluesman de la historia y que murió a los 27 años dejando tras de sí tan solo 29 míticas canciones grabadas que sirvieron para influenciar a gran parte de la historia del Rock ‘n Roll...
La película comienza cuando el personaje de Ralph Macchio (viviendo aún de las efímeras mieles del éxito de “Karate Kid”), decide iniciar una búsqueda de una legendaria canción número 30, para lo que rescata del ostracismo de una clínica psiquiátrica a otro legendario bluesman, Willie Brown, que, al parecer también anduvo en tratos poco aconsejables con el Diablo.
Con tan sugerente premisa, Walter Hill se marca una pausada road movie a ritmo de blues que, en mi opinión renquea un poco en algunos momentos, pero que se sigue con interés durante todo su metraje... hasta que llega el salvaje climax... en el que Ralph Macchio se enfrenta al único e inimitable Steve Vai en un antológico duelo de guitarras que, sin duda, vale por toda la película (y por muchas otras).
Una escena, como digo, totalmente mítica y sin par en la historia del cine... y que a todos los metaleros y guitarreros de corazón nos hará saltar las lágrimas. Y por cierto, aunque las partes de Macchio a la guitarra están dobladas por el propio Steve Vai, el chaval reproduce con sus manos, nota por nota, todos los movimientos, acordes y arpegios de su guitarreo, por lo que el resultado es espectacular, casi, casi, sin trampa ni cartón.
Y Ry Cooder, bluesman de corazón, en su salsa, claro.
Steve Vai, y Ralph Macchio, compitiendo por su alma en una escena que vale por filomgrafías enteras...
La película tampoco funcionó demasiado bien, así que Hill, dio por finalizada su “fase experimental” y volvió a lo que mejor sabe hacer: tipos duros y más tipos duros.
Basada en una premisa argumental de John Milius, “Traición sin límite” es una de las películas más energéticas y testosterónicas de la carrera de Walter Hill.
En ella, Nick Nolte interpreta a un ranger de Texas tan duro que parece que caga rocas, dividido entre su vieja amistad con el más famoso traficante de drogas de la zona (interpretado por Powers Boothe), el pasado amoroso de su novia con éste, y el caos y la destrucción que una panda de mercenarios superchungos comandados por Michael Ironside están sembrando en su ciudad.
Michael Ironside, haciendo amigos, como siempre...
Con algunos de los mejores tiroteos de su carrera en su peli más western sin ser western, nos encontramos una cinta con estupendos personajes, que rinde un inesperado y asombroso tributo al majestuoso final de “Grupo salvaje” de Sam Peckinpah. Las historias paralelas del grupo de mercenarios y del sheriff con problemas sentimentales forzosamente enfrentado a su antiguo amigo funcionan a la perfección, así que podemos decir tranquilamente que “Traición sin límite” es la última gran película de la primera y triunfal etapa de la carrera de Walter Hill (ese climax...).
Nick Nolte y Powers Boothe, a punto de arreglar de una vez sus diferencias. Abajo, el impresionante sarao que se monta al final...
Pequeño inciso: los subtítulos en castellano del DVD editado en España son de vergüenza ajena...
Y ya entramos en la parte confusa de la filmografía de Hill.
Para empezar, buscando un nuevo éxito comercial, se decidió por repetir la fórmula de “Límite 48 horas” y buscarse una pareja de policías con diferencias aparentemente irreconciliables.
Arnold Schwarzenegger y James Belsuhi, el primero como un inquebrantable policía ruso buscando justicia y el segundo como el típico poli chungo americano en “Danko: Calor Rojo”.
Abajo: Belushi y una joven Gina Gershon (nunca hay suficiente Gina Gershon...)
Lo cierto es que, aunque el propio Walter firmara parte del guión, y del alto presupuesto, y de la presencia de una estrella en el apogeo de su fama como era Arnie a finales de los ochenta... la película no acaba de funcionar.
Todo huele un poco a refrito y a ya visto. No hay especial emoción en una historia que, aunque igual de simple que la de “48 horas”, no tiene ninguna chispa.
Arnie buscando amigos en la sauna...
Un paso en falso en una hasta ahora intachable filmografía, aunque, bueno, la peli se deja ver con su par de tiroteos majos marca de la casa y, sobre todo, con un prólogo ultra-gay en el que un semidesnudo Arnie se lía a tortazos en una sauna rusa con un montón de cachas semidesnudos... a Viggo Mortensen le nominaron al Oscar este año por básicamente lo mismo...