Muchas veces, en el hervor de mi adolescencia (que algunos dirían aún dura), me preguntaba si habría vida después del instituto. Gente que conocía y familiares me hacían pensar que así era, pero en aquella época, el colegio era una tortura medieval. Yo no era especialmente popular, ni destacaba en los estudios (me costaba auténticos horrores sentarme delante de los libros), el futbol se me daba bien, pero me pusieron de suplente en el equipo del colegio. La gente, en general, no era muy de mi agrado. Hasta que llegó primero de bup no conocí a nadie con el que tuviera una especial sincronía (bueno, sí, un par de personas, todas mujeres, alguna acabó siendo mi primera exnovia, pero qué os voy a contar...). Como iba diciendo, en primero conocí a algunas personas que, inexplicablemente, siguen en mi vida de alguna u otra forma, y más inexplicablemente todavía, amenazan con casarse (hola Manuel, besitos a Jamillé). Recuerdo esos años de bup (especialmente el primero) como una especie de carrera por no salirse del sendero marcado por el rebaño. No quieres ser el que se queda atrás, viendo películas en casa mientras los demás empiezan a emborracharse por primera vez, visitan discotecas y se morrean con la primera que pasa.
Ahora que todo el mundo es fan de toda la vida de Robert Downey Jr., probablemente acabe estrenándose en España "Charlie Bartlett" que viene a contar un poco a escala la misma historia que muchos padecimos en nuestra adolescencia. No es un peliculón, probablemente no sea de las diez mejores películas que veré este año, pero hay algo en su forma y en su contenido que me ha llegado. Probablemente porque no sea la típica comedia de instituto, ni la típica comedia "indie"a-la"Napoleon Dynamite" o "Bienvenido a la casa de muñecas", sino una especie de cruce extraño, lleno de personajes mayormente entrañables. Me ha parecido que es una película que habla con extraña lucidez de lo que es ser adolescente, y del viaje astral que produce en tu cabeza el no ser capaz de encajar allá donde quieres encajar.
Lo que más me jode es que, cuando empiezas a ser consciente de lo que significa "dejar de ser adolescente", no puedes evitar mirar atrás con nostalgia, incluso aunque sabes que en realidad no fue todo tan bonito, ¿no? ¿o sí?
El CEU... ¡¡¡Arggg!!! (creo que ahora han cambiado el logo, todo se hace viejo...)
Lo cierto es que en mi memoria no puedo evitar filtrar los malos recuerdos y quedarme con los momentos que merecieron la pena. Eso es historia selectiva? Es cierto que ser adolescente es un coñazo, pero creo que si pudiera, volvería a tener diecisiete años, aún cuando me pasé toda esa época deseando tener veinticinco.
Hoy, como si de una jornada temática se tratara, he descubierto en el infernal facebook, a un montón de gente de mi colegio de los que hacía siglos que no sabía nada... y entre toda esa gente, fijaos bien, he ido a encontrar a mi amor de adolescencia. Supongo que todos hemos tenido una chica de la que nos colamos en el instituto y que, obviamente, nunca conseguimos, y cuyo recuerdo no acaba de desaparecer nunca... o igual sólo me pasó a mi, no sé. El caso es que ésta chica, Clara se llama (y los que habéis leído algunos de mis cientos de guiones ahora comprenderéis porque siempre había un personaje llamado Clara en casi todos ellos), fue mi amor platónico en octavo de egb y sucesivos cursos. Compartimos nuestro momento allá por octavo, cuando me sentaron delante de ella e intercambiábamos interesantes conversaciones (o al menos yo creía que eran interesantes) y algún tímido flirteo por mi cuenta del que estoy convencido jamás se percató. Con la llegada de bup nos separaron de clase y en los siguientes cuatro años probablemente intercambiamos dos o tres palabras mientras la admiraba en la lejanía y empezaban a llegar las primeras relaciones "reales" (que no serias). Me parece fascinante que de alguna forma la haya mantenido fresca en mi memoria, aún sabiendo que no la iba a volver a ver en toda mi vida. Y de repente un día, resulta que es amiga de una amiga en facebook. La herramienta del infierno, o como dice Enjuto: "interneeeeeeeeeeeeet".
Total, que como consecuencia del shock, una película que trata sobre como en el instituto todos somos unos protoseres humanos luchando por encontrar nuestro lugar en el mundo, ha acabado por tocarme la fibra moral. Ya me veo abriendo el baúl de los recuerdos... y joder, qué difíciles y qué fáciles fueron esos tiempos.
Pero hablemos un poco de la película, ¿no? Porque como decía antes no es la clásica comedia teenager, pero tampoco renuncia a sus momentos de (casi casi) peli de John Hughes. También se beneficia mucho de un Robert Downey Jr. en un papel no demasiado cómodo, y una entrañable Hope Davis como la madre algo lunática del pobre Charlie. Sin embargo el gato se lo lleva al agua la joven pareja protagonista, Anton Yelchin (que dentro de poco encarnará a un joven Michael Biehn en la nueva entrega de "Terminator") y la deslumbrante Kat Dennings. Agridulce y simpática a partes iguales, la película gustará a todos los ñoños de corazón como yo, que aún andamos preguntándonos como sobrevivimos a aquella época.
Y así, podemos dar paso a la segunda parte del post, en la que echamos la vista atrás y suspiramos mientras recordamos aquel baile de fin de curso, aquel momento especial con aquella otra chica, aquel gol en el último minuto del recreo, aquellos deberes que nunca parecían acabar, los fallos de puntuación que te hicieron aprobar aquel examen que habías cateado, las visitas al jefe de estudios (y al psicólogo, aún recuerdo ese momento ceja enarcada "¿por qué estás tan indolente, Mario?"), la denominación "peor clase de la historia del CEU" lograda por 8º D en 1992 (standing ovation, please) que, lejos de recibir con vergüenza, nos hizo aplaudir a rabiar, orgullosos de tan ilustre título... los cambios en los pupitres, que forjaron amistades y destruyeron otras tantas. La vida, como decía Lennon, ocurriendo mientras hacemos otros planes. Por mi parte, no he podido evitarlo, le he mandado a Clara un mensaje contándole mi cuelgue adolescente por ella, y eso a pesar de estar prácticamente seguro de que no me recuerda ni ligeramente. Pero joder, que peso me he quitado de encima...
Mi clase de COU a punto de recibir la graduación, allá por el lejano 1997... al que me reconozca le doy un miko-premio...
Situémonos correctamente... corre el año 1974, George Lucas disfruta del gran éxito de taquilla y público de “American Graffitti” (nominaciones al Oscar como director y guionista incluidas) y se piensa cuál será su próximo proyecto. Como gran fan de los seriales de aventuras y ciencia-ficción, su gran sueño de juventud es hacer una adaptación de Flash Gordon, el inmortal cómic de Alex Raymond, pero problemas con los derechos (gracias a dios) le incitan a crear su propia space-opera. El primer tratamiento, con fecha de 1975, es un mamotreto de considerables proporciones que no consigue atraer la atención de ningún estudio y en el que, según se dice, hay un primer acto con un rescate en una fortaleza, un segundo acto con una ciudad en las nubes (que se convirtió en la fortaleza en alguno de los sucesivos borradores) y un tercer acto con una gran batalla en un planeta boscoso habitado por wookies. No eran tres películas, sino una monumental e inabarcable historia. Este primer tratamiento es en el que Lucas se basó para tejer el tapiz de sus tres películas... y decidió empezar por el primer acto: el rescate en la fortaleza...
Esta pequeña introducción sirve para explicar un poco el tan debatido tema acerca de si Lucas realmente tenía pensadas tres películas y toda la trama como un todo, como se ha dicho prácticamente desde el estreno de “La guerra de las galaxias” en mayo de 1977. No creo que en ese primer tratamiento estuviese todo, ni siquiera gran parte. Pero había bastante.
Como expliqué en el primer post, el primer borrador que empezó a recibir atención fue el tercero, llamado “Star Wars Episode I: The adventures of the Starkiller” , gracias a los bocetos conceptuales que el artista Ralph McQuarrie realizó por encargo de Lucas. Tras ser rechazado por prácticamente la totalidad de los grandes estudios, la Tweintieth Century Fox, se decidió a producir la película por un ajustado presupuesto de once millones de dólares, y cediendole a Lucas el 40% de los beneficios generados por el merchandising en una época en la que los beneficios del merchandising eran irrisorios, como mucho.
Para entender las dificultades a las que se enfrentó Lucas tratando de llevar a buen puerto la película habría que hacer un poco de memoria histórica. A mediados de los años setenta, los estudios de Hollywood no tenían ni idea de las películas que el público quería ver. La época dorada de Hollywood ya terminó hacía mucho tiempo y la televisión era una dura competencia. La película de mayor recaudación era “El padrino” con poco más de ochenta millones de dólares, y las pelis de catástrofes se reproducían como champiñones. La ciencia-ficción era un género impopular, por decirlo suavemente. Es difícil hacerse a la idea de que antes del año 77 no existieran “películas evento” como existen ahora. No había grandes espectáculos de presupuestos millonarios, ni franquicias repletas de efectos especiales esperando a la temporada veraniega para salir a la luz... hasta que llegó “Tiburón” en el año 1975 y pulverizó todos los records de taquilla del mundo. Spielberg demostró que una película todavía tenía el potencial para apasionar a la gente, y para llevar a las masas al cine. Aunque nadie esperaba nada semejante de “La guerra de las galaxias”.
Como bien se explica en el estupendo documental que acompaña a la edición en dvd de la trilogía clásica. “Star Wars” empezó a generar expectación gracias a las convenciones de ciencia-ficción, en las cuales se fue promocionando la película como “la gran esperanza blanca” de un fandom huérfano de grandes hitos en el género desde hacía casi diez años con “2001" o “El planeta de los simios”. A pesar de que el estreno tuvo que ser postpuesto de diciembre del 76 a mayo del 77, Lucas, listo él, decidió publicar primero su propia novelización del guión, que rápidamente se ganó el corazón de los aficionados. Me gustaría hacer un pequeño comentario sobre esta novelización, ya que Lucas siempre ha considerado que las novelizaciones de “Star Wars” contenían información tan veraz como la de las propias películas, por lo que, para los flipaos como yo, eran una valiosa fuente de información complementaria a la de las películas. El ejemplo más gracioso está en las primeras páginas de “La guerra de las galaxias”, en las que se presenta a Darth Vader como un lord del Sith... cuando en toda la trilogía no se menciona en ningún momento ésta expresión (la primera vez que se oye es en el Episodio I).
El caso es que la expectación por ver la película crecía y crecía a lo largo de pequeños grupúsculos de fans, y los trailers y posters promocionales estaban haciendo una campaña muchísimo más útil de la que se preveía. Como ejemplo del estado de excitación en el que algunos freaks vivían esos aciagos días, este maravilloso trailer de una película que lleva hecha más de dos años y que quizá, algún día en el algún sitio, podamos ver.
Como resultado del estreno de “La guerra de las galaxias” el 25 de mayo de 1977, el mundo del cine, tal cual se conocía hasta entonces, cambió definitivamente. Para bien y para mal. Las productoras se dieron cuenta de que el cine infantil y de aventuras daba dinero, de que la ciencia-ficción podía dar dinero y de que los efectos especiales daban dinero.
Pero eso fue a un nivel meramente comercial.
Es muy difícil tratar de expresar con palabras lo que fue descubrir “La guerra de las galaxias” para todos aquellos que éramos jóvenes (algunos, extremadamente jóvenes) en aquella época. Quizá se podría resumir en que detrás de toda la magia, detrás de seres tan fascinantes como R2-D2 o Darth Vader, detrás de conceptos tan alucinantes como la Fuerza, de mundos increíbles, de efectos especiales nunca antes vistos... detrás de todos eso... simplemente había una historia maravillosamente escrita sobre un pobre muchacho que vive en el planeta más alejado del centro de la galaxia y busca ser especial. Todos hemos sido Luke Skywalker en algún punto de nuestra vida.
A posteriori se ha hablado mucho de cómo a finales de los setenta EEUU vivía en una época de desencanto, con la guerra de Vietnam y la política de presidentes como Nixon o Ford dividiendo el país, y en cómo una película de fantasía con buenos muy buenos y malos muy malos sirvió como catalizador para que todos los malos rollos socio-económicos de la época se empequeñeciesen ante el poder de la imaginación. Puede que esto fuera cierto, pero no es menos cierto que en Europa, en Japón y en prácticamente cada país del mundo en el que fue estrenada, se repitió el mismo fenómeno de masas que en EEUU. “Star Wars” era pura magia encerrada en veinticuatro fotogramas por segundo. Magia que traspasó el límite de las salas de cine... y ahí fue cuando la Fox comenzó a darse de cabezazos.... Camisetas, gorras, juguetes, juegos de cama, juegos de mesa, la propia banda sonora que vendió millones de discos en una época en la que los discos con música original de películas apenas recibían un mínimo de atención... la fiebre por “Star Wars” se disparó hasta extremos de convertirse en un fenómeno social sin precedentes.
Incluso la compañía Kenner, propietaria de los derechos para fabricar figuras de acción basados en la película fue pillada completamente desprevenida por el masivo éxito de la película... sin haber llegado a fabricar ni un sólo muñeco hasta el estreno. Su solución, grotesca y genial a partes iguales, fue pre-vender las figuras en la campaña de navidad en el celebérrimo “early-kit” que consistía en una caja vacía con los dibujos de las ocho primeras figuras de la colección, que luego serían sustituidas por los juguetes de verdad, una vez salieran a la venta meses después. No os digo lo que se paga a día de hoy por uno de esos “early-kits”...
El mejor regalo de las navidades del 77: Un cacho de cartón.
La impresionante recaudación en taquilla y los desmedidos beneficios del merchandising le ofrecieron a George Lucas la posibilidad de crear un pequeño imperio independiente de los estudios de Hollywood, cuya cabeza visible sería la Industrial Light & Magic, la revolucionaria empresa de efectos visuales. Además de poder realizar sin interferencias de los estudios, las secuelas planeadas de “Star Wars”.
Pero bueno, hablemos de la película en sí... que para algo me he tirado tres posts interminables analizando los Episodios I al III.
“La guerra de las galaxias”, que en un futuro no muy lejano recibiría el sobrenombre de “Una nueva esperanza” (lógico, ya que “Star Wars” es el genérico con el que se aglutina toda la saga), es, obviamente el Episodio IV de nuestra serie. La acción comienza aproximadamente diecinueve años después del final de “La venganza de los Sith”, con el Imperio galáctico extendiendo su terror y tiranía por toda la galaxia, y el Emperador liquidando los últimos resquicios de la democrática República (“el Emperador acaba de disolver el senado” anuncia el Grand Moff Tarkin en su primera aparición). En esta tesitura, la senadora Leia Organa es interceptada en su nave consular por el temido Darth Vader (Anakin was here) que anda buscando los planos de la nueva y mortífera estación espacial conocida como la Estrella de la Muerte (cuyo diseño y construcción fue iniciada bajo el mando del Conde Dooku), que al parecer han sido robados por la Alianza Rebelde (¿recordáis como Bail Organa, papá de Leia; y Padme dieron los primeros pasos para formar ésta Alianza? claro que no, no seáis ridículos, esa información sólo aparecía en las escenas eliminadas del dvd). Estamos pues, en medio de otra guerra civil... en la que nos adentramos por la puerta grande de la mano de dos viejos conocidos: R2-D2 y C-3PO, quienes se las ven y se las desean para escapar de los imperiales y aterrizar en el planeta Totooine llevando consigo la información que puede destruir la Estrella de la Muerte. En Tatooine, nos reencontramos con el jovenzuelo Luke Skywalker y con un envejecido Obi-Wan.
A la pregunta de por qué Darth Vader no busca a su propio hijo cuando éste vive con sus tíos en su planeta natal y lleva su mismo apellido, habría que contestar sencillamente que Vader no sabe que tiene un hijo, y que desde luego Tatooine es el culo del universo, en el que a Vader jamás se le perdería nada. Si, además, os preguntáis por qué el tío Owen no reconoce a C-3PO, os respondo que todos los androides de protocolo tienen el mismo aspecto y 3PO no era dorado cuando servía en Tatooine... esto os llevará, inevitablemente a la siguiente pregunta, “¿por qué Obi-Wan no reconoce a R2?”... a lo que yo respondo, “¿quién dice que no le conoce?”. Si os fijáis bien en la película, hay una evidente complicidad entre Obi-Wan y R2, incluso cuando aquel dice “no recuerdo haber tenido nunca un androide” (lo cual es cierto, los caballeros Jedi no poseían androides) se percibe un claro “ejem” en los gestos de Obi-Wan, exactamente igual que cuando le asegura que “Darth Vader fue quien traicionó y asesinó a tu padre”... mentiras piadosas para poder mantener el suspense durante tres películas.
- Así que entonces, R2 ya es coleguita mío ¿no?
- Creo que el cabrón de 3PO está intentando ligarse a la script otra vez...
Pero dejémonos de minucias, parte de la grandeza de “La guerra de las galaxias” consiste en su capacidad para noquear tus sentidos unos tras otro durante casi las dos horas que dura la película... en el minuto uno se te descuelga la mandíbula mientras el destructor estelar pasa por encima de tu cabeza, en el dos conoces a R2 y 3PO, en el tres a Darth Vader, en el cuatro ya te has enamorado de la princesa Leia... a los diez minutos de película han pasado tantas cosas, que ya estás pensando en la siguiente vez que verás la película.
Todo el segmento de Tatooine, pese a bajar considerablemente el ritmo de los primeros diez minutos de película es donde se forja el alma de la película. R2 y 3PO dan por fin el relevo en la historia a Luke Skywalker, que reside en una granja de humedad bastante conocida, allí, con esa alucinante escena del atardecer con soles binarios, la imagen definitiva de la melancolía, conocemos al primer gran protagonista de esa saga galáctica, quien poco después se encontrará con un viejo Obi-Wan.
-¿¡Cómo que tienes que ir al servicio otra vez?!
- Euh...
- Te juro que ese tío, 3PO me está jodiendo bien...
- Mírale, qué cabrón...
“Star Wars” es puro “sense of wonder” y, desde el momento en el que Luke acepta seguir los pasos de Obi-Wan y acompañarle a Alderaan, la película se convierte en una montaña rusa cuya primera parada es en la cantina de Mos Eisley, donde nos reencontramos con “Adios, Chewbacca, a tí te echaré de menos más que a nadie...” y a Han Solo, el carisma hecho carne. A estas alturas, la partitura original de John Williams está tan unida a las imágenes que uno no puede imaginarse una cantina sin el tema musical aquí presente.
Cuando era crío, la huida del Halcón Milenario (otro momento cumbre... “¡menudo montón de chatarra!”) del puerto espacial de Mos Eisley era casi mi escena favorita de la película. Lo cual, es extraño porque si os fijáis, el momento apenas dura un minuto (si llega), pero a mi lo que me fascinaba de verdad era aquel plano en el que un stormtrooper en primer término ve como que el Halcón despega en dirección al espacio. Mi cerebro funciona raro, ya lo he dicho yo muchas veces.
El caso es que así a lo tonto ya estamos en la destrucción de Alderaan (dios mio, ahí se fue Jimmy Smits...), y en el Halcón siendo atrapado por el rayo tractor de la Estrella de la Muerte. Uno de las quinientos millones de increíbles aciertos que tiene esta “Una nueva esperanza” es todo la iconografía del Imperio. Desde esos alucinantes stormtroopers, a los diseños de sus naves (destructores, cazas, etc) o a los impresionantes y pulcros interiores de esa Estrella de la Muerte que parece de proporciones gigantescas gracias a las pintura matte (pinturas sobre cristal que colocadas delante del objetivo en un plano concreto crean la ilusión de un fondo que en realidad no existe, hoy todo se hace por cromas con ordenador y a veces no queda tan bien... otras sí). Total, que Han y Luke van a rescatar a Leia y se meten en el triturador de basuras, donde se encuentran con el dianoga, uno de los bichos más feo-cutres de la galaxia muy muy lejana y que, de nuevo, de crío me daba mogollón de mal rollo, sobre todo porque también pensaba... “si eso es el triturador de basura... qué es ese agüilla???” Aichs. No sé vosotros pero yo me empiezo a quedar sin adjetivos para describir el tercio final de la película...
Pero bueno, hagamos un alto para hablar de los actores ys sus personajes. Porque si bien Mark Hamill tenía la dura tarea de ser el héroe de la función, también contaba desde el principio con las simpatías del espectador medio. Como dije, todos hemos sido Luke Skywalker, atrapados en un entorno que no nos entusiasma y viendo lejos la oportunidad de crecer y aspirar a metas más altas. Lo cierto es que la primera vez que vi la película en su idioma original (aparte de espantarme la voz de Vader, que suena a lata y que es mucho más imponente en español con el gran Constantino Romero) me sorprendió el tono de paleto del sur de EEUU que desprendía Luke. ¿Intencionado? mmm. De Harrison Ford a estas alturas no vamos a descubrir nada, para cuando se enfrentó al protagonismo de ésta película yo creo que estaba más encaminado a seguir el noble arte de la carpintería que el oficio de actor, pero a veces la vida tiene otros planes... su interpretación de Han Solo como el anti-héroe definitivo marcó a toda una generación que vimos representada en él toda la esencia de lo que era ser cool (años antes de que alguien inventara el término que, por cierto, ya podía currarse otro una traducción). Otro tema aparte es la princesa Leia, un personaje femenino acorde con los tiempos de mujeres decididas y liberadas que no temían llevar el peso de los problemas. Su terrible caracter también nos enamoró, a pesar de su aspecto asexuado y ese legendario peinado interestelar que gastaba.
Vale que el requetemítico enfrentamiento final entre Darth Vader y Obi-Wan desluce un poco (ejem) visto después de la lucha final de “La venganza de los Sith”, pero estoy seguro de que si rehacen la peli con una pelea a la altura, injertando la cabeza de Alec Guiness en el cuerpo de un especialista todo dios entraría en cólera (mataría por ver eso). Es que nunca estáis contentos, coño. La cuestión es que para la época, y siendo tiernos infantes, la pelea era más que digna (salvada en parte por el montaje), más por la épica de la muerte de Obi-Wan en sí, unido a la huída de Luke y compañía, que por los sables laser.
- Así, así... el win... el win... y le das... win... win...
- Uhmmm.
Y ya está, un par de detalles para dejar ver un posible triángulo amoroso entre Luke, Leia y Han (¡¡que sois hermanos!!) antes de acometer el gran climax de una película que no ha dejado de ir hacia arriba en sus casi dos horas (y empezó bien alto). La batalla espacial del final de la cinta, con sus maquetitas monas y sus explosiones, también ha quedado un pelín desfasada debido a las inclementes condiciones en las que se rodó, a lo largo de una postproducción adrenalítica y exhausta que incluso llevó a Lucas al hospital aquejado de agotamiento...
Lucas al frente de un rodaje complicado... :
- A ver, entonces el stormtrooper 5 sale delante...
- ¿Yo?
- No, el 5, ¿dónde está el 5?
- Creo que no hay número 5.
- ¡Esta mañana lo había!
- ¿No puedo salir yo?
- ¡¡Calla!! Tú, un paso atrás... eh, tú no te muevas.
- Si estoy quieto...
- Creo que estoy viendo al 5 en el bar con 3PO!
- ...
- Y entonces disparás así, hacia arriba... con intensidad.
- ¿Esos tejanos son cómodos?... Parecen bastante cómodos...
No obstante, la música, el montaje y el ritmo frenético suplen las deficiencias que el paso del tiempo no, y ese final en la trinchera, con Darth Vader diciendo “su fuerza es muy intensa” y la aparición a última hora de Han Solo y ese “han dado a R2" (ojo a la mirada de angustia de 3PO totalmente ignorada por una borde Leia)... en fin. Cine con mayúsculas. Un pequeño inciso para hablar de Han Solo... ya de pequeño, siempre me olió a chamusquina esa “falsa retirada” de Harrison Ford, especialmente con ese “yo sé lo que hago” que le masculla a Chewbacca antes de partir. Según mi humilde opinión, lo que hace Han Solo es esconderse detrás de un planetoide o lo que sea, esperando que todo el marrón de la batalla escampe, para, por la espalda y cuando ya no queda nadie vivo, salvarle el día a Luke pellizcándole en el culo a Darth Vader. ¡Y luego le dan una medalla! ¡Si el cabrón ni siquiera se ha cargado a Anakin! Vamos, muy heroico no lo veo yo, en cambio, mira...
- ¿Ves? ¡Con intensidad!
- No, si ya...
Total, que si tenías de 2 a 16 años en el año 1977, cuando se encendían las luces después de todo esto, te tenían que despegar con una espátula de la butaca del cine... y lo único que querías hacer con tu vida era volver a esa butaca una y otra vez... por eso te comprabas los muñequitos, o las camisetas, o lo que fuera que te recordara a aquel mundo mágico sin comparación alguna con cualquier otra cosa. Estamos en una época, recordad, en la que no existe video. Las películas no te las compras a los seis meses del estreno... no, las películas permanecen meses y meses en cartel si tienen éxito, y luego pasan a algún cine de barrio donde son proyectadas en programas dobles o triples con algunas otras películas... y eso con suerte,,, si no, año tras año, la película sólo vive en tu memoria y en tu imaginación, y eso la hace muchísimo más especial que si te la alquilas en el videoclub a los tres meses, te la tuestas en el ordenador y luego la ves en tu tct de 15 pulgadas que cambia la iluminación de la película según el ángulo en el que la miras. Y luego vas y te quejas de que no te ha parecido espectacular. Pero estoy divagando.
“La guerra de las galaxias” fue especial. Era especial en cómo estaba hecha, en a quién estaba dirigida, en cómo estaba vendida. Era una película única y, a la postre inimitable que nos marcó a todos los que la vimos de canijos y cuya magia vuelve, a veces, en maravillosas oleadas mientras estás delante del dvd... (mis vhs, comprados originales y sin desprecintar a un videoclub años antes de que existiera la venta directa en España, estaban tan gastados, que cuando salió la edición en widescreen sabía perfectamente que parte del encuadre era “nueva”). Obviamente, el éxito fue tan multitudinario y avasallador que Lucas pudo plantearse con mucha más calma la preparación de las secuelas... de hecho, acabó tan hecho polvo que prefirió delegar las labores de dirección, pero de eso hablaremos más adelante.
Total, cómo todo lo que es rabiosamente popular, y encima viniendo de EEUU, la crítica europea se folló sin compasión la película acusándola de simplista e infantil (y de que habían tenido que esperar seis meses para verla en algunos casos), mientras en el país de la hamburguesa, aún alucinados por el humor, la fantasía y la vitalidad contagiosa, nominaron a la película a 11 Oscar, de los cuales acabaría ganando seis (dirección artística, vestuario, sonido, montaje, efectos visuales y banda sonora original) más uno especial a Ben Burtt por la creación de los alucinantes efectos sonoros de la película (esa candidatura no existió como tal hasta 1986). Lucas volvió a estar dóblemente nominado, pero tanto él como la película perdieron en favor de Woody Allen y su "Annie Hall".
Y sí, existe esa “Edición especial” que cambia, añade y quita ciertos detalles de la película, pero de eso ya hablaré en su momento. Por ahora prefiero quedarme a vivir un poco en 1977 y empaparme otra vez de las sensaciones que flotaban en el aire....
Para acabar, no podía resistirme a compartir esta cucada que he encontrado en la página oficial... sí, me flipa el cartelismo de Star Wars también ¿lo dudábais?:
En el 2005 ya estábamos curados de espantos. Ya habíamos sido testigos del regreso de “La guerra de las galaxias” seis años antes y despues habíamos visto a Yoda pelear con su sable láser tres años después. Entre medias, “Spider-Man” y “El señor de los anillos” habían arrasado, llevándose consigo a parte de los desencantados fans de “Star Wars” que se fueron con la promesa de no volver... A los incondicionales de la Fuerza nos quedaba el último gran cartucho, el último estallido antes del final de una época... la época en la que aún no sabíamos cómo Anakin Skywalker se convirtió en Darth Vader. Pero el desencanto era contagioso. No por nada, sino porque ya no tienes cinco años, y la increíble expectación que despertaron las precuelas ya parecía agotada.
Error.
Durante el mes de mayo del 2005, los medios de comunicación, siempre atentos a explotar una noticia desde sus ángulos más superficiales, repitieron el bombardeo mediatico que nos asoló en el verano del 99. Gracias a dios, hacía mucho tiempo que había dejado de grabar telediarios y anuncios de televisión, porque las dos primeras semanas de mayo fueron una auténtica fiesta de imaginería del “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...”. Hasta los chaqueteros fans de Frodo y compañía y los desertores desengañados volvieron a caer en la trampa del lado oscuro y acudieron en masa a ver un Episodio III que arrasó en la taquilla como hacía tiempo que no se veía (superando por mucho, lo ingresado por “El ataque de los clones”). Nada de esto fue, en realidad, una gran sorpresa. Sí lo fue la respuesta crítica... con una unanimidad ni siquiera vista en los años de “El imperio contraataca” (bastante vilipendiada en su momento, por cierto). “La venganza de los Sith” según muchos, era el mejor episodio de toda la saga. Palabras mayores para quien ha crecido con Han Solo y la princesa Leia en su corazón.
Y es que hay ciertos aspectos sobre los que merecería hacer un pequeño comentario.
El factor nostalgia, por ejemplo. La nostalgia que nos hizo estar años deseando oír noticias de las nuevas entregas, que nos hizo caer desmayados del shock cuando vimos el primer trailer de “La amenaza fantasma” en noviembre de 1998... Soy de la opinión de que ésta nostalgia corrió en contra de las películas una vez que el público de entre veinte y treinta años se enfrentó a ellas. No sólo por las desmedidas expectativas que pusimos, sino por las inevitables comparaciones en términos de “experiencia vital” que ofrecía, por ejemplo “La amenaza fantasma”, comparada con “La guerra de las galaxias”. La diferencia es obvia.
Nostalgia, pura y dura.
Incluso en mí, defensor a ultranza de la magia que desprenden las precuelas, la impresión que causó el Episodio II no puede compararse a los años que pasé soñando con vivir en Bespin, con pilotar un X-Wing y con ser un caballero Jedi. Simplemente, no se puede. En la anterior parte de éste megapost, rafa aw, en los comentarios, hacia un interesante análisis a nivel de guión del Episodio II, y de Lucas por añadidura. Y es este tipo de análisis sobre los que quiero matizar, no porque sean incorrectos, sino porque creo que son el exacto reflejo de las desmedidas reacciones de frustración y repulsa que generaron los Episodios I y II... un excesivo análisis, una sobreexposición de analítica cinematográfica que una película para adolescentes como “La guerra de las galaxias” nunca debería exigir. No se me malinterprete. No digo que una buena película de aventuras no sea equiparable a otros géneros, o que no pueda parir obras maestras, digo que, simplemente, cuando nos sentamos a ver “Piratas del Caribe” o “Independence day” no examinamos tan al detalle los requiebros del guión ni de cualquier otro aspecto técnico de la película. Sin embargo, el profundo amor que desprenden las viejas pelis de Star Wars, unido a ese factor nostalgia que nos quiere retraer a cuando fuimos pequeñas personas deslumbradas por la magia de aquellas películas... nos obliga a buscar y justificar de forma racional los cómos y los porqués de que una película que forma parte de la saga no nos cause la impresión que nosotros esperábamos de ella.
También está el que las películas simplemente no te puedan gustar. Evidentemente. Yo estoy hablando (por si no lo habías notado) a un nivel terriblemente freak. Lo que pasa es que las generaciones que ya habían pasado la edad para deslumbrarse cuando llegó “La guerra de las galaxias” en el año 77, no tienen esa subjetividad y ese nivel de exigencia que nosotros sí. Para mi padre, que tenía cuarenta y pocos cuando se estrenó la primera película, la única diferencia con el Episodio I es que ésta está repleta de efectos digitales (y que es más floja, pero sigue siendo “La guerra de las galaxias”, en sus inmortales palabras).
Todo este rollo, viene a que si para nosotros, la afirmación “es la mejor de las seis” nos suena a grotesca herejía. Para alguien que, o bien haya crecido con las nuevas películas, o bien ya estuviera crecido cuando llegaron las antiguas, es, simplemente una opinión como otra cualquiera. Como decir que el remake de “El cabo del miedo” es superior al original.
Yo soy una de esas personas que sabe perfectamente que ninguna película que vea a día de hoy podrá dejarme la misma huella que “El retorno del Jedi” hace veinticinco años. Lo sé. Y aún así, “La venganza de los Sith”, me parece, si no la mejor de las seis, casi, casi la mejor de las seis. Ya os veo cogiendo las antorchas...
Me gustaría añadir que la experiencia de ver el Episodio III en el cine no fue ni remotamente comparable al éxtasis del Episodio II. Que la cinta, a pesar de emocionarme y atraparme en muchos momentos, me dejó una ligerísima sombra de decepción... probablemente una mezcla de los putos inciviles que acudieron al estreno en el Kinepolis, de la horrible sensación de que Star Wars, de una vez y para siempre había tocado a su fin, y de mis propias expectativas. Vi la película otras cuatro veces en el cine, y aunque mi opinión mejoró mucho con cada visionado, me seguía quedando con el Episodio II. La última vez que la vi fue en agosto del 2005. Y hace una semana por fin desempaqueté el dvd y me dispuse a acometer el visionado de la nueva trilogía con la deliciosa sensación que produce estar a punto de ver una película de “La guerra de las galaxias” que NO te sabes de memoria.
Como habréis imaginado, este mega-post es directo resultado de esa maratón, y sobre todo, de esa revisión del Episodio III... que me dejó tocado, e inmerso en las más profundas simas del amor y la gratitud eternas.
“La venganza de los Sith” comienza tres años después del final de “El ataque de los clones”, con las guerras clon en su punto álgido y un Anakin y un Obi-Wan cuya relación ha crecido, de paterno-filial a fraternal. Padme y el susodicho continúan manteniendo su amor en secreto, a C-3PO le han pintado por fin del dorado más brillante, el canciller Palpatine sigue usando sus poderes especiales para ir liquidando burocracia y acelerando el final de la guerra, y algunos senadores como Bail Organa, del planeta Alderaan (guiño-guiño-codazo-codazo) empiezan a estar con la mosca detrás de la oreja. En este punto de la historia, al conde Dooku no se le ocurre otra cosa que invadir Coruscant con su masivo ejército de droides y secuestrar al Canciller. Y claro, alguien tiene que acudir al rescate.
A diferencia de los Episodios I y II, aquí no voy a empezar por lo que no funciona. Aquí voy a empezar por el principio, por esa media hora que deja con la mandíbula abierta. Decía no sé quién que una película tenía que empezar con un terremoto y luego ir hacia arriba. Siempre he considerado esas palabras como un auténtico pozo de sabiduría. En el cine de género especialmente, un buen principio puede hacer maravillas por una película, aunque no es nada comparado con lo que hace un gran final... pero, como decía, un buen principio puede hacerte ganar una considerable cantidad de tiempo para exponer tu argumento y a tus personajes. En mi post sobre el Episodio I no me cansé de alabar lo que consideraba uno de los mejores principios que una película de acción y aventuras puede proporcionar... bueno, pues si el comienzo de “La amenaza fantasma” se puede considerar un terremoto, el principio de “La venganza de los Sith” sería el Fin de los días... poco más o menos.
La batalla sobre Coruscant, los buzz droids, R2 salvando el día con los acordes de la fanfarria rebelde, el aterrizaje en la nave, Obi-Wan y Anakin por todos lados cepillándose androides de batalla, de nuevo R2, él solito contra los super droids... el general Grievous, el canciller, la muerte de Dooku, la huída por el hueco del ascensor... yo! yo quiero ser Ben Kenobi! y el win... y el win!...
Se me va...
Como digo y repetiré y repetiré hasta que me muera: los primeros treinta minutos de “La vengaza de los Sith” valen por filmografías enteras de otros directores... no sólo por al alucinante ritmo que no decae un sólo segundo, sino por la maravillosa presentación que hace de los personajes, por el humor, tan familiar y tan... Star Wars (ese R2) y por la perfecta caracterización de los protagonistas, quienes con apenas un par de diálogos nos demuestran cómo su relación y ellos mismos han evolucionado desde la última película, cómo Anakin ha madurado de aprendiz a caballero Jedi, y como ese canciller Palpatine empieza a recoger las semillas que tanto tiempo lleva preparando... para lo cual paga el pato el pobre Dooku, que apenas tiene tiempo para un nuevo y genial duelo son sables láser antes de caer decapitado. Todo un auténtico festín para los sentidos.
Tras este “terremoto”, un poco de calma y la primera escena onírica de toda la saga (en qué cosas tan tontas me fijo, claro que habría quien considere la escena con Vader en Dagobah como onírica... rayos). La cosa es que nos vamos adentrando en una película de guerra en toda regla, mientras el politiqueo y los trapos sucios de Palpatine empiezan a ser cada vez más cantosos, hasta el punto de que los Jedi empiezan a considerar seriamente el golpe de estado... y al mismo tiempo, Anakin, el pobre, bascula de un lado a otro, debatiéndose entre el Jedi que quiere ser, la mujer que ama y la fidelidad a su amigo el canciller...
De entre esta parte central de la película destaca poderosamente la escena en la ópera galáctica en la que Palpatine, perfecto Ian McDiarmid, empieza a ganarse el oscuro corazoncito de Anakin, perfecto Hayden Christensen. Una escena tensa y dramática, ejemplarmente rodada y mejor montada que sirve como contrapunto a las aventuras de Yoda en el lejano planeta Kashyyk, hogar de Chewbacca, donde se está montando la de dios es cristo Originalmente, este planeta iba a ser el climax de “El retorno del Jedi”, pero eso fue hace mucho tiempo y ya hablaremos de ello.
Para cuando Obi-Wan aterriza en Utapau, donde el chungo del general Grievous se esconde junto a parte de la cúpula de los secesionistas, el tono festivo de la primera parte de la película ya está volviéndose progresivamente más oscuro, aunque antes de que el Drama con mayúsculas se apodere de la función podremos ver otra delirante secuencia de acción que quita el hipo, con Obi-Wan enfrentado a las cuatro espadas láser de Grievous y una persecución de lo más peculiar... hay que destacar el papel de Ewan McGregor, quién, lejos del estatismo del Episodio I, parece un niño con zapatos nuevos, comodísimo en su cada vez más maduro general Kenobi. Su energía se contagia también, como en esa despedida que nuestros dos héroes intercambian en Coruscant, poco antes de que Obi-Wan parta en pos de los separatistas. Un momento para estrechar lazos con Anakin, dejando patente el cariño y profundo respeto que se profesan el uno al otro... y que será la última vez que se vean antes del fatídico duelo.
Uno de los momentos cumbre de la película es, sin duda, la transformación de Anakin en Darth Vader, comenzando con ese intercambio de planos entre Padme y él, a kilómetros de distancia, mientras el tema “Anakin’s dark seeds” del maestro John Williams suena de fondo... la tragedia se masca en el ambiente, y los dos lo saben... un momento dramático sin igual en toda la saga. Luego vendría la llegada de Mace Windu al despacho de Palpatine y la definitiva e irrevocable decisión de Anakin... el miedo, finalmente, es el que le lleva al lado oscuro.
Para entonces ya nos hemos adentrado en una auténtica tragedia de proporciones galácticas. La celebérrima “orden 66" que deja, en pocos momentos, a la República huérfana de caballeros Jedi que la defiendan en una de las secuencias más memorables de la saga. La emoción a flor de piel a medida que Anakin, escoltado por varios escuadrones de clones, se acerca al templo Jedi para rematar la faena... “Todos y cada uno de los caballeros Jedi son ahora un enemigo de la República...” Pelos como escarpias, no lo neguéis. Y ese momento devastador, en el que uno de los jovencitos aprendices de Yoda se acerca a Anakin en busca de protección y retrocede un pasito al notar su espada láser encenderse. ¿Queríais una película oscura? Tres tazas.
Genial también la aparición de ese Bail Organa, exigiendo explicaciones a los clones, antes de salir por patas, consciente de que sus peores temores se han hecho realidad. El ejército está tomando el control de la República... yaiks.
Jimmy Smitts, un gran paso desde "La ley de Los Angeles" a ser papá de la princesa Leia.
Éste último acto de la película, en el que Yoda y Obi-Wan regresan al templo Jedi tratando de evitar la masacre que ya se ha producido, al mismo tiempo que el canciller se autoproclama Emperador traspasa los niveles de emoción y congoja que cualquier otro episodio de Star Wars haya conseguido antes (“así acaba la democracia en la galaxia, con un estruendoso aplauso”, Padme, at her best...). La historia, claro, es mucho más épica. Estamos hablando del fin de la libertad y la democracia y la imposición de una dictadura que sembrará el terror por todos lados. Una historia política que muchos críticos sesudos trataron de reflejar en la actual política estadounidense, motivo por el cual, supongo, la peli cayó tan bien entre la prensa especializada (seguro que los sables láser no tuvieron nada que ver).
Finalmente llegamos a Mustafar, el planeta volcánico del que llevamos veinticino años oyendo hablar, y en el que tuvo lugar el gran duelo entre Obi-Wan y un Anakin consumido totalmente por Darth Vader que ya no tiene reparo alguno en pasar por encima de Padme e, incluso R2... (mítico su pequeño momento con 3PO en el que parece decirle “este tío me está dando muy mal rollo”, a lo que 3PO contesta “está bajo mucho estrés...”). Un Anakin ciego por el lado oscuro, embebido de poder y con el odio como su gran aliado amenazando incluso la vida de su amada, una destrozada Padme que ve con sus propios ojos como el chavalín de Tatooine ha quedado completamente erradicado de la mente de su esposo... “No puedo enfrentarme a él” le dice Obi-Wan a Yoda, casi implorándole. “Envíeme a detener al Emperador” (curioso que ya lo llame Emperador cuando éste aún no se autoproclanado idem, o como mucho lo está haciendo en ese mismo momento...) “pero no me pida que mate a Anakin”... “Para enfrentarte a Lord Sidious suficientemente poderoso no eres”, le contesta Yoda, claro, alla va el Maestro Jedi, en una batalla climática paralela al momento más deseado por todos aquellos que una vez fuimos jóvenes viendo “El imperio contraataca”. Decir sólo que si la épica de las imágenes es absoluta, la música no se queda atrás, mezclando sabiamente el poderoso “Duel of the fates” de “La amenaza fantasma” con el tema clásico de la Fuerza y el nuevo e imponente “Battle of the heroes” que aporta un terrible matiz de tristeza a toda la escena. Por cierto, que es aquí donde está mi frase favorita, quién sabe si de la saga entera... “Si tan poderoso eres... por qué huir”, le dice Yoda al Emperador. Auch.
El final del duelo entre Obi-Wan y Vader (aparte de una pequeña incongruencia que mencionaré más adelante), nos regala otro momentazo de Ewan McGregor (“you were the chosen one!”) en el que Hayden no se queda atrás... por fin somos testigos de la desfiguración física de Anakin, de la que no se nos escamotea ningún detalle. Un momento largamente esperado que no deja indiferente... pero que es sólo el paso previo al nacimiento del auténtico Darth Vader, el que conocimos hace casi treinta años, el hombre de la máscara de hierro, cuyo nacimiento es paralelo al de su propia descendencia: Luke y Leia, nombres para la eternidad.
A riesgo de me llaméis moñas, la tristeza del final de “La venganza de los Sith” consigue que se me salte alguna lagrimilla cuando Padme se deja morir tras el alumbramiento, presa de la más profunda melancolía..., cuando Leia es entregada en Alderaan, o cuando el funeral de Padme en Naboo nos enseña el colgante que Anakin le regaló siendo un crío... y el rostro cariacontecido del pobre Jar Jar, prácticamente en su único plano de la película. Y, por supuesto, también cuando un aparentemente impasible e inexpresivo Vader contempla desde el puente de mando del destructor estelar los comienzos de la futura Estrella de la Muerte, en un plano aparentemente inocuo, pero que deja entrever la profunda tragedia con la que cargará el personaje durante el resto de su vida (más sobre ello en “El imperio contraataca”).
El nivel de chunguez de semejante final es digno de elogio, aunque por otro lado... no había otra manera de terimanarla. El Episodio III acaba siendo la película más oscura de toda la saga, al mismo tiempo que la más espectacular y emocionalmente intensa, y la que más pelotas pone sobre la mesa. Ejemplarmente dirigida por Lucas, a la película sólo le puedo achacar un par de defectillos.
El primero sería el tema de la desfiguración del canciller. Cuando Palpatine aparece en “El retorno del Jedi” uno asume que es un tío jodidamente viejo horriblemente conservado por culpa del lado oscuro, sin embargo, el Episodio III nos enseña, de forma poco acertada, a mi parecer, que Palpatine fue desfigurado por culpa de su lucha contra Mace Windu, y que luego utilizó la baza de sus “cicatrices” (tela) como prueba del golpe de estado que los Jedis habían intentado realizar. Yo creo que no hacía falta desfigurarle, que su putrefacción física se daba por asumida en los veintitantos años que pasan entre el Epsiodio III y el VI, más cuando el maquillaje del Episodio VI es bastante mejor (más sutil) que el del III (lo podemos achacar a años de cirugía plástica... o algo). Además, ese momento “podeeeer absolutoooo” que en español nos hace saltar los empastes (en su idioma original no es tan horrible), tampoco parece que fuera el mejor momento del guión.
Otro aspecto, insignificante, realmente, es la bajada de pantalones que supone erradicar a Jar Jar por completo de la trama... aunque siendo sinceros, sólo le echas de menos cuando aparece al final de la película y te das cuenta de que es la primera vez que sale (en realidad aparece al principio de la película, cuando Anakin y Obi-Wan llegan a Coruscant y son recibidos por varios senadores). Hubiera estado bien buscarle algún huquecillo en la trama, semejante a sus estelares momentos en “El ataque de los clones”.
Otro problema que, en realidad, es un problema del Episodio I. Sí, porque en el momento final del duelo entre Obi-Wan y Anakin, aquel le dice a éste “Se acabó, estoy en una posición elevada”... lo que, irremisiblemente provoca un efecto flash-back en mi, en el que retrocedo hasta el climax de “La amenaza fantasma” en el que Darth Maul se encuentra en lo que podríamos llamar “una posición elevada” respecto a Obi-Wan, ya que éste se encuentra colgando a sus pies en una extraña tubería de varios cientos de metros de profundidad. El porqué Darth Maul no hace lonchitas a Obi-Wan cuando éste salta por encima de él (como sí hace Obi-Wan con Anakin en idéntica situación) sólo cabe explicarlo por la torpeza del montaje de esa escena en el Episodio I: todo el sentido de la escena (resaltado por la mirada de extrañeza que pone Darth Maul) se debe a que la maniobra de Obi-Wan es absolutamente impensable por su velocidad... y aún así, consigue realizarla, pues tal es su dominio de la Fuerza como resultado de los sentimientos ante la muerte de Qui-Gon, cosa que no queda reflejada en absoluto en esa escena... por contra, Anakin, que es visiblemente más poderoso que Obi-Wan no tiene control sobre sus emociones, por lo que cae derrotado en idéntica situación. Una oportunidad perdida de establecer un paralelismo que redondeara el arco como personaje de Obi-Wan Kenobi.
Y el último problema, en realidad no lo es tal. En las escenas eliminadas del dvd se pueden ver tres escenas que tratan sobre la creación de la Alianza Rebelde y cómo Padme toma un papel activo en ella. En esas escenas podemos ver como Bail Organa (futuro papá de Leia) y Mon Mothma (vista posteriormente en “El retorno del Jedi” como la líder de los rebeldes) convencen a Padme de la necesidad de crear una alternativa capaz de hacer frente al abuso de poder del canciller.
El caso es que esta subtrama redondearía de forma magistral el guión del Episodio III, pero es cierto que vistas a posteriori, las escenas probablemente ralentizarían el impecable tempo que la película conserva durante todo su metraje.
Mon Mothma, en "La Venganza de los Sith" y en "El retorno del Jedi".
Una puñetera lástima, especialmente porque sin ellas, el papel de Padme se ve visiblemente reducido a prácticamente esperar en su casa a que venga Anakin mientras prosigue su embarazo (si bien es un contrapunto imprescindible para el personaje), y también porque esa preciosa actriz que interpreta a la joven Mon Mothma (alucinante el casting por su parecido con la actriz de “El retorno del Jedi”) hubiera merecido esos minutillos. También salía en esas escenas Bai Ling, actriz de indiscutible morbo a la que hemos podido ver en “Sky Captain”, “Southland tales” o “El cuervo”, que por aquella época posó para Playboy y algunos maliciosos apuntaron que ese fue el motivo por el que se erradicó su escena.
La senadora Bana Breemu, caldeando el ambiente.
Ey, fijaos que pocas cosas negativas me han salido del Episodio III. Y es que, como decía anteriormente, hay que medir los sentimientos con los que sales del cine. En muchas ocasiones un análisis más reposado de la película, o un segundo visionado pueden hacer cambiar los gustos y las opiniones del más seguro de sí mismo. Es por ello que siempre evito los comentarios grandilocuentes nada más ver una película en el cine (bueno, casi siempre). Normalmente, una peli que te ha gustado mucho te parece LA HOSTIA, y una que no te ha gustado nada te parece EL HORROR. Me gustaría saber cuantos de aquellos que pensaban que “El retorno del rey” era su película favorita a la salida del cine, opinan igual cinco años después de su estreno. De la misma forma que aquellos que decían entonces que “La venganza de los Sith” era la mejor de Star Wars, probablemente ni se compraron el dvd. Yo no lo dije entonces, pero creo que ahora puedo decirlo: “La venganza de los Sith” es grande. Muy grande.
También me gustaría hacer un último comentario dedicado a los más jóvenes, aquellos chavalillos que resistieron a la horda de películas, series de televisión, videojuegos y consolas de última generación y no vieron su atención descuidada de las películas que les atraparon en el cine... me estoy refiriendo a aquellos (algunos habrá) que experimentaron con el Episodio I o II las mismas sensaciones que nosotros con “La guerra...” o “El imperio...” y que acudieron al estreno de “La venganza de los Sith” esperando ver a su héroe, Anakin acabar con los villanos villanosos... ¿Os imaginaís lo que hubiera sido para nuestra generación que al final de “El retorno del Jedi”Luke Skywalker se pasara al lado oscuro y matara a sus colegas? ¿No creéis que eso fue exactamente lo que ocurrió cuando los chavales salieron de ver “La venganza de los Sith”? ¿No os da miedo pensar que George Lucas ha creado una generación de psicopatas en potencia? Mi hermana me contó que el hijo de un compañero de trabajo, a la salida del cine le dijo a su padre algo como esto:
- Papá... entonces... ¿a mi me toca ser malo?
- ¿Cómo?
- Claro, si Anakin se hace malo, yo también tengo que ser malo...
(Primeros acordes de la “Marcha imperial” ON).
Escalofriante, ¿no?
Para el próximo post, por fin, la trilogía clásica. Se acabaron las suspicacias y el hacer de abogado del diablo. Retrocederemos veintiocho años desde el estreno del Episodio III en el 2005 al del Episodio IV en 1977. A un punto en el que la Historia del cine cambiaría para siempre y dejaría a un par de generaciones de jovenzuelos con la lengua afuera y los ojos como platos. Una época de asombro y descubrimiento. El principio de todas las cosas para muchos de nosotros...
La vida a veces te da sorpresas. Pasamos mucho tiempo criticando gran parte de lo que estamos obligados a hacer, o de lo que nos ha tocado padecer... pero a veces, sólo a veces, la vida te da regalos.
La Plaza de España sevillana en versión Naboo.
El 13 de septiembre del año 2000 pude cumplir un deseo tan ilógico e impensable, que ni siquiera se me había ocurrido soñar con él. Y es que ese día, George Lucas, Natalie Portman y compañía grabaron una escena del Episodio II en la Plaza de España de Sevilla. Y allí que fui (ventajas de tener una novia sevillana en aquel entonces, todo sea dicho). Durante todo el día estuve subido en la verja del parque María Luisa, grabando con mi cámara todo lo que podía. Ya sólo eso me hubiera bastado para irme a casa contento. No tenía ninguna expectativa de nada más, pero a media mañana decidí alejarme del gentío apelotonado delante del set de rodaje y nos quedamos sentados en el verdecito de un apartado rincón en un extremo de la Plaza de España... en cuestión de cinco minutos, como si me hubiera estado esperando, George Lucas avanzó hacia esa zona y se acercó a la verja de la que (ipso facto) nos colgamos como monos... y empezó a estrechar manos y a firmar autógrafos. Yo no tenía nada que me firmase, un pequeño complemento que me siguió desde Madrid (hola Rafita) trajo el libro del “Como se hizo el “Episodio I” que se llevó firmado (y yo me burlaba de él por traerlo...), pero a mi fue el primero en estrecharme la mano.
Pausa dramática.
¡¡El puto George Lucas estrechó mi mano!! Gracias a dios pude capturarlo en video (aunque de momento no puedo enseñaroslo porque no tengo la cinta en mi poder) y María pudo hacerle unas cuantas fotos. El resto del día lo pasamos viendo a Anakin y a Padme charlando de un lado a otro cargando con unas maletas. Y fui feliz.
George Lucas firmando en Sevilla. Ahí no estoy yo, pero si os pusiera la foto que tomó María, sería muy parecida (solo tenenmos que encontrar los negativos...)
También se acercaron más tarde Rick McCallum (productor) y Ahmed Best (Jar Jar), y yo aún me pregunto por qué no envié lo que había grabado a algún telediario (porque las imágenes que salieron en la tele eran mucho peores de las que yo tenía). Por cierto que Lucas llevaba una camiseta buenísima con un texto de una crítica nefasta de "La guerra de las galaxias"... Sólo faltó una cosa, y es que cuando vi la película, R2 acompaña en esa escena a Anakin y Padme... pero es un R2 digital porque nuestro querido androide astromecánico no pisó Sevilla. Si le hubiera visto, si hubiera estado allí, podría decir ahora mismo que mi vida está completa.
Y es que aquel maravilloso día, el del estreno de “El ataque de los clones”, viví una auténtica experiencia mística. Sí, porque, creedlo o no, fui lo suficientemente estúpido como para ver el Episodio I por primera vez en aquella celebérrima copia pirata que medio mundo se tragó antes del estreno. Fue una mierda, lo sé. Bueno, poneos en mi lugar, si no la hubiese tenido, no la habría buscado, pero un día (a principios de junio) me llama David y me dice “te invito esta noche al estreno del Episodio I”. Después de dieciséis años de espera, y cuando aún quedaban casi tres meses para el estreno español... fui débil, lo reconozco. Y aunque el primer visionado fue maravilloso, no puede ni compararse lejanamente a lo que fue descubrir en el cine el Episodio II...
Aquí es cuando la gente se echa las manos a la cabeza, pero mantengo, sin temor a caer en la exageración, que fue una de las mejores experiencias que he vivido en un cine. Luego entraremos a analizar la peli detenidamente, sus fallos (claro que los hay) y sus virtudes (que también), pero me gustaría mencionar la reacción de la gente cuando acabó la película y se encendieron las luces de la sala 25 del Kinepolis... un aplauso rotundo y unos tipos detrás mio “¡ahora sí! ¡ésta sí!”...
Estoy seguro de que si ahora mismo encontrase a alguno de esos tipos por la calle y le preguntara, me diría que el Episodio II es una mierda de película. Y es que los fans son una rara especie difícil de entender. Es como aquel chiste al principio de “Annie Hall”, dos viejecitas en un asilo y una le dice a la otra “La comida aquí es horrible”, “Sí, y además las raciones son tan pequeñas...” Pues así son los fans, ¿no les gusta la mierda? Da igual, te exigen ración doble.
Durante casi un año (entre octubre del 2000 y agosto del 2001) estuve trabajando en una tienda de cómics de Madrid especializada en la venta de figuras de Star Wars, antiguas y modernas (si sois entendidos ya sabréis cuál es). El caso es que estaba en el territorio comanche del freak... porque en tan solo unos meses, ser fan de “La guerra de las galaxias” había pasado de ser un estigma llevado con orgullo a ser una letra escarlata tatuada en tu frente. Además, los fans en las tiendas de cómics tienden a querer compartir sus frustraciones con el dependiente. Llamadlo inseguridad, falta de confianza, necesidad de estrechar lazos... el caso, que mientras les iba enseñando las nuevas Princesas Leias y Han Solos que iban llegando, ellos se veían en la necesidad de exteriorizar sus sentimientos. Frases como “Lucas ha destruido mi vida” se te quedan a fuego grabadas en el cerebro, especialmente cuando lo que más quieres es darle a ese tipo una colleja y gritarle “¡madura!”. Bueno, no seguiré. Simplemente añadir que fueron más de uno y más de dos los que entraban en la tienda cagándose en el alma de George Lucas (otros llegaban con ganas de tener una vida y te decían cosas como “¿sabes que el villano del Episodio II va a ser Jean Claude Van Damme?”, conversación verídica, lo juro por Dios).
Pues bien, todo esos individuos, todos y cada uno de ellos sin excepción estaban el día del estreno de “El ataque de los clones” esperando recibir su nueva dosis de mierda. Y todos y cada uno de ellos, al igual que pasó a la salida del Episodio I, salieron del cine dando vítores y proclamando que era tan buena como “El imperio contraataca”. Yo, simplemente, levitaba, ajeno al resto del planeta. Con el tiempo, curiosamente, el Episodio I ha dejado de estar tan mal considerada, y el Episodio II, por contra, se ha convertido en la más odiada de la saga. A mí que me registren, ya he dejado de pretender entender a la mayoría de éstos tipos...
Hagamos recuento, empezando, como no, por lo que no funciona.
“El ataque de los clones” empieza diez años después del final de la primera parte, con un Canciller Palpatine asentadísimo en su mandato, y una Amidala cuyo reinado expiró y que ahora se ha convertido en un valioso miembro del Senado galáctico, donde comparte escaño con, cielos, Jar Jar Binks (un giro de argumento maestro). El tono de la película es mucho más oscurillo que el del Episodio I (salvo por una escena que todos sabemos) y en general lo que se plantea aquí es el comienzo de una guerra de secesión de nuevo orquestada en las sombras por el mismo lord Sith que montó el sarao en Naboo. Anakin ha crecido hasta convertirse en un muchachuelo impertinente y Obi-Wan ya no es aquel discípulo calladito. Sin embargo, lo que no ha cambiado es el enrarecido ambiente político de la capital de la República. En medio de atentados de asesinato y complots por todos lados, Anakin y Padme se dan cuenta de que, en el fondo, se quieren.
Y aquí, en el mismo núcleo de la película (la historia de amor) es donde se vertieron los ataques más viscerales. Y es que seamos sinceros, es facilísimo atacar las escenas románticas... no sólo aquí, en cualquier película. El grado de ñoñería y cursilería tiene que estar muy bien medido para que el azúcar no nos salga por las orejas. Son escenas peliagudas y más en medio de una saga como “Star Wars” que, además tiene el magnífico referente del “romance” entre Han Solo y Leia, tan bien resuelto con un par de escenas.
Pero a mi esa comparación me parece injusta. Me explico: Han y Leia no tienen nada que perder, son dos tipos que viven juntos en asentamientos rebeldes y que se quieren o se odian sin que eso le importe realmente a nadie, y además su “romance” apenas se consuma. Tras la escena del beso, magistralmente interrumpida por C-3PO, digamos que su relación se da por resuelta, sin que haya ningún acercamiento real hasta ese “Te quiero” antes de ser congelado en carbonita. Anakin y Padme, por contra, están yendo contra todas las reglas establecidas. Su romance es inmoral e irresponsable en el mundo en el que viven, con lo que tienen mucho que perder... por lo que es imperativo que ese amor sea vea reflejado y consumado en pantalla. No podemos contarlo “entre escenas” como sí ocurre en “El imperio contraataca”. Así, pues, la comparación es injusta.
Pero sigamos con ello, y por favor, no hablemos de ese ESPANTOSO doblaje, que hizo que unos diálogos ya de por sí cogidos con pinzas, parecieran rematadamente estúpidos, ese “la arena se mete por doquier” o “cuanto más me acerco más me crece” que algún fan oligrofénico de Star Trek se encargó de traducir, hizo que mucha gente soltara alguna inoportuna carcajada, y no hay cosa que más odie en un cine que alguien que se ríe a destiempo... En mi opinión, la relación entre Padme y Anakin funciona a medias. Funciona cuando Anakin intenta hacerse notar mientras ella hace la maleta en Coruscant, o cuando le explica su retorcida interpretación de cómo a los caballeros Jedi se les “anima a amar” (me parece un diálogo brillante y bien resuelto).
El problema empieza con la escena en el lago... hay buenos momentos en esa escena (los silencios que reflejan la incomodidad que todos hemos padecido en los instantes previos a arrimar tus morros a los de la chica de la que estás colado), pero me chirría que en ese primer acercamiento Padme se deje besar, e incluso corresponda... me falta algo en medio que me haga ver que ella también siente algo por él. Luego tenemos la escena a lo “Sonrisas y lagrimas” que a mi me gusta, precisamente porque es abiertamente ñoña, y la escena que sigue, en la que Anakin y Padme “discuten” sobre política, que me parece un diálogo acertadísimo y que deja ver por dónde van los tiros... ¡Anakin es un facha! Y ya llegamos al verdadero problema de este romance: la escena de la chimenea, que ya empieza rara, con los actores parados como estatuas... esas escenas hay que empezarlas con algo de movimiento o con una frase a medio acabar, de lo contrario parecen forzadas, pero claro, luego llega el speech de Anakin, de palabras demasiado rebuscadas para ésta o cualquier otra galaxia “soy prisionero del beso que nunca debiste darme... “, es, simplemente demasiado... lo cual me jode, porque la continuación del diálogo si me gusta, como Padme se encabrona en que hay que hacer lo que es responsable y no dejarse llevar por la calentura, y como Anakin recula y patalea tratando de convencerla... Y ya para acabar, la escena a punto de entrar en la arena, en la que finalmente Padme le declara su amor y le dice “qué coño, hagamoslo...”, pues es que me vuelve a faltar algo en medio... tenemos clarísimo lo que siente Anakin por Padme, pero no tenemos ni idea de lo que pasa por la cabeza de la muchacha... con un par de pasadas al guión podría haber quedado una historia de amor tan resultona como la de “Titanic” sin ir más lejos.
Hay, no obstante, un detalle en la escena en la que Anakin y Padme se despiden de Obi-Wan que no quiero dejar pasar la oportunidad de comentar... Obi-Wan, le dice al guardaespaldas de Padme“Espero que no haga nada irresponsable” y éste le contesta “A mi me preocupa más que sea ella la que haga algo...” y ahí lo dejan. Ese diálogo siempre me deja en plan “¿ein?”, ¿qué quiere decir realmente el Capitan Typho? ¿es acaso Padme una guarrilla y nadie lo sabe excepto él? Diossss...
El gran despropósito de “El ataque de los clones”, fue, sin duda, la escena de 3PO intercambiando carrocería con un androide de batalla. Aunque la premisa era graciosa si se hubiera mantenido para dos momentos... sin embargo se prolonga durante minutos agónicos en los que, cual doloroso flashback, volvemos a vivir los sinsabores de Jar Jar en la batalla gungan... toda la escena de C-3PO en la fábrica de androides parece casi sacada de un capítulo de aquella serie de dibujos, “Droids” de cuya calidad es mejor no hablar... En una película que guardaba un tono considerablemente más adulto, y en el que la presencia de Jar Jar había sido reducido a lo mínimo, sorprende muy desagradablemente esta incomprensible salida de tono que, ya digo, se podría haber perdonado de haber durado una tercera parte (he de reconocer que ese “estoy tan confuso” me sigue haciendo gracia).
Y otro gran defecto que le achaco al Episodio II es la música. No, no os alarméis, John Williams cumplió más que de sobra (se podría discutir, incluso, si la de “El ataque de los clones” es la mejor banda sonora de la nueva trilogía). El problema fue que, cuando comienza el clímax, la música original (incluída en el disco, de hecho), desaparece sustituida por música de “La amenaza fantasma” remontada y remezclada para encajar con las imágenes. En un movimiento sin precedentes en la saga, la pureza musical de la historia desaparece, siendo sustituida por una colección de grandes éxitos del Episodio I. Llevo años esperando que alguien me explique por qué ocurrió esto, y más teniendo en cuenta que existía música original para esas escenas (vamos, yo la estoy escuchando en estos momentos). Un expediente X que se vio ligeramente subsanado cuando en el Episodio III, ilustrando uno de los mejores momentos, suena a todo trapo el tema que originalmente debía pertenecer al final de estos clones...
Otro defectillo que le veo a la película está en esos efectos digitales cuando reconstruyen las partes bajas de los personajes (es decir, cuando montan en bichos digitales, al final en el circo, o cuando Anakin hace surf con la garrapata gigante)... quiero decir, que, no sé, están francamente mal hechos, especialmente si los comparamos con el resto de efectos de la peli (o con los del Episodio III, donde no cantan tanto), aunque bueno, eso es una minucia.
Y hasta aquí llega lo malo que tengo que decir del Episodio II. Porque ya sé por donde me vais a salir y no, no estoy de acuerdo... creo que Hayden Christensen tiene un papel muy complicado, un Anakin que en realidad es un niñato engreido... pero que tiene que caernos bien de alguna forma. Me parece que el chaval cumple de sobra con el papel... y que la antipatía que genera su personaje en ocasiones hace que mucha gente lo exteriorice con el propio actor. Ya he dicho en muchas ocasiones que su escena en Tatooine después de regresar de recoger a su madre, en la que deja escapar toda su ira y su frustración, me parece uno de los momentos álgidos de la saga. Una escena que, no importa cuántas veces la vea, siempre me pone la carne de gallina. Y en eso tiene mucho mérito Hayden. Pero claro, todo es opinable.
Otro punto polémico es la presencia de Jango Fett y su doble misión como asesino a sueldo y como germen para el ejército clon. Bueno, en realidad el único que ha reparado en este detalle es César, pero como le da tanta importancia, lo comentaré porque tiene parte (sólo parte) de razón. Según él es muy cuestionable desde el punto de vista argumental, que el mismo tipo que se usa para crear el ejercito clon que va a ser, a fin de cuentas, el responsable de la aniquilación de los Jedi, sea pluriempleado por el conde Dooku para matar a la reina. Pongámonos en el pellejo de Christopher Lee por unos momentos... estás en tu despacho, en alguna mazmorra del planeta Geonosis, moviendo hilos maquiavélicamente para que más y más planetas se unan a tu causa en contra de la República... y suena el móvil:
- Dooku, soy Palpat... errr, soy Darth Sidious.
- Hola Palp... errr, Sidious.
- ¿Cómo va lo de la guerra de secesión?
- Bien, bien. Todo listo.
- ¿Y lo del ejercito clon?
- Saliendo del horno.
- Vaaaale, pues una cosilla más. Necesito que el senado me otorgue poderes especiales para poder hacer lo que me dé la gana durante la guerra.
- Aha...
- Sí.
- Es buena idea.
- Eso creo.
- ...
- Bueno, pues eso, lo que iba diciendo, que creo que una buena manera sería intentar asesinar a la senadora Amidala.
- ¿Otra vez?
- Hombre...
- No, no, está bien.
- ¿Lo ves muy cantoso?
- No, no... (ejem)
- ¿Qué?
- Nada. ¿Cómo la matamos?
- Oh, sencillo, contrata a alguien para que se ocupe, ya sabes, que sea discreto... con una bomba o algo así.
- Vaaaale.
- Pero ten cuidado con quién contratas ¿eh? No pueden relacionarnos con él de ninguna manera.
- Sí.
- ¿Te has enterado? ¡Es muy importante!
- Debes creer que soy idiota, sé lo que tengo que hacer...
- Es muy importante.
- Ha quedado claro las tres primeras veces.
- ¡Hazlo y punto! Llamaré más tarde...
-VOZ EN OFF DE PALP... errr... de DARTH SIDIOUS: “Bueno, ¿pues saben lo qué hizo? ¿saben lo que hizo después de tanto “sí”, y tanto “ya, ya”? El muy cabrón llamó al mismo tipo que había usado para crear el ejército clon...”.
Ésta, claro, es una posible recreación de los acontecimientos, la otra, por la que me decanto yo, es simplemente que, como bien explican Yoda y Mace Windu, el lord Sith ha conseguido limitar el poder de la Fuerza entre los caballeros Jedi, por lo que éstos no son capaces de percibir la presencia a dos metros de sus narices del propio Palpatine. En esta tesitura y con la guerra prácticamente ya declarada, los Jedis se ven obligados a aceptar el ejército clon, aún a pesar de que saben que es una trampa. La cuestión es que ellos lo saben, puesto que ningún Jedi, ordenó nunca la creación de tal ejército... ni siquiera hay que recurrir al argumento de que el tipo en el que se basan los clones sea el mismo que esté tratando de asesinar a la reina... es más sencillo, el ejército clon se lo han metido doblado a los Jedis, pero, sin los clones, la República está completamente desvalida.
Cuando Dooku captura a Obi-Wan primero trata de convencerle de que un lord del Sith está manejando los hilos para conseguir apoderarse del senado, pero éste no le cree porque, bueno, lo que hace Dooku es manipular la verdad constantemente en su beneficio (por cierto, una duda que siempre he tenido y creo que nunca resolveré... ¿trata realmente Dooku de que Obi-Wan se una a él para derrocar a Palpatine? ¿o simplemente le está vacilando? pero si le está vacilando ¿por qué le cuenta lo del senado? quiero decir, que es una pista bastante grande...) resumiendo: al final de la película, Obi-Wan comparte las revelaciones de Dooku con Yoda y Mace Windu, y admite que, a pesar de que el ejército clon les ha sido impuesto con imprevisibles resultados, la batalla de Geonosis se habría perdido de no ser por ellos... y es entonces cuando Yoda revela su preocupación “el velo del lado oscuro ha caído”, que significa “nos van a dar por el culo”.
Jango Fett and his bitches...
Así que yo veo bastante poco relevante el hecho de que los Jedis relacionen a Jango Fett con el ejército clon (que lo hacen), puesto que en última instancia ha sido todo orquestado por Dooku. El tema, quizá, sería si habría que haber reflejado mejor, con algún diálogo, el hecho de que los jedis saben que se la han metido. A mi, las palabras finales de Yoda me sirven, más que nada por la interpretación del enano verde durante toda la película... por favor, la próxima vez que la veáis, fijaos en todo momento en las expresiones de Yoda... se pasa toda la película con el gesto de “nos están cagando encima” y, en la primera escena en el despacho del canciller, le hecha una mirada bastante definitoria “tú no eres trigo limpio, y lo sé”. En cualquier caso, me parece un debate inutil hablar sobre la firmeza del mcguffin de la historia, ya que, como se demuestra aquí, muchos mitos caerían si aplicaramos ese mismo rasero con algunas otras de nuestras historias favoritas.
Y ahora lo que me flipa: la primera escena, de hipnótica quietud, con el aterrizaje de la nave de la senadora en Coruscant, que acaba reventada acto seguido... la persecución super gamberra de speeders a través del cielo de Coruscant y la posterior trifulca en el bar (un bar que me creo sin ninguna duda que es la versión cosmpolita de la sucia cantina de Mos Eisley en el Episodio IV), con uno de las grandes gags de la saga (“¿quieres pildoras mortales?” ¡por favor! ¡es buenísimo!)... el rollo detectivesco de Obi-Wan, buscando un planeta perdido... esa memorable pelea con Jango Fett precedida de una intensa conversación...
Inciso: Hay algo muy notorio en “El ataque de los clones” respecto a “La amenaza fantasma” y es la comodidad con la que los actores retoman a sus personajes, Ewan McGregor, muy discreto en la primera parte, aquí se queda con gran parte de la película (tiene réplicas memorables, como ese “good job”) y a Natalie Portman también se la ve mucho más desenvuelta. De Hayden, ya lo he dicho arriba, no tengo peros, sin embargo la gran, gran sorpresa de la película es la recuperación de Christopher Lee como villano villanoso, y es que yo ya estaba harto de que tipos como Tim Burton o Joe Dante bebieran los vientos por el mejor Drácula de la Historia del cine, y luego le dieran en sus pelis papeles de mierda de media página... tuvieron que llegar Peter Jackson y George Lucas prácticamente a la vez para volver a darle a Christopher Lee esos papeles de villano de serie B que tan bien le sientan (y encima hace de conde, ¡de conde!!). Ahora sólo falta que le den un papel de bueno... Y hablando de bueno, qué decir de nuestro gungan favorito, Jar Jar, aquí metido a senador y, en un giro increíblemente coherente con todo lo visto en la anterior película, artífice directo del hunidmiento de la democracia en la galaxia... Si vas a pasarte la peli metiendo la pata hayá por donde vas, al menos hazlo con estilo.
Al igual que los actores, a Lucas también se le ve mucho más cómodo en la planificación de la película. Para mi, visualmente, es una gran salto cualitativo respecto al Episodio I (y lo será aún más con el Episodio III). Fin del inciso.
Y bueno, al llegar a la parte de Tatooine tengo que quitarme el sombrero ante una de las mejores secciones de la saga. La llegada a su planeta natal que tan trágicas consecuencias traerá para Anakin, es uno de los momentos más maravillosamente líricos de la serie. Me quedo con ese plano de Anakin al atardecer delante de la granja de humedad de los Lars, siendo abrazado por Padme y perdiéndose después en el horizonte con el “Duel of the fates” sonando a todo trapo mientras comienza la búsqueda de su madre, secuestrada por los funestos Moradores de las arenas... También con la muerte de Schmi, incapaz de pronunciar ese “te quiero” con el que Anakin ha soñado tantas veces... y con éste llegando con la mirada cargada de odio, trayendo consigo el cadáver de su madre... pero LA escena de la película, y de todas las precuelas, es aquella a la que me he referido antes, cuando Anakin explota y confiesa que, llevado por el odio, masacró sin piedad a todo un poblado de gente de las arenas. “¡Los odio! ¡Los odio a todos!” mientras los coros que ponen banda sonora al lado oscuro se apoderan del ambiente para acabar estallando en los primeros compases del tema de Darth Vader... Yo no le puedo pedir nada más a una película.
Tras esa parte, con el emocionante funeral incluido, Padme y Anakin parten en busca de Obi-Wan, llevándose por el camino a 3PO (regalo de Owen, que se siente culpable por no haber podido defender a su madrastra... esto último es una suposición mía, dada la alegría con la que se larga en la nave con ellos). Hay que reconocer que ver el principio de la relación amor-odio entre 3PO y R2 también me emocionó lo suyo y bueno, tras una sensacional escena de acción que parece sacada de un videojuego de Donkey Kong (hagamos un paréntesis con el tema de 3PO), llega la escena del circo que para mí tuvo un significado especial por una tontería muy grande... En el anterior post mencioné aquellos tristes años de desinformación y vacío en los que parecía que Star Wars había acabado para siempre, pues bien, mi imaginación suele adelantárseme casi siempre, y recuerdo que un par de noches tuve sueños en los que las aventuras de Luke, Leia y Han Solo continuaban por ahí... (esto, supongo, es un síntoma de enfermedad... soñar con “La guerra de las galaxias”) en uno de los sueños (el único, realmente) que recuerdo, nuestros tres protagonistas favoritos estaban encadenados en el centro de una suerte de circo romano mientras unos bichos tipo rancor les atacaban... comprenderéis que, unos quince años después, ver esa misma escena salida de la imaginación de Lucas e insertada en el Episodio II de “La guerra de las galaxias” fuera, al mismo tiempo, desconcertante y emocionante a partes iguales...
Lo que no estaba en mi imaginación fue la apabullante entrada de Samuel L. Jackson (“this party is over!” y el momento en el que los Jedis toman el estadio, seguido de una descarnada batalla. Tengo que admitir que en esta fantástica escena que hizo botar de alegría al freak de corazón que llevo dentro, hubo un par de detalles que me sacaron un poco y es que, joder, podían haber cuidado un poco más el casting de esos caballeros Jedi, porque por ejemplo, el tipo que le lanza a Obi-Wan una espada láser tiene una pinta de “tengo hora con la peluquería” que espanta, pero bueno, su plano dura una fracción de segundo (y aún así, jode). Y 3PO, otra vez, claro.
Todo esto nos lleva al “Momento Yoda”, una escena que, simplemente por existir (esté bien o mal, te guste o no) ya merece todos los aplausos. No soy el único que veía inconcebible un combate de sables láser con Yoda, sin embargo, recuerdo el momento en el que el renacuajo verde toma posición de batalla... el cine entero estalló en aplausos y varias mandíbulas se cayeron al suelo, la mía entre ellas. Hay quien se quejaba de que Yoda pareciera un viejo inválido un momento, y al siguiente fuera el puto amo, pero yo creo que la Fuerza tiene estas cosas... Yoda reserva siempre sus energías para cuando la ocasión lo requiere (igual que el señor Miyagui). Debería salir en todas las películas del mundo. Imaginaos “Notting Hill” con Yoda. “Million Dollar baby” con Yoda. "Misión:Imposible" con Yoda. “No country for old man” con Yoda...
La explosión musical del final, con el ejército clon despegando de Coruscant y paralelamente la boda secreta entre Anakin y Padme nos recuerda a ese final de “El imperio contraataca” con Luke y Leia mirando al espacio en uno de los grandes “continuará” de la Historia del cine... y es que John Williams, sabio él, se descolgó con un tema de apabullante belleza, el “Across the stars”, plato fuerte de estos clones que musicalmente fueron algo defenestrados por las imágenes.
Como digo, el Episodio II causó muchísima mejor impresión que el I, básicamente porque, admitamoslo, es una película mucho más parecida a lo que la gente tenía en mente, sin embargo, con el tiempo, se ha endurecido ésta primera impresión, hasta el punto de que hay quien la considera lo peor de la serie. Pues no sé, a mi me sigue emocionando, creo que es la que más me emociona de la nueva trilogía... pero eso es muy debatible dado lo que nos ofreció “La venganza de los Sith”...
¡Sí, amigos! Año 2005, el fin de una era. Seis años de escepticismo y odio hacia Lucas y sus nuevas películas no consiguen evitar que, de nuevo, los fans acudan desatados al estreno del Episodio III. La imagen de Darth Vader en las marquesinas de los autobuses y la promesa de que vamos a ver el capítulo definitivo, el final de la historia (y consecuente principio)... y por primera vez los fans no cambiaron de opinión a la salida del cine. “La venganza de los Sith” es un éxito de principio a fin... joder, si hasta le gustó a Carlos Boyero...
Pero de ello hablaremos en la siguiente entrega de este interminable post.
Cuando algo no sólo te gusta, sino que te cala en lo más profundo de ti mismo, consiguiendo que te emociones, y que alcances estados anímicos que ninguna persona mayor de doce años está moralmente autorizado a experimentar... cuando algo que sólo debería ser entretenimiento de sábado por la mañana consigue trascender hasta tocarte la fibra moral e impulsarte por encima de la triste realidad que nos rodea diariamente... cuando algo, en definitiva, que para muchos no pasaría de ser infantil y mundano, hace que, casi siempre, tu vida parezca que tiene significado, se nos presenta un concepto cuya comprensión y análisis se hace, casi, imposible de describir.
Eso es para mi, “La Guerra de las galaxias”.
Y ese es el motivo por el que pocas palabras han surgido en este blog hacia la saga que me convirtió en la persona que soy ahora. La inmensidad de la empresa... no sólo analizar y tratar de explicar las seis películas que forman la saga de “Star Wars”, sino también hacer comprender al lector lo que éstas significan para mi, lo que provocan, el estado de absoluta abstracción que me proporcionan, y el respeto, admiración y pleitesía desmedidas (según muchos) que les rindo siempre que tengo ocasión.
Y es que con el estreno de las precuelas, mi amor ha sido puesto a prueba a causa del irrefrenable odio en el que se transformó lo que antes era amor desmedido de gran parte del “fandom” o aficionados al “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...” En parte a ellos, a esos aburridos Lucas-haters que echan espuma por la boca cada vez que se les menciona a los midiclorianos, va dedicado este post, que más que un post, pretende ser una declaración de amor... pero un amor analizado con objetividad y rigor (entiéndase la paradoja, pues un amor incondicional jamás podría responder a criterios tan frugales como la objetividad y el rigor).
Pero empecemos por el principio, y luego vayamos al final, que en realidad es el verdadero principio.
Yo nací dos meses después del estreno en España de “La guerra de las galaxias” (tuvo lugar en noviembre del año 1977) por lo que se puede decir que, desde el principio, la Fuerza ya estuvo en mi vida. No tengo claro cuál es el primer recuerdo que tengo de “La guerra de la galaxias”. Estoy casi seguro de que vi la película en el cine en algún punto anterior al año 1982, pero no recuerdo cuándo ni dónde. Sí recuerdo los cómics retapados de Bruguera (adaptando la película y posteriormente continuando la historia, no de forma demasiado brillante, aunque con unos hipnóticos dibujos de Howard Chaykin primero y, sobre todo Carmine Infantino después) y un día, al contemplar a mis padres viendo en la televisión (supongo que sería una película alquilada, pero mi memoria es traicionera) a Darth Vader asfixiando al almirante Motti con el poder del lado oscuro, reconocer, emocionado, la misma escena del cómic que tantas veces había ojeado (obviamente, aún no sabía leer).
Pero esto tuvo que ocurrir después. Me he debido equivocar porque nosotros no tuvimos el primer vhs en casa hasta mayo del año 83, pocos meses antes del estreno de “El retorno del jedi”, y recuerdo perfectamente haber ido al cine Princesa (donde se encuentra actualmente un Zara) a ver “El imperio contraataca” y que, a la salida del cine, en el mismo vestíbulo, vendían los muñecos de la película (me compraron el Han Solo en Hoth, yuhu!). Y eso, estoy casi seguro de que tuvo lugar en el año 82, como poco, principalmente porque desde aquel momento me volví un absoluto pesado con respecto a todo lo que tuviera que ver con “La guerra de las galaxias”, y además, porque mi madre que se veía obligada a cargar conmigo en sus expediciones al Corte Inglés, siempre me compraba un muñeco nuevo de “Star Wars” para que no incordiara.
Dada la respetable colección de muñecos que tenía (unos sesenta, de un total de poco más de cien figuras que llegaron a salir entre 1978 y 1985), puedo asegurar que mi madre pasó mucho tiempo en el Corte Inglés.
De estos almacenes también recuerdo la estampa de un individuo vestido de Darth Vader que me impactó muchísimo y que iba repartiendo postales con la imagen de Vader dibujada. En mis recuerdos, era el puto David Prowse (actor inglés que iba dentro del traje en las películas originales) con el mejor traje del universo.. en la realidad probablemente hasta se le verían las costuras, pero el ojo de un niño hace maravillas con la realidad.
Así que de una manera o de otra, recuerdo vívidamente el verano del año 83, persiguiendo por todos lados a mi hermano mayor porque era mi única fuente de información sobre la tercera y última parte de la serie... un pobre chico que no sabe leer y al que le quedan diecisiete años para tener internet en su hogar y poder buscarse él mismo la información... total, que mi hermano, que siempre ha sido un poco cabrón, me daba la información con cuenta gotas.
-Empezará con Luke y Leia yendo a rescatar a Han Solo...
Eso sólo ya bastaba para que me cayera de la silla.
-Se le verá la cara a Darth Vader...
Etc... De un par de años antes recuerdo perfectamente una revistilla acerca del cómo se hizo “La guerra de las galaxias”, editado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad (sic), que literlamente devoraba de cabo a rabo... me la sabía de memoria y es uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Salían fotos de la película (era de la época del estreno de la primera), así como diseños y bocetos y un montón de cosas más. Lo bueno de esa revista, que puedo decir con inmenso orgullo que he mantenido casi intacto hasta el día de hoy (y del que os escaneo la portada aquí mismo) es que como no sabía lo que ponía... yo me lo imaginaba. Y lo que me contaba yo mismo, estoy seguro de que era muchísimo más interesante.
En lo portada, si os habéis fijado, aparece un individuo inédito en la película, enfrentándose a Darth Vader con una espada laser. Durante años esta increíble paradoja alimentó una incesante fuente de elucubraciones y preguntas sin respuesta, hasta que años más tarde, cuando por fin pude ver algún documental, descubrí la verdad. En una parte de la escritura del guión, y como maniobra para interesar a los productores en su proyecto, Lucas contrató a Ralph McQuarrie para que hiciese unos diseños definiendo el look de la película, en base a uno de sus primero borradores del guión. Este borrador (el tercero) se llamaba “Las aventuras de Starkiller” y era, basicamente, la misma historia, sólo que el protagonista era un chico llamado Luke Starkiller, hermano del Capitán Starkiller que era capturado por Vader al principio de la película (de ahí el dibujo) y que era el último descendiente de una casta de poderosos guerreros llamados caballeros Jedi. Luke (que tenía una hermana llamada Leia), acompañado por Han Solo y Chewbacca, partirían en pos de su padre para rescatarlo de la Estrella de la Muerte. Más o menos. El hecho de que Luke y Leia fueran hermanos en este temprando borrador de la historia desmonta la teoría conspiratoria de que Lucas improvisó esa parte después de “El imperio contraataca”.
Otro boceto en el que se ve a los hermanos Starkiller junto a unos primerozos R2, 3PO y Chewbacca.
Añadiré que, con la llegada de internet, me hice con esa versión del guión, y, en una desgarradora muestra de frikismo sin redención, lo traduje toscamente al castellano. Aún lo conservo encuadernadito y todo.
Pero volvamos atrás, una vez explicados mis antecedentes biográficos relacionados con la saga, llega le mítico estreno de “El retorno del Jedi” en octubre del 83. Cabe decir que, como todos los que fuimos crios en esa época, las altísimas expectativas que llevamos todos al cine, fueron superadas ampliamente. Luego llegaría la copia piratona alquilada en el videoclub, que devoré nueve veces (recuerdo el número porque mi familia flipó en colores) en unos cuantos días... puñetera infancia...
Durante años, los muñequitos (con los que me montaba mis propias películas, jugando durante horas) y volver sobre las películas una y otra vez era lo único que mantenía mi hambre insaciable por más “Star Wars”. De vez en cuando, en alguna revista o programa de televisión, alguien lanzaba un rumor sin fundamento acerca de la nueva fecha del siguiente capítulo de la saga. A esas alturas ya estaba concienzado de que tenían que hacerse los episodios I al III puesto que “La guerra de las galaxias” era el IV (durante muchos años tuve que solucionarle esta duda a mucha, mucha gente... “Por qué la película empieza con un “Episodio IV”? aunque en realidad, sólo empezó así a partir del primer reestreno en el año 78, en su estreno original no aparecía nada, y la edición en vhs tampoco lo incluía, aunque sí “El imperio contraataca”). También había rumores de que, después de rodar las tres primeras partes, habría una tercera trilogía continuando a partir de donde se quedó “El retorno del jedi”.
En fin, un sinvivir... primero se habló de 1987 como la nueva fecha (en los cómics que editaba Fórum en España, llegaron a asegurar que el Episodio I se estrenaría en 1986), luego 1990... Como curiosidad, en el número de junio del 87 de la revista Imagenes de actualidad (aún la conservo), había una entrevista a Mark Hamill con motivo del estreno de "Slipstream" (tranquilos, si no fuera por esta entrevista yo tampoco sabría qué película es), su regreso al cine desde, precisamente "El retorno del jedi", y en ella le preguntaban si iba a participar en alguna de las siguientes entregas de "La guerra de las galaxias", a lo que contestó que había hablado con Lucas y que tendría un pequeño papel en la novena película (!), "...allá por el año 2001". Durante años este par de frases alimentaron mi esperanza y devoción... con el tiempo he llegado a comprender que simplemente, en el año 87, Mark Hamill aún no había acabado de desintoxicarse.
Cuando llegó 1991 se oyeron declaraciones de Lucas en algún lado diciendo que no pensaba volver sobre la saga en un futuro cercano... no recuerdo bien. Finalmente, alrededor de 1992, apareció esto en el primer número de la mítica (y añorada) Fantastic Magazine:
Si bien, y como podréis apreciar, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, sirvió para darme esperanzas.
En esta época, coincidir con flipaos de mi envergadura sobre la saga era bastante complicado, llegué a afiliarme a un peregrino club de fans, del que no esperaba recibir nunca nada, hasta que un día se plantó en la puerta de mi casa sin previo aviso uno de los miembros (fue extraño, la verdad)... tras unas cuantas horas intercambiando impresiones se fue con la promesa mutua de que estaríamos en contacto, intercambiando información y cotilleos. Nunca volvimos a vernos o a saber nada el uno del otro, o del club de fans...
Con el tiempo, llegaron las ediciones especiales y la fiebre por “Star Wars” empezó a salir del armario. Para cuando estaba a punto el estreno de “La amenaza fantasma” y el primer trailer sacudió a medio mundo, tuvo lugar un acontecimiento revelador en mi vida... Loser Films (o el gérmen de Loser Films, puesto que entonces no éramos más que un grupo de colegas unidos con el noble propósito de hacer cortos cutrillos en video) se hizo con un stand en el “I Salón Star Wars” celebrado en los salones del Hotel Puerta de Toledo... (más detalles de aquel momento mítico AQUI).
El caso es que en ese mítico fin de semana, ocurrieron varias cosas: la primera y más importante, fuimos testigos en primicia del trailer de “La amenaza fantasma”... las primeras imágenes de una nueva película de “Star Wars” en dieciséis años... sin miedo a exagerar, os puedo decir que mi culo se cayó al suelo y tardé varias horas en recogerlo... en aquel fin de semana pude haberlo visto... no sé ¿cien veces? Además, como si fuera el guardían de la puerta... se me asignó su responsabilidad, con lo cual, aparte de ser libre de hacer copias a mansalva (recordad, finales del 98, no mucha gente tenía internet) me encargaba de realizar las proyecciones... y creedme, las reacciones de la gente no tenían precio. Y esa fue la segunda cosa que ocurrió en aquel fin de semana...: la gente. Como alguien que ha estado sumido en la oscuridad muchos años y de repente sale a la luz... descubrí que había más flipaos como yo. Flipaos terminales... mucho peores que yo, que me asaltaban cual jawa sobre un androide, inquiriéndome sobre mi colección de figuritas o sobre mis libros favoritos de “La guerra de las galaxias”. No sólo no estaba solo en el mundo, sino que, sin saberlo, me había convertido en parte de una oscura secta cuyo primer paso de iniciación fue volver a caer en el coleccionismo de figuras (la nueva serie de muñecos se reflotó en 1995, con unos ejemplares más parecidos a He-Man que a Luke Skywalker... y en el que aparecieron muñecos míticos como “Disco Lando” o “Leia Manolo”... aunque esas lamentables primeras figuras fueron dando un rápido paso hacia adelante y convirtiéndose en una simpática colección que mi ánimo completista-yonki fue adquiriendo rápidamente...
La conocida popularmente como "Princesa Leia Manolón"... ¡porque una lider de la Alianza Rebelde también puede ser transexual!
No fue tampoco el único hábito de coleccionista compulsivo que retomé, durante unos cuantos meses me dediqué a coleccionar absolutamente TODO lo relacionado con la saga: álbumes de cromos, revistas, periódicos... grababa los anuncios de la tele, los programas en los que la mencionaban, los telediarios... joder, grababa los putos telediarios por si hablaban del estreno de "Star Wars"... luego vendrían los cereales, las cajas de pizzas, las camisetas... hasta los turrones con la cara de Darth Maul. Finalmente, como una estrella del rock sumida en sus excesos que se da cuenta de que con su adicción a la heroína está perjudicando a aquellos que más quiere... un día me vi rodeado de toda esa montaña de basura y comprendí que había tocado fondo... así que dejé de grabar los telediarios...
En fin, que finalmente llegó el año 1999 y el final de una agónica espera. Y la verdad, aunque todo fue muy confuso, el estreno del Episodio I fue una bonita época que recuerdo con cariño... aunque en muy pocos meses, todo el amor que el mundo profesaba por “La guerra de las galaxias” se convirtió en odio... Por cierto, adivinad quién sale entrevistado en la tele en el cine Kinepolis, momentos antes de entrar a la sala cierto día de agosto de aquel año...
Bueno, si no superáis la vergüenza ajena que produce todo esto, lo interesante está a partir del minuto 1:25... aunque la verdad es que se refleja bastante bien toda la locura que fueron aquellos días.
Y gracias a Dios, me libré de salir en el programa “Cartelera”, me cazaron en el preestreno y pretendían venirse a mi casa a grabar mi colección de muñecos y demás parafernalia freak... entonces me imaginé a mi madre diciéndole al equipo de grabación “pues el niño me tiene frita con tanto muñequito, la verdad... a ver si acaba la carrera de una vez