Bandas sonoras nocturnas y fobias infantiles superadas...
Últimamente cuando saco a mi perro, junto a la correa, cojo mi reproductor de mp3 de 40 gigas (de Airis, no un ipod, que os habíais pensado) y me pongo una banda sonora. ¿Por qué una banda sonora? Bueno, depende de mi humor, pero casi siempre que paseo con el perro me apetece una banda sonora. Y en 40 gigas caben bandas sonoras de todos los tipos, gustos, tamaños y géneros, creedme.
Claro, entre tanta música, siempre surge una duda ¿cuál me escucho? Pues a no ser que me haya hecho con alguna novedad de última hora... suelo tirar hacia la música de pelis de terror. Puede que sea una forma inconsciente de resarcirme de mis años de juventud, en los que sacar a pasear a mi (otro) perro (perra en este caso) suponía una auténtica tortura... ¿por qué? Retrocedamos unos años para averiguarlo:
Durante mi más tierna infancia, en mis fascinantes viajes de los viernes al videoclub, había una sección a la que era toda una aventura asomarse: la de películas de terror, obviamente. Mi madre no me dejaba coger esas películas, pero nada me impedía asomarme y echarle un ojo a las caratulas e, incluso, en los días más atrevidos, a las contraportadas. ¿Por qué siempre vamos en busca de aquello que nos está prohibido? Quiero decir que yo sabía perfectamente que esas películas me daban miedo... joder, aún recuerdo la nochecita que pasé después de ver el video de "Thriller" de Michael Jackson. Pero aún así, siempre quería asomarme a echar un inocente vistazo... De entre todos los títulos había una caratula que me llenaba especialmente de pavor y me inquietaba más allá de lo razonable, la de "La noche de los muertos vivientes"...
<--- Esta portada traumatizó mi vida
Joder, si es que daba miedo sólo mirarla.
Por esa época curiosamente, echaron la película por tve... estoy hablando del año 1985 u 86. Y mi padre, que odia el cine de terror, la grabó. Él decía que porque era una buena película, pero yo sospecho que simplemente era porque grababa TODAS las películas que echaban (eran otros tiempos, claro, a la semana no echaban más de tres o cuatro películas). Obviamente, y a pesar de que me mandaron a la cama, yo no podía evitar asomarme al salón con las excusas más peregrinas. Pero no conseguí ver nada. Por suerte para mi.
Unos años más tarde (alrededor del 88 u 89, no más), mi padre me dejó verla. Yo creo que para entonces mis padres ya habían tirado la toalla y menos las de "Emmanuelle" me dejaban ver todas las películas. Pero bueno, la cosa es que cuando acabó la peli yo estaba traumatizado.
No en plan, "eh, Mario, descuelgate de la lámpara que no te vamos a comer", no. La vi con unos amigos míos y no era plan de mostrarse débil, simplemente me hice el duro y dije que la peli era un coñazo.
Ooooohhhh, pero no lo era... era absolutamente escalofriante...
Curiosamente ese mismo verano tuve la "suerte" de ver por televisión el remake de "La invasión de los ultracuerpos", la de Donald Sutherland... y joder, para qué queremos más...

La madre que os parió a todos...
Las dos películas, para aquellos que no las hayan visto, son muy semejantes en cuanto al tipo de amenaza que me dejaba acojonado en la cama aquellas noches de verano...: eres el último hombre vivo que queda y estás rodeado de monstruos autómatas sin voluntad cuya única misión es ir a por tí para comerte en un caso o convertirte en una vaina del espacio exterior en el otro.
Dios, que cosa más chunga.
Tú sólo. Nadie más. Rodeado de cosas con las que no puedes razonar, de las que no puedes escapar eternamente. Y al final nunca hay donde esconderse, al final siempre te pillan. Y lo peor de todo es que siguen pareciéndose a la gente en la que confiabas. Eso significa que ya están aquí. Pueden estar entre nosotros... observando...
Aaaaaaaaarghhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!
Desde entonces mi fobia a los zombis (puñeteros zombis) me ha acompañado allí dónde voy. Con los años conseguí ver pelis enteras sin cagarme de miedo. "Zombi", segunda parte de la trilogía de George Romero, me costó mucho, pero al final es una de mis pelis favoritas. "El Día de los muertos" (tercera parte) me provocó también innumerables pesadillas después de ver los cinco primeros minutos de película (cinco-jodidos-minutos...: "¡Los Muertos andan!") y etc etc... pero también acabé viéndola y también acabó flipándome. Actualmente cualquier película con un zombi dentro ya es automáticamente objeto de mi atención. Y si son de los de verdad (los que inventó George A. Romero) entonces ya ni te cuento.
Así que, como decíamos al principio... la peor consecuencia que tuvo todo esto cuando era pequeño, fueron las noches en las que me tocaba pasear a la perra. Redios. Al final de la calle siempre parecía haber una figura avanzando de forma lenta y torpe, pero inexorable, hacia ti.
Esto era lo que veía siempre al final de la calle... con los años comprendí que sólo era la típica reunión de vecinos que se produce cuando coinciden sacando la basura...
Afortunadamente los miedos acaban por superarse, y gracias a Dios, no a fuerza de enfrentarse con zombis todas las noches.
Ahora es incluso agradable sacar a pasear por la noche al perro, sobre todo si hace una noche agradable. Entonces me enciendo el mp3 y escojo una buena banda sonora de terror, como "La Profecía", por ejemplo... y todo cobra un aspecto extrañamente diferente...
Diferencia entre ver a una chica por la calle sin oir música... y ver a una chica por la calle mientras escuchas la banda sonora de "La Profecía":

Y es que a mí siempre me ha ido la marcha, ese es el motivo por el que me metí de lleno en el rodaje de la película "El Síndrome de Lázaro" (algún día la veréis en un cine cerca de vosotros).
¡¡Fobia superada!!... errr... bueno, más o menos.
Si es que en el fondo no hay nada mas entrañable que una fobia ancestral.







Jaime Pressly, en mi casa de la playa.


Juanjo dijo
Ceeereeeebrooooo... cereeeeeebroooooooo...
12 Junio 2006 | 03:30 AM