Quiero morir en Transilvania
Una vez estuve en Rumanía. Lo que pasa es que aún no había nacido. Eso es lo que se empeñan en recordarme mis padres pretendiendo que me haga gracia... Mi madre estaba embarazada cuando a mis progenitores se les ocurrió ir al país de Drácula, allá por el año 77... De todas formas creo que no fueron a Transilvania, que es lo que a mi me interesaba. Y si hubieran ido, estoy seguro de que esa Transilvania no es de la que voy a hablar.
No. Yo quiero visitar la Transilvania de bosques oscuros, caminos pedregosos cubiertos de niebla y castillos tenebrosos sobre colinas siniestras. La Transilvania llena de aullidos de lobo, de posadas llenas de meditabundos campesinos que se quedan todos en silencio cuando la señorita de ciudad llega ante ellos y pregunta ingenuamente por el castillo de (insertar nombre de Conde rumano o descendiente del Barón Frankenstein), para empezar a santiguarse y a murmurar aterrorizados hasta que el posadero (o su mujer) les hacen callar y trata de hacerle ver a la señorita en cuestión que no hay nada que temer.
Sí, porque al igual que en Crystal Lake... ¿quién puede resistirse a un locus amoenus como ese? a las ristras de ajos, a los amuletos que te protegen contra el mal de ojo, al mayordomo tullido del conde o barón correspondiente, a la luna llena iluminandolo todo como si fuera una noche americana (ejem), a la tierna inocencia (evidente fachada de profunda idiotez) de la mirada de la señorita inglesa de turno que no para de referirse a su prometido como si su sola mención pudiera invocarle mágicamente... bwua hahah hhahah... no te queda por sufrir todavía hasta el fin del primer rollo...
Todo esto, claro, consecuencia de no parar de ver películas de la Hammer con Peter Cushing y Christopher Lee y un montón de ingleses más. Y es que el romanticismo de un buen castillo transilvano no es fácil de ver en éstos días tan saturados de psycho killers de tercera división y fantasmas salidos de pelis japonesas. Ni siquiera Coppola captó plenamente ese ambiente tan evocador de forma tan deslumbrante como los artesanos a las órdenes de Hammer (aunque se acercó mucho, todo hay que decirlo), que a su vez bebían de las lecciones aprendidas años antes en las películas de la Universal sobre Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo y etc, etc...
Christopher Lee con vicio en la mirada...
Es el cine de terror en su faceta más romántica y evocadora. Cuando los murciélagos manejados con cañas de pescar todavía podían inspirar pavor. ¿Recordáis esos maravillosos sketches del conde Drako en Barrio Sésamo? ¿recordáis como siempre empezaban con un siniestro plano general de un castillo cubierto de niebla? Ahh que evocadores momentos. ¡Yo siempre pensaba en pasear por ese paisaje nublado hasta el castillo chungo de la colina...!
"¡Una película de Drácula con Christopher Lee!... ¡Dos películas de Drácula con Christopher Lee!... ¡Tres películas de Drácula con Chrsitopher Lee!"
Está claro que mi idea del turismo no tiene nada que ver con la del resto del planeta... lo que daría por visitar esos tétricos castillos (de hecho, creo que en Rumanía hacen visitas guiadas) o pasearme por esos bosques espesos con el corazón encogido pensando en que quizá pueda encontrarme con alguna de las novias de Drácula, o como mucho, con la vampiresa Carmilla deseando merendárseme el cuello.
Poderosas razones para dejarse morder el cuello...
¿No se puede alquilar un castillo en plan casa rural por la zona? Siempre he querido despertarme en mitad de la noche y coger un candelabro para pasearme entre las telarañas y los cuadros siniestros para llegar a la cocina y encontrarme con el conde de turno... "¿va a algún lado?" "oh... no... solo quería un vaso de leche..." "este no es un sitio donde uno pueda ir tranquilamente a por un vaso de leche... ocurren... cosas..." "¿cosas? ¿qué cosas?", etc...
En la película "Kiss of the vampire" sin ir más lejos, una joven pareja de recién casados pasean alegremente con un coche (finales del siglo XIX) por paisajes muy parecidos a los aquí descritos mientras son observados por un travieso conde en lo alto del castillo... como es de esperar se quedan sin gasolina en mitad del bosque. La mejor solución que se le ocurre al marido: "tú quedate aquí, que yo voy a al pueblo a pedir ayuda" "¿puedo ir contigo?" pregunta inocente ella, muerta de miedo... "No, iré más rápido solo" contesta el cacho cabrón de él, dejándola en mitad del bosque transilvano a merced de lobos, vampiros y cosas chungas. ¡Pedazo vacaciones!
¡¡Iughh!!
Sin embargo las cosas nunca son tan divertidas. Ahora los condes rumanos con colmillos afilados provocan más la chanza jocosa que pavor, las mujeres que se pasean con camisones de escotes exagerados por cementerios brumosos son increíblemente escasas y a los vampiros en general o les da por ir de zombies descerebrados o de llorones existencialistas. Y casi nunca habitan ya por Rumanía, buscan parajes más exóticos... en cuanto a Van Helsing, ese gran aguafiestas, qué decir que ni Hugh Jackman ni mucho menos Corey Feldman tienen el encanto y la gracia de Peter Cushing o Laurence Oliver.
El terror romántico ya no se lleva. Vaya mierda.
Geena Davis en los principios de su carrera sabía como asustar al personal... Desde luego, la de cosas que hemos ido perdiendo por el camino...










Jaime Pressly, en mi casa de la playa.


latumbasinnombre dijo
¡¡Que viva la Hammer!!
¿Tú sabes que el sueño de vida (uno de los muchos, vamos) es hacer una versión de "Drácula"?... Pero sin mariconadas, con ese Drácula malvado, tal y como sale en la novela, que sólo Christopher Lee ha sabido interpretar COMO DIOS MANDA (muérete de asco Gary Oldman).
Por ahí, en ese caos que es mi mesa, debo tener las primeras 40 páginas o así del guión...
25 Marzo 2008 | 09:01 AM