Tonight is what it means to be young: El cine de Walter Hill (parte I)
Corren malos tiempos para las pelis de acción. Como decíamos ayer, el género anda en horas bajas, con algún fogonazo del pasado que ocasionalmente nos salva del ostracismo (Bruce Willis, Stallone) y algún tímido intento de homenaje que, casualidad o no, acaban estrellándose en taquilla (“Hot Fuzz”, “Shoot’em up”).
Llevo años dándole vueltas a la idea de hacer una recopilación, o Historia, o breve repaso de uno de mis géneros favoritos (si no el que más), pero la inmensidad del proyecto es demasiado abrumadora para mi pequeño intelecto, así que me limito a dar pequeños esbozos. Pero bueno, tras este inútil preámbulo, retrocedamos a finales de los años setenta, donde realmente el género de acción empezó tal cual lo conocemos hoy... cuando las persecuciones de coche dejaron de hacerse con planos acelerados y retroproyecciones prehistóricas, cuando las peleas cuerpo a cuerpo empezaron a cuidarse y coreografiarse como dios manda y el realismo y la violencia cruda se adueñaron de las pantallas. En esa maravillosa época de talento desbordado surgían directores como Scorsese, De Palma, John Carpenter o Walter Hill, que retorcían los géneros clásicos de toda la vida y los reinventaban para el cine moderno.
Para alguien que empezó a ver cine en los primeros años ochenta, Walter Hill era una especie de marca de un tipo de película que, admitamoslo sin tapujos, desde muy canijo me la puso muy gorda. En aquellos tiempos aunque controlaba muchos nombres de directores, había muy pocos con señas de identidad tan evidentes como para saber que una película suya era una película suya. “Driver”, “Límite 48 Horas”, “Calles de fuego”, “The Warriors” o “Traición sin límite” eran películas que me alucinaban por su profusión de tipos duros, de malos chungos, de escenas de acción contundentes y de, en resumen, diversión sin fin. Todo ello, señas de identidad más que suficientes para alguien de tan tierna edad.
Hoy, con la sabiduría que me fueron dando los años, ya puedo hablar de estilovisual, narrativa y otras tantas cosas para explicar por qué Walter Hill es uno de los mejores directores (y padre fundador) de películas de acción. Pero la verdad es que todo se resume a un concepto sencillisimo: sus peliculas molan un montón.
Ejemplo número 1:
Si alguien no se ha emocionado con este maravilloso trailer es que tiene horchata en las venas. Pero no estoy aquí para insultar a nadie, o al menos, no sólo para eso. Durante las próximas cien mil o doscientas mil lineas haré un breve (ejem) repaso a su filmografía porque, diablos, él lo merece y porque, leches, si en un blog como este no vamos a rendir un sentido homenaje a Walter Hill, ¿quién lo va a hacer? Pues eso. Espero que al final, los desconocedores de su filmografía, o los descreyentes de su inmenso talento sucumbáis a la evidencia. Y al resto que os den. Iros a leer cosas sobre Tarantino.
“El Luchador”, en 1975, es su primera película. Producida por su coleguilla Lawrence Gordon, que le dio la oportunidad de debutar como director (antes había trabajado en películas clave del género como “Bullit” (1968), en calidad de ayudante de dirección, o como guionista en “La Huída” (1972), de su maestro Sam Peckinpah (Dios, para entendernos), de quien se le pegarían algunas de sus mejores virtudes (ya profundizaremos sobre ello). Y si alguno está pensando que no tiene demasiado sentido que hable de Walter Hill sin haber hablado antes de Sam Peckinpah... pues tiene razón, pero prometo solucionarlo con un post en algún futuro no muy lejano.
El caso, su primera película, y protagonizada nada menos que por Charles Bronson y James Coburn, probablemente los tipos más duros de los setenta (con permiso de Clint Eastwood). “El luchador” es una película sobre un, sí, lo habéis adivinado, un tipo que se dedica a luchar para ganar dinero con las apuestas en plena era de la depresión (de ahí el título original “Hard times”). Si bien el guión no está a la altura de posteriores películas de Hill, es evidente que su estilo personal estuvo ahí desde el principio.
Las escenas de lucha son una lección de cómo rodar una buena pelea, y bastante adelantadas a su tiempo (hablamos de 1975, donde no era tan común ver peleas de estilo tan “realista”).
La película deja un buen sabor de boca y se beneficia de un estupendo Bronson, en la cima de su éxito tras “El justiciero de la ciudad”, interpretando al carismático y parco de palabras luchador (una característica común a otros posteriores personajes principales del cine de Walter Hill), pero lo cierto es que los personajes son algo maniqueos, en especial el del siempre entrañable James Coburn. Con todo, un gran primer paso.
Pero si el debut había sido prometedor, no puedo por más que hacer un gran énfasis en mi comentario sobre su segunda película.
“Driver” es una película que vi en la tele de crio y se quedó grabada a fuego en mi cerebro. Lo curioso es que mi padre solía grabar TODAS las películas que echaban en Televisión Española (recordad que eran otros tiempos y no echaban más de tres o cuatro por semana) y esa, precisamente, no la grabó. Durante años la he tenido idealizada en mi cerebro, esperando a que quizá saliese editada en DVD (en VHS nunca la vi). Finalmente un día me cansé y decidí que internet se había inventado para algo, así que me la bajé, le puse sus buenos subtítulos y hace cosa de un mes la volví a ver con grandes ganas y tremenda ilusión aunque un poco temeroso de que no respondiera al gran recuerdo que tenía de ella. Pues bueno, no sólo respondió, sino que excedió todo lo que recordaba de ella y, de hecho, me impulsó a hacer un repaso por toda la filmografía de Walter Hill para poder dedicarle un artículo en condiciones desde este humilde blog.
Hablemos un poco de “Driver”: escrita por el propio Walter Hill, nos cuenta la historia de un conductor que se dedica a huídas de atracos a bancos, más o menos como Jason Statham en “Transporter”. El protagonista es el curioso Ryan O’Neal... curioso porque fue una efímera estrella durante los setenta que nunca contó con el beneplácito de la crítica pero que tuvo unos cuantos papeles antológicos (“Barry Lyndon”, “Luna de papel” o “¿Qué me pasa doctor?”), y que aquí está sembrado como el petreo “Conductor”, en un papel escrito originalmente para Steve McQueen.
“Driver” es cine negro negrísimo, con unas persecuciones de coche interminables y personajes icónicos sin nombre propio (en los créditos figuran como “el policia”, “el contacto”, etc). Cine seco, con pocos diálogos y plagado de personajes oscuros... el villano, el policía interpretado magistralmente por Bruce Dern provocó en mis tiernos años una dicotomía importante... ¿cómo podía ser el malo, siendo el policía y en cambio el ladrón, ser el bueno?
En realidad, como pronto descubriría, en el cine de Walter Hill todo se basa en los diferentes tonos de gris, y en su pasión por los antihéroes y los perdedores con estilo... como bien indica el final, valiente anti-climax que te deja con la ceja arqueada. En el lado femenino destacar a la impresionante Isabelle Adjani, que jamás estuvo más bella.
Hill descubrió en esta película cuál era el cine que le interesaba hacer. El estilo de narración, los diálogos mínimos imprescindibles y el ritmo ajustado que se dispara en las secuencias de acción serían constantes en su carrera. El caso es que esta película, injustamente olvidada, merece un rescate inmediato. Cine negro con mayúsculas, cine de los setenta con mayúsculas, cine de acción con... bueno, no sigo que me emociono. Como curiosidad añadir que en el 2002, Hill realizó una proyección de un director’s cut de la cinta, con más de media hora de metraje adicional, del que gran parte, dicen, es una nueva persecución... rayos, a quién hay que rezarle para ver ese nuevo montaje...
Los carteles de esta peli son casi tan chulos como la propia película...
Pero si con “Driver” dio un buen toque de atención (las críticas fueron muy positivas, pero dado el escaso eco que ha tenido, supongo que comercialmente no le fue muy bien), con su tercera película, Walter Hill se puso definitivamente en órbita. “The Warriors” fue un inmediato éxito comercial que, con los años se ha convertido en una película de culto desmedido, generando incluso un famoso videojuego, una linea de figuras de acción y rumores insistentes de un remake dirigido por Tony Scott. “The Warriors” se inspira, o directamente se basa, en la obra clásica de Jenofonte “Anabasis” que narra la historia de unos mercenarios griegos, aliados de Ciro el Joven, que se encuentran aislados detrás de las lineas enemigas persas una vez que éste es asesinado en la batalla de Cunaxa. En la película, los Warriors son una banda de Coney Island que acude a una concentración en la que el líder de la mayor banda de la ciudad, Cyrus, hace un llamamiento a la unidad de todas las bandas antes de ser asesinado, y los Warriors, culpados injustamente de ello.
“The Warriors” se desarrolla en una especie de realidad alternativa, o de “futuro inmediato” (de hecho originalmente la película comenzaba con un “en un futuro cercano” que finalmente decidió eliminarse) en el que las bandas callejeras de gamberros campan a sus anchas por una ciudad lúgubre y solitaria. En esto coincide con “Driver” y posteriormente con “Calles de fuego”... presentar un entorno realista pero alejado de la cotidianidad, del tiempo y del espacio conocido. Se trata de contar historias atemporales, basadas en arquetipos morales... ya que unos personajes que no rinden cuentas a las leyes o moral tradicionales, y que se rigen por códigos de conducta propios, se definen únicamente por sus actos.
Esta suerte de “vacío moral”, que prescinde de los clásicos conceptos del bien y del mal es lo que caracterizaba, por ejemplo, la vida en el salvaje oeste, o al menos en el salvaje oeste que las películas de John Ford o Howard Hawks nos presentaban (y de las que Walter Hill es ávido seguidor). Por ello, Hill siempre ha dicho que prácticamente todas sus películas son westerns, y es obvio que tiene toda la razón.
“The Warriors”, digámoslo ya por si hay algún despistado, es una puta obra maestra. Su setenterismo es tan ochentero que mosquea; su ritmo y montaje, trepidantes; sus personajes míticos y su ejemplar uso de banda sonora original y canciones rock, ilustrando la desesperante huída de los Warriors a los largo de toda la ciudad, dejan huella en el espectador.
A mi, de crio, el póster me parecía de lo más inquietante... Qué decir del aspecto de algunas de las bandas, probablemente los más antológicos de todos, los Baseball Furies... mezcla de la pasión por el beisbol y por el grupo Kiss del director. Y ese personaje entrañable al que te encanta odiar: Luther, cuyo “warriors, come out to play-eyy” provoca un malrollismo galopante... curiosamente, ésta sería la primera de muchas películas en la que éste actor, David Patrick Kelly (mítico Sully en “Commando”) y James Remar (que interpreta a Ajax, el Warrior impulsivo y cabezón) repetirían con Hill.
En fin, no puedo añadir más de esta pelicula, sólo que si no la has visto, ya tardas. Aquí os dejo a Luther:
Para su siguiente película, Hill debió pensar que ya que estaba haciendo westerns “urbanos”, bien podía dedicarse a hacer un western de toda la vida... así que cogió a un puñado de hermanos actores y realizó “Forajidos de leyenda”, un relato sobre los últimos días de fechorías de la banda de Jesse James (compuesta por varios grupos de hermanos en sí mismos, los James, los Younger, los Earl y posteriormente los Ford), en una película que serviría como interesante contrapunto a la reciente “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” en una hipotética sesión doble. Este relato épico y realista a la vez, deja ver el inmenso amor que Walter Hill siente por una época y unos personajes movidos por sus convicciones morales y ajenos a las leyes de la época. La banda de Jesse James eran ladrones y, a veces, asesinos, pero seguían un estricto código moral, y la sociedad de aquel tiempo les convirtió en héroes del pueblo, en bandidos míticos enaltecidos por relatos baratos y periodismo de saldo.
Es en esta película, más que en ninguna de las anteriores, donde la sombra de Peckinpah se deja ver con más fuerza que nunca. No sólo en cuanto a lo visual (los tiroteos y el uso de la violencia, embellecida por esa hipnótica cámara lenta que tan tontorrones nos pone son básicamente idénticos a lo que acabó por convertirse en una marca de la casa del bueno de Sam), sino en cuanto al tono, entre nostálgico y mítico, que marca una época que toca a su fin: la de los héroes legendarios del viejo y peligroso oeste americano, y la del western como género en el cine moderno...
Los hermanos Carradine.
“Forajidos de leyenda” es una película increíblemente efectiva en unir lo espectacular y trepidante con lo íntimo y reposado. Probablemente el último gran western crepuscular que dio el cine americano, antes de “Sin perdón”, claro. Y si antes he mencionado “El asesinato de Jesse James...” no ha sido por vicio. Ambas películas cuentan básicamente lo mismo, si bien eligen tonos y puntos de vista completamente diferentes.
La película de Brad Pitt ejemplarmente dirigida por el aprendiz de Terrence Malick, Andrew Dominik, profundiza mucho más en el personaje de Jesse James, y usa a Robert Ford, su posterior asesino, como prisma a través del cual observarle. Walter Hill, por el contrario, ofrece un relato coral con, básicamente nueve protagonistas (los hermanos Keach: Stacy y James, que además co-producían y co-escribían la cinta; los hermanos Carradine: David, Keith y Robert; y los hermanos Quaid: Randy y Dennis) en un casting sorprendentemente coherente. La película de Hill, como hemos dicho antes, se decanta más por un nostálgico retrato de la época y los personajes, mientras que en la cinta de Brad Pitt, éstos mismos personajes están por encima de su contexto histórico o social, el western es, simplemente, el entorno en el que se mueve la historia, no parte de la historia en sí, como prefiere verlo Walter Hill.
La banda de Jesse James de Brad Pitt (arriba) y la de James Keach (abajo):
Un último apunte para hablar de la música, ya que esta es la primera vez que Walter Hill y Ry Cooder trabajaron juntos. La primera de muchas, muchas otras. Cooder es un famoso guitarrista que como compositor de bandas sonoras alcanzó el cenit con el tema principal de “Documentos TV”, digo de “Paris, Texas”. Pero sigamos.
El discreto devenir comercial de “Forajidos de leyenda” no mermó la moral de nuestro hombre, que, por cuarto año consecutivo, se puso a rodar una nueva película, esta vez en los pantanos de Luisiana, donde, joder, ocurren cosas extrañísimas.
“La presa” es la película de Walter Hill que más tiempo se me ha resistido. Como buen fan de su director, he estado persiguiéndola durante años con escasa fortuna. Incluso en internet, llegué a bajármela, pero la ausencia de subtítulos me echó atrás. Hasta que una más o menos cutre edición en DVD apareció con el Marca por un euro cincuenta. No hagáis preguntas... el caso es que “La presa”, como todas las pelis de ésta primera época, no decepciona. De nuevo tenemos un retrato coral, ésta vez de unos miembros de la Guardia Nacional de Luisiana que salen de maniobras por los pantanos chunguillos de la zona y acaban enfrentándose a lugareños no excesivamente hospitalarios. Es una especie de remedo de la película de John Boorman “Deliverance”, aunque, en mi opinión, con mucho mejor ritmo y algo que le falta a la peli de Boorman: UN CLIMAX... y hasta aquí los puyazos a Boorman, que nunca están más, qué coño.
Powers Boothe, Keith Carradine y compañía, flipando con los paletos (no les queda nada...)
El protagonismo de “La presa”, pese a estar bien repartido, recae sobre todo en unos carismáticos Keith Carradine (repitiendo) y Powers Boothe, en el entorno hostil de los terrenos cenagosos del sur de EEUU; en la música omnipresente de Ry Cooder (de nuevo); y en un climax repleto de paletos sureños (que para más inri hablan en francés) tocando el banjo sin parar... joder, que nerviosito me puso el final...
Como en cualquier western que se precie, los personajes, alejados totalmente de la civilización y metidos en un entorno que les supera claramente, se ven forzados a sobrevivir a cualquier precio, lo que desata la violencia inherente en todo ser humano. Algunos verán en esta elemental disgresión de nuestros instintos más primarios un posicionamiento derechista del director. Lo que últimamente viene a decirse como “fascistada”. Desterremos de una vez tan cavernícolas pensamientos y disfrutemos de una gran película, obra magna del sub-género “survival” que recientemente medio volvió a poner de moda el remake de “Las colinas tienen ojos”. Y es que si hay algo que el irónico título original de la película (“Southern comfort”, es decir, “Hospitalidad sureña”) nos debe enseñar es esto: nunca, nunca le robes las piraguas o le vueles la casa con dinamita a unos paletos que viven en el bosque tocando el banjo. El culo de Ned Beatty, y la chota de Peter Coyote os lo agradecerán.
Y así, a lo tonto, llegamos a 1982, el año de “E.T.”, de “Blade Runner”, “Acorralado” y “Rocky III”, el año en el que Eddie Murphy y Nick Nolte empezaron a comerse el mundo.
Y es que de nuevo Lawrence Gordon puso los medios para que Walter Hill rodase un guioncejo de policías y ladrones escrito a varias manos con Steven E. de Souza (responsable luego del guión de “Jungla de cristal” entre otras) y Roger Spottiswoode (también discípulo de Peckinpah y director de la contemporánea “Bajo el fuego”; de la mejor peli Bond de Pierce Brosnan “El mañana nunca muere” y de la peor peli de Stallone “Alto o mi madre dispara”-Fin del informe de datos inútiles número 25)...
“Límite 48 horas” es una película policíaca tradicional y comercial, sin dobles lecturas pero no por ello menos personal o interesante que sus anteriores películas. Es, de hecho, el nacimiento de un subgénero que invadió el cine de acción ochentero: las buddy-movies, o pelis de colegas que al principio se llevan a matar y luego aprenden a respetarse y se acaban encariñando.
Yo sostengo que ésta película es la que terminó por definir las bases del cine de género de los años ochenta que luego el propio Lawrence Gordon asociado a veces con Joel Silver, explotarían de forma afortunada en películas como “Depredador”, “Arma letal”, y la obra cumbre del género, “Jungla de cristal”. Sí, porque además de un guión sencillo pero robusto como él solo y de un dirección y montaje perfectos (atentos a la inesperada primera secuencia de la comisaría, en la que Nick Nolte camina de un lado a otro recabando información, resuelta en una sola toma de más de tres minutos; al tiroteo inicial en el hotelucho o a la persecución final), la peli se beneficia de la increíble química que se desprende de la improbable pareja Nolte-Murphy, que encuentran siempre el tono, tanto en la comedia, como en el odio mutuo y el posterior respeto. Es posible que sin esta película, el cine comercial americano de hoy en día fuese diferente. Llamadme exagerado.
Curiosamente, la pareja prevista inicialmente eran unos Clint Eastwood y Richard Pryor que también podían haber dado mucho jugo, aunque la posterior “Ciudad muy caliente” en la que Eastwood se enfrentaba a otro titán de la pantalla como Burt Reynolds en una buddy movie nada afortunada, nos hacen sospechar que Nick Nolte era la decisión correcta, como desde luego lo fue Eddie Murphy, quien de la noche a la mañana pasó de ser un cómico de televisión a una estrella cotizada.
Pero nos estamos desviando de lo que importa, el sello Walter Hill... presente en la caracterización de unos villanos, ésta vez sin dobles lecturas, interpretados por los ya habituales Sonny Landham (el indio de “Depredador” ya había interpretado a un policía en “The Warriors” y a uno de los paletos cabrones de “La presa”) y James Remar (“The Warriors” y “Forajidos de leyenda”... actualmente disfruta de nuevo del reconocimiento que vivió en los ochenta gracias a su papel de papá de Dexter en la maravillosa serie homónima), o del héroe que no tiene inconveniente en pasar por encima de quien sea para alcanzar a los asesinos (de nuevo: ¡western!)... en resumen, una película en la que todo funciona y que ha permanecido como un pequeño clásico del cine en general, o como una obra capital del cine de acción. Lo que ustedes prefieran.
Añadir que el Luther de “The Warriors”, David Patrick Kelly repite aquí con Walter Hill interpretando a un tipo que se llama... Luther. La lógica nos indica que, pese a lo que pueda parecer, no son el mismo personaje (más que nada porque hay un personaje llamado “Luther” en prácticamente todas las pelis de Walter Hill). Y una nota a pie de página para la banda sonora, Ry Cooder no debió estar disponible por lo que Hill recurrió a James Horner que se dejó caer con una pedazo música, trepidante y original que el muy perro no ha dejado de plagiar desde entonces para películas como “Commando”, “Danko: Calor Rojo”, o “Peligro inminente”. Qué tío. Y de la secuela hablaremos más adelante, claro.
Con todo a su favor después del éxito cosechado, Walter Hill se tomó un pequeño descanso y volvió en 1984 con otra obra maestra. “Una fábula de rock and roll” rezaba el tagline oficial de “Calles de fuego”, y la verdad, imposible una descripción mejor de lo que es “Calles de fuego”.
Ambientada “en otro tiempo, en otro lugar” como reza una leyenda al comienzo de la película, casi podría decirse que es el mismo universo donde los Warriors campan a sus anchas, y de hecho comparten ese retrato nocturno y opresivo de la ciudad, esos vagones de metros que parecen no llevar a ninguna parte y esas bandas callejeras que hacen de las suyas allá por donde van... como los Bombarderos, liderados por un Willem Dafoe sin complejo alguno.
Hill recoge la esencia del western clásico y le da un barniz retro-modernista, lo mete en un caldo de rock ‘n roll y lo deja cocer para que nos lo comamos calentito, prescindiendo de las ambigüedades propias de gran parte de su cine, con malos-malos y buenos-buenos... “Calles de fuego” es una fantasía, un espectáculo de ritmo endiablado, una pura gozada de principio a fin. “No soy tan malo, es solo que me gustan las chicas bonitas como tú” le dice un depravado Willem Dafoe a nuestra Diane Lane favorita, después de secuestrarla en mitad de un concierto, sembrando el caos y la villanía. Hasta que llega Tom Cody claro (esto es, Michael Paré). El ex-novio de la cantante exiliado en el olvido, dispuesto a emprender un rescate suicida.
Y ese ambiente mitológico, en el que los policías no pueden imponer la ley, en el que los motoristas siembran el terror en las calles, en el que los amantes se reconcilian con un apasionado beso bajo la lluvia (como debe ser), en el que el héroe y el villano resuelven sus diferencias en un duelo al amanecer, cuerpo a cuerpo... y ese Billy Fish de aspecto repelente increiblemente interpretado por Rick Moranis (¿su único papel dramático?), esa McCoy de sexualidad dudosa (su papel fue escrito originalmente para un hombre, por cierto qué mal ha envejecido Amy Madigan- la señora de Ed Harris- en “Adiós pequeña, adiós”), esa mezcla de ambientes (años cincuenta y ochenta dándose patadas mutuamente)... las canciones escritas por Jim Steinman (épicas como sólo él sabe) en las que Diane Lane hace tan bien el playback, el score de Ry Cooder, las cortinillas (míticas), el peinado de Bill Paxton, la fotografía de Andrew Laszlo y, sobre todo, el espectacular montaje... 
En fin, una de las mejores, si no la mejor, película de su director...“Calles de fuego” es todo lo que una película necesita ser.
Ademas ésta iba a ser la primera parte de una trilogía de películas protagonizadas por Tom Cody, pero su rotundo fracaso comercial nos dejó a todos con las ganas. Una lástima, sobre todo para la carrera de Michael Paré (el tío tenía percha, no lo neguemos).
Y bueno, mi intención era abarcar toda la filmografía en un solo artículo pero las cosas no siempre son tan sencillas. Si habéis llegado hasta aquí abajo, enhorabuena... pero no os pongáis nerviosos... enseguida continuaré con el resto de las películas del bueno de Walter.
No os quejéis, que así os doy tiempo a ver de nuevo "Calles de fuego"...
Tom Cody te espera en la secuela de nuestro post sobre Walter Hill...










Jaime Pressly, en mi casa de la playa.


latumbasinnombre dijo
Yeeeeeeeeeeeeahhh!
¡"Calles de Fuego" es tan grande! ¡Walter es tan grande!
¿Recuerdas "Last man standing" en el Cine Paz? ¿Y "Wild Bill"?
Aunque eso mejor para la 2ª parte.
PD: Cuando me dijiste que el artículo iba a ser exhaustivo, no creí que fuera a ser TAN exhaustivo.
2 Abril 2008 | 09:03 PM