Este será un día largamente recordado: El mega-post de Star Wars (parte I)
Cuando algo no sólo te gusta, sino que te cala en lo más profundo de ti mismo, consiguiendo que te emociones, y que alcances estados anímicos que ninguna persona mayor de doce años está moralmente autorizado a experimentar... cuando algo que sólo debería ser entretenimiento de sábado por la mañana consigue trascender hasta tocarte la fibra moral e impulsarte por encima de la triste realidad que nos rodea diariamente... cuando algo, en definitiva, que para muchos no pasaría de ser infantil y mundano, hace que, casi siempre, tu vida parezca que tiene significado, se nos presenta un concepto cuya comprensión y análisis se hace, casi, imposible de describir.
Eso es para mi, “La Guerra de las galaxias”.
Y ese es el motivo por el que pocas palabras han surgido en este blog hacia la saga que me convirtió en la persona que soy ahora. La inmensidad de la empresa... no sólo analizar y tratar de explicar las seis películas que forman la saga de “Star Wars”, sino también hacer comprender al lector lo que éstas significan para mi, lo que provocan, el estado de absoluta abstracción que me proporcionan, y el respeto, admiración y pleitesía desmedidas (según muchos) que les rindo siempre que tengo ocasión.
Y es que con el estreno de las precuelas, mi amor ha sido puesto a prueba a causa del irrefrenable odio en el que se transformó lo que antes era amor desmedido de gran parte del “fandom” o aficionados al “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...” En parte a ellos, a esos aburridos Lucas-haters que echan espuma por la boca cada vez que se les menciona a los midiclorianos, va dedicado este post, que más que un post, pretende ser una declaración de amor... pero un amor analizado con objetividad y rigor (entiéndase la paradoja, pues un amor incondicional jamás podría responder a criterios tan frugales como la objetividad y el rigor).
Pero empecemos por el principio, y luego vayamos al final, que en realidad es el verdadero principio.
Yo nací dos meses después del estreno en España de “La guerra de las galaxias” (tuvo lugar en noviembre del año 1977) por lo que se puede decir que, desde el principio, la Fuerza ya estuvo en mi vida. No tengo claro cuál es el primer recuerdo que tengo de “La guerra de la galaxias”. Estoy casi seguro de que vi la película en el cine en algún punto anterior al año 1982, pero no recuerdo cuándo ni dónde. Sí recuerdo los cómics retapados de Bruguera (adaptando la película y posteriormente continuando la historia, no de forma demasiado brillante, aunque con unos hipnóticos dibujos de Howard Chaykin primero y, sobre todo Carmine Infantino después) y un día, al contemplar a mis padres viendo en la televisión (supongo que sería una película alquilada, pero mi memoria es traicionera) a Darth Vader asfixiando al almirante Motti con el poder del lado oscuro, reconocer, emocionado, la misma escena del cómic que tantas veces había ojeado (obviamente, aún no sabía leer).
Pero esto tuvo que ocurrir después. Me he debido equivocar porque nosotros no tuvimos el primer vhs en casa hasta mayo del año 83, pocos meses antes del estreno de “El retorno del jedi”, y recuerdo perfectamente haber ido al cine Princesa (donde se encuentra actualmente un Zara) a ver “El imperio contraataca” y que, a la salida del cine, en el mismo vestíbulo, vendían los muñecos de la película (me compraron el Han Solo en Hoth, yuhu!). Y eso, estoy casi seguro de que tuvo lugar en el año 82, como poco, principalmente porque desde aquel momento me volví un absoluto pesado con respecto a todo lo que tuviera que ver con “La guerra de las galaxias”, y además, porque mi madre que se veía obligada a cargar conmigo en sus expediciones al Corte Inglés, siempre me compraba un muñeco nuevo de “Star Wars” para que no incordiara.
Dada la respetable colección de muñecos que tenía (unos sesenta, de un total de poco más de cien figuras que llegaron a salir entre 1978 y 1985), puedo asegurar que mi madre pasó mucho tiempo en el Corte Inglés.
De estos almacenes también recuerdo la estampa de un individuo vestido de Darth Vader que me impactó muchísimo y que iba repartiendo postales con la imagen de Vader dibujada. En mis recuerdos, era el puto David Prowse (actor inglés que iba dentro del traje en las películas originales) con el mejor traje del universo.. en la realidad probablemente hasta se le verían las costuras, pero el ojo de un niño hace maravillas con la realidad.
Así que de una manera o de otra, recuerdo vívidamente el verano del año 83, persiguiendo por todos lados a mi hermano mayor porque era mi única fuente de información sobre la tercera y última parte de la serie... un pobre chico que no sabe leer y al que le quedan diecisiete años para tener internet en su hogar y poder buscarse él mismo la información... total, que mi hermano, que siempre ha sido un poco cabrón, me daba la información con cuenta gotas.
-Empezará con Luke y Leia yendo a rescatar a Han Solo...
Eso sólo ya bastaba para que me cayera de la silla.
-Se le verá la cara a Darth Vader...
Etc... De un par de años antes recuerdo perfectamente una revistilla acerca del cómo se hizo “La guerra de las galaxias”, editado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad (sic), que literlamente devoraba de cabo a rabo... me la sabía de memoria y es uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Salían fotos de la película (era de la época del estreno de la primera), así como diseños y bocetos y un montón de cosas más. Lo bueno de esa revista, que puedo decir con inmenso orgullo que he mantenido casi intacto hasta el día de hoy (y del que os escaneo la portada aquí mismo) es que como no sabía lo que ponía... yo me lo imaginaba. Y lo que me contaba yo mismo, estoy seguro de que era muchísimo más interesante.
En lo portada, si os habéis fijado, aparece un individuo inédito en la película, enfrentándose a Darth Vader con una espada laser. Durante años esta increíble paradoja alimentó una incesante fuente de elucubraciones y preguntas sin respuesta, hasta que años más tarde, cuando por fin pude ver algún documental, descubrí la verdad. En una parte de la escritura del guión, y como maniobra para interesar a los productores en su proyecto, Lucas contrató a Ralph McQuarrie para que hiciese unos diseños definiendo el look de la película, en base a uno de sus primero borradores del guión. Este borrador (el tercero) se llamaba “Las aventuras de Starkiller” y era, basicamente, la misma historia, sólo que el protagonista era un chico llamado Luke Starkiller, hermano del Capitán Starkiller que era capturado por Vader al principio de la película (de ahí el dibujo) y que era el último descendiente de una casta de poderosos guerreros llamados caballeros Jedi. Luke (que tenía una hermana llamada Leia), acompañado por Han Solo y Chewbacca, partirían en pos de su padre para rescatarlo de la Estrella de la Muerte. Más o menos. El hecho de que Luke y Leia fueran hermanos en este temprando borrador de la historia desmonta la teoría conspiratoria de que Lucas improvisó esa parte después de “El imperio contraataca”.
Otro boceto en el que se ve a los hermanos Starkiller junto a unos primerozos R2, 3PO y Chewbacca.
Añadiré que, con la llegada de internet, me hice con esa versión del guión, y, en una desgarradora muestra de frikismo sin redención, lo traduje toscamente al castellano. Aún lo conservo encuadernadito y todo.
Pero volvamos atrás, una vez explicados mis antecedentes biográficos relacionados con la saga, llega le mítico estreno de “El retorno del Jedi” en octubre del 83. Cabe decir que, como todos los que fuimos crios en esa época, las altísimas expectativas que llevamos todos al cine, fueron superadas ampliamente. Luego llegaría la copia piratona alquilada en el videoclub, que devoré nueve veces (recuerdo el número porque mi familia flipó en colores) en unos cuantos días... puñetera infancia...
Durante años, los muñequitos (con los que me montaba mis propias películas, jugando durante horas) y volver sobre las películas una y otra vez era lo único que mantenía mi hambre insaciable por más “Star Wars”. De vez en cuando, en alguna revista o programa de televisión, alguien lanzaba un rumor sin fundamento acerca de la nueva fecha del siguiente capítulo de la saga. A esas alturas ya estaba concienzado de que tenían que hacerse los episodios I al III puesto que “La guerra de las galaxias” era el IV (durante muchos años tuve que solucionarle esta duda a mucha, mucha gente... “Por qué la película empieza con un “Episodio IV”? aunque en realidad, sólo empezó así a partir del primer reestreno en el año 78, en su estreno original no aparecía nada, y la edición en vhs tampoco lo incluía, aunque sí “El imperio contraataca”). También había rumores de que, después de rodar las tres primeras partes, habría una tercera trilogía continuando a partir de donde se quedó “El retorno del jedi”.
En fin, un sinvivir... primero se habló de 1987 como la nueva fecha (en los cómics que editaba Fórum en España, llegaron a asegurar que el Episodio I se estrenaría en 1986), luego 1990... Como curiosidad, en el número de junio del 87 de la revista Imagenes de actualidad (aún la conservo), había una entrevista a Mark Hamill con motivo del estreno de "Slipstream" (tranquilos, si no fuera por esta entrevista yo tampoco sabría qué película es), su regreso al cine desde, precisamente "El retorno del jedi", y en ella le preguntaban si iba a participar en alguna de las siguientes entregas de "La guerra de las galaxias", a lo que contestó que había hablado con Lucas y que tendría un pequeño papel en la novena película (!), "...allá por el año 2001". Durante años este par de frases alimentaron mi esperanza y devoción... con el tiempo he llegado a comprender que simplemente, en el año 87, Mark Hamill aún no había acabado de desintoxicarse.
Cuando llegó 1991 se oyeron declaraciones de Lucas en algún lado diciendo que no pensaba volver sobre la saga en un futuro cercano... no recuerdo bien. Finalmente, alrededor de 1992, apareció esto en el primer número de la mítica (y añorada) Fantastic Magazine:

Si bien, y como podréis apreciar, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, sirvió para darme esperanzas.
En esta época, coincidir con flipaos de mi envergadura sobre la saga era bastante complicado, llegué a afiliarme a un peregrino club de fans, del que no esperaba recibir nunca nada, hasta que un día se plantó en la puerta de mi casa sin previo aviso uno de los miembros (fue extraño, la verdad)... tras unas cuantas horas intercambiando impresiones se fue con la promesa mutua de que estaríamos en contacto, intercambiando información y cotilleos. Nunca volvimos a vernos o a saber nada el uno del otro, o del club de fans...
Con el tiempo, llegaron las ediciones especiales y la fiebre por “Star Wars” empezó a salir del armario. Para cuando estaba a punto el estreno de “La amenaza fantasma” y el primer trailer sacudió a medio mundo, tuvo lugar un acontecimiento revelador en mi vida... Loser Films (o el gérmen de Loser Films, puesto que entonces no éramos más que un grupo de colegas unidos con el noble propósito de hacer cortos cutrillos en video) se hizo con un stand en el “I Salón Star Wars” celebrado en los salones del Hotel Puerta de Toledo... (más detalles de aquel momento mítico AQUI).
El caso es que en ese mítico fin de semana, ocurrieron varias cosas: la primera y más importante, fuimos testigos en primicia del trailer de “La amenaza fantasma”... las primeras imágenes de una nueva película de “Star Wars” en dieciséis años... sin miedo a exagerar, os puedo decir que mi culo se cayó al suelo y tardé varias horas en recogerlo... en aquel fin de semana pude haberlo visto... no sé ¿cien veces? Además, como si fuera el guardían de la puerta... se me asignó su responsabilidad, con lo cual, aparte de ser libre de hacer copias a mansalva (recordad, finales del 98, no mucha gente tenía internet) me encargaba de realizar las proyecciones... y creedme, las reacciones de la gente no tenían precio. Y esa fue la segunda cosa que ocurrió en aquel fin de semana...: la gente. Como alguien que ha estado sumido en la oscuridad muchos años y de repente sale a la luz... descubrí que había más flipaos como yo. Flipaos terminales... mucho peores que yo, que me asaltaban cual jawa sobre un androide, inquiriéndome sobre mi colección de figuritas o sobre mis libros favoritos de “La guerra de las galaxias”. No sólo no estaba solo en el mundo, sino que, sin saberlo, me había convertido en parte de una oscura secta cuyo primer paso de iniciación fue volver a caer en el coleccionismo de figuras (la nueva serie de muñecos se reflotó en 1995, con unos ejemplares más parecidos a He-Man que a Luke Skywalker... y en el que aparecieron muñecos míticos como “Disco Lando” o “Leia Manolo”... aunque esas lamentables primeras figuras fueron dando un rápido paso hacia adelante y convirtiéndose en una simpática colección que mi ánimo completista-yonki fue adquiriendo rápidamente...
La conocida popularmente como "Princesa Leia Manolón"... ¡porque una lider de la Alianza Rebelde también puede ser transexual!
No fue tampoco el único hábito de coleccionista compulsivo que retomé, durante unos cuantos meses me dediqué a coleccionar absolutamente TODO lo relacionado con la saga: álbumes de cromos, revistas, periódicos... grababa los anuncios de la tele, los programas en los que la mencionaban, los telediarios... joder, grababa los putos telediarios por si hablaban del estreno de "Star Wars"... luego vendrían los cereales, las cajas de pizzas, las camisetas... hasta los turrones con la cara de Darth Maul. Finalmente, como una estrella del rock sumida en sus excesos que se da cuenta de que con su adicción a la heroína está perjudicando a aquellos que más quiere... un día me vi rodeado de toda esa montaña de basura y comprendí que había tocado fondo... así que dejé de grabar los telediarios...
En fin, que finalmente llegó el año 1999 y el final de una agónica espera. Y la verdad, aunque todo fue muy confuso, el estreno del Episodio I fue una bonita época que recuerdo con cariño... aunque en muy pocos meses, todo el amor que el mundo profesaba por “La guerra de las galaxias” se convirtió en odio... Por cierto, adivinad quién sale entrevistado en la tele en el cine Kinepolis, momentos antes de entrar a la sala cierto día de agosto de aquel año...
Bueno, si no superáis la vergüenza ajena que produce todo esto, lo interesante está a partir del minuto 1:25... aunque la verdad es que se refleja bastante bien toda la locura que fueron aquellos días.
Y gracias a Dios, me libré de salir en el programa “Cartelera”, me cazaron en el preestreno y pretendían venirse a mi casa a grabar mi colección de muñecos y demás parafernalia freak... entonces me imaginé a mi madre diciéndole al equipo de grabación “pues el niño me tiene frita con tanto muñequito, la verdad... a ver si acaba la carrera de una vez”... y decidí escurrir el bulto...
La verdad es que no creo que le sorprenda a nadie cuando diga que me acabo de perder en ésta maraña de recuerdos y nostalgia más o menos gratuita... esto iba a ser un post algo más conciso... aunque bueno, qué más da. Esto trata de mi amor por “Star Wars” y eso es lo que estoy tratando de difundir... amor, o como mínimo... respeto.
Y voy a empezar por lo más dificil. Porque, joder, es muy fácil amar “El imperio contraataca”. A todo el mundo le gusta “El imperio contraataca”. Hablar de sus virtudes es casi una perogrullada... así que ahí voy yo, valiente caballero de reluciente armadura a defender el honor de los Episodios I al III. Al menos cuando acabe podré decir que lo he intentado... deseadme suerte.
Empecemos por lo que no funciona, para que veáis que soy un tipo objetivo, a pesar de todo.
“La amenaza fantasma” es la primera película de George Lucas en veintidos años. Una ausencia tan larga, por fuerza se tiene que notar. Para mí el principal obstáculo al que se enfrenta este Episodio I es que no tiene historia suficiente para una película de dos horas. O sea, sí que la tiene, evidentemente, pero creo que todo el arco argumental de las precuelas no daba para tres películas, por lo que finalmente el resultado es más parecido a un prólogo que a un primer episodio.
Veamos... obviamente el punto más importante de la historia sería el descubrimiento de Anakin Skywalker y el inicio de su adiestramiento como Caballero Jedi, pero tampoco hay que olvidar el principio del final de la República galáctica que lleva miles de años en activo. Estas dos lineas argumentales se desarrollan a partir de un conflicto comercial en un remoto planeta de la galaxia. Al parecer los fenicios propietarios de la Federación de comercio no están nada de acuerdo con las rutas comerciales establecidas por la República y, como acto de represalia, sitian Naboo, un pequeño y pacífico planeta gobernado por una reina de catorce años elegida democráticamente (sí, a mi también me extraña que eligan a las reinas democráticamente, y encima menores de edad). Todo esto es como si Iberdrola se cabrea y deja sin luz a un pueblo de Málaga porque no le gusta que el gobierno le diga las tasas que quieren ponerle a la luz... nos entendemos ¿no?
Lo jodido es cuando aparece un oscuro Lord del Sith, es decir, alguien extremadamente chungo y poderoso, y de cuya presencia nadie tiene constancia (de ahí la amenaza fantasma), que ha pactado con la avariciosa Federación... lo que quiere este Lord del Sith, es erradicar al planeta Naboo de la galaxia... ¿con qué fin? lo descubriremos en próximos episodios. Como la República es consciente de que la cosa puede convertirse en un polvorín, y su deber es proteger a todos sus planetas miembros, mandan a un par de Caballeros Jedi, guardianes de la paz y la justicia durante generaciones, para negociar una respuesta con la Federación de comercio... pero éstos, obligados por el lord Sith, tratan de matarlos e invaden el planeta... contando con que las autoridades de la República tarden siglos en enterarse (cortando todas las comunicaciones del planeta para asegurarse).
Todo esto lo explico porque había mucha gente que se quejaba del confuso argumento político de la película (que en mi opinión es una de sus virtudes). Como consecuencia de ésta pequeña anécdota (la invasión de un planeta insignificante a cargo de una empresa avariciosa) ocurren dos sucesos determinantes para el posterior devenir de la Galaxia: el senador de Naboo es elegido como canciller supremo de la República y Anakin Skywalker deja de ser un esclavo para empezar a adiestrarse como Caballero Jedi.
¿Por qué el Episodio I decepcionó tanto a tanta gente? Para empezar porque es una película de Star Wars que no recuerda a las películas de Star Wars de siempre. La ambientación es radicalmente diferente, empezando por el exceso de digitalización de decorados y personajes y el hecho de que transcurre 32 años antes de la primera película. Además no hay personajes con los que identificarse fácilmente. Los protagonistas son un niño de nueve años, y dos Caballeros Jedi, más parecidos a monjes de clausura que al prototipo de vaquero intergaláctico que representa Han Solo. Y precisamente por esto, porque el protagonista es un niño, la película es mucho más infantil que cualquiera de las anteriores, y esto implica mucho chiste tonto, y un personaje principal que es, literalmente, un payaso. Jar Jar Binks focalizó muchas de las iras de los fans, y con cierta razón... su presencia rebaja el tono de la historia hasta la infantilización más absurda sí, pero... también tiene sus buenos momentos... como 3PO en las antiguas películas, o Gimli en “El señor de los anillos”. Ni más ni menos. Y vamos, que me digan que el humor que destila Johnny Depp en "Piratas del Caribe" es mucho más sofisticado... Pero estamos con lo negativo...
Porque parte de lo anterior no dejan de ser defectos completamente subjetivos. Sí, coño, subjetivos, porque a mi no me disgustan los decorados retro, ni me importa que no haya un personaje facilillo, ni que el prota sea un niño ni que el tono sea mas infantil (en general, en algunas cosas sí me molesta).
Lo que si es más problemático, es el evidente desapego emocional que se aprecia en gran parte de los actores. Ewan McGregor, que nos deslumbró en “Trainspotting” y alguna otra, tiene que lidiar con un personaje que, a priori, todos pensábamos que tendría mucho más peso. Su Obi-Wan Kenobi es durante casi toda la película, un mero comparsa de Qui-Gon Jinn, cuando todos esperábamos que él fuera el verdadero protagonista. Éste es otro detalle que a mucha gente molestó pero que no debe ser considerado como un defecto, por algo que explicaré más adelante.
Obi-Wan eligió un mal día para dejar la heroína.
Ewan McGregor, como decíamos, parece bastante despistado durante toda la cinta (con la excepción del duelo de sables laser) y, junto a algunos momentos de Natalie Portman, el chaval Jake Lloyd y a algunos secundarios que pasan por allí, parecen un poco zombificados. Parte de la culpa, es evidente, es de Lucas por no dirigirlos con mano más ferrea, pero por otro lado, las excelentes interpretaciones de Ian McDiarmid como el futuro Emperador, Pernilla August como la madre de Anakin y, sobre todo, de Liam Neeson, nos hacen pensar que los grandes actores saben estar bien incluso cuando todo lo demás a su alrededor está mal.
Luego tenemos la debilidad estructural del guión, mencionada antes. Uno pensaría que toda la sección de la película que transcurre en Tatooine, con la espectacular carrera de vainas incluída, está excesivamente alargada, lo cual es más o menos cierto (también se podrían haber evitados pasajes como los de la ciudad gungan, por ejemplo). Pero el caso es que lo que hay, no aburre en ningún momento, que es la principal misión de una película.
Otro problema: los villanos. Al villano principal, ya lo hemos dicho, solo le vemos a través de hologramas, manipulando a los piltrafillas de la Federación, y la verdad, son demasiadas escenas... si os fijáis, cada vez aparece en un holograma diferente... proyectado sobre una pantalla, en un cacharro con patas, sentado, de pie... demasiadas escenas (y lo peor, visualmente mal resueltas) para dejar claro quién es el que manda. Luego están los nemoidianos que invaden el planeta y tratan de matar a los Jedi, los cuales resultan un poco excesivamente patéticos en su caracterización... y entonces entra en liza Darth Maul, el aprendiz de Sith de siniestra figura. Y aqui se encuentra el mayor problema al que se enfrentó la película... la campaña de marketing.
Darth Maul, la imagen del 99 de los turrones Virginia (no es coña).
Desde poco después del primer trailer comenzó la campaña de marketing, cuyo motivo principal se basaba en el rostro de Darth Maul, cobrando de golpe una importancia absolutamente dispar a su presencia en pantalla. Durante meses se nos vendió a Darth Maul como el nuevo villano carismático de la saga, compitiendo en maldad con el propio Darth Vader, lo cual era ridículo porque Lucas es lo suficientemente listo como para no buscarse un nuevo villano que, obviamente, jamás podría superar en carisma a Vader. Darth Maul tiene la presencia y el protagonismo equivalente al de Boba Fett en “El imperio contraataca”... no es, en realidad, el villano de la película, pero nos lo vendieron como tal... y joder, sus escasos diez minutos en pantalla y sus tres palabras de diálogo no llenaron las expectativas de los flipadillos.
Sigamos con el tono infantil, para hablar de Jar Jar... sus chistecitos no molestan en su mayor parte (la escena de la cena en la casa de Anakin es un perfecto ejemplo de que el personaje puede dar juego si se usa con moderación) sin embargo el uso y abuso que se hace de su torpeza y cobardía llega a extremos terribles en la batalla de los gungans con los androides. Evidentemente se quería repetir el esquema de la batalla con los ewoks, pero allí, aparte de las payasadas de éstos personajillos, había mucha más chicha, e, incluso dentro de todo el payaseo, hubo tiempo para que viéramos morir a algún ewok, aquí Jar Jar se carga una escena que podría haber sido muy intensa y que acaba desluciendo el que es, para mi, uno de los mejores climax de la Historia del cine.
Jar Jar Binks: una fiesta.
Aparte de la batalla, claro, también tenemos algún detallito (el pedo del bicho en la carrera de vainas, algo que jamás debería haber salido en una película de Star Wars...). Y enlazando con Jar Jar, la verdad es que no aguanto a Boss Nass (el jefe de los gungans), ni entiendo ese puto tic que tiene en la boca y que le hace babear. Es una de las pocas cosas que no aguanto de la película... es tan gratuito e innecesario y perjudica tanto a los escenas en las que aperece... y lo peor es que sé que está ahí únicamente para provocar la sonrisa de los más jovencitos. Qué pena.
Bien, vale. Hasta aquí los defectos que yo le veo a “La amenaza fantasma”. Uno casi diría después de leerlos que la película no me gustó mucho... ¡error! Una cosa es ser consciente de los defectos de una película y otra muy diferente que no seas capaz de disfrutar de ella. Ahora voy a enumerar las virtudes, algunas más subjetivas que otras.
Para mí, el gran mérito de éstas precuelas es que Lucas las ha concebido como una historia que se escribe hacia adelante. Es decir, para que en el futuro, los espectadores que vean Star Wars lo hagan empezando por el capítulo I y acabando por el VI. Sé que muchos se resisten a aceptarlo pero es así... si visualizas “La amenaza fantasma” como una película independiente se comprenden decisiones como la del nulo protagonismo de Obi-Wan... el ejemplo más evidente de esto lo tenemos en “Alien”. El personaje de Sigourney Weaver, Ripley, no es el protagonista hasta bien avanzada la trama, de hecho, incluso se hace porque nos caiga mal, sin embargo al final resulta la última superviviente de la Nostromo. El personaje crece a lo largo de la cinta, para acabar convertido en inesperado protragonista, exactamente al igual que Obi-Wan cuando se ve obligado a acoger a Anakin como su discípulo. Y, al igual que Ripley, su verdadera definición como personaje, llega en la secuela... Otra prueba de ésto es el detalle de no mostrar nunca el efecto de "hipervelocidad" (esas estrellas estirándose), que pasaría a ser una novedad de la segunda trilogía, o que ningún jedi sea capaz de transformarse en espíritu como luego sí logran Obi-Wan y Yoda en los Episodios IV al VI (se explica al final del Episodio III).
Desde el comienzo con ese texto que se pierde en el espacio bajo la música de John Williams y esa nave espacial con esos efectos sonoros tan reconocibles avanzando hacia el planeta Naboo, yo me sentí como en casa. Cuando los sables laser aparecen por primera vez supe que los dieciséis años de espera habían merecido la pena... Ese primer acto adrenalítico, con los dos Jedis masacrando droides, con el ejército de la federación invadiendo Naboo bajo la ominosa banda sonora... incluso la primera aparición de Jar Jar... puro Star Wars, diversión a tope, lagrimita en mi ojo. Pero entonces llega el mejor momento de la peli, y para mi, casi de toda la saga: la presentación de R2-D2, digna del pedazo de personaje que es. Salvando a la nave de su casi inminente destrucción. Mi alma se eleva cada vez que veo a R2 salvando el día por primera vez.
Entonces llega Tatooine, una predecible caída en el ritmo excesivamente trepidante hasta ese momento, que nos regala el cameo de C-3PO, construido por el futuro Darth Vader en un detalle argumental un poco cogido con pinzas pero que a mi me hizo muchísima gracia... además, qué sentido tiene hacer una precuela de “La guerra de las galaxias” si no metes a 3PO como sea? Entonces llegamos a la carrera de vainas... otra cumbre del cine espectáculo, y ahí la verdad es que no creo que nadie pueda discutirlo. La carrera, con cameo divertidísimo de Jabba incluído, es un disfrute para los sentidos, ejemplarmente planificada y montada, tanto en imagen como en sonido...
Luego tenemos la despedida de Anakin de su madre... hay que tener horchata en las venas para no emocionarse cuando la música se eleva (el tema de la Fuerza, tan estrechamente relacionado con Anakin) mientras el hijo se aleja de la madre sin mirar atrás... sniff... más lagrimitas... Tras un breve enfrentamiento con Darth Maul, deliberadamente poco elaborado (no hay que adelantar el gran climax de la película) nos adentramos en la mejor parte, el politiqueo de Coruscant, la capital de la República, donde somos testigos de la corrupción, la burocracia, el abuso de poder y el estilo de vida Jedi y, oh no!, la infame explicación de los midiclorianos... algo que levanta ampollas...
Pausa para explicar lo de los midiclorianos: Existe la equivocada concepción de que al meter esta suerte de justificación científica para explicar el funcionamiento de la Fuerza, Lucas se cagó en su propio jardín, al perder el caracter místico e incognoscible de este “campo de energía que rodea a la galaxia”.
Coño. Que no.
Los midiclorianos, según palabras de Qui-Gon, son seres microscópicos que habitan en todos los seres vivos. En todos. Las margaritas y los cerdos también tienen midiclorianos... Estos bichitos nos comunican con la Fuerza, de forma que, con el debido entrenamiento podemos ser capaces de manipularla como hacen los Jedis. Entonces, ¿qué diferencia a los caballeros Jedi del resto de personas? ¿su número de midiclorianos? ¡¡NO!! ¡Error! Lo que diferencia a un Caballero Jedi de una persona normal es su capacidad y su habilidad para comunicarse con la Fuerza... capacidad que sólo puede desarrollarse con el debido entrenamiento. El número de midiclorianos que habita en tu cuerpo sólo te dice el potencial que tienes para usar la Fuerza... pero sin el entrenamiento, los millones de midiclorianos de Anakin son tan inútiles como los pocos cientos de Jar Jar. Como dice Yoda “su energía nos rodea y nos une, debes sentirla a tu alrededor entre tú y yo, el árbol, la roca... todas partes”... la Fuerza sigue siendo una energía mística de explicación incognoscible, solo que ahora tenemos una base científica para explicar por qué podemos manipularla. La Fuerza es como internet, y los midiclorianos son el ratón... que tampoco es tan grave.
Además, coño, seamos serios, los midiclorianos son una excusa de guión para poder explicar porqué el personaje de Anakin es tan poderoso. Es así de sencillo, y asi de cutre, como el Arquitecto de (perdón...) “Matrix reloaded”.
Después llegamos por fin al climax de la peli, donde mi corazón saltaba de alegría con el duelo entre Qui-Gon, Obi-Wan y Darth Maul, con el asalto del palacio por parte de la reina Amidala y con Anakin pilotando su Naboo Fighter por el espacio... incluso un poco con la batalla de los gungans también, qué coño. La energía de estas escenas me parece que compensa de sobra los posibles defectos de la anterior hora y media, aunque sí que me choca el montaje un poco torpe en la muerte de Darth Maul...
También me gustaría destacar, pese a que en general las interpretaciones estén un poco deslucidas, que el comienzo de la relación entre Anakin y Padme está perfectamente plasmado. Creo que sus escenas juntos son los mejores momentos de sus personajes y que planta ejemplarmente la semilla de lo que luego se desarrolla en el segundo episodio. Me quedo incluso, con esa sonrisa que intercambian en la celebración final, una radiante Natalie Portman y un Jake Lloyd con mirada de orgullo. Y por supuesto, el papel de Liam Neeson, cuyo Qui-Gon Jinn rezuma credibilidad en todo momento, otorgándole a la película un peso enorme y absolutamente necesario. Que pena que no incluyeran un cameíto al final del Episodio III, coño, con lo potente que hubiera sido volverle a ver... pero claro, ya explicaré en su momento por qué no existe tal cameo.
Como digo, la sensación objetiva final es que dos horas son demasiadas para contar tan relativamente pocas cosas, sin embargo, la diversión sin limites que proporciona debería estar por encima de las excesivas expectativas que los fans volcaban en esta película. La cuestión a defender es que se trata de una película muy diferente de la primera trilogía... necesariamente diferente. Además, creo que el tono excesivamente infantil es deliberado, bueno, no el “excesivamente”, pero sí que creo que la película busca en todo el momento el espíritu de peli de aventuras positiva y luminosa, que la hermana al Episodio IV, si bien en este caso el infantilismo tiene un argumento justificado en el protagonismo del niño... de forma que el tono de la presente trilogía vaya madurando a medida que Anakin va creciendo y acercándose al lado oscuro. De nuevo otra forma de construir las precuelas hacia adelante, en lugar de buscando la constante referencia a las películas originales.
Una vez analizada la película me gustaría detenerme un poquito para hablar de la música de John Williams. A lo largo de toda la saga, la música ha hecho tanto por la historia como las imágenes en sí mismas. Desde ese “Main tittle”, la fanfaria rebelde, el tema de la Fuerza (relacionado con Ben Kenobi en un principio) a la alucinante melancolía del tema de la Princesa Leia, "La guerra de las galaxias” entraba en otro nivel desde su mismo comienzo. El cuidado y las cantidades incontables de talento que Williams puso en la elaboración de la saga con la posterior música de “El imperio contraataca” y “El retorno del Jedi” ponían el listón increíblemente alto para este Episodio I y, al igual que el resto de la película, la música cogió a todo el mundo desprevenido... con ese “Duel of the fates” lleno de coros, y tan tremendamente épico que era, al mismo tiempo, tan y tan poco de “Star Wars”. Más predecible fue el tema de Anakin, en la línea del de Luke o Leia, aunque sin llegar a esos extremos de grandeza.
Luego teníamos la música recurrente, que nos enlaza con la trilogía original y va tejiendo un complejo entramado musical de leit motivs... el tema de la Fuerza (alucinante cuando Qui-Gon intenta destrozar la puerta para llegar hasta el puente de mando de la nave de la federación), el tema del Emperador de "El retorno del Jedi", directamente ligado al lado oscuro de la Fuerza y, de forma muy breve, el tema de Yoda (al final de la película, en la conversación con Obi-Wan), que al poco deja oír de forma extremadamente sutil los primeros acordes de la marcha imperial (el tema de Darth Vader), cuando Yoda expresa la desconfianza que le provoca Anakin (por cierto, no la he comentado antes, pero pedazo escena).
La música, en fin, volvió por la puerta grande. Y a esperar otros tres años hasta el Episodio II.
En nuestro próximo capítulo trataré de abarcar los Episodios II y III, con un poco de suerte, habré terminado para el 2010...













Jaime Pressly, en mi casa de la playa.


latumbasinnombre dijo
Te lo has currao, copón...
Vamos a crear un poco de debate... A mí me gusta el Episodio I y el III, y si el II no me gusta es porque me parece que es una mala peli, con uno de los agujeros de guión más grandes de la historia, no porque traicione a Star Wars y bla, bla, bla... Pero de eso hablaremos cuando sueltes el próximo artículo.
Estoy de acuerdo con casi todo lo que comentas del Episodio I, ni creo que Jar Jar sea tan horrible (salvo en la puta batalla final, donde se limita a hacer de Steve Urkel), ni que el argumento sea confuso (me pasó algo así como cuando se estreno Misión Imposible, que a todo el mundo le parecía difícil de entender, y a mí me parecía que su único fallo era, precisamente, un argumento demasiado previsible), ni que el politiqueo esté fuera de lugar... Y estoy de acuerdo en todo lo negativo que comentas, pero he de discrepar en una cosa: no creo que la nueva trilogía funcione vista antes de la antigua...
Lo siento, no me parece que estén pensadas como priemras partes, sino como precuelas puras y duras, como la del Exorcista o la de La Matanza de Texas, en las que los guiños a las siguientes son eso: GUIÑOS, no verdaderos hilos argumentales.
Tú mismo lo dices: ¿qué pinta C3PO aquí si no satisfacer el hambre de los fans?, ¿o Jabba (en un cameo que ni me parece divertido ni bueno ni na de na, ahí tampoco estaremos de acuerdo)?... ¿Funcionan esas apariciones di no sabes quiénes son los personajes en cuestión?: yo creo que no y te pongo un ejemplo: ¿Tú crees que la aparición de Joda en El Imperio Contraataca puede funcionar como lo hizo con nosotros si ves primero la nueva trilogía? Ya no te preguntarías quién es esa cosa verde y molesta, sino por qué el maestro de maestros tiene demencia senil.
En general, creo que ese es el fallo que tienen las nuevas pelis, ser demasiado condescendientes con el fan... que sí, que son los que dan de comer a Lucas (bocatas de cavir, por lo menos), pero si se hubiera centrado en narrar lo que tiene que narrar sin bajarse los pantalones cada dos minutos, otro gallo le hubiera cantado.
Y de Jango Fet hablamos en el próximo post, ¿ok?
16 Abril 2008 | 11:35 AM