A vueltas con el matrimonio
A vueltas con el matrimonio
Dicen que el matrimonio concebido como unión entre un hombre y una mujer es una institución cultural ya superada por el devenir de la vida social. Dicen que el matrimonio ya no posee esa nota de durabilidad, ni complementariedad que poseía por las circunstancias históricas que motivaron su aparición. Dicen que lo importante en la adopción es el derecho del niño a tener un hogar donde se le quiera, independientemente del sexo de los adoptantes. Dicen que todo esto está ampliamente demostrado y que cuenta con un amplio apoyo social.
Sin embargo, este estilo de vida que ahora se alegaliza convirtiéndolo en una forma más de convivencia sexual, es el que encontramos mayoritariamente en la sociedad de principios del siglo XXI, y que sigue teniendo su reflejo fisiológico y psicológico en la mayor parte de los hombres y mujeres de hoy ¿será que no hemos evolucionado al ritmo de los intereses de unos pocos?¿será por eso que se pretende pluralizar una forma de vida que existe desde el principio de los tiempos vaciándola de contenido? Porque es eso lo que se hizo con la modificación del Código Civil en materia de matrimonio y adopción: vaciar de sentido la palabra “matrimonio”, como tantas otras palabras y pretender que la función social que realiza el matrimonio real y naturalmente constituido, la puede realizar cualquiera. 
Que se puedan tener hijos al margen de la sexualidad no significa que sea la mejor manera de engendrarlos; que un niño necesite un hogar no significa que lo mejor sea cualquier hogar. Que algunos matrimonios entre hombre y mujer tengan problemas o no lo vivan como lo pide el término no significa que ya no sea tan válida esa forma de vida o deje de desempeñar su función social, de enriquecimiento y comunión entre las personas y foco de verdadera ciudadanía.
En definitiva, que el matrimonio sigue siendo lo que es, a pesar de haber sido desprotegido por un mal entendido pluralismo: la base de subsistencia de la propia sociedad y el ámbito idóneo para ese largo proceso de crecimiento y maduración de los niños al que la paternidad conduce. Y que es una pena que la democracia en España sea hoy otra palabra vacía, tal como demuestra este desprecio del Congreso a las firmas presentadas para esta ILP.
Begoña Cal
