¡Ay, ay, ay, qué trabajo nos manda el Señor!
No sé si a vosotros os pasa. Pero yo, cuando llevo mucho tiempo sin trabajar echo de menos ser útil y hacer algo productivo; sin embargo, una vez que estás dentro, se te pasan las horas lentas y estás deseando salir, ¿por qué esa contradicción?
Dicen por ahí: "Si el trabajo es salud, viva la enfermedad", "De mucho descansar, nadie murió jamás", "Si ves a quien descansa, ayúdale"... y cosas por el estilo, pero como todos pensáramos lo mismo, la llevávamos clara.
Llevo unos meses sin trabajar (aunque estudiando, que también es trabajo) y pronto me incorporo de nuevo a la vida laboral con su responsabilidad, ajetreo, eterno aprendizaje... y por un lado me asusta (cambio de oficina, de pueblo, de jefe, de compañeros) y por otro, me satisface hacer mi labor como mejor pueda y conocer gente nueva que siempre te abre nuevos horizontes, pero, eso sí: Sigo pensando que madrugar, es una ordinariez.
