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misentrevistas

19 Diciembre 2006

Rodrigo Fresán

Me saluda en un pasillo de la Feria del Libro de Guadalajara 2006, y quedo con él en su hotel, el Hilton, por la tarde. Le entrevisté por primera vez en el 2004 en un festival de literatura que hubo en Barcelona, y después vino una vez al programa con Enrique Vila-Matas, y comimos los tres juntos antes de la grabación. Nos reímos mucho.

Le abordo sin pensarlo porque es de esas pocas personas a las que da gusto entrevistar. Porque ante la más sencilla pregunta, se nota que disfruta, que la lectura es su pasión,y le gusta hablar. Sus contestaciones son lo más alejado del monosílabo que te puedas encontrar. Transmite entusiasmo, tanto, que cada respuesta te traslada a otra situación, a una charla distendida sobre libros en la barra de un bar. Fresán te hace olvidar que estás trabajando. Yal escucharle parece que lo único que hace ensu vida es leer, yuno se pregunta cómo le dará tiempo a vivir después. Porque es tan pasional con este tema que parece que miente. Omiente.Pero todo el mundo miente y Fresán miente bien. El caso es que disfruta contestando. Además es muy anglófilo y a mí eso me gusta. Me gustan sus libros y su criterio literario.Y personalmente descubrí que es un hombremuy tierno. Así que queda claro que me cae muy bien Rodrigo Fresán.

Cuáles son tus primeras impresiones sobre la feria.

A mí la feria de Guadalajara me gusta mucho, me la paso muy bien, he venido muchas veces, tiene un alto valor sentimental para mí porque conocí a mi esposa aquí, y tiene su gracia. Las ferias tienen su gracia en el sentido de que es como que por un número de días parecería que el planeta está sólo poblado por escritores y por lectores. Por suerte también es efímero porque sería terrible, un planeta sólo poblado por escritores con esa cantidad de egos rampantes y pilas de libros y miradas de costados o por encima del hombro a ver qué está haciendo el otro. Pero tiene su gracia, está bien. Las ferias, por suerte, funcionan en dosis homeopáticas, son pocos días, son tratamientos breves y contundentes. Está bien.

Pero cómo llevas que te aleje de tu mesa de trabajo tanto tiempo.

De un tiempo a esta parte, parece que al escritor se le exige cada vez más que esté. Que esté casi por delante del libro. Yo creo que la culpa de todo la tiene Charles Dickens, que fue el primer escritor que empezó a hacer tours, y a viajar, y a promocionar sus libros, a hacer lecturas públicas. En un orden ideal de las cosas, los libros deberían ser mucho mejores que los escritores que los firman. A mí me parece que un escritor siempre es peor que su libro, o por lo menos debería ser así.

¿Me puedes descubrir algún autor mexicano que en España no sea muy conocido?

Bueno, ahora acaba de salir una novela de un escritor mexicano nuevo, una primera novela, el escritor se llama Martín Solares y la novela se llama Los minutos negros, salió en Mondadori ahora hace muy poco en España, y es muy interesante, a mí me gusta. Yo creo que una novela que transcurre en México ya tiene una ventaja de entrada porque en México todo es posible. No hay límites para la verosimilitud. También por eso, si lo piensas un poco, México probablemente sea el país que mayor número de novelas ha generado de escritores de fuera de México y muchas de esas novelas son verdaderos clásicos, como Bajo el volcán o El poder y la gloria, o muchos libros de los Beatniks, de Burroughs o de Kerouak... O Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Por aquí ha pasado muchísima gente y siempre, cualquiera que haya pasado se ha ido con una historia buena.

¿Me puedes destacar algo que te haya soprendido del año 2006? Es para un programa que vamos a hacer, un resumen del año literario.

A mí me cuesta un poco pensar en términos de años en general.

Libros, editoriales que hayan surgido, los premios que se han concedido...

Bueno, tanto el Nobel como el Príncipe de Asturias me parece que premian a un tipo de escritor bastante similar, que son grandes contadores de historias, grandes narradores, que tienen mucho gancho, no me parecen mal, podrían haber cosas muchísimo peores, digamos. De todas maneras mis candidatos para el Nobel no han ganado. Yo quería que ganase Philip Roth, que ya le tocará, pero yo quiero que gane Bob Dylan, que me parece que sería un escritor y un Nobel que le haría mucho bien al premio, porque abriría un poco el juego y además introduciría la idea de que la canción o el territorio de los “songwritters” también es literatura. Si la poesía es premiada, no veo por que no los autores de canciones no puedan ser premiados también. Philip Roth yo creo que lo va a tener, Bob Dylan me parece un poco más dificil.

Y en cuanto a publicaciones, ¿qué destacarías de este año?

Salen muchísimas cosas, yo creo que es un poco incómodo hacer este tipo de comentarios, que salen demasiados libros, porque también está el comentario complementario de que nunca hay demasiados libros, siempre tiene que haber más libros, pero la verdad que a veces es un poco dificil leer todo lo que uno tiene ganas de leer. Yo, de lo que he leído que me ha gustado mucho este año, es, bueno, en inglés, que se va a traducir al español, estoy leyendo ahora la novela de Thomas Pynchon, la nueva, Against the day, que ha tenido muy malas críticas en Estados Unidos, por motivos que yo no entiendo porque es exactamente igual en forma y en contenido e intenciones a todas las otras obras de Thomas Pynchon siempre muy celebradas. Me ha gustado mucho The Lay of the Land, la nueva novela de Richard Ford, que es la tercera parte de una trilogía que se inició con El periodista deportivo y El día de la independencia. Y en español, que haya salido últimamente, el último de Murakami, Kafka en la orilla. Es un escritor que en España, finalmente, ya era hora, está comenzando a recibir lo que se merece y a título muy muy personal, porque yo estoy un poco involucrado en el proyecto, se ha editado Bullet Park, que es la novela que faltaba de John Cheever. Hay muchos libros más, la verdad. Yo creo que si a uno le gusta leer, tiene que leer varios libros al mismo tiempo, no hay otra forma de agotar el caudal de lo que a uno se le viene encima.

¿Estás esperando algo especial para el 2007?

Hay una novela que estoy esperando, que debe estar a punto de salir en Estados Unidos, que es la novela que transcurre en Vietnam de Denis Johnson, un escritor que a mí me interesa muchísimo.

Bueno, ahora voy pasar a hacerte una serie de preguntas-cotilleo. ¿Cómo es el lugar donde escribes?

¿El estudio? Bueno, yo estoy pasando por un momento un poco extraño, de transición, traumático, porque lo que era mi estudio se convirtió en el cuarto del bebé. Entonces hubo todo un movimiento de giros, de los ambientes de la casa, y mi estudio terminó en lo que era antes una especie de rincón donde había una cama huéspedes. Entonces ahora estoy más como... como encajonado. Yo pensaba que eso me iba a molestar un poco pero está bien. Me gusta la idea de tener que sentarme ahí, estar encajonado y a penas tener espacio , y que la silla a penas entre entre dos escritorios enfrentados. A mí no me cuesta nada escribir, me resulta muy fácil escribir pero me cuesta muchísimo sentarme a escribir. Entonces, al estar tan encajonado ahora, una vez que consigo sentarme, me cuesta mucho levantarme, entonces parece que es una buena... creo que ha mejorado la situación, realmente. Y nada, son dos escritorios de cristal transparente, a penas dejan una especie de hueco en el medio donde yo estoy con una silla girando de uno al otro. En uno tengo el ordenador donde escribo periodismo y la no-ficción, y en el otro el ordenador donde escribo la ficción, porque no creo que deban mezclarse esas dos personas. Es un poco como el Dr. Jekyll y Mr Hyde, con dos personalidades, así, girando.

¿Hay ventana, escuchas música?

Sí, se escucha bastante música. Tengo algunos Cds que me han acompañado siempre como música de fondo. Por ejemplo, me gustan mucho las Variaciones Goldberg tocadas por Glenn Gold, me gusta bastante la música de películas, determinados soundtracks, tengo una ventana arriba, pequeñita... No tengo grandes necesidades, soy un escritor que se adapta bastante bien al medio.

¿Y cuando viajas escribes?

Cuando viajo tomo notas, pero son frases sueltas. El proceso de escritura para mí, a lo largo de los siete libros que llevo, cambió bastante, en el sentido de que yo, cuando empecé a escribir, las historias me venían completas y hechas. Yo siempre decía que la sensación que yo tenía era como estar en un muelle y que el barco llegaba al muelle y bajaba la gente y yo sólo tenía que describir lo que venía, porque venía todo armado. Y en cambio ahora es alrevés. Me llegan como frases sueltas, como rumores, y la sensación es que el barco está en alta mar y yo tengo que ir hasta el barco, y a veces el barco se hundió, y yo tengo que ponerme el traje de buzo y descender a las profundidades a ver qué rescato de todo eso. Es al revés. Antes yo tenía el esqueleto y tenía que vestirlo, y ahora tengo que armar el esqueleto.

¿No tienes ninguna manía? No sé, respecto a la comodidad de la ropa, la luz...

Bueno, hay días que me gusta más escribir descalzo, si se puede, pero creo que cada libro propone sus propias manías. No he mantenido ninguna cábala ni ninguna constante a lo largo de todos los libros, porque son armas de doble filo. Creo que luego uno termina... es un poco como la religión. Uno termina creyendo y poniendo cosas fuera del libro, o fuera de la propia capacidad, o fuera de la propia responsabilidad. Está como pidiendo a fuerzas ajenas y extrañas que solucionen problemas que tiene que solucionar y enfrentar uno.

¿Y en cuanto a horarios?

Lo mismo. Cada libro me ha propuesto un poco su propio ritmo. Hubo un libro que lo escribí durante una semana, una novela, Esperanto; Vidas de santos es un libro de escritura completamente nocturna, lo escribí de noche, y ahora cada vez estoy más diurno. Por las mañanas. Generalmente, después de tomar un par de tazas de café y en el orden ideal de las cosas, para mí lo mejor es empezar a escribir sobre las nueve para a la una y media o dos haber terminado. Después soy bastante idiota a partir de esa hora.

¿Y para leer? ¿Tienes manías?

Leo donde puedo. Leo todo el tiempo, la verdad. En la cama leo bastante, lo cual no es bueno para la espalda, me dice mi médico. Pero a veces tengo así como un sueño de gastar una cantidad importante de dinero y comprarme uno de esos sillones magníficos de lectura, pero me da miedo porque entonces no me levanto nunca más ya. Me quedo para siempre ahí y me transformo en una especie de tarado cataléptico en el sillón, para siempre.

¿Cómo tienes los libros? Ordenados, desordenados...

Las bibliotecas, estoy totalmente convencido de que son organismos vivos. Toda idea de orden o toda intención de orden sucumbe casi inmediatamente, es imposible que en mi biblioteca, manteniendo cierto orden, me resulte casi siempre imposible encontrar un libro, voy a ese lugar y estoy seguro de que está y no está, no lo encuentro, revuelvo toda esa parte, y luego al día siguiente está exactamente ahí. Son seres extraños, las bibliotecas. Me dan un poco de miedo.

¿Te molesta que se maltraten los libros? Que se abran del todo dejando el lomo cortado por la mitad...

Me pone total, completa y absolutamente nervioso. O sea, a mí hay una cosa que me produce escalfríos que es cuando alguien entra en una librería y hace así (hace el gesto con las manos de abrir del todo un libro, como partiéndole la espina dorsal) para ver un libro, y no lo ha comprado. Digo “pero ¡qué te pasa! ¡animal!” Cuando veo que hacen algo así a un libro mío es... pueden ser muchas, muchas horas de mal humor. (Se está hasta poniendo nervioso de pensarlo) He llegado a comprarme libros que me gustan varias veces hasta conseguir la perfección absoluta e inmaculada de la portada.

¿Y no tienes problemas de espacio?

Sí, sí tengo problemas de espacio. Cada tanto hago una purga, que es algo un poco doloroso porque sientes que estás arrojando a gente por la borda, pero no hay otra, eh? No hay otra. El criterio que debería imperar en realidad y que mucha gente con autodisciplina es el que impone, es no conservar los libros que sabes que no vas a volver a leer nunca más, pero yo no, no puedo. De hecho, hay libros que me he comprado hace dos o tres años y no los he leído todavía pero tengo una necesidad física de tenerlos. Así como hay escritores de los que tengo la obra completa y me los reservo para un determinado momento de la vida que no sé cuál es, pero que estoy seguro que el libro y el autor, o el fantasma del autor, se va a arreglar para comunicármelo.

¿Qué clásico que sabes que vas a disfrutar, no has leído aún?

Uy, te podría decir hasta una obra completa. Yo tengo una asignatura pendiente bestial que es Faulkner, por ejemplo. Y tengo la obra completa, me la fui comprando de a poco. He hecho una inversión de dinero importante porque lo que leí de Faulkner lo leí muy chico, muy mal, en muy malas traducciones, de aquellas completamente canibalizadas y destrozadas y estoy seguro que va a ser un escritor que me va a marcar muchísimo, y me va a influenciar muchísimo, pero yo creo que hay que tener mucho cuidado. Uno tiene que exponerse a esas explosiones atómicas con cierta responsabilidad y en el momento que corresponde. Me pasó con Proust también. Quiero decirte, son escritores que cuando uno los lee tiene que asumir el riesgo de que te pueden cambiar por completo tu idea de la literatura y de la escritura. Es material muy sensible.

Cuando estás muy metido en la escritura de un libro, ¿te cuidas a la hora de elegir las lecturas para que no te influyan?

Sí, cuando estoy muy metido en un libro de ficción, generalmente trato de leer no-ficción. Por una cuestión de que en la no-ficción hay un montón de soluciones cuando uno está escribiendo ficción. Hay muchos datos, muchas ideas, hay muchas cosas reutilizables. La prosa es mucho más digestiva, si lees libros de no-ficción formidables. Pero sí, trato de que a la hora de la escritura muy exigente o en el momento más intenso de la escritura, tener al lado un material que no me distraiga demasiado y que, fundamentalmente, no me haga consciente de lo malo que soy ante eso que estoy leyendo.

¿Y la poesía?

Yo soy un pésimo lector de poesía. He leído muy, muy, muy poco. En realidad mi máxima exposición a la poesía son los discos de Serrat sobre Miguel Hernández y Machado. Y me gustan algunos poetas, Dylan Thomas, me gustaban los poemas de Bolaño también, pero soy un pésimo lector de poesía en cuanto a que soy completamente incapaz de discernir qué es bueno y qué es malo en poesía. Mucha gente, sin embargo, cuando leen mis libros, piensan que soy un lector de poesía curtidísimo y que sé mucho, porque hay muchas imágenes que me dicen que son poéticas en mis libros, pero no tengo la menor conciencia. Tal vez por eso no leo poesía. Porque, tal vez, si leyera poesía me estropearía esa parte que es bastante refleja y salvaje y que tal vez no necesita de un manual de instrucciones o de una percepción teórica sobre la práctica.

¿Hay algún tipo de libros que no leerías nunca?

No, no. He leído El Código da Vinci por curiosidad. A mí me gustan mucho las novelas tipo El Código da Vinci, las novelas conspirativas. Por eso puedo decir con autoridad que El Código da Vinci es muy mala. Pero lecturas que no haría nunca... emmm... Sí, probablemente sí. Pero no sé cuáles son. Hay una cosa que a mí me impresiona mucho que es que con el tiempo yo tengo recuerdos de cuando era joven de haber empezado libros y haberlos dejado por la mitad. Y con los años uno va desarrollando un olfato mucho más fino y dificilmente se equivoca. También es cierto que la lectura se sistematiza mucho más y entonces uno tiene más idea de por dónde se mueve y a qué se parece este autor, etc, etc, lee mucho más crítica, entonces está más orientado... Uno tambien se convierte en un lector mucho más especializado y se concentra en un determinado género, en un determinado país o en una determinada época, incluso. Así que es difícil. Pero por eso te digo, los libros que no leo no sé cuáles son porque ni los veo, no los registro si quiera.

Tags: rodrigo, fresan

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Bermúdez

Bermúdez dijo

Si le dan el Nobel a Bob Dylan también se lo pueden dar a doña Concha Piquer. A mi "tatuaje" me gusta mucho. (ya sé que no lo escribió ella, pero ¿a quién le das el premio, a quien se inventa la historia o a quien te la cuenta?)

O a los Panchos, qué carajo, defendamos el castellano!!

20 Diciembre 2006 | 03:04 PM

almu

almu dijo

jajajaja pues sí, qué narices.

20 Diciembre 2006 | 03:11 PM

frank

frank dijo

Hice un link de tu blog y tomé un pasaje de la entrevista para el blog de Dylan Thomas. Gracias.

27 Diciembre 2006 | 06:32 PM

almu

almu dijo

Lo acabo de leer.

¡Gracias!

28 Diciembre 2006 | 10:06 AM

Arturo

Arturo dijo

LLegué aquí por Frank Báez y porque me encanta Fresán. Tengo pendiente leer su obra de ficción pero sigo religiosamente sus artículos. Estoy totalmente de acuerdo con él que el Nobel hay que dárselo a Bob Dylan.
Gracias por esta entrevista...

3 Mayo 2007 | 08:09 PM

Romerales

Romerales dijo

Yo voto por Los Panchos - para el Nobel, quiero decir.

3 Mayo 2007 | 10:09 PM

nano 1989

nano 1989 dijo

bueno, nada mas q decir, simplemente fresan es un genio del mimetico bajo en su libro "vidas de santos" que por cierto lo he leido como tres veces, ese libro me causa un sentido de extaxis, algo asi como lo que describia Rimbaud, lo mejor de sus libros es vidas de santos aunque a muchas personas piensen que es una estupides.

9 Mayo 2007 | 08:56 PM

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Sobre mí

Almudena Montero. Periodista, escritora.

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