Muerte súbita
Llevo varias noches en casa dedicada a reescribir estas entrevistas a escritores, reviviendo las situaciones, describiendo detalles y releyendo dedicatorias que las convierten en reales, ya que el otro día cometí el error de enseñarlas, y vi que así no parecen otra cosa más que fríos cuestionarios hechos por la máquina de tabaco del bar de la tele. Me lo estaba pasando en grande recordando cómo una procesión de segovianos vestidos con trajes regionales, portando bandejas con cochinillos asados y armados con estruendosos tambores, me destrozaron el sonido de la entrevista que le hice a Martin Amis. O la vergüenza que pasé con Julian Barnes, al que tuve que entrevistar de rodillas, en una posición tan absurda que ni su educación inglesa consiguió borrar de sus ojos la lástima que yo le provocaba. Jamás olvidaré esa mirada. El caso es que anoche, de pronto, el ordenador se colgó. Hizo un sonido corto como el de una gota que apaga un cigarro, y murió. Y como una no es nueva o lo es pero sólo un poco, tengo copias de seguridad de todo menos de eso, de mis recuerdos. Así que me toca volver a hacerlo. Volver a recordar, a describir, a pasar vergüenza y también a disfrutar escribiendo.
El viernes pasado estuve en la entrega del Premio Alfaguara de Novelade este año, en la que un ganador absolutamente desconocido, Luis Leante, aparecía en una pantalla desde la que charlaba incrédulo con Mario Vargas Llosa, a quien nosotros teníamos delante. Daban ganas de gritarle: "¡Que no es un guiñol!", porque sus caras de asombro recordaban más a una broma televisiva que a la entrega de un pedazo de premio. En mi mesa, Benjamín Prado y un periodista de cuatro, se peleaban por ganar la atención de Fernando León de Aranoa, que me ha prometido una entrevista sobre sus lecturas, sus vicios a la hora de escribir, y sus manías, y me fui de allí con ganas de haberle preguntado mil cosas a ese profesor de Latín de Murcia, al que aún no puedo leer porque no se ha publicado el libro todavía.
Pero me acaba de llegar Exégesis de los lugares comunes de Léon Bloy, publicado por Acantilado, así que ya tengo plan para esta tarde, porque por la noche me toca batidora de recuerdos con mi ordenador nuevo.

jesús dijo
Hola Almu.
Yo me acabo de comprar equipo informático nuevo y estoy encantado con él. Es un portátil pequeño para poderlo transportar pero resulta que no me apetece transportarlo. Me apetece viajar ligero.
¿Tienes una perra?
19 Marzo 2007 | 12:14