SUCEDIÓ EN PEREIRA. (parte uno)
-¿Qué tal Ana?- le dijo sonriendo- ¿Cuánto tiempo sin vernos?
-Si muchísimo ¿Qué haces en Pereira? ¿Estudias aquí?
-No, estoy por trabajo. Me dijeron que estudiabas en esta universidad y quise hacerte una visita- Su media sonrisa hizo que a Ana se le erizara la piel- ¿Quieres tomar un café conmigo?
-Sí claro.- dijo ella algo aturdida
Él la condujo hasta su coche, un chevrolet gran vitara algo destartalado, pero que combinaba a la perfección con su porte de chico misterioso. ¿Qué hacia él en Pereira? En el instituto siempre había sido el chico conflictivo y aislado. Ana fue su única amiga y quien le ayudaba con las asignaturas difíciles. Al acabar las clases no lo volvió a ver. Su pelo castaño, sus ojos tan azules como el cielo y el mar de una isla imaginaria, su metro ochenta de estatura, todo, todo... se había esfumado. Menos aquel sentimiento de amor platónico, que había golpeado a Ana desde el primer día en que le vio.
Se disponía a subir al coche, pero de pronto llegó hasta su mente un viejo rumor que escuchó unos días antes de partir hacia Pereira, rumbo a su vida universitaria
<< Sabes que ese amigo tuyo tan raro, Pablo creo que se llama ¿no?, dicen que anda en malos pasos. Lo vieron con un narco, he oído que es su guardaespaldas... y su chico-para-todo, tú ya me entiendes...>>
-Pablo... creo que mejor me voy a casa- dijo Ana con recelo- esta semana tengo parciales y debo estudiar.
-Pero Ana, llevamos tres años sin vernos. Tú la única amiga que he tenido, ¿me vas a rechazar un café?
Un sentimiento de vergüenza inundo a Ana, se sintió muy estúpida por desconfiar de quién había sido su amigo durante sus últimos años de adolescencia.
Entraron en una cafetería y se pidieron dos capuchinos para llevar y un par de panecillos rellenos de queso. Aparcaron el coche en un alejado paraje llamado “el mirador de la esperanza”. Estaba completamente desierto y junto con el atardecer, creaba en Ana una expectativa romántica, que la dejaba algo intimidada.
-Así que estás aquí por trabajo – le dijo Ana mientras mordisqueaba el panecillo
-Sí- respondió Pablo mirándola intensamente a los ojos
-¿Y en que trabajas?
-Bueno Ana, la verdad es que en este momento tú eres mi trabajo
-¿Qué quieres decir?- preguntó ella con una sonrisa nerviosa
- Que me han contratado para matarte- le sentenció, mientras agarraba de forma brusca su pelo y lo retorcía en su mano derecha, con la otra sujetaba una navaja tan cerca de su cuello que el frío acero le congelaba la sangre en las venas
-Perdón Anilla- Dijo con un susurro- Siempre te lo decía: Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza.
Ana sintió un sordo golpe y su cabeza sonó como un tambor... De repente se sintió envuelta en una angustiosa oscuridad.








naná dijo
joe nena! menudo relato! sobrecogida me has dejado... fiate de los amores platónicos que vuelven de pronto...
un relato impresionante!
besos guapa
17 Abril 2008 | 10:40 PM