SUCEDIÓ EN PEREIRA (Parte tres)
Ana no supo discernir qué la estremeció más, Si el dolor y la mordaza que llevaba en la boca, o el ver que estaba a punto de ser violada por partida doble. La austera habitación estaba compuesta por una cama de sabanas que en algún tiempo fueron blancas, una mesa con utensilios que Ana supo eran de tortura (pues en ella brillaba el alicate con el que le habían arrancado la muela), la silla en la que estaba atada y una cámara de video que apuntaba directamente a la cama. El chico del pendiente se acariciaba la entrepierna por encima de su desgastado calzoncillo, mientras le decía: -A ver mamita, con lo buena que usted está y como de todos modos la vamos a mandar al otro barrio, mi parce y yo hemos pensado en darle una alegría al cuerpo. Así que como dicen por ahí: “Relájese y disfrute”. El musculoso abrió una navaja y se acercó a ella mientras bailaba en plan estriper. Se puso detrás y empezó a restregarle el filo de aquella navaja por uno de sus brazos, lentamente, como en una caricia demoníaca. Ana se atragantaba con la saliva y la sangre que no había parado completamente de brotar de su encía, cuando sintió que la navaja rasgaba las cuerdas que la mantenían atada a la silla. La levantó de un solo empujón y Ana cayó al suelo, partiéndose su ya hinchado labio. -Mierda parce tenga cuidado. No ves que está toda llena de sangre, que asco tirarte a una hembra así. Mírela, le reventó la boca, ni modo de ponerla de rodillas. Que tal que ésta nos pegué algo, esas niñas ricas son muy depravadas. -No pasa nada hermano, cálmese que ésta aún nos aguanta un buen rato- concluyó con una sonrisa lujuriosa Cerró la navaja con una mano, mientras con la otra alzaba a Ana estirándola del pelo. Volvió a atarle las manos por las muñecas y la lanzó sobre la cama. Ana no podía ni llorar, sentía que el pecho le ardía, y que la cabeza le palpitaba de forma ensordecedora... sólo quería que acabara, sólo quería despertar, aunque sabía que aquello era una horrible realidad, el dolor físico dejaba patente que no podía estar soñando. Ana sintió pánico cuando aquel cuerpo se le colocó encima aplastándola con su peso. De un manotazo le abrió las piernas, mientras ponía las atadas manos de Ana alrededor de su cabeza. Empezó a bajarse el calzoncillo apoyado por los coros de: “Campeooón, campeeeooón,” que gritaba su colega. Ana cerró los ojos y contuvo la respiración... ...En ese mismo momento sonó un disparó que la dejó petrificada de espanto. -¿Qué coño pasa aquí? -Mira a este Malparido- Dijo el del pendiente- ¿Vos quién te crees para jodernos la fiesta? -A ella nadie la va a violar- sentenció Pablo que se acercaba despacio Pendiente y musculoso rieron al unísono -Que no te enteras so cabrón. A esta la vamos a quebrar, ¿Qué más da violarla? -La orden me la dieron a mí, así que yo llevo el mando. El que tenga un problema con eso, que me lo diga y le meto una de estas - dijo apuntándolos con su pistola de nueve milímetros- entre ceja y ceja. El que estaba en la cama se levantó de un salto y corrió al rincón a buscar sus pantalones, mientras el otro ya estaba desapareciendo por la puerta. Cuando se quedaron solos, Pablo corrió a incorporar a Ana en la cama. Sacó del bolsillo de su pantalón un paquete de láminas coagulantes y unos analgésicos. Fue retirando la mordaza de su boca con cuidado y le ofreció agua de una pequeña botella que sacó de otro bolsillo, esta vez de su chaqueta. Ana se enjuagó la boca como pudo, dada la hinchazón que tenía y que sus manos seguían atadas y temblorosas. Se tomó dos pastillas de ibuprofeno. Pablo le tendió la lámina y Ana la puso debajo de la encía desgarrada para cortar la hemorragia. Murmuró un gracias, que la hizo sentir como una cucaracha. <<Gracias por evitar que me violaran, pero si no me hubieras secuestrado no tendría que haber pasado por esto. Gracias por contarme que a mi padre le han pegado un tiro, seguramente se lo habrás pegado tú. >> La cabeza de Ana era un caos. La voz de Pablo la regresó a la realidad -Ani, Anilla, Tú has sido la única mano amiga en mi vida, el único soplo de ternura. Perdóname. Esta vida es muy dura. Ya no hay marcha atrás. -Mi... Madre... la... vas a... – Le costaba hablar, por esa mezcla de dolor, miedo y confusión que la invadía -Tú madre tiene tres guardaespaldas y la tienen en una casa cuartel, no podemos llegar a ella. Esto es un ajuste de cuentas, tu madre se metió con mi jefe. Le dio la custodia absoluta de sus tres hijos a su mujer y está se los ha llevado fuera del país. - Así que tu jefe quiere... -Que toda tu familia esté bajo tierra. Si él pierde, todos pierden. Ese es su lema. Ana suspiró, con veinte años, debía empezar a aferrarse al hecho de que no saldría con vida de aquel sitio. Uno de los chicos abrió la puerta -Pablo, el jefe llamó. La mama de está hembra lleva todo el día saliendo en la televisión. Así que hay que limpiar el apartamento. Tenemos orden de Matarla, picarla y desaparecerla.- Su sonrisa se ensanchó placenteramente- Así que decile adiós a tu novia. Pablo miró a Ana con una profundidad que ella interpretó como despedida ...Y no estaba equivocada.






moon-night-rivers dijo
Me encanta cuando los malos tienen momentos de ternura, aunque parezca una contradicción, me parece que de esta forma el personaje cobra realismo, jejejeje.
Buen final, para un estupendo relato. De lo mejorcito que he visto, jejejeje.
Un beset.
23 Abril 2008 | 10:02 PM