Pausen y lean (2)
Ni La Momia en China, ni Kung Fu Panda, ni nada que huela a operación pre-olimpiadas.
Un poco más sobre cine asiático aquí.
3 Agosto 2008
Ni La Momia en China, ni Kung Fu Panda, ni nada que huela a operación pre-olimpiadas.
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3 Agosto 2008
A veces una película es grande porque tiene detrás a alguien grande.
Un poco más sobre incidencias varias aquí
28 Noviembre 2007
Leo que Persépolis anima la imagen a partir de la música y el montaje, y creo que esa es una de las decisiones más sabias que se han podido tomar para narrar la historia de Marjane Satrapi. La sensación que deja es la de estar asistiendo a algo insólito, una sencilla película de animación en blanco y negro donde lo que más brilla son las simplísimas muecas que determinan el estado de ánimo de los personajes. También una obra donde se juega con animar diferentemente una batalla campal a una historia de amor; y una donde algunos se mueven como guiñoles, otros como recortables y ninguno pretende un realismo que no hace falta.

Si la animación es prácticamente perfecta, la historia no deja de ser algo que ya conocíamos sólo que aplicada a territorios exóticos (Irán, en este caso). Hay que reconocerle mucho mérito a la autora del cómic y directora porque ha realizado una película donde no idealiza ningún momento pero tampoco realiza una crítica severa a ninguno de los regímenes en que se ve envuelta (dictatorial o democrático). Me parece precioso todo ese presente melancólico en colores apagados en que Satrapi va al aeropuerto de Paris tal vez con la intención de volver a casa y se limita a recordar. También me gusta su definición en el tiempo con detalles como las adidas de Marjane, los discos de Abba o Iron Maiden, y Bruce Lee.
Hay una escena que me resulta muy reveladora: Una vez la protagonista ha vuelto a Irán tras cuatro años en Viena, se adapta a la nueva república islámica con velo y sin preguntas pero sin por ello dejar de ser una "occidental". En un enfrentamiento con la policía acaba salvando su pellejo denunciando falsamente a un hombre desconocido. Lo curioso es que al volver a casa, la anécdota está contada sin ningún tipo de remordimiento, casi hasta con el orgullo de no haberse dejado cazar. Me parece muy valiente que Satrapi narre los cambios que van surgiendo en su persona sin edulcorar las situaciones ni olvidar de pedirse a sí misma responsabilidades.
El problema de Persépolis se encuentra fuera de la película. Es demasiado fácil dejarse emocionar por una película aparentemente tan especial: adaptación de una novela gráfica de prestigio, animación de contrastes, premio en Cannes, historia denuncia del régimen iraní, autobiografía en tiempos de guerra,... La película está bien, pero no conviene subirla a los altares de la última animación porque ocuparía un lugar que no le corresponde. Es decir: que Persépolis convence del mismo modo que lo hace, por poner un ejemplo, Locos por el surf (que también es estupenda), pero se echa en falta ese algo que trasciende en el camino entre una vida interesante y la pantalla de cine. Hay emoción, técnica, innovación y hasta un punto educativo, pero el carácter es demasiado episódico y ninguna de estas características trabaja conjuntamente con las otras. Y aunque ello no es un requisito para conseguir una buena película, sí que lo es para la creación del mito.

Ratatoille es la vuelta de Pixar a las películas sin fecha de caducidad y a la historia. Persépolis es sólo un gran momento.
23 Noviembre 2007
Uno sale de ver "Michael Clayton" preguntándose por qué una película con tantos (y tan grandes) nombres propios acaba resultando tan insípida. Es, en principio, una más de entre todas aquellas historias judiciales contra las grandes corporaciones, y no ha sido hasta que han pasado unos días que me he dado cuenta de su diferencia sustancial con éstas.
Si "Michael Clayton" es aburrida no es porque no pase nada, se repita o la hayamos visto mil veces; lo es porque, al menos en mi caso, cometí el error de juzgarla como un filme que forma parte de un colectivo (películas de abogados) cuando la trama no es lo que importa y sí el dibujo de los personajes.

Lo que en otra ocasión habría sido un momento inmejorable para crear tensión (el coche bomba de Clooney) aquí está resuelto desde la primera escena (sobrevive). Sabemos también que la fusión de las empresas que peligra durante toda la película se ha efectuado al comienzo. La historia será narrada en flashback como dando a indicar que lo que ocurra no tiene mayor relevancia, luego hay que fijarse en los personajes.
Y si bien Clooney no da el pego como perdedor (aunque tiene un par de momentos brillantes -la discusión final, pero también la charla con su hijo-), el resto de trazos merecen bastante respeto: los asesinos torpes y dubitativos, un Tom Wilkinson desnudo y desequilibrado, y, sobre todo, la villana de la función (Tilda Swinton), que es retratada ensayando discursos ante el espejo, sudando nerviosa y, finalmente, temblando de una forma extremadamente terrorífica.
Supongo que el mérito de todo esto lo tiene el director y guionista Tony Gilroy, si bien únicamente desde su puesto de escritor. Habría hecho falta un Paul Greengrass para mover bien a Clayton por la ciudad, para conseguir que nos importase el camino y los escalones por los que resbala. Hay escenas magníficas (el asesinato, por ejemplo), pero son redondas sólo en su individualidad: no llevan a ninguna parte.
"Michael Clayton" tiene aquello que se echaba en falta en la increíble saga de Bourne -profundizar en las identidades-, pero pierde todo lo que ésta sí tenía: interés por los personajes, secuencias que brillan por la forma en que están rodadas, sensación de continúa escapada, y una moral a leer entre líneas en lugar de una leída en voz alta.

El trabajo de Gilroy acaba brillando más en las películas de Bourne que aquí, pero "Michael Clayton" por lo menos nos da pequeñas dosis de innovación y un último plano sostenido (durante los títulos de crédito) valiente en su concepción y precioso en la forma.
30 Octubre 2007
Me sabe un poco mal hablar de "Hostel" y "Hostel parte dos" porque tengo la sensación de que todo aquello que diga será infundado. Algo parecido me pasó hace un par de meses después de ver "Planet Terror" de Rodríguez.

La película me fascinó, me parece absolutamente increíble, una película rodada con tantas ganas que resulta imposible no quererla (es verdad que no es comparable al "Death proof" de Tarantino, pero también que no hay por que compararlos); aún así de alguna manera me parece injusto que alguien como yo, casi totalmente desconocedor de las formas y contenidos de la serie B, entre a juzgar una obra por la sensación que le ha dejado y no por lo nuevo y lo que seguramente lleve detrás.
Con el díptico de "Hostel" soy ese espectador en blanco. Es verdad que me he tragado bastantes pelis de desmembramientos y sangre, y que también pasé por una etapa adolescente de adoración ¿irremisible? por todo aquello que fuesen asesinos en serie (la Semana de Donosti tiene bastante culpa), pero de algún modo no puedo decir que entienda bien todas las reglas. Me he tragado demasiado poca mierda como para llegar a comprender en plenitud el género. Sin embargo, creo que puedo decir, aunque sea desde mi ignorancia, que las dos "Hostel" son de lo mejorcito.
Al contrario de la corriente mayoritaria de secuelas donde todo tiene que ser más grande y más ruidoso, aquí el primer asesinato aparece en el mínuto 50 de una película de 80. Ya los títulos de crédito, con su lenta y calmada destrucción de documentos de las víctimas, nos mete en el espíritu de la película.
Hacía mucho tiempo que no veía una segunda parte tan bien encajada como en este caso. No se trata de que ahora en lugar de ver a mochileros torturados tengamos a mochileras, no. "Hostel parte dos" se compenetra a la perfección (como sus carteles) porque lo que en este caso importa no es tanto la dolorosa muerte del desafortunado, sino la brutal evolución del asesino. Una especie de zoom out que nos muestra el fuera de campo.


Tras un prólogo brutal en el que (sorprendentemente) seguimos al único superviviente de la entrega anterior, la segunda Hostel se fija en tres chicas y futuras presas. Una vez se nos han presentado de manera bastante eficaz (la lista, la putón, la monja) nos olvidamos de ellas para pasar a la trastienda de la fábrica donde millonarios de todo el mundo pagan cantidades astronómicas para poder torturar a sus víctimas. Lo bueno es que en esta ocasión vemos el papeleo, la subasta de mujeres en internet, los posibles compradores, las condiciones del contrato, etc. Hay incluso una escena donde tras la deserción de uno de los asesinos, un alto cargo de la empresa va sala tras sala ofreciendo al resto de psicópatas la chica (a medio torturar) a buen precio, en una especie de "dos por uno".
El mensaje viene a decir algo así como que la única forma de sobrevivir a los malos es ser peor que ellos o más rico. No hay lugar para la compasión ni el moralismo; la muerte es tratada de manera tan enferma que se convierte casi hasta en infantil (el asesino que viste a la víctima como su esposa para poder matarla). A su vez, los baños de sangre o las cabezas como balón de fútbol están rodadas con el mismo gusto que un paseo por la ciudad, lo que las hace mucho más terribles porque se convierten en cotidianas, sin subrayados.
"Planet terror" podrá pasarse en homenajes, celuloides rayados y pistolas para todos, pero es sincera de principio a fín. No puedo decir si tanto aquella como las dos "Hostel" son un acercamiento original de verdad a un tema tratado muchas veces, pero lo que sí sé es que son un muy buen acercamiento, y eso es valorable incluso desde fuera.
22 Octubre 2007
Llevo un par de semanas pensando en hablar de "Nocturna", pero la verdad es que no se como acercarme a ella. Los últimos dos años he visto como crecía en un fuera de campo, con lo que la película ya me gustaba antes de verla.
Me parece un paso adelante en la más bien penosa animación española (tanto en el área técnico como de guión), pero decir eso es como decir nada. Así que una sola cosa: merece la pena. Probablemente sea la película española más importante del año (algo así como un punto y aparte en la falsa luminosidad del cine animado español; un querer y poder).

No durará mucho en salas, así que a correr.
4 Octubre 2007
Un poco más sobre todo aquello que golpea dos (o más) veces aquí.
Repeticiones (autopublicidad )

21 Septiembre 2007
Empieza el Zinemaldi, y con él todas las películas que uno se queda sin poder ver. Para Cronenberg tendré que esperar al 5 de octubre, pero no he podido resistirme a entrar de lleno en la moda rumana: Palma de Oro en Cannes, premio FIPRESCI en San Sebastián, posible nominación al oscar,... ¿A favor o en contra?

Tenía mis dudas, pero se puede decir que he ido bastante receptivo al pase del filme. Una corriente crítica importante ve en esta película el camino a seguir o, sobre todo, el ejemplo de lo que la vanguardia cinematográfica es en este momento. Para mí, fue Manuel Yáñez Murillo (no incluído en ese grupo) quien describió perfectamente el pasado mayo gran parte (no todo) de lo que creo de la película:
"(...) no se le puede reprochar al director su deseo de hacer visible un drama humano soterrado por el gobierno comunista rumano, sin embargo sí se le puede reprochar la forma en que lo ha hecho. Utilizar, para la exposición en pantalla de un feto humano, una panorámica vertical casi ausente de todo el resto de la cinta y mantener ese plano sostenido a la espera de acontecimientos, me parece que bien podría abrir el debate sobre el cuestionamiento moral de la forma cinematográfica que tan bien evocaron Rivette y Godard."
"4 meses, 3 semanas y 2 días" tiene algo muy bueno, y eso es Anamaria Marinca (en realidad todos los actores son excepcionalmente naturales en su frialdad). También funciona estupendamente la decisión de retratar la Rumanía de Ceausescu en un fuera de campo contínuo.
Cuando Mungiu no se aleja de la vida cotidiana es cuando la película triunfa: los recepcionistas de los hoteles, la residencia de estudiantes, la cena de cumpleaños,etc son escenas de un poder inmenso. El problema está en lo efectista que se demuestra al tratar de meter miedo en el cuerpo (la navaja en el maletín del doctor, los perros ladrando, la falsa alarma de la ambulancia) y al alargar el ya de por si gran trauma del aborto mezclándolo con una trama de violación realmente innecesaria. Es entonces cuando queda claro que "4 meses, 3 semanas y 2 días" no determina cuales son las reglas del juego, y de esa forma resulta imposible ganar.
El dedo es mío y me importa muchísimo más que la torre.
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