Poemas de LOS HOLOCAUSTOS
I
Le han puesto la cruz al negro
al indio
a cuanto pobre exclavo rindió su cerviz
a cuanta espalda fue golpeada.
Le han puesto la cruz a todos.
Una cruz pesada de arados y de dias
de tornos y de horas
de martillo y de fragua.
Se la han cruzado al cuello
por un jornal avaro.
Para que nunca se levanten.
Es terrible y peligroso(saben ellos)
un hambriento que yergue su amor propio
mientras olfatea al ladrón de su alimento
en medio del ornato y la opulencia.
II
Alguna vez los holocaustos
elegiran mentiras ante que hombres,
fabulación ante que logros,
impunidad ante que cielos.
Alguna vez los holocaustos
no quemaran al simple hombre
no incendieran la simple idea
ni polvo haran del simple libro.
Harán quizás ceniza o cieno
de la carne inutil de unos cuantos
que cimentan su fama y gloria espuria
en ajenas sangres derramadas.
XVII
El pan es sueño.
Y pesadilla la del labio
que lo mira
frio caer(aún entre dos soles,
aún sin siesta
aún sin sexo)
de la mesa,
del ayer,
de toda espera.
XXIII
¿Que sería de la guerra,que sería,
sin un estadista que la invente,
sin un ministro que la ordene,
sin un general que la ejecute,
y sin un comerciante que le nutra
su nefasta panza de fusiles?
¿Que sería de ella si no hubiera
un montón de harapientos yendo al frente
a inmolarse en una causa de simiente
apócrifa,banal,de sucia siembra?
¿Que sería de la guerra,que sería,
sin un odio racial que la fomente,
sin un mapa por dos necios dividido,
sin la sed voraz de algun imperio
queriendo lamer oro y vituallas
de una pobre nación inerme y casta?
¿Que sería de la guerra sin la mano
inmoral,rosada,burocratica,
pretenciosa de saldar sangres perdidas
con absurdas medallas de hojalatas?
XXIV
Fisgones de cien layas
oriundos de cien lares
hurgando en cada surco
mil tesis van tejiendo.
Intuyen mil razones;inventan otras tantas
que puedan revelarles
porque obscuro misterio
llevó Hemingway un dia
un fusil a su boca.
Dos cosas atestiguan
que el hombre estaba loco
¡Abandonar Cuba ,y con ella
a sus cincuenta gatos!
XXXII
Las palabras que huyeron de los hombres
y que están en este cementerio
garabateando con su sonido ya apagado
sendas cruces
no hacen sino recordarnos
que ya no tienen dueño
que no hieren con sus filosas sílabas
honores ni orgullos
ni elevan las mentiras hasta la cúmbre
de una verdad de perogrullo.
Simplemente juegan con el aire
que ya no respiran sus padres
y en esta graciosa orfandad
se asemejan
a cualquier ave
evadiendo en el atardecer su cautiverio.
