No existe conocimiento sin seres humanos. El conocimiento no es una entidad real, o independiente de la especie humana. No flota por ahí. Conocer es un verbo conjugado y entendido a partir de la experiencia humana, a través del filtro de lo humano. La cognición es un proceso del cerebro humano. Las formas de cognición y aprendizaje de otras especies no humanas son diferentes y, si bien podemos estudiarlas, es claro que no las incorporamos como adiciones a nuestro propio inventario del conocimiento, aparte de ser objetos de estudio.
Esta afirmación implica dos conclusiones relevantes para ésta ocasión: el conocimiento está sujeto a las imperfecciones de la naturaleza humana, por una parte, y está atado a los propósitos y fines humanos.
Y sin embargo, me atrevo a contradecir mi propia afirmación: El conocimiento si existe sin seres humanos: reside en los innumerables artilugios creados por el hombre, sean intangibles como el lenguaje, la matemática o las teorías en general, o tangibles, como aquellas prótesis llamadas herramientas, utensilios, maquinas, ciudades. En suma, es una gran constelación de ideas relacionas entre sí, un sistema de ideas conectadas y mutuamente reforzadas, que la conciencia recorre para explicar y manipular el mundo y su propio ser.
Esto implica que el conocimiento ES cultura. No solo está afectado por ella, es parte de ella y es funcional a ella.
La aparente contradicción que he llevado hasta ahora sólo es un defecto de mi retórica, usado con fines dramáticos. Lo cierto es que el conocimiento es una construcción cultural, y un causante y un reflejo de la misma. Si lo definiésemos como una estructura de ideas, que se codifica, se preserva y se transmite entre seres humanos, cuya función es dar sentido a la experiencia, ¿existe alguna forma de cultura que no sea conocimiento en si misma? ¿Qué distingue al conocimiento científico? Caer en la ingenuidad de reclamar para el conocimiento científico la única legitimidad sería caer en una trampa. Sería concebir su realidad humana de una manera no humana.
Lo que sí es legitimo, y necesario, es distinguirlo, encontrar sus caracteres clave. La idea de verdad y coherencia del mismo está basada en la verificación empírica (los datos) y la correlación lógica de los postulados. Esto no es suficiente. Como bien muestran la historia de la inquisición, es posible sustentar dogmáticamente afirmaciones no científicas, con pruebas empíricas y argumentaciones de rigurosa lógica.
Pero a éste callejón sin salida que nos propone la cultura ella misma nos ofrece soluciones: Creo que debe definirse la ciencia no solo como método o epistemología, sino como empresa humana e institución social. ¿Porque? Porque ello incorpora los fines, es decir, la aplicación, que va desde la tecnología hasta la filosofía como depositaria de los porqués y los cómos. Dé éste modo el conocimiento no solo se nutre de datos, sino de praxis. La transformación del mundo y del ser pone en tela de juicio el conocimiento. Le da espacio para fallar o validarse, y le da honestidad para revelar la agenda que le dio origen.
Como institución, el conocimiento científico también se distingue por su elevado grado de formalización y sus formas e instrumentos explícitos. El objetivo es lograr un máximo de nivel precisión, replicabilidad, transmisibilidad, y mínima ambigüedad. Y esto no es tan relevante por la supuesta “objetividad” y “verdad” del mismo (que es una aspiración noble pero insostenible a ultranza). Es importante como tecnología de la mente, como nivel de conexión e interacción entre personas, de diálogo posible. El diálogo y las reglas de juego, la institucionalidad, crean otro espacio de crítica, validación y control.
Son estos caracteres – empiria, lógica, praxis, institucionalidad - Los que le han dado una capacidad fenomenal a la ciencia para transformar nuestro mundo e historia, con grandes conquistas y grandes crisis. Su pose como garante de la verdad es admirable, pero debatible. Su testarudez necesaria, siempre y cuando no se tape los oídos ni los ojos, ni deje de estar dispuesta a fallar, como nunca lo están los dogmas.
Una última anotación: Si la ciencia es cultura, y comparte sentido con ella, y si en la praxis y el dialogo esta su espacio para encontrarse ¿Cómo admitir una ciencia desconectada por gruesas murallas de las demás formas de conocer? ¿Cómo prescindir de la dimensión política del conocimiento? ¿Cómo permanecer cuerdos sin poesía, absurdo y mito? La ciencia que no dialoga y solo niega su condición como parte de la cultura padece una burda esquizofrenia. Las ideas no están al servicio de sí mismas: No somos bestias de tiro del carruaje de la verdad.
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
Por mi parte, llamaría efecto poético a la capacidad que tiene el
texto de generar lecturas siempre distintas, sin agotarse jamás del todo.
El que escribe (el que pinta, el que esculpe, el que compone música) siempre sabe lo que hace y cuánto le cuesta. Sabe que debe resolver un problema. Los datos iniciales pueden ser oscuros, instintivos, obsesivos, mero deseo o recuerdo. Pero después el problema se resuelve escribiendo, interrogando la materia con que se trabaja, una materia que tiene sus propias leyes y que al mismo tiempo lleva implícito el recuerdo de la cultura que la impregna (el eco de la intertextualidad).
Miente el autor cuando dice que ha trabajado llevado por el rapto de la inspiración.
Genius is twenty per cent inspiration and eighty per cent perspiration.
Umberto Eco. Apostillas a El Nombre de la Rosa.
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
La angustia me preguntaba: "¿Qué estás haciendo aquí, lagarto?". Y yo solamente le podía contestar con el recuerdo de ese alumno de Juan de Mairena que le propuso el siguiente trabajo sobre "la inconveniencia e inanidad de los banquetes":
El artículo estaba dividido en cuatro partes:
A) contra aquellos que aceptan banquetes en su honor;
B) Contra los que declinan el honor de los banquetes;
C) Contra los que asisten a los banquetes celebrados en honor de alguien;
D) Contra los que no asisten a los tales banquetes.
Censuraba agriamente "a los primeros por fatuos y engreídos; a los segundos acusaba de hipócritas y falsos modestos; a los terceros, de parásitos del honor ajeno; a los últimos, de envidiosos del mérito".
Y Machado concluye poniéndole título al trabajo: "Contra el género humano, con motivo de los banquetes".
Héctor Abad
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
Perhaps the most elaborate recent definition of emergence was provided by Jeffrey Goldstein in the inaugural issue of Emergence.(Goldstein 1999) To Goldstein, emergence refers to "the arising of novel and coherent structures, patterns and properties during the process of self-organization in complex systems." The common characteristics are:
(1) radical novelty (features not previously observed in systems);
(2) coherence or correlation (meaning integrated wholes that maintain themselves over some period of time);
(3) A global or macro "level" (i.e. there is some property of "wholeness");
(4) it is the product of a dynamical process (it evolves); and
(5) it is "ostensive" - it can be perceived.
For good measure, Goldstein throws in [supervenience] -- downward causation.
Tomado de la wikipedia
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores
«Sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos»
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.
«¿A qué molestar al público entonces?», se preguntarán los amigos
lectores:
«Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!».
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.
Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!
Nicanor Parra
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
In his seminal work on innovation, Dealing with Darwin, Geoffrey Moore makes a powerful case that companies who serve complex-systems markets must rely on qualitative research to guide their decisions. As Moore explains, a "Complex-systems architecture specializes in tackling complex problems and coming up with individualized solutions with a high proportion of consulting services." Such companies are characterized by relatively small numbers of customers, and a small number of transactions with each customer, with each transaction costing hundreds of thousands to millions of dollars.
As Moore describes it, qualitative scenarios drive the research efforts of complex-systems architectures. From p. 39: "In the complex-systems model, market research has a qualitative bias because each customer constitutes a market reality unto itself. For example, the commercial airline businesses at Airbus and Boeing have perhaps two hundred or so primary customers worldwide to consider. Statistically averaging insights across such a modest customer population makes no sense. Instead, you want to delve deeply into the specific circumstances of each account, seeking out unique patterns, not mathematical correlations. This is where war stories and hypothetical scenarios, even just the occasional apt metaphor, can prove so insightful."
Innovation Games are explicitly designed to provide you with these kinds of insights through direct interaction with your customers.
Innovation Games: Creating Breakthrough Products Through Collaborative Play
By Luke Hohmann
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
No man, considered as So-and-so, can be a genius: but all men have a genius, to be served or disobeyed at their own peril.
Coomaraswamy, Ananda K.
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito
Comprehensive theories are no more than stories that fail to take into account one crucial factor: we are creating them. It is the biological creature that makes observations, names what it observes, and creates stories.
Science has not succeeded in confronting the element of existence that is at once most familiar and most mysterious—conscious experience. As Emerson wrote in “Experience,” an essay that confronted the facile positivism of his age: “We have learned that we do not see directly, but mediately, and that we have no means of correcting these colored and distorting lenses which we are or of computing the amount of their errors. Perhaps these subjectlenses have a creative power; perhaps there are no objects.”
Robert Lanza
servido por David
sin comentarios
compártelo
favorito