Un fin de semana
Hubo unas converse blancas desgastadas. Y ellos saben que no hubo ningún romance alrededor. Hubo una katana sobre fondo amarillo, unas gerberas, unas margaritas amarillas, una plaza en la Toscana y "the morning after the night before".
Hubo un cartel en una puerta que anunciaba que mañana la vida sería mejor que hoy.
Hubo quien intentó enseñar una nueva canción al viejo profesor. Y no es un refrán mio.
Hubo una niña que luchó con una espada láser contra Bart Simpson. Un viaje en pony a dos euros. Un payaso que se limpiaba el maquillaje.
Hubo llamadas. Mails. Compras. Nóminas.
Hubo un autobús que pretendía asustarnos.
Hubo un cierre anticipado y una buena cena. Y es que no puede haber nadie que se resista a un par de huevos fritos con jamón.
Hubo un ascenso a V.
Hubo un antiguo campamento romano bajo la lluvia constante. Miradas de complicidad y miradas que perdonaban vidas.
Hubo música, cócteles, cafés y helados. Hubo planes de verano.
Hubo paz en la cocina. Guerra en el comedor.
Hubo espectros de resonancias magnéticas bajo un manto de leche.
Hubo una lista de abalorios para comprar.
Hubo momentos en los que lo veía todo claro y momentos de duda.
Un fin de semana.
Mañana volverá a haber lo mismo de nuevo para bien y para mal.

Una mujer entre las ruinas. dijo
"Ya no tengo miedo a las ruinas". Me gusta tu frase, ya somos dos. La desolación hace tiempo que es paisaje en mi vida y no por eso siempre lloro, a veces toca reir. Saludos.
2 Junio 2008 | 01:41