Quinoa, merken y chancaca (para el mundo)
Si hace un tiempo memorable que no me dejaba caer por estas latitudes, era porque andaba en otra cosa, nada de colgar la plumilla y dedicarme a placeres menos carnosos, sólo vivir un poco y porfiar que las porfías logran su alcance, que de tanto empezinarme por un amor con todas las letras bien repuestas, acabo de dejarlo en la entrada del aeropuerto, con un beso mentolado y el saber que no fue un adios, tan sólo un hasta pronto.
Amar para ser amada y listo. No hay más que refinar la glucarosa con que tal vez es muy loco o tal vez si pensara un poco. Lamento la lista larga de peticiones de provincia que me va a quedar, pero esto ha sido un cuento relargo y pronunciado, con idas y venidas, con viajes y vueltas varias, con todo aquello que le paorta a la vida la gracia de ser vivida, que si no, que destino tendrían las telenovelas, los dramones sentimentales, las columnas de amores irresolutos.
Por ahí quedará a media basta el currín de algún cálido caballero que me invitó el mejor merlot que me he tomado en años, por allá quedará la pelota empastada del futbolista acérrimo que siempre estubo dispuesto a más pero nos faltó impulso para concretar en el cuadrilátero, por ahí quedaría el engreido que después de un polvo y varios incinerados comentarios con mani en la boca, se atrevió a llamarme: gorda y culia...lo de culia se lo podría haber dejado pasar, pero lo de gorda, nica. Por ahí quedará el buen observador de aves que me invitaba a tomar los trinoculares y yo no le hacía caso, ni que decir del bejariano de mis desvelos, con él aún debemos una copia del libro y un abrazo honesto de habernos querido tanto.
Todos, pertenecientes a la lista de posibles e imposibles de la Marcela, algunos con más méritos, otros con ninguno, no importa, estuvieron y le dieron color a mis días, fragor a mis pulmones y pasión a mis carnivoras ancas. Pero finalmente, de donde menos se piensa, salta la liebre encapuchada y uno se deja querer, se deja llevar, se deja metamorfosear.
He aprendio tanto de mi misma y con eso he logrado armarme de valor y poca cordura para decir que bueno, que me voy a ir a vivir al otro lado del mundo, en un bote, en medio de la isla de la bretaña, con mis cauros chicos, con mi pluma loca, con mis ilusiones mayoritarias, con mi alegría de ser, con mi genialidad de chilena patiperra, de latina ardiente, de mujer entera, total, absoluta.
Me voy, pero no me pierdo de este reducto que me pertenece y al que pertenezco, sólo cambio el barrio, el huso horario, alguna que otra oblicua visión y me llevo conmigo el verbo hispano que dios me salve de hacerme a la mar sin él, también arrastro lo mío, lo más típico de esta anfitriona del fin del mundo, un bolso de letras y la quinoa, el merken y la chancaca, para el mundo.

Habitante-Anónimo dijo
Marcelita de mis desvaríos pseudoliterarios:
De perseguidores son las persecuciones y de soñadores los sueños, despúes de tantos tiras y aflojas de cuerdas largas y cortas, de vinos servidos y mesas puestas sin invitados a tomar onces para espantar el frío de los inviernos, de pronto apareces con tus maletas cerradas y llenas de letras y sus cauros chicos empacados para lo que ve venga, con un rinconcito para la bolsita de merken y el paquete de chancaca, con un ataito de sueños y los ojos brillantes de ansiedad, ante tamaño panorama no queda más que hacerle espacio a un abrazo y buscarla a partir de ahora en la lontananza de los hemisferios lejanos y desarrollados, con los ojos vidriosos de un tercermundista cariño y deseo de suerte.-
4 Diciembre 2007 | 02:38 AM