Las Niñas
Tomo prestado el nombre de La Viña Las Niñas, www.vinalasninas.cl , porque me parece que un vino hecho por mujeres merece al menos, más de dos vueltas de trastienda en la copa. Esa lujuria de premuim line puesta en una caja de zapatos, recordándome cuanto me gustan los zapatos, ufff, es un pecado irresistible el querer viajar hasta Apalta, con el puro capricherío de ir a soportar el microclima y la calore, con tal de introducirme en el mundo de Las Niñas. No es que ahora me las vaya a comenzar a dar de catadora especializada que tiene su blog de vinos y a la cual, siguen como mentora de los nuevos tiempos vitivinícolas. Hay tanto pajarerío suelto, inclusive algunas diz que descoordinadoras de Ruta del Vino, que después de dos tragos, se las saben todas y hablan hasta el cansancio macabro de querer ahogarlas en un barril, pero de chica y para más colmo, de la mala.
No, yo no ando de mentora de nadie, solamente hago referencia a un mundo femenino que tiene poder y fuerza como para bajarles el moño a los últimos resabios machistas.
Fui criada en medio de una hurdiembre familiar, donde siempre la última palabra la tuvo una hembra. Un clan amatriarcado casi imposible de penetrar, que bajo sus propias reglas creo la concepción familiar de que la única mujer útil, era aquella que trabajara con sueldo y remuneración, extramuros de las fronteras del viejo caserón de adobe. Por lo mismo, el mundo de la empresa viene desde la época de los meriñaques y los corsé haciéndome el desfavor de quererme meter en esta rueda, en este voraginado y desconchado mundo del trabajo.
Pero a mi me gusta trabajar entremedio de las parras y las teclas, por el camino de tierra y la baldosa cerámica, de nueve y hasta que no arda la vela. Me gusta este ajetreo insano generado por mi sola voluntad, porque increiblemente en este país del pituto, mi puesto no es fruto de la atornilladera, si no puro ñeque y porfía de este metro sesentaiuno. Por lo tanto, duermo bien y de corrido porque todo lo que tengo y no tengo, ha sido a razón de mis días capitaneando un barco, soportando los vientos y acorralando las mareas.
Por ahí, en alguno de mis sueños, alguien me dijo que todo me iba a costar su poco, como que la lucha del vivir y del ser no se me iba a dar fácil, porque tenía que luchar con la tradición simplona y mojigata de las niñas de las monjas y sacar de mi empantanero, el cuerpo y la razón de estar bien loca. Por lo mismo, soy la más terrible de mis detractoras, dura autocriticona, infiel cardo pegándome las faltas. Sin embargo, no he dejado de ser hembra, de amar, de necesitar cosas simples, de esperar que todo se resuelva sin yo levantar ni un dedo (nunca ocurre, pero al menos, da un descanzo creer el que va a pasar en algún momento).
Así, en la búsqueda, he encontrado a muchas mujeres que se asujetan los pantalones con una mano, mientras con la otra dirigen el reino de sus hijos a la distancia de un teléfono, dejando a los cachorros al cuidado de sus madres, multiplicando las labores por mil, para que en este castillo de arena, no entre ningún viento soplido, ninguna falta.
Las Niñas, es como un ejemplo vinífero del poderí de las mujeres, un recuerdo inmaculado que a pesar de frágiles y leves, seguimos al mando...y eso que es sólo una viña, teniendo el mundo a nuestros pies.
