Uffffff, pues sí, es bien fácil identificarme. Ya he quitado el comentario del blog para que no haya represalias contra mí, que no me puedan joder con las notas porque estaba deseando perder de vista a la gente que nos quiere joder.
Es fácil identificarme no solo por lo que digo, sino porque ahí tienes mi foto, joder, yo no me callo. Si eres de mi promoción, que no sé si de mi clase, me habrás oído más de una vez mis comentarios. Si has paseado alguna vez por Pamplona, me habrás visto más de una vez metida en manis y movidas.
Solo espero que no hayas tenido que fregar, descargar camiones, servir copas, hacer encuestas (telefónicas y personales), pasar frío y contar cada donuts que te comas para apuntarlo en la libreta de cuentas por las noches, como he hecho yo, para pagar todos los gastos emanados de ese lugar inhóspito, jeje. Esto se lo he comentado a algún profesor así que no me puedes amenazar con eso. Lo saben de sobra.
No destilo tanto odio, sin más, me jodo y pago. Pero no me callo, porque no me pueden hacer nada. Si eso, dí quién eres, que yo ya sabes quién soy.
¿Qué vas, a ir con el cuento?
Anda ya. Un poco de corporativismo, o qué...
PD. Lo de la kale borroka en los laboratorios es un comentario jocoso, es el estilo del blog: humor como mecanismo de autodefensa.
PD2: Y no me jodas que a tí todo te ha parecido bien...
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Ayyy que vicio lo mío con el pan. Desde que era una nenina chica. Mi tía Tinina se acojonaba de los boquetes que dejara a toda clase de pan, porque amo la miga, y no porque nadie me dijera que la miga hace crecer las tetas. Agujereaba txapatas, tortas, barras... Me daba igual. Esta afoto, tomada en el verano del 86 en Manganeses, pueblo al que hace igual 7 años que no voy... Echo de menos a una personita de ahí... Me pregunto, me interrogo, ¿qué habrá sido de él?
¿ DEL MORBO BÉLICO AL CIVISMO DEMOCRÁTICO?
WAUGH, Evelyn.
¡Noticia bomba!
Anagrama, Barcelona, 1990
La historia de cómo elegí este libro es bastante curiosa –ignoro si interesante para quien lea esto-. La verdad es que la primera razón es muy obvia, y para qué mentir: los libros que me parecían más interesantes estaban cogidos, y encima con dos o tres reservas detrás. No me emocionaba demasiado este libro: no era español –son los que suelo leer- y trataba un periodo de la historia que no me atrae en absoluto. Tampoco pensé que pudiera aprender mucho de él porque el Periodismo de aquella época –me parecía a mi-, nada tiene que ver con el actual. Pero me lo tenía que leer. El tiempo se acababa. Luego resultó que en este mundillo han cambiado las tecnologías; pero las personas, que al fin y al cabo son las que deciden, no son tan diferentes.
Un poco decepcionada y con prisa por acabar el libro, por lo menos pensé que estaba escrito por una mujer. Luego resultó que Evelyn era un tío. A esto se añadía mi problema con los libros de autores extranjeros: me pierdo con los nombres de los personajes desde que tuvimos que leer “Cumbres borrascosas” en tercero. Tengo que volver constantemente dos o tres páginas más atrás para saber quiénes son los Heatcliff o Mrs. Stitch de turno y si son realmente quienes yo creo que son y no su cuñado del pueblo. Como pueden imaginar, esto hace que leer este tipo de libros resulte para mí algo casi insoportable.
Ahora ya sí, desesperada y contando cada segundo del reloj, empecé a leer el libro. Y ni me ha disgustado tanto ni me he perdido con los nombres. Incluso me he reído. El autor desborda cinismo, pero en forma de simpática ironía. Todo muy inglés, lo cual a veces para alguien como yo –que ha terminado por odiar a los británicos tras irse de Erasmus- es difícil de entender. Empecé el libro sin saber dónde estaba Ismailía –lo tuve que buscar en Google-, y acabé preguntándome en qué época nos empezamos a cargar el Periodismo; incluso me planteé si estuvo sano alguna vez. Al final, Mila Ximénez y Coto Matamoros son nuestros Boot ibéricos: gente que está donde está por un golpe de suerte –y pienso yo que los dos primeros por error craso pero intencionado-, solo que Boot, pobre, por lo menos tiene algo más de escrúpulos. Hasta tiene a una alemana viviendo del cuento a su lado, un poco como la Campa. Si Dylan decía que los tiempos han cambiado... pues yo creo que no tanto.
Lo que más me ha interesado de la obra de Waugh es saber que, en un momento histórico tan delicado como el previo al inicio de la Segunda Guerra Mundial alguien, aunque fuera de manera mordaz, se dedicó a reflexionar sobre el Periodismo. Ahora solo nos dedicamos a hacer Periodismo, y no a pensar sobre él, ni siquiera a reírnos de él. Y la verdad es que lo que se hace es un Periodismo cada vez peor, sin que los periodistas tomen conciencia de que cada noticia, cada reportaje y cada crónica que escriben son pequeños pedazos de la historia del Periodismo que estamos dejando para el futuro. Hemos avanzado una barbaridad en la tecnología pero, amparados en la seguridad que da lo mecánico; nos limitamos a huir hacia delante y hacer lo que el jefe nos manda, sin pararnos a pensar hacia dónde vamos.
Yo sí he pensado un poco hacia dónde vamos. A veces hasta lo pensamos en medio de las reuniones del proyecto, cuando hablamos de nuestra línea editorial. De si, siendo una revista de viajes, tenemos que tenerla. De si el Periodismo “enseña” a los ciudadanos o debe simplemente enseñar lo que hacen los ciudadanos. De hasta qué punto el ciudadano piensa por sí mismo o piensa lo que nosotros le decimos que piense, o ambas... O si le damos lo que quiere o lo que nosotros queramos que quiera. Esa delgada línea que separa intereses públicos de intereses privados. Y además, ¿acaso todo el público tiene los mismos intereses?
Y también nos dirigimos hacia algo que me horroriza: el tema de los periódicos “hechos por el ciudadano”. Si antes valía con que hubiera una sección de cartas al director y media página con fotos para felicitar el cumpleaños al hijo, quien al día siguiente la llevaba orgulloso al cole; ahora leo asqueada la sección “EnlaCe” de El Correo. La intención es buena, pero no sé en qué se convertirá cuando crezca y crezca sin parar en aras del ‘periodismo cívico’. De momento, aunque trata temas interesantes como la seguridad en el trabajo, no me parece de recibo que los lunes sirva de descargo a los aficionados de este Athletic que este año pocas alegrías nos da, y menos desde que se lesionó Aduriz. Eso sí, si la sección en cuestión sirve para que no tiren aceiteras al corner... A lo mejor es que es otra parte de la sección de “seguridad en el trabajo” –por llamarlo de alguna manera- de los jugadores del Madrid.
Si el público del Beast quería, sobre todo, Noticias –con mayúscula- de unas cuantas victorias aplastantes y de actos de patriotismo y valentía de sus soldados –todo esto me suena de algo-, ahora, parece que todo el mundo se crea con el derecho y hasta con el deber de hablar a través de los medios de comunicación, más allá de Internet. La participación ciudadana es buena, pero tiene que estar donde tiene que estar, y si los medios son hechos directamente por los ciudadanos (que ni han pagado lo que yo he pagado, ni han estudiado lo que he estudiado), el Periodismo empezará a ser cada día un poco menos apasionante. Un periodista con cuatro años de carrera detrás no puede ser un mero editor de textos al estilo Word. Recuerden: todas las opiniones importan, pero no todas valen lo mismo. Todo el mundo tiene derecho a hablar, pero todos tenemos derecho a no tener que escuchar. Nos seguimos moviendo en la estrecha frontera de dar al lector lo que quiere o lo que nosotros creemos que es mejor. ¿De verdad los lectores/espectadores tienen opiniones previas? Sabiendo que hay millones de personas que ven ‘Salsa Rosa’, yo cada día lo dudo más
P.D. Empiezo a darme cuenta de que titulo mis ensayos con preguntas a las que no respondo; y para colmo cada vez hablo menos del libro en cuestión. Esto empieza a parecer una columna de Lucía Etxebarría en ADN –salvando las distancias. Ella está forrada y yo no-.
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Durante el puente (macropuente acueducto en el caso navarro), me he dedicado a mirar trabajos del pasado, he llegado hasta 2º de la ESO. Y la verdad es que los leo y me gusto. Éste es un extracto de un ensayo del curso pasado para Periodismo Literario. A Gimeno, el profe, le encantaban.
En mi primera foto tenía 22 días y estaba en brazos de mi tía Tinina. Con dos años mi madre me dejaba en la guardería y se iba a negociar con el alcalde Labayen para impedir el despido de trabajadores del bingo del hotel María Cristina, que finalmente se consumó. Fui la primera de mi clase en aprender a escribir y a leer, aunque no entendía lo que leía. De pequeña quería ser enfermera o amazona, y me divertía hojeando y pintarrajeando revistas, libros, periódicos, recetas de cocina... Mi primer sopapo me lo llevé al derramar un plato de sopa en la alfombra de la sala.
Creo que nací en una ciudad tan bonita como aburrida, pero en el mejor barrio del mundo junto a Santutxu. He viajado más que cualquiera de mis amigos y conocidos, aunque a algunos que hayan estado en Nueva York y no conozcan la catedral de Burgos les parecerá poco. Con quince años perdí la cabeza por un nene que al final se fue con otra, y desde entonces no me he vuelto a enamorar. Poca gente ha podido ser tan feliz como yo durante aquel agosto que pasé en Derby, Inglaterra. De un par de años para acá me he vuelto bastante escéptica: a lo mejor no disfruto tanto como antes, pero en compensación, también sufro menos.
Me ponen muy nerviosa las personas que no son realistas, y la gente que vendería a su madre por un poco de éxito y las láminas de plástico que ponen entre las lonchas de jamón serrano envasado al vacío. Me pirra tumbarme al sol sin hacer nada, poner el despertador los sábados a las nueve de la mañana, pararlo y seguir durmiendo; hacer botellón y cantar con el karaoke Singstar de la Play. Mi sueño sería poder vivir de un bote del euromillones, y sin trabajar. Un par de medias no me duran más de tres días, y este año me he comprado mi primera falda desde que dejé de usar uniforme, hace siglos. Nunca nadie me ha descrito como persona, ni yo a nadie hasta hoy. No sé cuál es el adjetivo que más utiliza la gente cuando habla de mi, pero a veces creo que se refieren a mis gritos de manera exagerada. A mis mejores amigos no podría describirlos con una palabra, y a los peores enemigos no me molestaría en dedicarles ninguna.
No entiendo cómo mi padre, con esa vida tan perra que lleva, puede levantarse de la cama a las nueve de la noche para hacer un trabajo de esos que no dignifican a las personas. Le admiro por ello, aunque nunca se lo digo. No puedo contar chistes porque me empiezo a reír en el medio y la gente se impacienta. Creo que a Aritz Adúriz la Real no debió dejarlo escapar. Los peores minutos de mi vida los pasé en una patrullera de los bobbies ingleses, y los mejores, en mi pupitre de segundo de Bachillerato. Creo que la mayor fortuna de mi vida es saber que no me quiero ir de mi tierra, y la mayor putada, que me apellido Puertas Cartón. Fantaseo con tener una lonja en Tolosa o un pisito en Begoña, aunque nunca me lo pueda comprar. Creo que la inmigración sustituirá al paro en los próximos años como principal problema para los españoles en las encuestas.
Envidio a los periodistas de la Ser que hacen el Carrusel Deportivo, sobre todo el día que retransmiten la Superbowl. No he estado en la vida en una estación de esquí ni en un solarium. Me he jurado no pisar suelo estadounidense a no ser que ese país cambie mucho, muchísimo, aunque tuve que parar en el aeropuerto de Chicago para ir a Canadá. Me hubiera gustado que Olaizola y Zearra ganaran el campeonato de parejas de pelota. Irujo es bueno, pero un fullero y un macarra. Los aeropuertos son suelo internacional...
Como véis, mi vida es como el corcho de una redacción, hay un poco de todo. En la del Diario de Navarra se mezclan bufandas de 'Aupa Rojillos' con carteles taurinos y fotos del escote de Scarlett Johansson, así como folios en los que pone 'Se escribe Trabzonspor'. Pienso en todo pero en nada a la vez, hablo de todo y de nada. Aprendiz de todo y maestro de nada. Pero no me ha ido mal.
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