Eres la zorra pretenciosa y displicente que mamó las corridas de la desidia años. La pereza del carácter sin consolidar te dió un un lustre de oropel que se fugó en cada noche tras hacerte creer que te comerías el mundo con una polla en la boca y lo que ingeriste fue la bilis tumefacta que ulceró tu espíritu cien mil veces. Sí, eres la sobrevivi...