Se han escondido entre la pared y la ventana de mi habitación y, aunque se las siente, no se puede dar con ellas. Se las oye cuchichear por las noches, contándose historias a los oídos. Si se escucha atentamente, se puede entender que siempre versan de cómo una, o la otra, consiguió romper este o aquel hechizo que mantenía encadenada a la prin...