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Historias del bosque

Reflexiones sobre las Personas, la Vida y las Organizaciones

12 Enero 2006

Veintitantos marineros rumbo a Ibiza (I)

“Si viajar es fascinante, navegar es surcar los sueños”. Nebur

La primera quincena de agosto de 2005 un heterogéneo grupo de personas emprendimos la aventura de surcar a bordo de cinco veleros el Mediterráneo entre la costa levantina e Ibiza. Los prolegómenos, como suele ser, fueron largos meses de preparación, grandes dosis de motivación, poco pero intenso trabajo y unas gotas de temor a lo desconocido para algunos, y de vuelta a la aventura para otros.

A primera hora de la mañana amanecíamos en el puerto de Denia, cargados de un equipaje prometedor: ni una corbata, ni un traje, ni una sola agenda, muy pocos portátiles y, eso si, todos cargados con nuestro móvil. Por la otra banda, bañadores, gafas de sol, prismáticos, cartas de navegación, GPS, linternas, equipos de buceo,…

Tras breves gestiones administrativas en el puerto, y una “buena compra” en el Mercadona de turno, alrededor de las 14:00 iniciábamos nuestro periplo.

A esa hora el viento estaba casi en calma y la jugaban olas de juguete. Al otro lado del puerto y tras el Montgó monte que domina su entorno se fraguaban otros vientos.

Antes de abandonar puerto, cada bañera, cada cabina y cada camarote estaban perfectamente organizados y recogidos, y todos los “marinos” en sus puestos, listos para zarpar.

La primera maniobra de salida del puerto fue el preludio de una semana dura de navegación. Tuvimos que virar con un enorme velero en “segunda fila” con un patrón descuidado, el bichero no fue suficiente, hicieron falta varios pares de piernas para impedir la colisión. Finalmente Denia quedó atrás y muchas millas de mar por delante.

Sabíamos que sería difícil arribar a Formentera antes del crepúsculo. Pero algunas circunstancias lo convirtieron en imposible:
 Tardamos más de una hora en reunir los cinco barcos y comenzar la travesía
 No se había asignado un nombre, número, clave, o similar a cada barco. Así nos referíamos entre nosotros del siguiente modo, “al del casco azul”, “los que vais en medio”, y otros ejemplos de claridad y precisión.
 Carecíamos de un lenguaje adecuado para la situación, la mayor parte de los marineros no conocían ni un mínimo de jerga, y la radio ora era silencio, ora parecía un extraño e ininteligible rap.
 En muchos casos la tripulación aprendió las maniobras básicas y partes del barco sobre la marcha. Todo un reto.

Aquello no había hecho más que empezar, el viento seguía flojo y poco favorable, navegábamos a menos de cuatro nudos. La noche se echó sobre nosotros y bajo el manto de estrellas comenzó una sinfonía de timones y cabos, el oleaje y el fuerte viento que apareció hicieron su particular agosto en los estómagos de muchos.
Por momentos nos perdíamos de vista y la coordinación fue más y más difícil, menos mal que sabíamos donde queríamos ir,…aproximadamente.
Cada vez era más difícil permanecer en pié, cazar viento era a veces como cazar un fantasma escurridizo y frágil con guantes de boxeo. Calados hasta los huesos y como marionetas asidas a un arnés pasamos las últimas horas de travesía.
A las 02:00 horas del día siguiente, exhaustos unos de navegar y otros por los efectos del mareo llegamos a la costa norte de Formentera donde fondeamos. Apenas celebramos el final de la travesía, cansados, nos emplazamos para seguir ruta al día siguiente.
En mi barco nos cruzamos sentidas sonrisas entre cada bocado de la frugal cena con que despedimos el día. En ningún momento habíamos hablado de competir en esa primera jornada, pero a alguno se nos escapó, “hemos llegado los segundos”.

La semana no había hecho más que empezar.

Mientras Morfeo se apoderaba de mi reviví los mejores y los peores momentos de aquellas doce horas de travesía. Estaba feliz y contento, pero insatisfecho. Las cosas podrían haber sido muy diferentes. Las cosas a partir del día siguiente deberían ser muy diferentes, al día siguiente a primera hora y, por supuesto, antes de retomar el viaje deberíamos dedicar un tiempo a hablar, organizar y planificar los siguientes seis días. El éxito de la aventura residía en cinco o siete claves, o al menos eso pensaba yo.

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Director de Recursos Humanos, Consejero, asesor, pintor, conferenciante, coach de directivos, escritor y animador de organizaciones. Diseñador de proyectos singulares relacionados con el Desarrollo del Talento Directivo, las Estructuras Organizativas y la Gestión de Intangibles.
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