De el Principito...

Al final, lo miremos desde cualquier ángulo, el viaje es continuo. Antes o después abandonamos nuestro pequeño planeta con sus volcanes y sus baobabs y su rosa, para adentrarnos en un universo desconocido y siempre sorprendente.
Y decenas de años después, como en el libro de Saint-Exupéry, nos encontramos con reyes, avaros, hombres de números,faroleros, serpientes, zorros, una y otra vez. Y si en si una ventaja es conocera todos estos personajes, aún lo es más aprender de todos ellos.
Aprender en conocer, pero sobre todo hablando de personas, la clave está en comprender.
Un pequeño o gran esfuerzo que nos hace llegar a sus síes, sus noes, a sus "porqués".
En el gran viaje que reininiciamos una y otra vez, tenemos la maravillosa oportunidad de comprender decenas, cientos y algunos afortunados, como yo, hasta miles de personas. Decenas, cientos y miles de posibilidades de aprender, de crecer y mejorar.
Yo conozco miles de viajeros, algunos vagan, otros corren, unos hacia algún sitio, otros sin saber adonde.
Muchos van con su viaje muy organizado, otros por donde les lleven.
Algunos van con brújula y otros, muchos otros, caminan sin saber muy bien por dónde.
Entre todos hay turistas ocasionales, investigadores, viajeros profesionales y hasta expedicionarios avezados. Estos últimos son especiales, van por la vida descubriendo, aprendiendo y enseñando, da lo mismo si hay camino o no, o si su ruta pasa por un bosque obscuro o una selva peligrosa.
Ellos, como los enamorados, se adentran en lugares que hasta los lobos temerían.
Dejamos nuestro planeta al abandonar el hogar familiar y otras muchas veces, con cada casa, con cada trabajo, con cada experiencia.
Y sin embargo, algo siempre permanece en nuestro corazón, a veces mucho más que en nuestra mente.
Vayamos donde vayamos, estemos donde y con quien estemos, siempre llevamos el recuerdo de nuestra "rosa", aquella que dejamos en nuestro planeta, aquella que desafiaba a los tigres y temía las corrientes de aire.
Aunque veamos un jardín lleno de rosas y el universo entero, sabemos que ella está allí, esperándonos.
El viaje, hasta el más intelectual, es siempre un grano de mostaza al lado del viaje nuestras emociones de nuestros sentimientos.
No hay reino, ni dinero, ni mundo que cambiásemos por volver a nuestra rosa y contemplar, en nuestro planeta, sus amaneceres.

Buen viaje
Verae amiticiae sempiterne sunt


choser dijo
En algún sitio me preguntaste por qué te halagaba: te halago por el día que diste el paso de hacerme tu amigo, te halago por tu maravilloso gusto y sobre todo por estimular tu creatividad. A todos nos viene bien que cualquier ángel anónimo e invisible nos ayude a elevar el vuelo, aunque se llame Saint-Exupéry... Un abrazo
30 Marzo 2006 | 01:49 AM