Cuento dominical: noches de campanas
"Oyan orotan otso bana"
A cada bosque su lobo
De madrugada, cuanto todo duerme, cuando las sombras se alargan hasta el infinito el bosque parece inanimado.
En las noches de algunos días, más de invierno que de otoño, los pocos caminos del bosque tienen un caminante sempiterno, la sombra de un hombre o un hombre sin sombra.
Entra y sale del bosque lentamente, sin apenas ruido, rozando con sus pies la tierra, ora pesados y tristes, ora revoloteando entre las hayas. Su rostro oculto bajo un sombrero de ala ancha debe ser anciano pues asoma una barba entrecana que desciende hasta el pecho. Sus ropas, de color indefinido, son jirones al viento de pantalón, abrigo y algo que debió ser chaqueta.
Cuando sale, va hacia la aldea y aún yendo sin prisa, no se tarda en salir tras la media noche. A la vuelta, más ligero, entra hasta donde ninguno sabemos dónde, hasta un lugar sin fin o simplemente hacia ningún lugar. Minutos más tarde en la aldea doblan las campanas.
A veces algunos aldeanos anduvieron por el bosque después de una noche de campanas, eran muchos y ruidosos con las manos cargadas de palos y piedras.
Salieron tal y como entraron, enfurecidos y ruidosos.
Yo les veo recorrer el mismo camino de la sombra , incluso hasta el sitio donde la sombra suele desaparecer. Mi buen olfato me dice que la sombra no huele a nada, mi agudo oído, que nunca le oí palabra.
Entre las campanas me acerco al linde donde veo la aldea y el bosque, y sigo a los hombres entre los árboles y sé que no me buscan, siempre que lo hacen pronuncian y gritan mi nombre, ¡el lobo!, ¡el lobo!, ¡el lobo!.


Lunita dijo
Wow, excelente, me encantó.
Beshitos =D
16 Julio 2006 | 04:46 PM