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Ópera, siempre

El blog de lagioconda

12 Mayo 2008

Adiós a Leyla Gencer

«La soprano turca Leyla Gencer murió el viernes por la noche a los 79 años en su domicilio de Milán (norte de Italia), anunció el teatro de La Scala en un comunicado el sábado.

(...)

Gencer fue miembro del coro del Teatro Estatal Turco hasta debutar en Ankara en 1950. En 1953, debutó en Italia, en el Teatro San Carlo de Nápoles como Santuzza. Volvió a Nápoles el año siguiente para las representaciones de Madame Butterfly y Eugenio Oneguin. En 1957 debutó en La Scala de Milán como Madame Lidoine en el estreno mundial de Diálogos de carmelitas de Françis Poulenç. A partir de entonces apareció regularmente en La Scala, interpretando diecinueve papeles diferentes desde 1957 hasta 1983».

Más, en ABC

Gencer: ‘Ebben, ne andrò lontana’, aria de Wally del Primer Acto de La Wally, Catalani.

(Foto)

servido por operasiempre 7 comentarios compártelo favorito

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Paco Roa

Paco Roa dijo

La gran carrera de “La diva turca”, como así se la conocía a la recientemente desaparecida Leyla Gencer, q.e.p.d., siempre será recordada, aunque también tocó otros “palos”, por su vinculación a un repertorio belcantista muy particularmente, el donizettiano, cuyos olvidados títulos coadyuvó, en compañía de la Callas, la Sutherland y la Caballé –con la que algunos quieren ver ciertas similitudes artísticas (?)-, a su recuperación e incorporación al repertorio para general conocimiento y disfrute de los aficionados. Es una de las pocas voces importantes de los últimos años que no pude oír en directo, y bien que lo lamento, aunque me queda el consuelo de disponer de tres o cuatro filmaciones de otras tantas óperas con ella de protagonista (una de ellas con nuestro siempre poco recordado Juan Oncina), en las que despliega una enorme intensidad dramática, marca de la casa (aquí sí podríamos establecer alguna similitud con, p.ej., la Olivero), y una adecuada y medida vocalidad de lírica ancha casi spinto, construida a base de exquisitas medias voces. Desde Alicante, saludos cordiales.

12 Mayo 2008 | 01:47 PM

Munguia

Munguia dijo

Es un placer volver a ver esto activo, espero que todo te vaya bien Gioconda. Un abrazo muy fuerte.

MUnguia.

DESCANSE EN PAZ UNA DE LAS GRANDES

13 Mayo 2008 | 10:33 PM

gustavo

gustavo dijo

La carrera de Leyla Gencer se desarrollò principalmente en teatros de provincia de Italia, Bergamo,Mantova, Bari, Trieste.
El señor Paco Roa parece que le gusta escribir ficciòn.
¿de que gran voz habla el Sr Roa ?.Leyla Gencer tenìa una voz muy limitada en volumen, una voz realmente muy mediocre, con poco sonido y sin unidad, sus notas en el piano estaban totalmente separadas del resto de su voz, eran en falsete y en el teatro ni se escuchaban.
Tenìa una voz pequeña y muy mala.
No tenìa fortes.
Lo que hizo en LaScala fue por su relaciòn con Gianndrea Gavazzeni.
El maestro Gavazzeni tenìa a su esposa, pero Leyla Gencer era su amante, por eso consiguiò cantar algo en ese teatro, y aun asì casi siempre de segundo elenco.Fue segunda hasta de sopranos mediocres como Ilva Ligabue y Antonietta Stella.Gencer cantaba muchas veces una ùltima funciòn que dejaba Stella o Ligabue.
Despues fue segunda de Caballè y otras.
Leyla Gencer no llegò siquiera al disco, no grabò ni siquiera una sola opera.Hubo cantantes mediocres tambien pero pudieron por lo menos grabar alguna opera como Mara Zampieri, Antonietta Stella, etc.Gencer se tuvo que conformar con nada.
Un sueño de Gencer era poder cantar aunque sea una vez en el Metropolitan, sin embargo se tuvo que conformar con cantar en Newark, que es un teatrito para amateurs.
Mr. Bing dijo que en su teatro no podìa cantar una mujer que cantaba como una campesina (Gencer)

14 Mayo 2008 | 05:30 PM

operasiempre

operasiempre dijo

Todo bien, Munguía. Al menos de momento. Ya hablaremos:-)
Besos.

14 Mayo 2008 | 06:21 PM

poliuto

poliuto dijo

meter en el mismo saco a buenas y grandes sopranos como fueron Stella o Gencer con la señora Zampieri tiene bemoles...

Descanse en paz la Sultana

16 Mayo 2008 | 11:52 PM

Paco Roa

Paco Roa dijo

Yo no sé, porque tengo mala memoria, cosas ya de la edad, si D. Gustavo, al que, por cierto, no tengo el placer de conocer en absoluto, por lo cual me extrañan ciertas licencias de muy mala educación y escaso respeto que se permite contra un modesto servidor, es el “aficionado” con el que ya crucé algunas palabras a cuenta de la legendaria Milanov. Si así fuere, no tengo el más mínimo problema en, primero, terminar ese debate cuando Vd. guste, eso sí, fuera del ámbito de este foro, ya que no me parece justo ni considerado seguir molestando a sus distinguidos tertulianos con este asunto menor que ni siquiera a quien suscribe le importa lo más mínimo –mi negociado no es el de sopranos sino el de mezzos, y tampoco me gusta ejercer de defensor de las primeras, salvo cuando es, como así resulta en ambos casos, de justicia reparadora hacerlo-, y que sólo, por lo que puedo comprobar cuando nuevamente arremete contra mí, ahora a cuenta de la Gencer, a Vd. parece interesarle en una especie de fijación o de manía persecutoria, y, al cabo, a continuación sí haré uso aquí de mi derecho de réplica por alusiones personales, y lo haré naturalmente a favor de Leyla Gencer, que en paz descanse y a la que Vd. ha dejado por los suelos tan injustamente en el fondo como soez en la forma.

Mire, y cuanto sigue es lo último que le voy a decir públicamente en este respetable foro que nos acoge, cuyas normas de cortesía Vd. vulnera en cada una de sus maleducadas intervenciones, me parece francamente lamentable la grosera descalificación que, en una especie de, cómo le diría, gratuita enmienda a totalidad, hace Vd. de la meritoria carrera de la Gencer (en posesión del exclusivo “Premi d’Honor Puccini”, de la “Licia Albanese-Puccini Foundation”, que recibió en el Lincoln Center de Nueva York), soprano que, fíjense bien, tuvo el gran honor y reservado privilegio de debutar en La Scala a lo grande, como pocas otras lo hicieron ciertamente, con ocasión del estreno mundial de la señera obra de Poulenc, “Diálogo de carmelitas”, en 1957 (también haría lo propio un año más tarde, y ya van dos rigurosos estrenos, en “Asesinato en la catedral”, de Pizzetti); a partir de este doble estreno, y totalmente consagrada merced a los resonantes triunfos cosechados con “La Battaglia di Legnano”, “Anna Bolena” y, nuevamente en La Scala, con su destacada participación en los funerales por Toscanini, interpretando el “Réquiem” de Vedi, Leyla Gencer cantaría en el teatro de los teatros con grandísimo éxito una veintena de papeles diferentes entre los años 1957 y 1983. Ya retirada, Ricardo Muti, bien conocedor de su enorme talento escénico y de la capacidad para transmitirlo, la reingresaría a La Scala como directora de la Academia para Jóvenes Artistas. Resulta muy curioso, si me permite hacer un pequeño paréntesis, cómo, según le convenga a Vd. para su artera argumentación de turno, utiliza el baremo de los teatros para restar o sumar méritos a la carrera de un intérprete –si se trata de la Milanov, que por sus circunstancias biográficas desarrolló la casi totalidad de su carrera en USA y esporádicamente en Europa, en donde, no obstante, ya había sido consagrada como grandísima diva, entonces el Met, coliseo en el que fue coronada como primera soprano y una de las más grandes de su tiempo, es poco más que un teatro de provincias e insolvente a la hora de encumbrar cantantes, y La Scala se erige aquí en el Vaticano de la lírica, único teatro con autoridad para dirimir quién es grande de verdad, pero si es la Gencer, cuya carrera cursa muy principalmente en Italia y justamente en La Scala, entonces la cosa cambia y ahora éste ya no es el teatro por antonomasia, echa Vd. por tierra sus méritos al no haber cantado en el Met (no hubo acuerdo entre la dirección del teatro y la cantante), que en este caso ya sí, faltaría más, pasa a ser el máximo árbitro que sin apelación posible dictamina sobre la categoría de un cantante, según haya o no actuado en él-; en fin, qué cosas. Pero sigamos para bingo con la soprano turca.

Setenta y dos serán los papeles que a lo largo de su dilatada carrera sumó la soprano de Ankara, algunos, como es natural, mejor cantados que otros, pero siempre con una dignísima calidad media más que aceptable y, sobre todo, magníficamente resueltos en el plano dramático, cuestión a resaltar en un panorama actoral por lo común tan yermo como el de las sopranos. Intérprete todo terreno, dúctil y con verdadera vocación de “assoluto”, haría bastante Verdi, algo menos Mozart y, por encima de todos los operistas interpretados, Donizetti, cuyas óperas, largamente dormidas en el baúl de los recuerdos, fueron por ella redescubiertas y consolidadas para el repertorio internacional, coaligadamente con la Sills, la Sutherland o la Caballé –qué sé yo, “Anna Bolena”, “Roberto Devereux”, Maria Stuarda” y, entre otros donizettianos títulos más, “Lucrezia Borgia”, deben mucho su feliz recuperación a la belcantista voz de Gencer-. Y justamente por tal hecho, la exitosa exploración de campos poco o nada trillados, los enfoques inéditos dados y, en definitiva, su destacada contribución musicológica de restauración de la obra citada, decía de ella, perdón por la autocita, que se encontraba entre las “voces importantes” de los últimos años, que, guste más a mí o nada a Vd., esto resulta totalmente indiferente, ya ha pasado a ocupar un destacado lugar por derecho propio en la historia de la lírica contemporánea. Y yo quisiera que cuando me cite, D. Gustavo, tenga la amabilidad y la decencia de hacerlo literalmente, ya que en caso contrario hará Vd., tal y como lo ha hecho aquí, una cosa muy fea, manipular. Yo nunca dije, como Vd. me atribuye, que tuviese una “gran voz”, sino que fue, en el sentido ya expresado, una voz importante –vaya Vd. al DRAE y repase la diferencia entre las entradas “importante” y “grande”-, y que seguidamente pasamos a estudiar ya con brevedad.

Lo primero que conviene decir sobre el particular del instrumento de Leyla Gencer y, por tanto, sobre su predicamento en el mundo de la ópera, es que la cronología no jugó ciertamente a su favor. En efecto, ya desde el mismo comienzo de su carrera tuvo que luchar para abrirse camino contra todo un mito, acaso el fenómeno vocal más deslumbrante del pasado siglo, la figura avasalladora, dominante y acaparadora de María Callas (conste que no soy especial devoto suyo), entonces aún en plenitud artística, codearse durante toda su vida profesional con las competitivas voces de la Sills y de la Sutherland y, para rematar la jugada, aguantar el tipo con la emergente entonces, y por ello la mejor posible, Montserrat Caballé; todas ellas mucho más mediáticas y, consecuentemente, comerciales que la turca, lo cual explica el que las compañías discográficas se fijaran mucho más en las primeras antes que en la segunda, y tuvieran que ser los propios aficionados, anhelantes de su arte, quienes demandasen las muchas grabaciones piratas que todavía hoy, menos mal, circulan de sus óperas con mucha facilidad para conseguirlas. El espectro canoro de la Gencer, lírica ancha, pudiendo alcanzar sin demasiada merma la tesitura de spinto, destacó en las medias voces y encontraría su mejor acomodo dentro del repertorio romántico propio de la “soprano drammatica di agilità”, pues la coloratura belcantista propio de sus heroínas no ofrecía para ella mayores problemas. Voz algo corta, pero holgada y, sobre todo, “pregnante”, de portentosos filados y delicadas notas flotantes, virtualmente evanescentes cuando así se requerían, adolecía de cierta falta de homogeneidad en los registros. Con su instrumento siempre al servicio del drama, sin caer en excesos veristas de mal gusto, insufló verdadera vida a cada personaje encarnado, razón por la que en el comunicado de prensa de La Scala, dado con motivo de su muerte, se dijo, y con cuánta razón, que tenía “una de las voces más emotivas de cualquier época”, que había proporcionado “años de esplendor irrepetible”. De un modo ya más personal, y como rossiniano, he de agradecerle la exhumación de la ópera seria “Elisabetta, regina d’Inghilterra”. Descanse en paz, artista harto estimable tanto por sus medios como por su magisterio interpretativo. Saludos cordiales.

17 Mayo 2008 | 11:53 AM

dinora

dinora dijo

El arte de bien-poner los puntos sobre las ies...

17 Mayo 2008 | 12:11 PM

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"Los más emocionantes hallazgos dejarían de deleitarme si tuviera que guardarlos sólo para mí".

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