DE QUÉ HABLAR CON EL PROFESOR DE MI HIJO
La elección del colegio, después del nacimiento de los hijos, es una de las decisiones más serías que han de afrontar los padres. Una vez tomada la decisión, en los primeros años de escolaridad la presencia participativa de los padres en la escuela se manifiesta en la frecuencia con que acuden a las reuniones a las que son convocados por el centro.
Las estadísticas manifiestan que el vínculo positivo que se genera entre escuela y padres de familia da como resultado una mejora en los objetivos centrales de la educación: formación íntegra de la persona y, como aspectos concretos, el rendimiento académico, el comportamiento, la asistencia, y la identificación con la escuela.
Sin embargo nuestra sociedad, que marca tanto a la familia como a la escuela, está modelada por el pensamiento propio de nuestro tiempo: la concepción del hombre, el estilo de vida marcado por las típicas prisas de una sociedad competitiva, el afán de lograr objetivos simplemente cuantitativos, el logro de metas a cualquier precio, y la escasez de tiempo, van dejando en su camino un lamentable saldo: confundir “buena educación” con porcentaje de aprobados o suspensos en las evaluaciones. O que las entrevistas padres-profesores sólo se deben producir cuando haya problemas; o se reduzca, en el peor de los casos, a que los padres se quejen de los profesores y los profesores de los hijos.
Cuando la familia opta por un centro, está aceptando de hecho el centro en su totalidad: desde la idea de persona, expresada en el “Carácter propio del Centro” (o ideario) hasta la normativa de convivencia. Si vuestro hijo percibe que vosotros, en la práctica, no estáis de acuerdo con los valores que él recibe en las aulas, se le hace un doble mal: o bien, se convierte –sin saberlo, en un cínico o en una veleta porque no tiene jerarquía de valores con los que afrontar sus decisiones.
Comprender en profundidad que los padres son los primeros educadores, que la instrucción no agota la realidad escolar, y que lo que se recibe en las aulas va más allá del mero aprendizaje de datos, es fundamental para generar el interés y colaboración activa familia y la escuela. Es decir, la escuela -al ser elegida entre otras posibles- se siente corresponsable de la formación del hijo. Visto así, se comprende ahora que la educación es un proceso largo en el que el acompañamiento mutuo es la única manera de consolidar una verdadera educación.
Al parecer, las estadísticas demuestran que, conforme el niño va avanzando en su escolaridad, los padres se van distanciando del colegio porque éste deja de ser un punto de encuentro educativo. Para mantener la colaboración la escuela debe generar propuestas originales y suficientemente atractivas que integren a los padres y éstos participar de ellas.
La entrevista
La periodicidad de las entrevistas varía mucho en función de cada familia aunque un criterio aproximado podría ser verse a comienzo, mitad y final de curso.
Cuando el hijo es pequeño, un solo profesor tiene suficiente visión de conjunto pero al pasar a la Secundaria la labor del preceptor-profesor encargado resulta fundamental pues consiste en coordinar la tarea del equipo de profesores que intervienen en la educación de nuestro hijo.
No hace falta que haya ningún asunto preocupante para concertar una entrevista. Es más, cuando todo marcha bien es el momento ideal para hablar de temas verdaderamente importantes para su futuro: cómo mejorar los puntos fuertes, de los pasos para alcanzar el proyecto educativo que, como padres, hemos determinado, erradicar malos hábitos, etc. En definitiva es educar para la vida, y aquí sí que se alcanza la educación integral y se supera el umbral de la mera instrucción o adiestramiento.
Salvo cuestiones especialmente graves, en cuyo caso la entrevista será monográfica, es conveniente abordar un abanico amplio de temas: las asignaturas, las metas de carácter, la relación con los compañeros y amigos, el desarrollo de virtudes tales como el orden, sinceridad, laboriosidad, generosidad, etc.
Resultará conveniente que la entrevista esté preparada por ambas partes y que se mantenga una línea de continuidad entre todas las entrevistas. Para ello, se pueden tomar notas (tanto previa como posteriormente a la entrevista), aunque ello dependerá del número de temas tratados, los compromisos adquiridos y la memoria de cada uno.
Por parte de los padres no se debería acudir a la entrevista con la actitud pasiva de "a ver qué me cuentan". Marido y mujer deben pensar juntos qué posibles temas conviene abordar, en qué campos pedir consejo, contrastar con el preceptor si la percepción desde el colegio y la familia coinciden y, en caso de divergencia, en qué y por qué discrepan. Cuando los padres estén interesados en algunos datos concretos, vale la pena que avisen previamente al preceptor para que éste pueda recabar la información necesaria y así preparar aún mejor la entrevista.
Si los padres advirtieran que el preceptor contesta con frases genéricas, ambiguas o lugares comunes, puede ser oportuno pedirle que consiga la información y nos informe con detalle en la siguiente conversación. Si el preceptor lo viera necesario ya os recomendará que habléis directamente con algún profesor.
Sugerencias prácticas: temas posibles
Escala de valores:
o Adecuación entre los valores que se enseñan en el centro y los que sigue la familia.
o Contexto y ambiente familiar.
o Concepto de persona.
El alumno:
o Personalidad y carácter.
o Situación académica: comportamiento y trabajo en clase y en casa.
o Habilidades sociales: relación con familia, compañeros y amigos.
o Valores o virtudes que se desean promover.
o Concretar algún detalle de servicio en la familia o con sus amigos.
o Objetivos de mejora hasta la próxima entrevista.