Trepamos juntos al acabar el día, cada día, hacia nuestra extraña cueva. Se oyen gotas pequeñas, desiguales, desde el radiador. Sirven de nana para ti, aunque tú ya estés dormido. Sirven de conciencia irremediable para mí, qué le voy a hacer. Te peino con los mismos dedos que me sirven para contar los ruidos, las gotas, los restos. Te despierta...
Me he reído con una carcajada descomunal cuando he enunciado en voz alta que, contra todos mis pronósticos fatalistas, me han llamado para hacer una prueba de nivel. Entonces he salido corriendo a ver a mi amiga Lucía, que habíamos quedado, y he cogido mis apuntes para estudiar en el metro pero aún no los he abierto, y he vuelto desahogada, much...
- Espera, tengo algo en el pie, voy a ver. - Pero no dejes de mirar a la carretera, que vamos muy rápido. - No, tranquila, sólo será un momento. Aprovecho ahora que viene una recta. - Bueno... Y la recta se vuelve curva y apenas puedo hablar. Salimos disparados volando, y me quedo agarrada a tu brazo pensando que vamos a caer, con los ojos...
La vida pasaba igual que si la escribiera Roberto Bolaño. Éramos tres, que a veces eran dos, que a veces no éramos nadie. Todos los días hacíamos lo mismo, en eternas vacaciones de verano. Cuando el calor apretaba buscábamos un toldo, pedíamos una cerveza. Recuerdo no cambiarme de ropa en varios días, y también las risas agotadas. Entonces tú y ...
¿Puede estallarle la cabeza a una persona de 27 años que nunca ha tenido un trabajo que requiriera un esfuerzo apenas considerable en lo intelectual? ¿Puede una mujer -qué raro suena- de 27 años sentirse momentáneamente desolada? Es más grave de lo que parece. O al revés. Ya no sé lo que es grave. Al final me torturo diciendo que además es una t...
Hay veces, muchas veces, en las que se me despega misteriosamente y sin remedio la cabeza del cuerpo. Esas veces, muchas veces, suelen venir acompañadas (aunque no siempre) de un evento que sirve de disparador espontáneo. Puede ser un concierto en el que oyes con los poros y tocas las palabras (o viceversa), y a golpe violento de bombo se van de...
Lo primero fue la vergüenza. Estaba en un sitio nuevo, muchísima gente, todos se conocían y se hacían broma y yo en un lado, con mi carpeta llena de cosas. La carpeta estaba tan llena que se había combado (sobre todo porque el tamaño de los papeles que tenía dentro eran de muy variado tamaño), y al corte vertical tenía forma de ojo. De ojo musti...
En la boca del estómago, en las piernas y en las agujetas fantasma, ahí está la tristeza pegajosa, la de pasar calor. La de ir en el autobús y pasar por esa calle de siempre, y verla distinta a la sombra, y ver los brazos de los conductores al volante, y pensar en mí dentro de un coche, de otro coche. Tristeza plana, como una losa fina, que dest...
Me he tirado encima el café muy temprano, cuando intentaba indagar si alguien estaba bien. Lo he tirado encima de mi vestido recién lavado, por todo el suelo, por encima de las patas con ruedas de la silla. Me he asustado mucho, pero mucho, cuando al llenar un vaso grande con agua hirviendo para un té (que posteriormente iba a ser profanado con ...
El caso era que alguien me diagnosticó (creo que fue mi madre) una muerte repentina, aunque anunciada. Tenía un síndrome extraño, relacionado vagamente con la diabetes. Para evitar que sucediera antes de los 30 (edad a la que me sucedería sí o sí, de ésa no me escapaba), tenía que tomarme diariamente un par de pastillas que guardaba en sendas ta...
Y en orden de quererlo todo, también quiero que me perdones por ser tan exigente. También me gustaría salir de este atolladero. Sobre todo, eso.
Podría vivir dentro del estómago de un animal gigante, cálido, húmedo, predecible. Me haría un hueco, en la pared pegajosa. Podría incluso pedirle permiso para clavar algún estante, para pegar alguna foto. Creo que podría vivir dentro de un hipopótamo. Uno al que le guste estar en el agua. Con dientes cuadrados y romos. Le llamaré con un nombre ...
No es lo mismo que hiciste tú, yo no identifico al animal, no sé dibujarme la propia espalda. Pero al llegar a casa, día extraño, mojada por la lluvia desordenada, me quité toda la ropa y subí al tejado. No me voy de aquí hasta que la pared esté completamente empapada, dije. Y no lo cumplí, porque hacía frío. Pero traté de ponerme en contacto co...
Fú. Furufú. Pitititititipí. Gñe gñe gñe. Ñññññuuuu. Kakakakakaka. Y tantas otras onomatopeyas sobrevolando en círculos mi estado de ánimo. Cualquier cosa. Se oyen coches cabreados, al otro lado del muro. Eso también. Será que el día está gris.
Si nada me despista, disfrutaré de la tranquilidad que sólo te puede proporcionar una cena (con una vela) sobre un cementerio indio. Si todo sigue su curso, cenaré restos y putrefacciones inminentes. Hojearé algo con hojas. Beberé té. Además me acostaré temprano. Si nada me entretiene, regaré las plantas dos veces, dejaré la casa recogida, tir...
En orden de superar la fobia a la oscuridad circundante, o incluso a la oscuridad interna, anoche hice un par de ejercicios prácticos. La casa seguía siendo grande y a medida que iba apagando luces a mi paso y quedándome apenas con una lámpara junto a mí y el resto en penumbra, volvía la sensación vertiginosa, sosegada, la angustia liviana, la i...
Te has ido y en el circo no ponen nada ruidoso. Ni siquiera hay tambores de domingo en la terraza de enfrente. Te has ido y la casa se me hace interminable y callada. Dejo la televisión sin volumen, aparco las películas, el libro descansa en tu lado de la cama. Te has ido, y ahora este silencio. Me encantaría estar contigo.