Historia de un cuadro
Aquel invierno Victor de Yuste, hijo de Fernán Calvo el reconocido artista y maestro de retablos, huía en frenética galopada hacia el norte, temeroso de una Iglesia cruel y vengadora.
Le acompañaba un dolor, como una flecha de pena que partía en dos su corazón. Sus mecenas, Catalina de Evora y Jaime el Iluminado, acababan de ser asesinados pasto de las llamas, cuando el guardián de la fe fue informado por su secretario, que los tres nombrados, habían estado durante muchos años incrustando objetos de simbología pagana en casi todos los retablos de las iglesias cristianas.
Además de mecenas y amigos, compartieron gloriosos momentos de juventud, mientras Jaime y Catalina se amaron con un amor puro y sincero, Victor reservó su fulgor y su tiempo a su pasión, la pintura y la talla de sus geniales figuras de madera. La diferencia de edad no era notable, pero ellos fueron al mismo tiempo como un padre y una madre, como un hermano y una hermana.
Tras unas semanas de carreras sin rumbo, agotado y hambriento, cayó del caballo con la piel azulada por la lluvia y el frío y así, permaneció hasta que en aquella noche de luna llena, lo encontraron unos piadosos pastores y lo llevaron a la casa que aún tenía el clérigo de la pequeña aldea de Berceo.
Victor muy débil, mantenía apenas el conocimiento, pero quiso contarle al padre Gonzalo lo ocurrido y entre lágrimas que salaban su paladar acabó diciendo.
- ¿Cómo un Dios al que se llaman bueno, puede cuidar de su Iglesia quemando el amor más hermoso que había en esta tierra?
Gonzalo le entregó una bebida que contenía miel, hongos silvestres y vino caliente advirtiéndole que aunque provocaba algún efecto alucinógeno, se decía por aquella tierra que esa misma poción, había alguna vez conseguido resucitar a más de un muerto.
Al cabo de poco fue recuperando las fuerzas y sentados junto al fuego Gonzalo de Berceo le dijo:
- Escucha hermano con paciencia esto, porque yo aquí en esta noche, te hablaré de un Dios grande, justo y verdadero.
Y comenzó a recitar los bellos versos que estaba escribiendo que era lo que hoy en día llamamos la obra cumbre del Mester de Clerecía, Los Milagros de Nuestra Señora.
Así pasaba las páginas, así se abrían los ojos de Victor más y más. Siguió bebiendo y siguió escuchando y alcanzó un momento de éxtasis casi hipnótico, paralizado por el torrente de palabras que llegaba a sus oídos. Mientras acababa la copa, continuaba mirando hacia el fuego hasta que, súbitamente sacó de su bolsa unos pinceles y un lienzo.
Desde el trance, un ciclón con colores de ultramundo rasgaban el espacio, plasmando sobre la tela un lazo que como una llamarada se perdía en un futuro con ocaso incierto y al tiempo que el poeta seguía recitando, las pinceladas del delirio brotaban desde su mano hacia el torbellino multicolor para después volver a una paleta en imposible equilibrio.
A la mañana siguiente, Victor de Yuste había desaparecido y solo dejó una nota titulando el lienzo.
LOS AMANTES

Nota del Autor
1) Quien quiera interpretar el cuadro que lo haga a su manera más si necesita ayuda sobre colores, os puede ayudar Teresa de Añaga.
2) El cuadro “LOS AMANTES” existe, y está a buen recaudo en una colección privada cuyo nombre no me está aún permitido revelar.
3) La información contenida en esta historia fue escrita en el reverso del cuadro por Gonzalo de Berceo, primer poeta conocido de la lengua Castellana.
4) De hacia donde fue Victor Fernández Calvo de Yuste y que hizo Gonzalo de Berceo, para que el cuadro llegase hasta nuestro días a salvo os puedo decir que estoy haciendo una dificultosa investigación y os contaré en otro momento lo que haya conseguido avanzar.
haptesupreina dijo
Una historia impresionante, me tuviste en vilo del principio al final...respecto al cuadro el colorido rebosa ternura, unión y armonía que en la unión de los amantes, en su amor , genera una energia de vida (el color verde)que les hace ascender asemejando una ola creciente.
besos
16 Octubre 2006 | 09:20 PM