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Categoría: Epistemología

Ya hablé en otro post de los problemas que planteaba el razonamiento deductivo en cuanto a su aplicación a enunciados empíricos, así como de los que plantea el razonamiento inductivo a la hora de su justificación.

Ahora voy a retomar este tema hablando muy brevemente de un problema clásico relacionado con él. Éste es el problema de la inducción, y tiene que ver con cómo podemos justificar el proceder de manera inductiva a la hora de argumentar.

Para comenzar, retomaremos el el enunciado del principio de inducción: si en una amplia variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A y si todos los A observados tienen, sin excepción, la propiedad B, entonces todos los A tienen la propiedad B.

Por ejemplo:

Premisas:

El metal x1 se dilató al calentarlo en la ocasión t1

El metal x2 se dilató al calentarlo en la ocasión t2

El metal xn se dilató al calentarlo en la ocasión tn

Conclusión:

Todos los metales se dilatan al ser calentados.

Ahora bien, ¿cómo justificar dicho principio para poder operar con él en nuestros razonamientos inductivos? No podemos apelar a la lógica, pues las inferencias inductivas no son inferencias lógicas. Sólo nos queda, por esto, intentar justificar la inducción recurriendo a la experiencia.

¿Cómo podemos hacer esto? Hemos visto que la inducción funciona en un gran número de casos. Tenemos un gran número de predicciones exitosas que se basan en leyes derivadas de la inducción. Así, para justificar la inducción mediante la experiencia, podríamos argumentar que:

El principio de la inducción funcionó con éxito en la ocasión x1

El principio de la inducción funcionó con éxito en la ocasión x2

El principio de la inducción funcionó con éxito en la ocasión xn


Luego, el principio de la inducción funciona siempre.

Sin embargo, esta forma de argumentar es del todo inaceptable, pues procede de manera inductiva: en base a la observación de un número de casos concretos, concluimos un enunciado general. Esto implica justificar la inducción con la inducción, dando por supuesto lo que queremos demostrar.

Fuente: Chalmers, A. F., ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, Siglo XXI, Madrid, 2004.

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Estoy haciendo una asignatura llamada Epistemología Contemporánea en la que estamos viendo cómo se produce nuestro acceso perceptivo al mundo, o sea, ¿cómo conocemos el mundo y los objetos físicos que hay en él?
Sin entrar, por el momento, en distinciones entre realismo de sentido común o directo y realismo indirecto, empezaré por mostrar algunos argumentos que nos hagan pensar en cómo conocemos, cómo percibimos, los objetos del mundo externo. Éstos han sido llamados, en su conjunto, el argumento de la ilusión , y pretenden mostrar que el mundo no siempre es lo que parece y que de ahí podemos inferir que nuestra experiencia perceptiva está mediada.
Una ilusión es una percepción en la que un objeto parece algo distinto de lo que en realidad es, por ejemplo, al ver un palo metido en el agua, nos PARECE que está torcido, pero en realidad esto no es más que una ilusión óptica.
La estructura general de estos argumentos es la siguiente:

(1) Hay alucinaciones/percepciones aparentes.
(2) No puedo distinguirlas de los casos reales.
(3) Por lo tanto, la experiencia verídica está mediada por
las apariencias.

1.- Apariencia engañosa:
Es posible que, cuando dos observadores perciben una moneda, a uno le parezca elíptica y al otro redonda. De ahí que uno de los dos tenga una apariencia engañosa, es decir, de ahí se sigue la posibilidad de que los objetos físicos puedan parecer algo distinto de lo que son. Eso no implica que todas nuestras percepciones sean engañosas, sino que existe esta posibilidad y, con ella, la necesidad de que, al menos en uno de los casos de percepción, estemos percibiendo el objeto tal y como es (pues una percepción debe ser la verdadera).
De ahí que debamos decir que lo que se nos muestra en primer lugar es la apariencia del objeto y, por lo tanto, deberemos concluir que antes de llegar al objeto, lo primero que tenemos es lo que aparenta ser. Por lo tanto, nuestra percepción no es directa, sino que está mediada.

2.- Posibilidad de alucinación total:
Es posible que, debido a una alucinación, nos parezca que estamos percibiendo un objeto que, en realidad, no está ahí, no existe. Quizá hemos abusado de las drogas y creemos que hay un dragón en el pasillo que, aunque en realidad no está, a nosotros nos parece que en seguida se va a poner a lanzar fuego por la boca. La persona cree ver el dragón, pero éste es una percepción no verídica, y no puede distinguirla de una verídica, porque la apariencia es que efectivamente ha visto un dragón. Por lo tanto, nuestro primer acceso lo es a las apariencias y nuestra percepción está mediada por ellas.

Hay más argumentos de este tipo que concluyen lo mismo, por ejemplo, el argumento de la visión doble, que dice que, cuando la sufrimos, vemos dos de algo cuando en realidad sólo hay uno. Es decir, vemos una apariencia del objeto.

No sé si quedan muy claros, pero creo que, a modo de introducción, para hacer que alguien se "ralle" un poquito con estas cosas, no vienen mal.

Fuente: A. J. Ayer , El problema del conocimiento, Capítulo III, Eudeba, Buenos Aires, 1985.

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