El título de este post tiene que ver con una de las cuestiones que en este momento ocupan mi tiempo no libre. Mañana tengo una exposición de lógicas extendidas sobre la semántica de mundos posibles de Kripke y el tema fundamental gira alrededor de esta pregunta. Por eso, para aclararme un poco las ideas, pues lo escribo aquí, que pa' eso el blog es mío y a veces me apetece poner algo de filosofía "seria".

El primer paso sería retomar la paradoja de la identidad. El segundo paso sería retomar también la distinción analítico - sintético.

Para que nadie se pierda, es importante empezar por definir muy brevemente algunos conceptos modales, esto es, concernientes al modo en que se dan las cosas:

-"Contingente": Lo que puede o podría ser de otro modo.
-"Necesario": Lo que no puede ser de otro modo

También hay que definir grosso modo algunos conceptos del campo de la Teoría del Conocimiento, esto es, conceptos referidos a nuestro modo de conocer las cosas:

- "A priori": Anterior a la experiencia
- "A posteriori": Posterior a la experiencia

Una vez hecho esto, sólo falta plantear el problema que ha dado tanto que pensar a los filósofos del lenguaje: ¿cómo es posible que puedan darse los enunciados contingentes de identidad?
Un enunciado de identidad es un enunciado del tipo x=x, por ejemplo: "el lucero del alba es el lucero del alba" o "Cicerón es Cicerón". Estos ejemplos de enunciados de identidad no plantean problemas. De hecho, si alguien nos dijera que el lucero del alba no es el lucero del alba podríamos incluso pensar que no está cuerdo. Son verdades a priori, analíticas. Son verdaderas en virtud del significado de sus términos, sea cual sea nuestra experiencia del mundo.

El problema aparece cuando utilizamos enunciados de identidad contingentes, del tipo x=y, esto es, enunciados que informan acerca de un mundo que podría haber sido de otro modo. Por ejemplo: "el lucero del alba es el lucero vespertino" o "Cicerón es Tulio". El lucero del alba y el lucero vespertino bien podrían haber sido dos estrellas distintas, y lo mismo ocurre con Cicerón. Por esto son verdades a posteriori y contingentes.

Pues bien, mientras que muchos filósofos han considerado paradójica la existencia de enunciados contingentes de identidad y le han dado vueltas y más vueltas al supuesto problema de la existencia de dichos enunciados (porque hay gente pa' to), Kripke argumentará diciendo que no existen tales enunciados contingentes de identidad que acabo de explicar:

Kripke utiliza en su artículo “Identidad y Necesidad” varios ejemplos. De éstos, nosotros nos quedaremos con "el autor de Hamlet", también conocido como "Shakespeare".

Es verdad que Shakespeare podría no haber escrito Hamlet, podría no ser el autor de Hamlet. Por eso ésta es una verdad contingente.
Sin embargo, no podemos decir, de ningún modo, que el autor de Hamlet no sea el autor de Hamlet. Necesariamente, Shakespeare es Shakespeare. O lo que es lo mismo: si un objeto es un objeto, necesariamente es idéntico a sí mismo.

Por eso, tras una argumentación mucho más elaborada de la que aquí se reproduce, Kripke concluye que los enunciados de identidad, si son verdaderos, entonces son necesarios, ya sean a posteriori o a priori: la necesidad, por lo tanto, no se infiere de la aprioricidad, como muchos han pretendido.

Su concepto de mudo posible y su teoría de los nombres propios quedan en el tintero para otra ocasión. Esto, y la debida respuesta a los comentarios que aún no puedo responder.

Fuente: Saul Kripke, “Identidad y Necesidad”, en Luís Ml. Valdés Villanueva (ed). La búsqueda del significado, Tecnos, Universidad de Murcia, 1991, pp.98-130.