Logo de La Coctelera

pispita

29 Enero 2008

Las falsas apariencias

Hoy me he encontrado con una persona a la que conocí recientemente, en estos últimos años. Caminaba acompañada de otra mujer, una enferma de Alzheimer con síntomas avanzados y ya evidentes de este mal que no perdona.

Cuando le mostré interés por su caso, preguntándole con cautela si se trataba quizás de algún familiar, mientras pensaba para mis adentros que probablemente sería su propia madre, ella me contestó que no. Y a continuación, tras una leve pausa de reflexión introspectiva, me explicó que:

a) Seguía liadísima con una serie de importantes gestiones y organización de eventos de alto standing, en las oficinas donde trabaja (lo de "importantes gestiones" y "eventos de alto standing" entiéndase que lo aporto de mi cosecha, pero, con sus propios términos, así vino a sugerírmelo).

b) No obstante, como tenía un par de horitas libres por la mañana, le habían pedido que tuviese a bien, si no era mucha molestia, acompañar a la enferma (lo de "tuviese a bien" y "si no era mucha molestia...", también de mi libre interpretación, of course, pero igualmente sugerido).

y c) Que la persona que le había pedido tan ímprobo favor era, por supuesto, alguien muy importante, conocido y reconocido en la ciudad, con quien sólo alguien igualmente importante, conocido y reconocido en la ciudad podría tener la suficiente relación y hacerse acreedor de la suficiente confianza como para dar lugar a semejante petición y planteamiento de favores.

Así que..., recapitulando..., la reflexión introspectiva de la susodicha paría, finalmente, sus frutos, y ésta venía a explicarme que:

a) Yo sigo empleada, a ver si te vas a creer tú... Y no en un puesto cualquiera, no... Que ya sabrás tú que el mío es muy importante y re-que-te-burocrático, lo más de lo más...

b) Yo no trabajo como cuidadora de enfermos, ni mucho menos necesitaría hacerlo por razones de índole económica (véase de nuevo apartado anterior). No te quedes tú con eso, que no es ésa la imagen ni la impresión que a mí me apetecería dar, que a mí no me gusta eso, y que no, y que no, y que no... Que esto es un mero favor de buena samaritana, oye... Y que te quede bien clarito.

y c) Y no a cualquiera, por cierto..., que yo soy lo suficientemente importante, conocida y reconocida como para hacerle un favor de esta índole sólo a alguien igualmente importante, conocido y reconocido. He dicho...

Y bueno..., en fin..., que algo así, más o menos, fue como se desarrolló el encuentro y la conversación. Y que como llevo ya bastante tiempo sin escribir, pues tampoco me dan para más las fuerzas. No coment.

servido por pispita 4 comentarios compártelo favorito

28 Diciembre 2007

Navidades atípicas

Éstas son unas Navidades raras, atípicamente tristes y nostálgicas. ¿O mejor debería decir “normalmente” tristes y nostálgicas? ¿Acaso, de algún modo, no es cierto que todas lo son?

Se cumple un año de otras Navidades fatídicas, atípicamente crueles, dolorosas, desgraciadas. Al menos, en este caso, sí puedo decir con plena rotundidad lo de “atípicamente”. No todas lo son.

No puedo dejar de recordar que yo adoraba la Navidad, la Navidad en casa, con sus vacaciones y sus villancicos, y sus turrones y fiestas. Con sus interminables maratones de películas cuando niña. Con sus interminables maratones de juergas, cuando dejé de serlo.

Yo adoré, durante años y años, la Navidad. Mis vacaciones preferidas. Mis fiestas preferidas. Mi época preferida, en todo el transcurso del año. Hasta mis dulces preferidos... Y mis mejores regalos.

Y ahora sólo espero que termine. Que pase pronto, de largo; que me olvide y que siga su camino.

Tampoco puedo dejar de recordar que, cuando en mi Navidad se cruzaban comentarios, opiniones o reacciones de esta guisa, me parecían, de algún modo, desconcertantes, propias de una amargura que se escapaba a mi entendimiento de niña, propias de espíritus aguafiestas e incómodos en las ocasiones más especiales y entrañables. O algo así... Algo así pensaba. Quién me iba a decir...


Y el caso es que este año, en estos días, hemos vuelto a reunirnos en familia, un año más, para cenar y almorzar juntos. Y he sentido, más que nunca, que ya más nunca nada será igual. Ni las Navidades. Ni mi familia. Ni mi lugar y sensación inmersa en ella.

¿Dónde se quedaron los que éramos?

servido por pispita 1 comentario compártelo favorito

3 Julio 2007

El mundo es redondo... Como mi ombligo...

Por circunstancias, de un tiempo a esta parte, me han estado hablando,
casi a diario, de uno de mis perfiles más..., cómo decirlo...?,
"apreciados...?" , encarnado esta vez en el jefe de una de las personas de mi entorno más próximo.

El susodicho pertenece a la especie de homínidos abonados al...
"Pero... Pero... Cómo...? Es que tú no conoces...? Es que nunca habías
ido...? Es que no habías probado...? Es que nunca habías oído...? Es
que tú no sabes...? Pero es que dónde habías tú estao recluído, isssnorándolo to, hasta el mismísimo día de hoy, xavaaaal...,
cuando al fin has accedido al privilegio de conocerme a mí, que todo lo
sé, que todo lo he oído, que todo lo he probado, que a todos laos
he ido, y que todo lo conozco...?" (Esta última interrogante -de mi
cosecha- no suelen formularla de forma tan explícita, pero por ganas no
será... Será porque, a fin de cuentas, tienen sus miramientos... "Soy
el mejor, el que todo lo he oído-probado-frecuentado-sabido-conocido...
Pero mejor no decirlo..., que simplemente se note... No se vayan a
creer que es que yo me creo que yo mismamente soy el mejor, el que todo lo
he oído-probado-frecuentado-sabido-conocido..." )

A éste no he tenido el dgustazo e conocerle personalmente, pero las
anécdotas y batallitas que le tienen por protagonista, y de las que me
llegan incontables ecos, no dejan lugar a dudas. Oh..., my god...!!! Es
uno de ellos... Se cumplen todas las premisas. Él lo cumple todo...

Es, a todas luces, impensable, inconcebible, casi casi inadmisible...,
que tú nunca hayas frecuentado sus mismos restaurantes, probado sus
manjares y viandas predilectas, degustado este vino, efectuado este
viaje, conocido este entorno de trabajo, visto esta película, leído
este libro, seguido estas noticias... Y etc, etc, etc... Hasta el
infinito y más allá...

El mundo es grande, y redondo... Muy grande, y muy redondo...

Y las personas somos muy diferentes. Tanto..., que frecuentamos,
conocemos, comemos, bebemos, trabajamos, disfrutamos, reímos,
habitamos, vivimos... también en forma y modo muy, pero que muuuyyy...,
diferente.

Pero lo dicho... Para uno de mis perfiles más..., cómo decirlo...?,
"apreciados...?", es, a todas luces, impensable, inconcebible, casi
casi inadmisible..., que tú nunca hayas frecuentado sus mismos
restaurantes.

Aaayyyyy.... Qué soporrrrrr....

Y qué paciencia, diosito santo...., passiensssiaaaaa........

servido por pispita 4 comentarios compártelo favorito

11 Mayo 2007

Infiernos

No vale la pena retornar al infierno.

Tú ya lo conoces; recuerdas su camino tortuoso, recorrido a golpes de oscuridad y de pena.

Los días transcurren de espaldas a ti. De espaldas a ti, la vida. Y tú, mientras..., tan sólo la mirada fija en una senda absurda, en una meta absurda, razones absurdas... Tu mirada fija en el absurdo. Absurda, tú.

No vale la pena retornar. Lo llevas escrito en ti misma, a trazos mayúsculos, a fuego y llamas de tu propio infierno, calvario y decadencia particular.

Están de más las voces ajenas, los consejos que vienen de afuera, las advertencias, las alarmas piadosas.

Sospecho que, de algún modo, todos llevamos un infierno dentro. Un infierno contra el que luchar; quizás varios...

Sin embargo..., nos hacemos eco, nos hacemos cruces, nos compadecemos, nos alarmamos..., nos crecemos e investimos de digna autoridad, frente al incomprensible camino al infierno de los demás.

Y mientras nos lamentamos por ellos, o les reprendemos, nos vamos consumiendo en la útil ignorancia de nuestras propias llamas.

Recuerdo mi camino tortuoso. No vale la pena retornar.

servido por pispita 3 comentarios compártelo favorito

14 Noviembre 2006

Mientes

Un nuevo ingreso hospitalario. Una nueva fase en el desarrollo galopante de la enfermedad. Una negativa; y muchas preguntas, mucha insistencia...

Todos le dicen que ha de ir a verla. Que de no hacerlo, le pesará. Que ya no queda demasiado tiempo. Que lo haga ahora, que ya..., que vaya...

Y él les contesta que no, una y otra vez, reiteradamente..., haciéndose fuerte en su resistencia, en la soledad de su decisión y de su trinchera.

Y habla de rencor. De mil heridas del pasado. Mil desengaños + mil decepciones = dos mil reproches. Y habla de rencor... Demasiado daño el que le ha hecho... "No voy"...

Pero yo sé que el dolor y el mayor de los daños están aquí, en esto... Viven en este hoy, en este presente... Demasiado daño es el que ahora le haría plantar cara a la fatalidad, al deterioro, a lo poco que queda, de ella, de su tiempo... El reloj corre, imparable; y también lo hace la enfermedad. Y él, sencillamente, no quiere verla. No quiere verla en su cara.

Y cierra, entonces, los ojos. Y nos habla de rencor.

Pero yo sé que nos miente. Y lo miro; lo abrazo... Yo sé que duele...

Mientes.

servido por pispita 9 comentarios compártelo favorito

16 Octubre 2006

Adicción al cambio

No sé en qué justo momento o etapa ha ocurrido. Pero lo cierto es que algo esencial ha cambiado en mis necesidades vitales, en mis deseos y ansias como persona.

Necesito cambios, los necesito con urgencia, cada cierto tiempo; o incluso, llevados más al extremo, pequeñas revoluciones personales, pequeñas catarsis... Los necesito como el aire que respiro, y de hecho, la permanencia, que enseguida percibo como excesiva y longeva, me axfisia, me apolilla y empalidece, me corta la respiración...

No sé cuándo ha ocurrido, o mejor dicho, desde cuándo... Porque para nada me recuerdo como una niña especialmente inquieta o hiperactiva. Más bien, al contrario, creo que incluso sentía cierto miedo, inquietud, o cuando menos respeto, ante cualquier cambio que se avecinase; y más todavía, ante cualquier cambio repentino e imprevisto.

Y así, por ejemplo, recuerdo la escasa gracia que me hacía el paso de un ciclo escolar a otro, de un centro a otro, de unos compañeros y amigos a otros, de una ciudad a otra...

Ahora, cuando quiero motivarme y devolver el brillo a mis ojos, sólo tengo que ilusionarme con la expectativa de un cambio, nuevos entornos, nuevas actividades, nuevos aires y ciudades, hasta nuevas gentes...

Es una radical transformación que se ha producido en mí sin darme yo cuenta. Hasta que hace pocos días, en un momento de decaimiento, haciendo psicoterapia y auto-análisis en voz alta, le comenté que necesitaba algo nuevo, que necesitaba cambios, que necesitaba que ocurriese algo que lo revolviese de nuevo todo (y no para mal). Que no se producen novedades suficientes, no para mí; y cuando lo hacen, vienen con la cara triste, con el halo de la preocupación, de la enfermedad, vestidas de luto...

Y me dijo..., me dijo algo así como lo que sigue:

"En el espacio de un año escaso, has dejado tu profesión, hemos comprado el nuevo piso, y nos hemos mudado a él, has trabajado en la idea de un negocio que te resultaba totalmente ajeno y desconocido, y lo has puesto en marcha... ¿Te parecen pocos cambios...?".

Y lleva razón...

Pero la respuesta es "sí".

servido por pispita 10 comentarios compártelo favorito

4 Septiembre 2006

El cáncer, nuevamente...

El cáncer ha vuelto a teñirnos de negro un nuevo día.

Ha vuelto para recordarnos quién decide.

Para arrebatarnos a un@ de l@s nuestr@s, nuevamente.

Ha vuelto para decirnos quién manda.

Quién ha continuado mandando aquí siempre. Omnipotente. Omnipresente...

Y aún nos quedaban lágrimas.

Y una vez más, volvemos a derramarlas, y a preguntarnos por qué, mientras nos vestimos de oscuro, y mientras duele el alma, impotente, indefensa, deshecha en mil pedacitos diminutos, barridos contra una esquina...

Esto somos. Y aún nos quedaban lágrimas...

(Hoy, día 4 de septiembre de 2006, mi familia ha perdido otro pedacito suyo. Algo de ella quedará. Como siempre, quiero pensar que no se irá del todo. Se te recordará. Siempre...)

servido por pispita 21 comentarios compártelo favorito

25 Agosto 2006

Seguir...

Nuevamente, esta semana nos ha traido más noticias inquietantes.

Mi chico vuelve a pasar por una de esas crisis que afectan al estado de sus huesecillos, cada vez más familiares ya, pero no menos inoportunas y frustrantes en cada nueva aparición.

Esta vez, todo empezó en la rodilla izquierda, y de ahí al gemelo, y de ahí al tobillo, y de ahí al resto del pie... Dolor, inflamación creciente, inmovilización obligada, toda una semana entre cuatro paredes... Y finalmente, en el día de hoy, nueva visita al hospital. E infiltración. A descansar. En reposo absoluto, a lo menos, 24 horas más.

Como ya había explicado por aquí, mis "hipotéticas vacaciones" -como yo las llamo- siguen vislumbrándose todavía muy a lo lejos, y es más..., aún en el terreno de los "posibles" pero no "seguros"...

Así que, cada nuevo día de esta nueva semana, he continuado levantándome temprano, y he desayunado, y he hecho ejercicio, y me he duchado, y me he dirigido luego a mi trabajo, para no regresar a casa hasta las 10 de la noche.

Hasta ese momento, él permanece allí, entre sus cuatro paredes, con ciertas dificultades para su ducha diaria, y ciertas molestias, malestar, frustración, e incerteza...

Y sin embargo, esta semana he conservado mi fuerza, mi determinación, mi ánimo, mi humor. Lo he conservado todo, prácticamente... Relativamente inalterable. Igual que antes. Como era antes. Como debería de haber continuado siendo siempre.

No me preguntéis por qué. Ocurrió así. Y estoy, a pesar de todo, feliz de que así sea. Procuraré aferrarme a ello con todas mis fuerzas, para que de irse... -lo hará- al menos tarde mucho, pero que muy mucho, en hacerlo.

Por otra parte, también he estado visitando y paseándome, en repetidas ocasiones y con cierta frecuencia, por vuestros particulares hábitats, por los espacios personales y singulares de tant@s amig@s de esta Coctelera.

Y por eso sé que, para vari@s de vosotr@s, tampoco los últimos días han resultado precisamente fáciles.

Mi querido Jesús ha perdido a su madre.

Mi angelito, finalmente y por fortuna, ha logrado conservar a la suya -ojalá que por mucho muchísimo tiempo- pero después, eso sí, de haber temido y sufrido lo indecible.

Marta ha pasado unos días "tristona" -como ella dice- y le ha tocado asistir a la agonía de una gatita que vive con su madre, de un ser muy especial para toda su familia y para ella misma.

Eklypse está hecha polvo, la pobre mujer, tras esa mudanza ya a punto de culminar. Pero FELIZ, en definitiva, porque al fin sentirá su espacio como realmente SUYO.

Así que son ella y también mi entrañable amy -que supongo continúa el avance imparable y en positivo de su romance, aunque a decir verdad, no está soltando prenda... :-) - quienes me han deparado las noticias más felices de esta nueva semana ingrata.

Desde aquí seguiré. Me ha gustado saber de vosotr@s, como siempre. Y también, como siempre, os envío las mejores vibraciones..., para lo que cada un@ de vosotr@s las necesitéis.

Por mi parte... Yo... Aquí seguiré...

servido por pispita 10 comentarios compártelo favorito


Sobre mí

Hola a tod@s, y especialmente a ti. Lo que me ha ocurrido en estos últimos añitos me ha llevado a pensar que quizás no haya sido muy sensata ni muy sincera conmigo misma, hasta ahora, sobre lo que me apetecía hacer de verdad en la vida; lo que le pedía a ella, a los demás, y sobre todo, a mí misma; lo que estaba dispuesta a dar... Vengo de pasar por una pequeña gran crisis personal, que me ha hecho aparcar, al menos temporalmente, mi profesión y mi trayectoria en ella -lo que en algún momento llegó a ser el todo en mi vida y mis aspiraciones- para dedicarme a algo nuevo y diferente; para pensar al fin en lo que realmente quiero, y no tanto en lo que debo; para vivir, sencillamente, que no es poco; y empezar a preocuparme un poco por mí y por lo que de verdad pueda resultar más importante y prioritario en esta vida, más o menos corta, y a la que tanto cuesta a veces encontrarle alguna forma de sentido. Desde este espacio, sólo aspiro a vaciarme un poco, y a la vez, si eso te sirve, a llenarte también un poco a ti. Gracias por venir. Como peaje, sólo te pido que me dediques una sonrisa auténtica, como ésas que repartías sin esfuerzo alguno cuando aún eras niñ@. Eso está mejor... Gracias!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera