Entrar en familia ajena
Ay, la familia... Cuánto marca; cuánto importa; cuánto influye; cuánto nos hace crecer y nos fortalece, y sin embargo, cuánto puede llegar a acarrearnos de limitaciones, de cortapisas, de dependencia y empequeñecimiento; cuánto nos une y, sin embargo, cuánto puede derivar en distanciamiento y rechazo; cuanto la amamos y, no obstante, cuánto podemos llegar a...
Ni me sale. Se me ve el plumero. Yo soy de és@s que adoran a su familia (nadie es perfecto... :-) ). L@s adoro a tod@s y cada un@ de ell@s, con todos sus respectivos defectos, con las lógicas diferencias de criterios, hasta con la evidente falta de afinidad en muchos casos, con las discusiones, con sus más y con sus menos... Considerándola, eso así, en el concepto y la versión más reducida y ajustada del término. Nada de tíos terceros, ni casi segundos, ni casi primeros, si me apuras... Nada de primos lejanos... Nada del nieto de la tía segunda de la abuela del padre...
Sencillamente, pues eso... Familia = "l@s de casa". Aquéllos que habitan y/o han habitado en la casa familiar, en "el hogar", entre las cuatro paredes que me vieron nacer, crecer, permanecer y cambiar...
A pesar de los años que hace que dejé "mi" casa, pues ya a la vista está..., no puedo evitar el seguir refiriéndome a ella como tal: "mi" casa esto, "mi" casa lo otro... Mientras que -curiosidades de la vida...- las sucesivas viviendas que he ido ocupando, alquilando, e incluso la que finalmente me decidí a comprar, hace ya casi un par de añitos, no han pasado del insulso apelativo de "el piso".
¿Y por qué será que siempre acabo yéndome por los cerros de...?
El caso es que mi intención, en este post, era llamar la atención sobre el lado oscuro, sobre el "contra", sobre los daños colaterales... que con cierta frecuencia, se pueden derivar de tanta y tan estrecha unión familiar, de tanta "piña", y en definitiva, de una a veces mal entendida consanguinidad.
Paradojas de la vida... Cómo del sumum de la unión puede nacer la más injusta de las desuniones, de las barreras, de las distancias...
Qué difícil es, a veces, entrar en ciertas familias, convertirse en la nueva incorporación, en el nuevo "fichaje", en el "piojo apegadizo", como suele definirlo en clave de broma mi madre...
Cuánta desconfianza, cuánto recelo, cuánto rechazo -a veces inicial y superable, otras no tanto...- cuántos detalles, gestos, comentarios un tanto despectivos, a veces hasta ofensivos, o casi... Cuánta incomprensión, cuanta crítica -más o menos velada...- cuántos carros y carretas... Cuánto hay que tragar...
En esa casa de la que os hablaba, para mí entrañable, mi propio abuelo materno primero, y mi propio padre después, debieron asumir ese difícil papel de "piojos apegadizos", y para más inri, entrando de lleno, no sólo en la vida, sino también en el espacio físico, en el terreno, en esa casa, vamos..., del "enemigo" (o del "equipo contrario", como también lo referencia con sorna una ingeniosa conocida).
Una casa que les ha acogido y que ambos, en distintas épocas, acabaron convirtiendo en su particular hogar, donde dejaron su impronta, donde formaron sus propias familias y desarrollaron así, probablemente, los años más intensos de sus respectivas vidas. Pero también donde, sin duda, debieron "tragar", debieron escuchar, debieron achantar... Siempre quedan anécdotas y comentarios para el recuerdo. Y puede que para el cierto rencor y resentimiento.
Y este mismo fin de semana, estando en esa misma casa, me contaron otra anécdota familiar -aunque no perteneciente a esa "familia" que yo concibo de los más íntimos y próximos- que me hizo reflexionar sobre todo esto.
Seré breve. Esto ya se me ha alargado mucho, más de la cuenta...
Contexto: reparto de herencia.
Lugar: despacho de notario.
Protagonistas: dos hombres.
Parentesco: cuñados.
La frase..., sencillamente, demoledora:
"Tú, que entraste a matar el hambre en la casa en la que me crié...".
Sin palabras.
rosa dijo
Yo no tendré problemas de herencia ni habrá ningún cuñado que pueda decir eso porque soy hija única.
Pensarás que eso es un privilegio pero querida no lo ha sido.
En mis blogs he podido decir alguna cosa de como era mi casa cuando era joven, debo decir que es ahora después de tanto tiempo y con 50 años que puedo decir que tengo una familia, mi marido y mi hija, y una casa que esperamos comprar lo antes posible.
El resto de familia para mí aunque los conozco, como personas son totalmente ireconocibles. Porque en realidad no los conozco y eso pesa porque yo siempre me hubiera gustado tener una familia numerosa, será por lo de hija única.
Besos
Rosa
21 Agosto 2006 | 06:09 PM