7 May 08
Los tres mosqueteros blanden sus cachavas con fuerza, apoyadas en el suelo y que levantan para saludar a los jóvenes que van saliendo de la Facultad. Se cobran en sonrisas que les devuelven vida el falso peaje al que parece que les está condenando el tiempo. Así una tarde tras otra, bajo la sombra de la experiencia de un almendro en flor, van aprendiendo batallas que luego, a los que meriendan con ellos, narran con toda su alma en una voz que no les tiembla como el pulso: un señor que sujeta las flores que recoge su esposa por entre los bordillos; un niño con gafas de sol grandes que se tropieza con todo, una chica que baja del autobús corriendo a por su beso que la esperaba escuchando música, un policía que les saluda diciendo que luego vendrá para llevarles a casa, sí, papá. Nunca hubo contienda mejor librada y a la que se haga generalmente menos justicia que ésta, la de quienes ven en la vida todo aquello que de bueno les ha ido ofreciendo, valorando incluso lo mucho que pudo haberles llegado a pesar.
Fuera del tiempo
BAJO el globo caen los copos.
Ante los ojos de mi memoria,
sobre la mesa de la señorita, mi maestra
hasta la clase de los mayores del señor Servant,
se materializa
la pequeña bola de cristal.
Cuando nos habíamos portado bien, se nos permitía
darle la vuelta y sostenerla en la palma de la
mano
hasta que cayera el último copo al pie de la torre Eiffel cromada.
Aún no había cumplido siete años
y ya sabía que la lenta melopea de las
pequeñas
partículas
algodonosas
prefigura lo que siente el corazón durante una gran alegría.
La duración se ralentiza
y se dilata,
el ballet se eterniza en la ausencia de obstáculos,
y cuando se posa el último
copo,
sabemos que hemos vivido ese instante fuera del tiempo
que es la marca de las grandes iluminaciones.
A menudo,
de niña,
me preguntaba si estaría a mi alcance vivir
instantes semejantes
y hallarme en el corazón del lento y majestuoso
ballet de copos,
liberada por fín del tedioso frenesí del tiempo.
(Muriel Barbery, La elegancia del erizo -adaptación-, Seix Barral 2007)
20 Abr 08
El eco de un cuarto vacío no es más que otro aviso de la soledad recién estrenada. Porque sus paredes te parecen tan lisas e iguales que se tragan todos los proyectos que tienes para ellas, como un agujero negro pero en blanco. Y según te vas dejando ver y que te vean, como tatuajes caseros, los muros se van manchando y cubriendo de historias, golpes, colores, chinchetas huérfanas y tiempos que solo avanzan si les vas desnudando las hojas (que luego usas para forrar los libros que acolchan el sonido hueco del despertador de las siete). Si todo va bien, las paredes serán un reflejo de lo que tú eres y va saliendo de ti, a medida que esa soledad cede como una sombra remite al amanecer, de la mano de la helada, porque ha llegado el calor. Que son todo fotos en las que la sonrisa va dando luz a un sitio en el que a pesar de tu ausencia hasta la noche, sigue diciendo que sí, que vive alguien.
Gene Kelly
LA REALIDAD es una corona de atrezzo que, a propósito,
el comediante se pone ladeada.
La realidad es una chaqueta de rayas blancas y rojas
y un sombrero imposible,
una multicolor ciudad de cartón piedra
donde las esperanzas parecen infinitas.
La realidad.
Encendamos los focos violetas del crepúsculo,
los ventiladores del viento,
el disco de violines del otoño.
Trencemos sobre el mapa de lo humano
y sus complejidades
una coreografía de acrobacias y giros.
Todo lo que se inventan nuestros pasos
existe:
el caballero danzarín,
la muchacha del gángster
con su vestido verde
y sus piernas de seda.
Existe todo lo que puede
bailarse sin perder
la sonrisa.
Existe
todo lo que no existe...
(Ana Isabel Conejo, Rostros, Hiperión 2007)
17 Abr 08
Había una vez una ciudad que duró cinco días. Al abrigo de dos torres negras impresionantes, escogió proteger los sueños y miedos de una muchedumbre. Ha aparecido en el fondo de un cajón su mapa, y una flecha que a bolígrafo señalaba la otra punta del mundo: "3 años. Canguros. Invierno. Y.". Cuando salimos de aquel mundo prefabricado, ninguno sabíamos lo difícil de llegar hasta aquí, sin haber desenterrado el tesoro. Y ahora que nunca una flecha me pareció tan afilada, lejana e improbable, sueño, soñamos todos, con una carta feliz de cualquier sitio al que pudieran haberse ido a dormir nuestras ilusiones, contándonos que están bien, que no nos echan de menos. Y mientras deseo y deseamos, se divisa cada amanecer, entre los molinos de viento, una nube con forma de isla remota, que las aspas deforman y esparcen entre los cerros como la nieve que nos espera.
No hay don sin tren
EL recuerdo es carcoma
de la piel solitaria. Es agosto
mojado. Un olor
a caricias de tierra
con las uñas mordidas,
a un pueblo -su pueblo-,
a su propio verano vulnerable,
a su corteza opaca de ojos claros.
¿Qué cara del amor le sobrevive?
Te llaman las sirenas,
los viejos, Zerimar, las moscas... Vuelves,
y a veces te pierdes.
(Carlos Pardo, Desvelo sin paisaje, Pre-Textos 2002)
16 Abr 08
Siempre entran y salen los coches, como figurantes rendidos de una película cutre. Y las llamadas de teléfono en la puerta, girando en círculos sobre una colilla aplastada. A veces, entra gente trajeada y se abraza; otras, alguien que llega corriendo tropieza y se cae. Desde aquí no se oye nada, pero me atrevo a decir que la gente tiene miedo a romper el silencio creado alrededor del edificio y llora en silencio o se lo aguanta. Tanatorio. Y curiosamente, en frente, las grúas rematan lo que será un derroche de gritos y pasos perfectamente dirigidos y gente desaliñada o no y una celebración de la vida. Cafés siempre acompañados, papeles escritos entre varios, multitudes. Universidad. Dos mundos separados por una carretera, que permanentemente lleva a uno y otro. Desde el bus, no sé si el de adelante girará a derecha o izquierda, pero este deambular permanente por el límite de las dos me deja la sensación de que, realmente, son centímetros lo que separan la alegría del llanto, constantemente.
Mientras arden
ESCRIBO estos versos mientras arden.
Miro por la ventana y me sitúo
del lado de la vida, en lo oscuro,
domo un actor que sale de la escena
a contemplar sus propios movimientos,
el teatro del mundo.
Observo el escenario y me descubro
espiando a los niños que yo he sido,
al hombre que no soy pero me habita,
con el que muchas veces, para poder vivir,
he llegado a un pacto de silencio.
La gente que ha pasado por mi vida
se instala lentamente en el poema
al salir de mi mano y mientras arde
celebra estar aquí
y haber sobrevivido
al invierno más largo, a tanta ruina.
Mas siempre las palabras
nombran la realidad sin ser reales
fuera del cauce de unos pocos versos
que mientras nacen arden
para nunca extinguirse y con el tiempo
escribirse a sí mismos proclamando
que las pavesas que hoy dispersa el viento
latieron algún día intensamente,
que esto que ahora son cenizas
fue un día un hombre.
(Javier Rodríguez Marcos, Mientras arden, Hiperión 1996)
13 Abr 08
¡¡Santi!! ¿Qué tal? Jo, pues al final no podemos ir. ¿Vas a subir alguno de estos días a Santander? Me debes un cafe, jaja. 1besito. / Palm Sunday, espero que descanses y dejes aparcado el latín. besos. / Qué alegría me da saber de ti, muchas gracias. Te quiero. / Aquí ha perdido el Barcelona, ¿y ahí? / Nos invitan a cenar N y J, ¿te espero y vienes? / Voy en el AVE y me aburro, jajaja. ¿Estás en clase? Sé bueno. / No hubo problema el sábado 10 a las 12,30 bautizo. Te llamo un día de estos. / Gracias por tu recuerdo y felicitación; yo estoy mucho mejor en todos los aspectos... / ¡Recuerda a P que me traiga un helado! / Cando ti sepas falar galego eu sabre responderche en galego / La Chacón ministra de defensa, mmmmm. Hay rescoldos que casi cuidados sin saberlo, te levantan de las silla cuando decides posar el culo porque no puedes más. Y al soplar para ahuyentar los fantasmas, sus brasas se hacen omnipresentes e intensas. Menos mal que siempre nos quedan tizones de los de verdad, que calientan.
Vivir...
VIVIR
es una huella.
(Ada Salas, Variaciones en blanco, Hiperión 1994)
7 Abr 08
Con carácter de urgencia, hacemos avanzar nuestra vida por las casillas de lo ineludible. Está tan impulsada por esa electricidad apremiante, que muchas veces olvidamos recordar cuáles son esos sitios por los que hemos pasado. Menos mal que hay veces en las que lo primero no es lo urgente, sino lo realmente importante, y uno nota cómo sus pies están bien sujetos al suelo que se deja pisar. Desde lo condenable que parece el ocio, por no ser productivo, hallé la mejor de las redenciones en unas horas donde un novio lloraba delante y desde dentro de su amor, en una pila de libros que viajó desde algún sitio con mar y en una voz al otro lado que se alegraba de notarme contento por sentir que tras tanto tiempo, lo importante era que seguíamos ahí, escuchándonos las risotadas.
La trampa del teléfono
ÉSTE es mi contestador automático.
Para herir, simplemente, marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, marque 4.
Para interpretaciones literarias producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono (a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.
(Vanesa Pérez Sauquillo, Bajo la lluvia equivocada, Hiperión 2006)
3 Abr 08
No hay identidad que no necesite de ciertos lugares para verse refrendada. Porque es buenísimo construirse por dentro, por fuera y también por alrededor. Con esa fachada de hacer una foto, con sus ventanales enmarcados por la madera roja y el título puesto en grande arriba, dan ganas de sentarse en una banqueta en la acera de enfrente, a imaginar la vida interior. A ver cómo el reflejo del sol de mediodía congela en el pomo de la puerta un recorte de la salida de los chicos al recreo, y el ocaso nos regala las cuatro lámparas que en su interior se despiertan en las esquinas para los buscadores tardíos de poesía. Da gusto reencontrarse con uno mismo en ese cosmos de papel, de dos pisos como galaxias vecinas, pero tan distintas como lo son un nido para la chiquillería y un sofá para los amantes de Bach y la novela negra.
Mi primer bikini
SOLO yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raices.
Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.
Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.
Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.
(Elena Medel, Mi primer bikini, DVD 2002)
1 Abr 08
Planetas que giran en órbitas distintas. Avestruces que no se ven pero se rozan con el pico bajo tierra. Cobardes irremisibles que al final no quieren reconocer su egoísmo. Te levantarás por la mañana y sobrará un bote de champú en la ducha y faltarán manías que contrarresten la caja de chismes que vas llenando mientras te preparas para enfrentarte con el primer día de tu vida. Otra vez. Quien dijo que somos rectas, que se cruzan, se ponen en paralelo, se rompen... nunca pudo estar más acertado, teniendo en cuenta que somos el producto de nuestra trayectoria hecha y las intersecciones ajenas. Así, imaginándome perdido en un espacio negro, lanzado hacia el futuro infinitamente, salgo a encontrarme otros hilos. Mientras, en el vacío, una sucesión de puntos, ya ajena y en la que algo tuve que ver, cae irremediablemente lejos de mí.
Nube de nada
HAY un lugar en que la vida tiembla
ante el viento y la noche
igual que un pensamiento equivocado.
Un lugar de cristal que alguien ha roto
y en que ya no andará descalza la inocencia.
Un lugar en que flota
el cadáver de un niño ahogado en un mar de relojes
que giran con el dolor de juguetes averiados.
Y ese mar suena a orquesta de difuntos que interpreta
las partituras indescifrables del tiempo.
Y hay un baile de espectros incesantes,
y sus rostros son los mismos de aquellos
que andaban por la casa, que hablaban de viajes y países.
que traían regalos de ultramar
cuando tenía
antifaces la vida, y era la dama loca
que se abría como una flor de nieve
cada día en los ojos
que miraban asombrados los naufragios
de los buques fantasmas,
el vuelo de las cometas en la playa errabundas
y la fugacidad
de los castillos de pólvora, al final de los veranos eternos,
cuando se desgarraban los toldos por el viento y volaban
por las calles vacías los sombreros perdidos,
plumas de gaviotas y arenisca, los jirones
de carteles de cines y de circos
que traían el silbido de las balas,
la furia de las fieras
y los ojos vendados del lanzador de cuchillos
ante la ruleta de la muerte.
Hay un lugar en que aún suenan
los broncos abordajes de piratas a los barcos británicos,
el rugido de tigres de Bengala
y la sonrisa rota
de los magos de Holanda y de Turquía.
Hay en ese lugar
imágenes borrosas de mujeres
en cuartos de hotel, en asientos
traseros de unos coches furtivos, parados en los bosques
como brillantes amuletos de juventud;
imágenes borrosas de mujeres
en alcobas prestadas, en pasillos
de edificios que tienen
la condición de laberintos recordados.
Hay un lugar en que recorren
las sierpes del rencor la arena blanca.
Hay un lugar en que todo está dicho
y todo está perdido.
Y ese lugar -apréndelo- es tu corazón.
(Felipe Benítez Reyes, El equipaje abierto, Tusquets 1996)