¡Ah, Oporto! (y los Neubauten)
Siempre he recibido la misma información desde que recuerdo haber tenido relación con la Lusitania: los portugueses, por mucho que se empeñen, siempre estarán por detrás de España. Y puede que así sea. España ocupa el 8º lugar en el ranking mundial por PIB, y Portugal el 36º. Eso es un hecho, como que España tiene 45 millones de habitantes y Portugal 10. Siempre he oído que sus ciudades están demasiado sucias y descuidadas, que la vida está como en España hace muchos años y que los portugueses son, en general, demasiado orgullosos como para reconocer sus carencias. Aún recuerdo hace muchos años cuando, en mi ingenuidad, quise comparar Brasil con Portugal, y fue un propio portugués el que me reconoció que ojalá estuvieran la mitad de bien que Brasil (décima economía mundial, todo hay que decirlo). Bueno, todo eso puede ser la verdad, pero siempre que voy al vecino país vuelvo con la misma sensación: los portugueses, en muchos aspectos, dan sopas con honda a los españoles.

Mirad sino un ejemplo: la espléndida Casa da Música de Porto. La ciudad tiene 1.6 millones de habitantes, lo que supone la mitad que Madrid (sin contar con los casi seis millones del área metropolitana madrileña). Además, no es precisamente la capital, sino su segunda ciudad. Bien, pues cuenta con uno de los mejores auditorios musicales; de hecho, según la wiki, está considerada como la sala musical con la mejor calidad acústica del mundo. Ahí es nada. ¿Y Madrid? Nada, pero... ¿a quién le puede interesar eso? Desde hace ya mucho tiempo a los próceres municipales y comunitarios sólo les preocupa las obras mastodónticas que se quedan obsoletas nada más nacer; los pingües beneficios de la especulación inmobiliaria y conservar todo lo que huela a rancio (incluido apropiarse de los fastos culturales “populares” de manera vergonzosa). Pero lo mismo que es ridícula la proporción de carriles bici o los aparcamientos para motos, como absurda es la distribución (simplemente recaudatoria) de los aparcamientos regulados, cuyos beneficios van a cubrir las faraónicas obras de la M-30, a dichos próceres se la trae bastante al fresco la cultura que no tenga que ver con chulapos, fastos centenarios, toros y demás casticidades, amén de la creciente preocupación por la Semana Santa (cuando Madrid no tuvo jamás tradición, salvo casos puntuales). Eso sí: no existe alternativa, y si existe debe alejarse de la ciudad lo más posible (léase el caso del Summercase) o debe terminar a una hora decente (nada de que un músico se sienta inspirado y quiera tocar más allá de las 12.00 de la noche, lo que lleva a situaciones esperpénticas que he sufrido en mis propias carnes).
Pero, además de todo eso, debemos sumar otra cosa: desde hace años, décadas, la ciudad reclama un local, una sala de conciertos como dios manda, en la que puedan programarse festivales, muestras y espectáculos de calidad, o pueda cederse el espacio para algún artista de mérito que no tenga que depender de locales privados en los que la acústica siempre es la más perjudicada. En definitiva, un local moderno, construido ex profeso, con una acústica cuidada (y no precisamente pensada para albergar conciertos de clásica) y con buena comunicación. Eso simplemente no existe, por lo que es normal que muchos artistas que no sean convencionales simplemente pasen de largo, y vayan a otras ciudades europeas, e incluso españolas, que cumplan esos requisitos.
Éste es el caso de Einstürzende Neubauten, que han programado sus actuaciones en Lisboa, Porto, Málaga y Barcelona. Y a Madrid que le den, así de sencillo. Y me niego a pensar que es una simple cuestión de problemas de agenda, o de desavenencias de los managers; simplemente es una cuestión de que si los Neubauten quieren venir a tocar a Madrid tienen que conformarse con locales de segunda fila, como los consabidos (y detestados por sus condiciones acústicas y visuales) Heineken o Caracol. Otros demasiado pequeños (como El Sol, y no digamos nada el Moby Dick o la Siroco) no sirven, y cosas como las discotecas (Ribiera, Oh, Pachá o Joy Eslava) que o son demasiado grandes o no son adecuadas para este tipo de espectáculos; e instalaciones deportivas de toda índole, como plazas de toros, palacios de deportes o estadios de fútbol, que no son precisamente lo mejor para estos menesteres. En definitiva, que los grupos pasan. Y no me extraña.
Madrid lleva, pues, décadas reclamando un local aclimatado y acorde con la cultura alternativa, algo que la Casa da Música cumple a la perfección, y que es un prodigio de arquitectura, diseño, distribución de espacios y aprovechamiento de éstos. Sólo un pero: no se puede fumar, a pesar de las dimensiones, pero las pegas de la postmodernidad, que cuida tanto de nosotros, ya sabemos que son así.
La experiencia, pues, del concierto, además de las mieles de una banda como ésta, fue muy positiva, excepcional, diría yo. Pero este post queda ya muy largo, así que dejaremos el concierto para mañana. Espero.


torombolo dijo
Totalmente de acuerdo. Además parece que cuando se hacen conciertos en locales profesionales, el público se vuelve profesional. Me parece destacable su comportamiento guardando un respetuoso silencio en las partes más "intimas" de la actuación (salvo los tres notas de turno a los que Blixa tuvo que hacer callar, claro).
Mientras, a 600 km de ahí seguimos votando a Gallardín, que hace poquito nos inauguró un circo estable monísimo y totalmente acorde a nuestro tiempo. Nos lo merecemos.
Estoy por irme a vivir a Oporto, te hace sentir tan bien que parece que en todos los hoteles has estado alojado. ;-)
6 Mayo 2008 | 12:52 AM