Libros: El temor de la Fundación
Hace no muchos años, y ya después de muerto Asimov, tres de los principales autores de ciencia ficción contemporáneos se reunieron para homenajear al viejo, escribiendo tres novelas ambientadas en el universo de la Fundación, la gran obra de Asimov. Si la calidad del resultado representa el respeto que le tenían, suerte hay en que se reunieran para escribir, y no para mear en su tumba.
El temor de la Fundación es la primera de esas novelas, y es inconmensurablemente horrorosa. Muchas personas pensarán que quién me manda, y sé de una en concreto que se estará descojonando de mí por picar, y a ninguna le faltará razón.
Borges decía algo como que "el anacronismo es un placer plebeyo" (siempre tan redicho, el otro viejo). Y tenía razón. No deja de ser un recurso fácil y trillado, pero uno (sobre todo si es un plebeyo como yo) no puede evitar, mientras lee la saga de la Fundación, esbozar una sonrisa cada vez que le recuerdan que la futura raza humana, hiperdesarrollada y expandida por la galaxia, ignora no sólo la ubicación sino la mera existencia del planeta Tierra.
Pero ese recurso que con tanta mesura utiliza Asimov para darle sabor a una historia independientemente excepcional, Benford lo convierte en absoluto protagonista de su novela. El charco que tímidamente y por los bordes acaricia Asimov, Benford lo pisa, se mete, chapotea, se revuelca y, cuando crees que no podrás aguantar una más sin sentir vergüenza ajena, descubres que no ha hecho más que empezar. Regreso al Futuro III, ese kitch western, es alta metafísica comparada con El temor de la Fundación. Voltaire y Juana de Arco redivivos y huyendo por Trántor (no, no he bebido) son como un Cristo con pistolas, de copas por Chueca con Bin Laden.
El resto, tampoco nada muy original; en mi opinión, se limita a copiar diversos tópicos del género: mucho Matrix y algo de 2.001, también.
Rescataría, si me obligaran a ello con una pistola en la sien, dos cosas. La primera es que las caricaturas de Voltaire, cínico y socarrón, y de Juana de Arco, beata y descerebrada, resultan divertidas. Las primeras 20 páginas. El libro pasa las 500.
La segunda es que consigue algo que no llegó a rematar del todo Asimov en toda su obra (probablemente porque era bastante más pudoroso): explicar, en una sóla escena que te deja con ganas de vomitar, el milenario tabú humano acerca de los robots. Ya saben:
-- Cariño, ¡llegamos tarde!
-- Espera, mi amor; estoy terminando de arreglarme...
Pues eso.
Para rematar el sonrojo, un epílogo que constituye un ejemplo de libro de excusatio non petita, sosteniendo contra viento y marea que no hay nada malo en seguir a los grandes clásicos. Pues claro que no, alma de cántaro: salvo que te los cargues.
Hoy voy a poder dar estrellitas sin pedir perdón por no ponerme a dibujarlas, porque obviamente tiene , ninguna, nada. Vale menos que el papel en que está impreso. Sin duda el peor libro que me he leído hasta el final. Pero eso sólo es culpa mía. Lo que hace el aburrimiento.



albertofs dijo
¿¿Voltaire y Juana de Arco huyendo por Trantor??
¿ Y que piensa el Mulo de todo esto?
¿Seldon haciendo oposiciones a Primer Ministro de Trantor?
¿Chimpances y alienígenas?
Dios mío que le han hecho a la Fundación!
...
Cómo le de por reescribir a Lovecraft voy y le doy dos tortas
29 Noviembre 2006 | 09:58 AM