22 Abril 2008
Hoy es el Día de la Tierra.
La gran Tierra, que a todos nos da cobijo y que tan mal tratamos.
Y cuando juego a imaginarla como la gran Madre que es para todos nosotros siempre la visto de verde, quizá influenciada por esta primavera que acecha tras las esquinas, aunque sé que su traje preferido es el azul.
No quiero pensar en esos trajes que se pone en las ciudades de color gris cemento, adornados por horribles hongos de contaminación y porquería. Me gustan más los verdes con que adorna los campos cuando la bendita lluvia se digna a regarlos.
A veces pienso que el gran daño de las religiones monoteístas ha sido olvidarnos de los que fueron nuestros primeros Dioses y Diosas, entre los que siempre estuvo Ella.
Se la admiraba y se la cuidaba con la ternura con que se cuida a las mamás, porque ellas nos llevaron una vez dentro y nos alimentaron y quisieron antes incluso de que tuvieran conciencia de que nos iban a traer al mundo para cumplir nuestros sueños y anhelos.
Antes de alumbrarnos para ponernos en el camino de alimentar nuestros odios y deseos a voluntad.
Esas madres no pensaron en las consecuencias de criar a alguien que no sabían cómo sería. Todas las grandes y pequeñas personas han tenido una madre. Y de ellas son muy pocas las que logran decepcionar a sus pequeños.
De igual manera la Tierra nos ha dado un hogar, un lugar donde crecer y amar, sin pensar en si la búsqueda de esos amores iba a perjudicarla a ella. Y a día de hoy, a pesar de los esfuerzos, la tierra se seca, se calienta, se convierte en estéril.
Es curioso lo cercanas que han estado siempre en las creencias propulares el culto a la fertilidad y a la Tierra. Al fin y al cabo en año de malas cosechas y de hambrunas los bebés del clan no salían adelante. Muchas veces ni siquiera nacían...
Por eso, a tan sólo semana y media de celebrar el Día de la Madre, en el que cada uno de nosotros podrá rendir su tributo personal a su propia progenitora, deberíamos dedicar un minuto a pensar en esta gran mamá redonda que tanto hacemos sufrir y que tantas alegrías nos da.
Si aún dudáis sólo tenéis que buscar el árbol más cercano que tengáis y observar con detenimiento la magia del brotar de las hojas, de las flores si las tiene, de los insectos que alberga, del azul del cielo que se recorta entre las ramas… y acordaos de dar las gracias internamente.
No creo que sirva de mucho, pero consuela…
servido por Rumores de jabón
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10 Abril 2008
Ay escritores de mis amores, que ni os leo ni os informo de cómo va mi vida. Recuerdo muy bien cuándo, en los principios de este blog, me angustiaba ver como buenos amigos desaparecían de sus "casas" sin dar más noticias, llegando a plantearme a veces si no les habría pasado algo...
Y ahora voy yo y hago lo mismo.
Los avatares de mi vida siguen siendo los de siempre. Curro, amores y alegrías en las dosis justas para permitirme seguir siendo feliz y aprovechar el tiempo al máximo.
La llegada del nuevo miembro a la familia (y más después de lo pasado en el otoño) me tiene absorbida, porque es absolutamente fascinante ver como la vida se abre paso sin obstáculos que la paren. De repente Aitor tiene alguien a quien cuidar y sus ojos se llenan de hermana cuando alguien se acerca a ella. Su instinto primario es protegerla, y eso fascina, más cuando pensábamos que los celos eran los primeros en surgir en estas situaciones.
Carla es la pulga-bebé más bonita del Universo, al menos hasta que alguien me demuestre lo contrario, y tenerla en brazos es un placer sólo comparable a hincar el diente en un croissant recién hecho. Es un bultito que hace ruiditos mientras desprende calor a todos los que la rodean.
El invierno ha pasado sin mucha pena ni gloria. No hemos viajado tanto como desearíamos, pero los fines de semana en casa han servido para practicar el deporte en pareja más reconfortante del mundo y para activar nuestra vida social, que nunca ha sido aburrida, pero ahora está mejor que nunca.
La primavera ha llegado y tengo la sensación de que algo dentro de mi fuera a explotar al son de las hojas recién estrenadas y las flores que con estas tardías lluvias salen por todas partes.
Mi madre me regaló una maravillosa planta de Dalias que vuelven a estar a punto de salir y la emoción me bulle por dentro de ver que en la terraza del ático alquilado (ese que ocupamos hasta que nos den la casa nueva en otoño) hasta los cactus están en flor.
Los viajes comienzan pronto, y es que suficiente hemos parado ya en casa. Y hay que aprovechar, porque este año no quiero perderme ni un solo campo de amapolas. Entre medias tengo médicos y esperanzas varias (creo que ya sabéis de qué voy
) que no materializaré hasta que no sea seguro, que luego resulta muy duro dar malas noticias sin veros las caras.
Espero poder volver algún día al nivel en el que estuve, pero las ganas de sentarme en el ordenador al llegar a casa son nulas, y en el trabajo no me dan mucho tiempo para ello...
Lo que no quiero dejar pasar es la oportunidad de mandaros un beso muy grande y deciros a todos los que sois tan especiales para mi que os echo mucho de menos. Aunque no venga mucho por aquí....
servido por Rumores de jabón
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27 Febrero 2008
Estoy tan ajetreada en el trabajo, con tal vaivén emocional y la coctelera se ha puesto tan tonta (¿soy la única a la que le sale la página estrecha y no soy capaz de colgar una sola foto decente que se vea?) que no encuentro el momento de escribir.
Es difícil describir mi estado de ánimo actual. Básicamente estoy cansada, pero tengo tantas cosas que hacer que es difícil saber cuándo parar.
Pero tenía que venir a contaros que ha vuelto a pasar. Ha vuelto a suceder el milagro.
Se llama Carla y es la pulga más bonita que he visto nunca…
Enhorabuena a mi hermana por ser la más valiente, a mi cuñado por ser el más amante y a mi familia entera por demostrar (una vez más) que somos únicos dando apoyo cuando hace falta. El susto que nos dieron al nacer podría haber sacado las cosas de quicio, y a cambio la red de solidaridad ha funcionado como nunca.
Qué bueno es poder contar con ellos, ellas y vosotros.
(Si fuera verdad que somos el espejo de la gente que nos rodea yo debo ser de lo más simpático, majo y adorable que pise sobre la tierra…)
servido por Rumores de jabón
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20 Febrero 2008
Es increíble la vida interior que tienen algunas personas. A veces entiendo por qué me siento tan pequeña...

Me voy a sumar a esta iniciativa, porque me parece alucinante, porque me cae fenomenal la tía que escribe el blog donde me la he encontrado y porque creo que el mundo sólo cambia si empezamos por nuestro propio trocito (y por nosotros mismos).

Hale.
(En realidad mi propuesta era hacer un viaje de un mes a Canadá, pero no tengo suficiente pasta, así que lo dejaremos en las buenas obras...) 
servido por Rumores de jabón
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4 Febrero 2008

Estimado Alberto.
Ya desde que nos conocimos (si es que conocemos a alguien, que a veces ni yo sé quién soy) aquella noche en la Gata Flora donde tu servías espaguetis y yo cenaba con mis padres supe que lo tuyo era algo más que arte. Pero coincidimos en un momento de la vida en el que, afortunadamente, yo aún creía que el mundo giraba a mi alrededor, y que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando tú me contaste que tenías una compañía alternativa de teatro yo me comporté como una gilipollas y pensé que no era más que un truco para intentar llevarme al huerto. Bendita soberbia de juventud. Recuerdo (aunque suene cursi) cómo brillaban tus ojos en aquella noche, en la que intentabas contarme que, a pesar de que ser camarero te daba de comer, tú eras actor. Comprometido y solidario. Bohemio y sin un duro. Pero actor.
Yo prometí ir a verte y me escabullí a casa pensando que la vida me ofrecería gente mucho más interesante en su devenir.
Volvimos a vernos en las Fiestas de San Antonio, en la calle del Pez, con una sangría y una cerveza en la mano. Me abrazaste con una sonrisa que no te cabía en la cara, y me preguntaste por qué no te había llamado. En ese momento descubriste a Vicente a mi vera, y su cara de pocos amigos, y te apartaste algo de mi. Mientras me preguntabas con la mirada yo te contestaba que, afortunadamente, creía en el amor para siempre, y en la fidelidad sin excusas y brechas que sólo da la juventud ñoña de los veinte años.
Y me invitaste al teatro de nuevo.Y volví a ignorar tu propuesta.
Comenzaste a hacer películas, con Airbag como punto de despegue (lo siento, no he podido verla, porque las pelis tipo Tarantino no me seducen, a pesar de que la fascinación que tu presencia ejerce sobre mi ser me invita a pensarme mi decisión). Y tu nombre comenzó a sonar cada vez más fuerte.
De vez en cuando pensaba en ti, porque según avanzaba en mi carrera y me iba dando cuenta que dedicar tu vida y tus esfuerzos a una profesión que exprimiera el alma en lugar de aplastarla merecía mucho más la pena que el título de ingeniera, iba viendo cómo se reconocían tus esfuerzos.
Y llegamos a nuestra tercera vez, en la que nos cruzamos en la calle de los Reyes, antes de que el viento que siempre sopla en la Plaza de España nos arrastrara a nuestros quehaceres.
Esta vez era una bonita tarde de primavera, y tú ya eras más conocido que yo. Al cruzarme contigo pensé el saludarte, ya que no mostraste signos de reconocerme. Pero la timidez que a veces me asalta al ver a alguien que sale en la tele fue vencida por las ganas de hablar contigo. Así que allá fui.
Pero tú estabas en una fase en la que la fama te dio la suficiente altanería para pensar que yo era una de las muchas que te agobian sólo por ser un niño guapo de la tele. Y fuiste tú quien se comportó como un gilipollas. Me dejaste con la palabra en la boca y la desilusión en el cuerpo, y supe que no volveríamos a vernos.
Allí dejé la historia que ayer con tanto alborozo retomé. Porque vi cómo recogías el Goya por una película que sí he visto y que disfruté con alegría. No creo que sea la mejor película de este año. Pero actúas bien en ella. Y me gustaste.
No voy a negar que parte de tu encanto está en que eres un hombre terriblemente atractivo, y que esa sonrisa que echas medio de lado en algunos momentos te hace irresistible.
No sé si te levantas contento por la mañana o gruñón. Si eres cariñoso o arisco. Pero ayer, cuando subiste a ese escenario y miraste a los que te aplaudían con ese aplomo divertido, me sentí orgullosa de ti.
Eres un tío comprometido, sin pelos en la lengua, que se dedica a lo que, ahora ya lo sé, es una de las profesiones frustradas a las que debería haber dedicado mi esfuerzo. No es que no sea feliz con lo que hago. Ni que no me sienta orgullosa de lo conseguido hasta aquí. Pero las vidas pequeñas de la gente pequeña que me rodea me hace extrañar las luces de los teatros y los sonidos del cine que tú saboreas.
Te metiste con los obispos con esa voz tuya que borra las penas. Luchas por tu compañía de teatro que agita y sacude conciencias adormecidas. Y derrochaste encanto por los cuatro costados.
Así que, con ojeras por lo poco que dormí, con la cuenta de deberes llena de películas pendientes por ver (¿en qué cines han echado "La Soledad"?) lo único que me queda por decirte es Enhorabuena.
Eres un actor como la copa de un pino. Y a mi me vuelves loca.
Espero, sinceramente, que todo te vaya bonito.
Besos y besos de Marta.
(Carta en la que todo lo que se cuenta es absoluta verdad, sentimientos, desvaríos y situaciones incluidos, y que me gustaría dar en mano al que para mi es el actor de mi vida).
P.D. Soy de las que piensan que todas las mujeres deberíamos poner un "galán" en la vida, y a mi me gusta pensar en ti en ese sentido. Chicas, sólo hay que elegir.
servido por Rumores de jabón
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24 Enero 2008
A veces ves algo en una película (o lo lees en un libro) que te parece absolutamente genial.
No sabes de dónde habrá sacado la idea su autor, ni cómo se le ha ocurrido. Quieres hacerla tuya, y lo que más rabia te da es que no se te haya ocurrido a ti antes. Es una sensación que me asalta muy a menudo, por lo que vivo con ella. Generalmente agradable (por tanto dulce) suele tener ese punto amargo de la envidia que hace que un buen plato pase de ser rico a ser inolvidable.
Sentimiento especial por tanto. Y acaba de pasar.
Llevaba yo unos días con el ánimo revuelto por problemas en la empresa. Nada en concreto, pero el ambiente no era bueno. No disfrutaba como suelo hacerlo, echaba de menos esa tranquilidad que conseguí cuando llegué a este sitio. Ya he escrito sobre ello esta misma semana, pero ni siquiera eso me hizo sentir mejor.
Es verdad que estoy intentando que mi fantástica situación personal redunde en una mejora de relaciones laborales. Intento animar a la gente, hacer bromas, no reprimir las ganas de cantar por lo bajini que me asaltan de cuando en cuando. Pero no siempre se puede (y puede que con un solo grano de arena no se pueda conseguir).
Y hoy de repente, sin forzarlo, sin esperarlo, ha cambiado.
El momento mágico ha ocurrido.
Las risas han inundado la sala, a la gente se le notan las chispas en los ojos, burbujean las gracias y las ganas de compartir un buen momento con los demás. La complicidad se respira, tomando forma en este día de primavera avanzada que contamina el cielo de Madrid, pero levanta las almas.
Y yo, pensando en lo afortunada que soy por saber reir, me he acordado de la película de “Monsters” en la que los encargados de asustar a los niños por las noches saliendo del armario de repente se dan cuenta de que da mucha más energía hacerlos reir.
Si hoy hubiéramos tenido contenedores de risa tendríamos guardada energía para un día entero. Para esos días en que todo cuesta más, en la que el futuro de repente pierde color.
Qué idea tan genial. Risa energética. Risa fantástica.

servido por Rumores de jabón
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22 Enero 2008


Porque hay que intentar que el desánimo no nos gane.
Porque el invierno se puede entender como el preludio de la hermosa primavera.
Porque los sueños sirven para mantener vivo el deseo.
Porque de ilusión también se vive.
Porque sé que hay mucha gente a la que querer.
Porque la vida puede ser lo más emocionante que nos pase.
Porque al fin y al cabo hace un día muy bonito.
Porque hay mucha más gente de la que creo que ve la vida como yo.
Por eso y por muchas más cosas merece la pena sonreir un 22 de Enero.
servido por Rumores de jabón
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16 Enero 2008
Pasan los años, las historias y las circunstancias, pero lo que no cambia es la sensación de frustración que me invade cuando propongo algo con toda mi ilusión y descubro que la gente se toma a chufla mi propuesta.
En general qué gente más anodina rellena nuestras vidas...
Leía el domingo a (siempre espléndido) Manuel Vicent, que describía en su columna cómo la vida se pasa a veces sin que reparemos en ella, dándonos cuenta de todo lo que ha pasado sólo al final. El camino consiste sólo en una serie de rutinas que no se viven con intensidad y que hacen que los días pasen pareciéndose mucho unos a otros.
Cuando terminé la última línea pensé "Este hombre exagera. Yo no soy así. Intento apurar cada minuto, sacarle partido a todas las tardes, a todos los huecos libres, a los fines de semana, a las vacaciones, ya que las mañana son tan tremendamente sosas". Y sin embargo sé que esa gente existe, porque a pesar de que este curro que comencé en pleno verano es el mejor trabajo que haya tenido jamás, está lleno de MENTES VACíAS.
Llevo ya unos días dándole vueltas a la cabeza sobre uno de los pocos temas interesantes que tiene mi actual trabajo, y es que estamos certificados por la Norma ISO 14001:2004 que nos obliga, como empresa, a fijar unos objetivos ambientales anuales. El año pasado el objetivo de consumo de papel fue fijado por la persona que ocupaba mi puesto y no se ha cumplido ni de lejos, entre otras cosas, porque mis compañeros/as se dedican a imprimir sin límite alguno.
Puesto que considero que todos somos parte del problema (y no sólo mi jefe, que suficiente hace comprometiéndose con estas cuestiones, por mucho que lo haga por una cuestión de prestigio) estaba buscando la manera de que todos nos comprometiéramos con la solución.
Un día, estando con la familia, se me ocurrió comentarles la idea de poner una especie de "hucha verde" en la que cada uno pudiera hacer una aportación voluntaria para actividades de conservación de las especies vegetales. Ante tal propuesta mis padres se echaron las manos a la cabeza, apelando a mi sentido de la sensibilización ajena, argumentando que lo único que se me podía ocurrir no podía tener que ver con pedir dinero. Intenté contestar con que ya había barruntado la idea de hacer salidas al campo, pero que no terminaba de ver la disposición de la gente a hacer nada que implique moverse.
Aún soy la nueva en la oficina, y aunque se me pide que tenga una actitud proactiva proponer muchas cosas nuevas me cuelga el cartelito de plasta y trepilla. Así que intento ir poco a poco, pero claro, el cierre de objetivos del 2007 ha pasado y hay que dar soluciones.
Hay que tener en cuenta también que mi trabajo es poco valorado, porque todo lo que yo hago no se vende al cliente, por lo que, automáticamente no tiene un valor. Además se ve poco y no soy de las que se van quejando continuamente de todo el trabajo que tengo y qué agobiada estoy (como tantos/as otros/as). Voy aprendiendo que en la vida muchas veces vale más la imagen de quién eres que lo que realmente eres. Pero eso sí que no puedo evitarlo. Soy así.
Total, que hoy he empleado un ratito en currarme el cartelito que adjunto a este post (sin logos de la empresa, que no me quiero buscar líos de demandas) esperando que la gente al menos agradeciera la transmisión de información con un poquito de gracia (y más teniendo en cuenta que es algo nuevo, gratis y solidario!!)

Pues hace un momento tenía la cara como un tomate de ver cómo varias de mis compañeras se descojonaban en mi cara por la propuesta, diciéndome que si era en República Dominicana iban a plantar lo que hiciera falta, pero que en Madrid ellas sólo plantaban rosas en sus macetas. Que si realmente creía que algún iluminado (aparte de mi) se apuntara a esto, y que ellas tenían cosas mucho más importantes que hacer que irse a hacer tonterías en el monte.
Y lo que me pasa es que he tenido que ponerme a escribir esto deprisa y corriendo para no estallar de rabia. Agh!!! Por Dios qué asco... y luego pretenden que me preocupe por sus miserias y pequeñeces. Ah no. Eso no. Yo sigo disfrutando de la gente inteligente que, afortunadamente, la vida me ha ido poniendo en mi camino y al resto que les den.
Pero a veces qué pena, qué rabia, qué frustración...
servido por Rumores de jabón
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