22 de abril
Hoy es el Día de la Tierra.
La gran Tierra, que a todos nos da cobijo y que tan mal tratamos.
Y cuando juego a imaginarla como la gran Madre que es para todos nosotros siempre la visto de verde, quizá influenciada por esta primavera que acecha tras las esquinas, aunque sé que su traje preferido es el azul.
No quiero pensar en esos trajes que se pone en las ciudades de color gris cemento, adornados por horribles hongos de contaminación y porquería. Me gustan más los verdes con que adorna los campos cuando la bendita lluvia se digna a regarlos.
A veces pienso que el gran daño de las religiones monoteístas ha sido olvidarnos de los que fueron nuestros primeros Dioses y Diosas, entre los que siempre estuvo Ella.
Se la admiraba y se la cuidaba con la ternura con que se cuida a las mamás, porque ellas nos llevaron una vez dentro y nos alimentaron y quisieron antes incluso de que tuvieran conciencia de que nos iban a traer al mundo para cumplir nuestros sueños y anhelos.
Antes de alumbrarnos para ponernos en el camino de alimentar nuestros odios y deseos a voluntad.
Esas madres no pensaron en las consecuencias de criar a alguien que no sabían cómo sería. Todas las grandes y pequeñas personas han tenido una madre. Y de ellas son muy pocas las que logran decepcionar a sus pequeños.
De igual manera la Tierra nos ha dado un hogar, un lugar donde crecer y amar, sin pensar en si la búsqueda de esos amores iba a perjudicarla a ella. Y a día de hoy, a pesar de los esfuerzos, la tierra se seca, se calienta, se convierte en estéril.
Es curioso lo cercanas que han estado siempre en las creencias propulares el culto a la fertilidad y a la Tierra. Al fin y al cabo en año de malas cosechas y de hambrunas los bebés del clan no salían adelante. Muchas veces ni siquiera nacían...
Por eso, a tan sólo semana y media de celebrar el Día de la Madre, en el que cada uno de nosotros podrá rendir su tributo personal a su propia progenitora, deberíamos dedicar un minuto a pensar en esta gran mamá redonda que tanto hacemos sufrir y que tantas alegrías nos da.
Si aún dudáis sólo tenéis que buscar el árbol más cercano que tengáis y observar con detenimiento la magia del brotar de las hojas, de las flores si las tiene, de los insectos que alberga, del azul del cielo que se recorta entre las ramas… y acordaos de dar las gracias internamente.
No creo que sirva de mucho, pero consuela…





Podría pasarme la vida haciendo pompas de jabón de colores..
jotatrujillo dijo
En bastantes casos los hombres son. somos, desagradecidos. Utilizamos a nuestra madre, nos surtimos de ella, la necesitamos hasta que somos mayores, pero cuando nos emancipamos, tendemos a olvidar todo lo que nos ha dado.
Esto también vale para la tierra. Le sacamos el jugo y después damos la vuelta sin mirar sus arrugas.
Es triste, pero es así.
Gracias por recordarnos este día, que no deberíamos olvidar durante el resto del tiempo.
Un beso.
P/D.- No me he olvidado. Te debo la plantación de un árbol.
22 Abril 2008 | 07:24