Dime de qué presumes..., de Javier Ortiz en su Weblog
Dime de qué presumes...
Siempre he rechazado el afán que ponen algunos solteros profesionales en teorizar sobre el matrimonio. Los más irritantes son ciertos curas que se empeñan en cantar las virtudes de la vida matrimonial pese a admitir su falta de experiencia directa. Si no saben, ¿por qué hablan? Si no la quieren para ellos, ¿por qué se la recomiendan tan efusivamente a los demás? Dejen las peroratas para quienes, como mi amigo Gervasio Guzmán, que se ha casado ya cinco veces, tienen amplio conocimiento de la materia.
En ese sentido, quisiera expresar mi hondo reconocimiento a la sinceridad (un tanto abrupta, si se quiere) de Don Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, que sentenció: “El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo” (Camino, 28).
De lo que sí pueden hablar con conocimiento de causa muchos curas, en cambio, es del abuso a menores. Guardo desde mis tiempos escolares el recuerdo, incluso con nombres y apellidos, de algunos curas que eran especialistas en esas prácticas. Si la Compañía de Jesús dudara de mi palabra, no tendría ningún inconveniente en aportar no sólo los nombres de los curas en cuestión, sino también el de varios testigos directos, víctimas incluidas.
De hecho, yo dejé de confesarme a los 12 años porque me excedían las maniobras manuales que el confesor intentaba una y otra vez con mi persona. Aquel personaje tuvo una contribución impagable en mi acceso al ateísmo.
No quiero presuponer nada acerca de la biografía íntima del obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez. Pero, cuando digo nada, digo nada. Según cuentan los periódicos, el señor obispo asegura que “hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan”.
Él sabrá de qué habla (*), pero lo suyo recuerda mucho a lo del juez de Cataluña que absolvió a un acosador sexual argumentando que la víctima iba con minifalda. Sólo le faltó decir: “Y uno no es de piedra”.
Estoy seguro de que don Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, tampoco es de piedra. Pero me ha resultado significativo que hable de niños, y no de niñas. Y que le dé tantas vueltas y revueltas a la consideración de la homosexualidad.
(*) Aunque no sepa hablar: la expresión “adolescentes de 13 años que son menores” es todo un homenaje a la tautología. Si tienen 13 años, son adolescentes y son menores. Sin remedio.
Post data.– No comento nada del asesinato de la señora Bhutto, porque mi ignorancia sobre el asunto roza el absoluto. Me ha parecido interesante este artículo , que os recomiendo.
