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LA SONRISA DE LA IGUANA

blog de creación,cachivaches, remedios y palabras varias. Rocío Hernandez Triano

10 Abril 2008

PLAYAS DESIERTAS

PLAYAS DESIERTAS

Rocío Hernández Triano

Me casé con Carmen porque era mi mejor amiga. Se lo pedí aquel día en el que había tan poca gente en la playa que casi podías imaginarte que era una isla desierta. Septiembre era un buen mes para nuevos propósitos y yo estaba seguro de que ella me quería. Ella quería a todo el mundo y había tenido novietes tan rijosos y estúpidos, y era tan inteligente y buena que era imposible que me dijera que no. Nunca me dijo cosas absurdas como “podrías ser mi padre” o “pensarán que estamos liados”. No hizo nunca un comentario sobre la conveniencia del trato con un hombre recién divorciado, cincuentón y correoso. Carmen era el ser más libre que yo había conocido. Al principio sólo me gustaba hablar con ella; luego me acostumbré a su olor y a su envergadura y después ya no pude evitar sentir deseos de abrazarla y de verla desnuda y de dormir a su lado.

- Me pides matrimonio antes de besarme- me dijo con una sonrisa, segundos antes de zambullirse en el agua.

Luego volvió a emerger y fue ella la que se acercó a mí, me besó en los labios y puso mi mano derecha sobre un pecho generoso y endurecido por el frío del mar. Nos casamos algunos meses después. En la boda civil ella insistió en vestirse de verde. Mi hijo nos regó con champagne a la salida del juzgado.

Fue en la noche de bodas la primera vez que ocurrió aquello. Acabábamos de hacer al amor y ella hacía nudos con el pelo de mi pecho. Yo siempre le pedía que pusiera puntuación a mis faenas y le pedía que tuviera en cuenta mi edad y mis canas Ella se reía y me besaba por todo el cuerpo, pero nunca contestaba. Pero aquella noche ella me devolvió la pregunta:

- ¿ Disfrutabas más en la cama con Amelia que conmigo?

Yo no supe qué contestar. Amelia ya no era nada para mí, pero cuando hablábamos, pocas veces y siempre con motivos de peso, yo sentía unos enormes deseos de volver a acostarme con ella y que me hiciera el amor de esa manera tan despreciable y sucia, casi sin mirarme, y chillando duro. Carmen era tan decorosa…

- Tú eres más dulce, mi vida- le contesté.

Entonces empezó a llorar. Su llanto era desconsolado y continuo, como la lluvia rompiendo en algo metálico.

- Aprenderé- me prometió.

Y aunque mucho he insistido sobre lo ridículo de este asunto, ella me hace pormenorizarle cada detalle de mis relaciones con Amelia. Así empiezan nuestros juegos en al cama. Yo le narro episodios de la vida sexual con mi mujer, hasta que nos ponemos cachondos y ella intenta reproducir lo narrado en el cuento. A veces me siento algo culpable, pero jamás me niego. Siento pena por ella. Carmen, siempre tan aplicada pero tan mediocre en sus calificaciones. Tengo que confesar que la primera vez que la vi en mi clase me pareció una alumna de esas feítas que se dedican a estudiar mientras encuentran al hombre de su vida.

servido por rohtriano 8 comentarios compártelo favorito

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Juanita

Juanita dijo

Rocio, me ha parecido una historia muy interesante... tu la dices de una manera que recreo las escenas y las siento, metiendome incluso en cada personaje, si a mi me sucediera algo así... querría ser yo misma, a mi manera... y que me amasen sin recordar a nadie... y desearía ser una huella en su alma y en su piel, una brasa que quema... Saludos.

10 Abril 2008 | 08:03 PM

Fernando

Fernando dijo

!!Es un relato de 10¡¡
precioso....En todos los sentidos
Buena tarde

10 Abril 2008 | 08:12 PM

unaovarios

unaovarios dijo

Lo he ido viendo mientras leía, ágil y fluído. Me ha encantado. Besos

10 Abril 2008 | 09:18 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Rocío,

Buenas noches, y un excelente relato.

Un beso, amiga.

11 Abril 2008 | 01:47 AM

argivo

argivo dijo

Aquí en Colombia, respecto de tu cuento, que tiene un tono realista y poético, es muy dado el caso de niñas estudiantes que les gusta alguno de los profesores de la universidad, y terminan liándose con él. Un amigo, profesor universitario que no dicta la cátedra de literatura, sino de Sociología le pasó lo de su relato, Rocío, y me dijo que sentía pesar por la chica, pero tenía que dejarla, porque carecía de fantasías para hacer el amor: no sabía "tirar".

Siempre atento a tus poemas, relatos y comentarios. Argivo. Un beso.

11 Abril 2008 | 05:50 AM

Dan

Dan dijo

Hola, Rocío. Tu relato me parece muy interesante por varios motivos. Consigues crear algo más que una historia. Quiero decir, en tu pequeño cuento podemos imaginar las vidas de ambos personajes antes y después del momento que se cuenta. La voz narradora, la del hombre mayor, adopta la de una confesión, más bien una autojustificación engañosa. Todo lo vemos con sus ojos que tratan de adaptar la realidad para sentirse a salvo.

Me encantas cómo escribes. Espero leer más cosas tuyas. Aunque parezca una exageración no había disfrutado tanto del cuento desde Chejov, Carver, y ahora, tú.
Gracias. Besos.

11 Abril 2008 | 07:59 PM

murakami

murakami dijo

Estoy convencido que Carmen llegará lejos ,y acabará convenciendo a Amelia para un trio.

12 Abril 2008 | 10:27 PM

dudasrazonables

dudasrazonables dijo

Que grande eres...
Te he dejado algo en mi coctelera :) Ya lo veras cuando puedas.

13 Abril 2008 | 03:33 PM

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