Los resfriadillos, Cable Bay y Picnic in the city.
Tenían que llegar y llegaron. Los resfriados. Resfriadillos. Superados en un día. Tenemos varias teorías. 1- Teoría de la morriña: Echamos de menos nuestras tierras y, como bons catalanets, nos refriamos cuando llega el invierno y la temperatura se pone cruda en Barcelona aunque aquí estemos a 26 grados y en plena canícula. 2- Teoría de la solidaridad: Conscientes de que por allí la cosa se ha puesto peluda estos días, pues nada, que no digan que ya no nos acordamos de los que andáis al derecho. Si toca resfriarse se resfría uno. 3 - Teoría de los Davises: Esta teoría entronca con la de los gemelos. Si Little David se resfría, pues Big David no va a ser menos. Y la Gemma se apunta al carro para que no se diga.
En fin, la cosa es que la semana ha sido tranquila y el finde también por aquello de cuidarse un poco, pero sin que ello impida moverse una miaja, hacer unos retraticos y acumular dedicatorias y anécdotas para nuestro querido público.
El sábado bondad -si en bondad se incluye encajarse pinta y media de una cerveza negra fantabulosa que hemos descubierto: Porter-, hallazgo de paso de un dato para la Familia Trapisonda junto al resto de rugbiteros que se pasen por aquí y, para cerrar la jornada, una copa de cava obsequio de la casa -de los owners de la casa donde estamos que festejaban con unos colegas un cambio de trabajo-.
Saturday Night Fever fue para ellos, que aparcaron a los niños y se fueron a un fiestorro mientras los españolitos se iban a la cama con Casimiro -ese ya viajará con el inserso, no?-.
La única anécdota es la de algo que parece digno de importar y que era el motivo de su fiestuqui. Resulta que unos conocidos inauguraban casa después de unas reformas y tal. Pues invitan a todos los colegas y el nombres es warming house. Procedimiento habitual en estos casos in the other side. Esto es gente salerosa y no las etiquetas al respecto que corren por ahí.
Pero el domingo...venganza. Mientras unos pasaban la resaca, o lo más parecido que es batallar con dos nins, otros dos, ya recuperados, se iban a una excursión cercana, menos de media horita de coche. Una sugerencia del profe de Gemma. Cable Bay. El primer lugar al que llegó contacto físico con el exterior, lo que significa el primer cable que unió Australia y NZ. El último debe ser el que trae la interné a esta isla. Un sitio majísimo. Abajo os lo ilustramos.
Y el domingo tarde, Yasmina fue la prota. A nuestra hija kiwi se le ocurrió la idea de que nos fuésemos de picnic a cenar a un parque de aquí al lado. El Jardín Japonés que se llama. ¿Y por qué no?. ¡Porfi -please- que allí hay unas flores chulísimas y se las quiero enseñar a David y Gemma! Pues no se hable más. Se recolectan unas verduras del huerto, se hace un quiche con las mismas, una ensaladita, unas patatas, el mantel que usaba el oso yogui -otro que ya cría malvas- y la botella de vino y pallá que nos plantamos. Sol, risas, correteos y buen rollito para ponerle el broche a la semana.
Ah, en las fotos incluimos una para un amiguete. Desde aquí pedimos a los cibernautas antorcheros que tengan a bien hacérsela llegar para que se eche unas risas o para que se plantee una invasión a lo Perejil y una nueva vida in the other side.
También nos comprometemos a montar una excursión el finde que viene y a hacernos un retrato desde una atalaya con el gesto futbolero de mecer a un niño. Si es que Mara tiene a bien hacerle caso a las cuentas de los médicos, claro.

Aquí el descubrimiento no alcohólico del sábado. ¿Sabe el colectivo rugbitero dónde se jugó el primer partido en Nueva Zelanda?. Respuesta: En Nelson. Aquí el letrero que lo certifica y al lado un simpático colomenc después de encajarse pinta y media. Si os atrevéis a venir por aquí montamos un tocata en el campo que sigue ahí mismo y que es de uso público.

Domingo morning. Cable Bay. Majísimo, la verdad.

Una nueva lección de botánica patrocinada por GG. Aquí el arbolejo se llama Cabbage Tree. Autóctono de la isla. El entorno, claro, Cable Bay.

Uno que se da una vuelta profundamente preocupado por el estado de forma de Ronaldinho. Al fondo, ovejas con miedo a interrumpir el profundo meditar del paseante.

Y entrando en profundidad en el mundo ovejil, lo ciertoes que las jodías dan una envidia que pa qué. Cuidao lo de estar pastando tan ricamente con la posibilidad de darte un bañito si te entra el sofocón.

Y estando por allí nos encontramos con una isla privada. Como suena. Una pasada, pero lo más grande el nombre. La isla de Pepino. PEPINOOOOO!!!!! Vente para aquí hombre, que hemos descubierto tu isla!!!

Desde una ladera de Cable Bay con la isla pepinil al fondo. Acoj..(cambiaré el término porque a mi father-in-law le parece subido de tono y aconseja otros como wonderful, nice, beatiful o interesting, así que habrá que hacerle caso).

Picnic dominguero. Madre, hija y, al fondo, el espíritu santo.

Paseíto por el Jardín Japonés. Yasmina se lo pasó bien hasta que David decidió darle una lección de savoir faire spanish y le ganó una carrera por el cochino procedimiento de hacer trampas. La niña se lo tomó a mal, pero aprendió que, si viaja al sur de Europa, allí las gastamos así y peor. Que hay que curtir a la gente, hombre!!!


amelie dijo
First of all: PERO QUE PAR DE C....... estáis hech@s la Gemma y tú. Pobrecit@s enferm@s tienen que recuperarse en medio del paraíso terrenal. Hay que joderse con el mundo friki. Vaya lugarcito que os habéis buscado.
Referencias cercanas (que en algún momento colgaré en mi blog viajero):
1. Lo de las ovejas pastando ahí es como ver caballos junto a los moais de Rapa Nui. Los pobres équidos sin tener la más p... idea de qué son esas figuras mientras medio mundo se recorre el otro medio para ir a verlos.
2. En Buenos Aires hay también un jardín japonés. Supongo que no tiene el mismo encanto que ése (que parece en mitad de la nada), pero se respira el mismo ambiente de relajación. Se encuentra en la zona alta de la ciudad y cuando traspasas la barrera de entrada, no escuchas bocinas de coches ni el bullicio de la gran ciudad (eso sí, puedes tener la mala suerte de toparte con la típica excursión escolar y ahí se acabó la tranquilidad). Pero es como estar en 'Lost in translation', esa escena en que Scarlett Johanson se va a un templo fuera de Tokio y cuelga el lacito blanco aquel en el árbol...
Besos y que os mejoréis de sendos resfriados. Yo ya dejé mi afonía atrás y me preparo para llegar a vuestro hemisferio. Nos seguimos las pistas...
19 Noviembre 2007 | 02:06 AM