Micuyu despertó a Kenji, a toda prisa. El muchacho, adormilado, aún no entendía nada. - Aligera, pequeño, o correrás la misma suerte que tu amo- Al ver que el niño no avanzaba, lo tomó en brazos y lo metió en un viejo baúl. El barullo callejero la impulsó a mirar por la celosía. Vio a la marabunta, armada con antorchas y sierras. Iban a...
Un hombrecillo, viejo y desdentado, abrió el portalón, parsimoniosamente, miró atentamente a los forasteros, sin decir nada. A Mitsunari le pareció chino, lo cual, no le despertó ninguna confianza. Según creía Mitsunari, los chinos eran comerciantes natos, a los que les daba igual vender telas, que cabezas. Pese a todo, entraron, pagaron 6 ko...
Vestidas harapientamente, cuatro sombras grisáceas, casi fantasmagóricas, cruzaban, en silencio, la pesada noche kiotesa. Encabezados por un irreconocible Ishida Mitsunari, caminaban, cabizbajos, Konishi Yukinaga, Ankokugi Ekei y Morita Kenji. Todos, escapados, a duras penas, del desastre de Sekigahara. Buscaban una casa amiga, un cálido brazo...
El 21 de octubre, la tensión se palpaba en el ambiente, haciendo que la sangre subiera, como un nudoso río, a las gargantas de los contendientes. Cañones y sables esperaban su turno, como Tokogawa Ieiasu aguardaba a su hijo favorito, Idetada, entretenido en una batalla menor, contra un clan rival. Pese a la significativa ausencia, 90000 hombre...
El 27 de agosto de 1600, alistados en la milicia de Ishida Mitsunari, Konishi Yukinawa, mi buen amigo, y yo, Ancocugi Ekei, tomamos parte en el asalto a la fortaleza Fushimi. Digo asalto, porque, al principio, creímos que aquello iba a ser, como robarle un caramelo a un niño. Nada más lejos de la realidad. Aunque las fuerzas de Mototada eran s...
Las sirvientas traían y llevaban tazas de té rojo a la estancia donde su señor, y el intrigante extranjero, jugaban aquella tensa partida de go. A todas luces, parecía mucho más que un simple entretenimiento. Los contendientes vigilaban las intersecciones i las formaciones enemigas, sobre los 361 cuadros, para evitar el atari de su oponente. ...
El castillo Sawayama se alzaba, desafiante, sobre la ladera. Todo el que habitaba a su alrededor, cada campesino, cada hilandera, cada niño de teta, aprendía que era una locura suicida, un delirio, intentar atacar aquella mole fortificada. Y, sin embargo, esa noche, un embozado, a caballo, iba a acceder a la parte trasera del monumental edifici...
Torii Mototada recibió a su señor, a las puertas del espléndido castillo Fushimi, que, poco tiempo antes, había pertenecido a Toiotomi Idoyoshi. Fue suyo, durante un triénio, hasta que una premonitoria fatalidad, un devastador incendio arrasó, desde la torre, a la base. El yeso y la madera crujían y chisporroteaban, como la tempura, en un wok ...
Cuando Tokogawa Ieyasu se decidió a traicionar la confianza que Toiotomi Idoyoshi había depositado en él, y en otros cuatro daimyos, de noble alma, despertó muchos recelos y susceptibilidades, entre algunos notables japoneses. Aquel era el caso del bugio Ishida mitsunari, que veía a Ieyasu como un cochino usurpador, sin honor, ni fe, cuya palab...
Era invierno, y, en Edo, capital del shogunato, caían los primeros copos de nieve. El gosho Tokogawa Ieyasu, cuyas canas eran tan blancas como aquel manto invernal, se acercó a la balconada izquierda de su habitación. Y, desde allí, sin abrir la ventana, observó la blancura, la majestuosidad del shogunato, del Japón, unido por una sola fe. Cre...
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