Señales adecuadas a los caminos; (1).
Sobre la pared en el comedor descansabas con toda la espalda pegada al muro, decidiéndote acerca de cual mesa tomarías. La noche no te había sido muy grata, falta de costumbre para este lugar distinto en que te ofrecieron descanso: la Clínica Deportológica Jouvé. Algunos ruidos de conversación venían del hall y las escaleras. Un minuto reposando así sobre la pared, hasta que elegiste una mesa pequeña junto a una columna... Se acercó a tu mesa una camarera; muchacha menuda con silvestres nidos del viento, dorados rulos de cabellos agrestes; muy concertada la chica con este suburbio marítimo donde está la Clínica. En un ratito ya tomabas tu jugo de naranjas, café con leche, tostadas con mantequilla y mermelada de uva.
La delegación de deportistas, que ya te habían anunciado vosibas a conocer, se demoraba en conversaciones, en asomos por la puerta frontera. La puerta que al abrirse dejaba entrar el aire de los pinos, el canto de las torcazas. Andanzas por la puerta, del equipo que te habían anunciado; como si les importara mucho más que a vos, ambientarse en el día y el lugar.
Podemos recordar, Rufo, mientras te dedicas al desayuno... Llevabas caminando por la carretera un buen par de horas; poquísimo tránsito fuera de temporada en la ruta de la costa. Cuando sobrepasabas el borde de una lomada en el camino; al seguir las curvas, lomadas y pendientes; allí te viste la kombibus en la banquina. Dos muchachos de tu edad se encontraban echados sobre el talud, cómodos y estirados, así como en tumbonas. Y un hombre mayor, dedicado a meter las manos en el motor, cabello cano, robusto... De los dos más jóvenes surgió el comentario, el aviso casi cantado, sin ningún problema:
-Apareció alguien-.
Ya ve el hombre mayor que se dió vuelta a mirarte: vos en tus borceguíes, la bolsa marinera al hombro... Te sentiste amistoso con esa gente. Preguntaste sobre el desperfecto:
-¿Qué le pudo haber pasado?-
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foto:Sebastián Malfé –
"Señales Adecuadas" (2).
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