Dos que Posan y Unos Pasos. Cuento: "...llegan, ...molino, ...amanecer, ...senderito, ...insomnes, ...filatélico, ...ecocapnia"...
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Dos que Posan y Unos Pasos.
Hay algo de brillo del día que comienza. De la carretera viene alguien hacia esta casa. Se lo oye andar en el silencio del alba. Seguramente son botas, las que van chocando sobre el senderito de ladrillos. Pero Inés, una amiga que me cuida, y que va a ver quien llega; no alcanza a girar por ver quien venía. Porque ni bien se asoma a la veranda, por la puerta que enfrenta al molino, los vé ahí parados.
Por la disposición de la salida, Inés tenía, al abrir la puerta y dar un paso en la veranda, al senderito de ladrillos atrás y a su derecha, al molino directamente al frente y a pocos metros. Ahí junto, los gestos, las sonrisas de ellos, cómo iban vestidos. Inés había detenido su movimiento, iniciado para descubrir quien venía por el senderito; inevitablemente atenta ahora, reparando en el vuelo del pañuelo de gasa atado al cuello de uno de ellos dos.

El ómnibus en la carretera se alejaba. Yo, que estoy adentro de la casa, sentado a la mesa, frente a la ventana del comedor que da a la curva de la carretera, veía al ómnibus alejarse. Como en un motivo filatélico, yo imaginaba el andar del coche, rodeado por grupos de colegiales. Aún con las luces interiores encendidas, la silueta cúbica y gris del ómnibus en el amanecer ventoso, con sus luces traseras, que se iban mezclando con las acacias de la cuneta. Y al alejarse agrandaba, en mi estampilla imaginada, al colorido correteo agitado de los colegiales.
La leña en el hornillo de la cocina se puso a humear: una ecocapnia perfumada y ácida. La puerta abierta a mis espaldas. Inés en el silencio del amanecer sigue callada... Mientras se dejan oir los sonoros tacos. No solamente a través de la ventana del dormitorio con sus cortinas cerradas; sino que ese sonido de pasos que ahora se alejan distintivamente a mis espaldas, se oyen también por la puerta abierta. Rebota el eco por los mosaicos del comedor y de la veranda.
Al cerrar Inés la puerta tras de ella y volver al interior de la casa, inmediatamente viene a sentarse a la mesa; y a contarme lo que ella había vivido en esos contados instantes.
Frenada Inés, y encandilada por las dos figuras junto al molino; el sombrero, la indumentaria de los dos, con sus botas y sus gestos... Tan detenida y sorprendida, que le dio posibilidad a esos pasos atrás y a su derecha, ya junto al muro de la casa, para que se acercasen sobre el senderito de ladrillos, desde la carretera, por entre los canteros con las dalias...
--...Y me entró alguien--, me dice seriamente.
--¿No será que te impresionó alguien?--.
El amanecer iluminaba al comedor; y nuestros rostros estaban desmesuradamente imsomnes, a esta hora trastocada y desvelada; cuando esos pasos se presentaron. Que ahora se sienten alejándose por el senderito; pasos que habían llegado para modificar nuestras ceremonias del alba.
--...Estaban los dos hablándome, ahí al lado del molino, uno con un pañuelo al cuello. Al salir los enfrenté; sonrieron, y en voz baja--...
--Me imaginé quienes eran, como iban vestidos. ¿Qué te dijeron?--.
--...Entonces me dicen que cierre la puerta--.
--¿Y quién más había?--. Le aclaro: --...por el de los pasos--.
--...Yo estaba de espaldas mirándolos. Y entonces sentí--, cuenta Inés, --sin que nadie me tocara; que una fuerza entraba en mi cuerpo, que se me llenaban las costillas y el pecho de vida; un sacudón, como una fuerte presencia nueva en todo mi cuerpo. Pero vino de atrás mío, de ese que no llegué a ver--.
Seguimos hablando un poco más del asunto. Yo le hago notar que: si bien la novedosa vivencia, claro, algo raro inimaginable hasta entonces; pero que la peculiar gente del pueblo, la zona geomagnética, contactos del tercer tipo; y que mi maldita paraplejia crea ondas bien raras alrededor.
--Además, por si te interesa, el tipo de los pasos debió de venir en el ómnibus; y no vá a pasar otro en un buen rato. Si corres, seguro que lo podés alcanzar al tipo, para que te dé una explicación. Sólo llévame en la silla hasta la puerta, para que hable con los otros dos, para que no hagan suceder otras rarezas--.
Inés me dice que está todo bien, que se siente energizada; y que alcanzarlo no es necesario, sería un rollo...

Así como habíamos previsto tímidamente, al fín llegamos al tiempo cíclico para ocuparnos del parche con las tomateras, que ya está maduro. LLegamos con mucha fuerza para ocuparnos de ello. Y desayunamos tranquilos, entre recomendaciones y planes para el trabajo. Después yo me quedaré solo con mis estampillas, con las que lentamente voy reaprendiendo movimientos necesarios. Mientras tanto Inés se ocupará de la cosecha. Y cuando llegue la noche, creo que al fín podremos dormir bien.
Imágenes: 1) a-yo, fluxus rain machine / 2): Wikipedia, estampillas argentina encotel.
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