Un restaurante con animación, Cuento: ..."coloquio, ...vocinglería, ...descolocada, ...vajilla, ...elocuente"...
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“Quien espera ansioso la llegada de un jinete debe cuidarse muy bien de no confundir el sonido de los cascos en galope con los latidos de su propio corazón”. Proverbio Chino.
Un restaurante con animación.
Los cubiertos estaban impacientes. A los platos se los podía ver desmesuradamente receptivos, con ansias voraces. Las copas relumbraban, con sus miradas fijas en el camarero de las bebidas. Yo, como anfitrión del convite, me sentía desbordado por estas ganas de vivir patentes en la vajilla; pero también en mis invitados. Era éste el grupo que yo tenía convocado, para compartir esta refección, en una pausa abierta, de alianza amistosa y casual. –Ya que dentro de la travesía conceptual y mediática del COCOA (Coloquio de Opinadores y Conectadores de Obra Aleatoria), hubo momentos distendidos, para estos encuentros de conocimientos personales mutuos-. Y habían arrimado su derivar, encallando con mi invitación, en este Restaurante “paquete”. Pero se daba esta demanda de las cosas; con lo que mi ‘spleen’ se hizo más que agudo. 
Yo había terminado la presentación de una ponencia narrativa, sobre mi viaje de navegante solitario por las costas de Rapa Nui. Tanta ambigüedad divagante allá, desde los promontorios, dándome señales los pascuenses; señales que cambiaban y jamás supe si fueron propuestas de acercamiento ó muestras de bienvenida. La angustia característica que se me instaló entonces, a bordo de mi gomón a vela; fue revivida intensamente en mi memoria, por el relato ante el Coloquio. La rememoración de aquellas sensaciones, me podrían haber puesto luego en el Restaurante, también en una actualidad descolocada y dudosa. La animación de los objetos actuaba como inflexión para mi bajoneo.
El grupo espontáneo chisporroteaba con buen humor, en ingeniosidades y proyectos que me conciernen directamente. Ahí están: dos montañistas alemanes, un sociólogo brasilero, una fotógrafa japonesa, y un informático venezolano. Los intercambios ingeniosos, de dichos sonrientes, se intensificaron en notoriedad, con la llegada de las viandas. Ese entusiasmo insolador, me produjo la voluntad de retirarme. Pero me actuaba inhibitoriamente una mundanidad incierta.
Los manjares daban muestras de sus deseos por ser ingurgitados. Y son arremetidos por mis amistades; que me incitan a imitar el saboreo. Habiendo yo concertado con un mesero para que me acerque un Screw-Driver, le doy unos sorbitos; y les repongo a mis amigos, no tener apetito aún. El entorno ha tomado para mí un crecimiento aplastante. Voy a alegar una actitud de fría despreocupación; y enciendo un cigarrillo. Ahí se lanza la estampida: son cinco meseros que se acercan agitando las servilletas, para recordarme que no está permitido fumar en el interior del restaurante.
Mis convidados se han desentendido del asunto. Los meseros me conminan cortesmente para que apague mi cigarrillo. Me tengo que levantar de la mesa. Me acerco a la barra-mostrador; y ahí se discute el tema de la salud con el personal. Mis invitados, con miradas contemplativas hacia la discusión, le dan funcionamiento vigoroso a sus fauces y esófagos. El volúmen de las voces entre los del restaurante y yo, se les hace notorio a todos los demás clientes, que observan. La patrona del lugar,Alicia, pone fuerte en un pasadiscos música orquestal. Yo así sujeto, tengo que apagar mi cigarrillo. Los camareros se serenan y cesan el abanicamiento de sus trapos. No me queda otra que ir hacia el adicionista; terminar de hacer paga la cuenta de la comida; acercarme a la mesa. Me despido por un momentito. Les aseguro a mis amigos que los reencontraré en los pasos inmediatos del COCOA. Ellos no están nada inquietos. Han tomado todo esto muy bien. Y yo, como un buen sujeto, salgo a caminar. Mi melancólico estrés lleva exacerbada su melancolía entre los paseantes, que se me muestran muy contentos. Mi arriesgada y profícua actividad humanista está sobrepasada, reflexiono, por una avalancha de las cosas, que se han vuelto las portavoces del existir... con una entronización fronteriza.
Y en el límite dudo yo: ¿Seguiré o no seguiré?. La calle, las veredas, las vidrieras de fin de año, están exultantes con parlamentos imperiosos...
Sigo: quiero cruzar la avenida hasta la Farmacia, para comprar aspirinas. Pero percibo que la gente de la calle me observa, un poco demasiado fijamente. Hasta se detienen para mirarme. Pero más específicamente, clavan su atención detrás de mí. Esto hace que yo gire mi anverso para mirar por donde he venido. Me están siguiendo. Como una desgracia permanente; quizá por mi impenitencia; que las cosillas, anhelantes de pertinencia y autonomía, cobran vida sobre mi decaimiento; puesto que hay elementos del Restaurante que ruedan y se arrastran tras mis pasos. “Es interesante para una performance”, me dice mi meditación express. “Pero hay tanta cosa ‘fashion’; ¿a quién le va a interesar esto?”.
Mas el vocinglerío en la vereda de estos platos rodantes y vajilla tintineante me estaría diciendo --que escuche bien, me indica una señora muy seria, que le están hablando con matices de mucho afecto para su persona--. Pues así me dicen, que vuelva al Restaurante, que no deje la reunión ni la comida. “Es un buen momento. Anímese. Venga con nosotros”, me reclama un plato sopero que gira en círculos. Las servilletas, como una tropa de culebras, han detenido su andar; y muchas de ellas giran hacia el Restaurante, mientras cabecean para que las siga.
--Está, está, ya voy-, les asiento con una consideración algo resentida. -Pero tengo que sacar una foto de esto--.
--¡Naaah!-, me dice el plato hondo: -Déjela a la japonesa, que ella va a sacar la foto. Venga. No se demore; que va a venir la mesa a buscarlo; ¿eh?--.
--Bueno; voy--. Respiro una toma grande de aire y los sigo. Voy a trasponer detrás de estas cosas elocuentes la puerta del local. Y al entrar, vuelvo algo más firme a la celebración, dentro del Restaurante “Wonderland”.
Imgs': -Moais de Rapa Nui, proviene de Wikipedia. Publicidad Geniol, de la fuente www.elhistoriador.com.ar -.
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