Artejan Pleamar Sudorosa en Edificio Comunitario -cuento- ..."hilada, ...larga, ...ondear, ...turbio, ...danzarina"...
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Tomemos en cuenta ahora todo lo referente a esta finalización. La construcción ha crecido. Nuestras ideas fueron superadas por la realidad de hilada tras hilada de ladrillos. Los andares circulatorios también han quedado mejor; con la nueva iluminación se han beneficiado. Por dentro, van caminando las Hormigas, en los pisos altos a medio construir. Dejan colgantes sus cordoncitos. Hálitos de hilitos en distintos colores, que cuelgan gráciles, suspendidos y cruzándose con las marchas contrapuestas. Es la finalización de una larga carrera.
Ya llegan Margarita y Tom. Son ya un poco viejos y llegan extenuados. El marco es de potentes luces, que los deslumbran con sus rayos. La temperatura está más bien baja; y con la transpiración que llevan, sus cuerpos empezaron a tomar frío. Hagámoslos pasar. Igualmente vamos a hacer que pase el grupo de corredores que se está formando en la pista, al costado de la obra.
Al ir entrando, preveían que los íbamos a atender, se nota, ó que algo pasaría, para nada. La trasnpiración se les iba transformando en un baño frío. También Margarita y Tom, con sus cortas caminatas de descanso, ya se encuentran en el molesto y espacioso vestíbulo central. Arriba siguen caminando las Hormigas, con pasos saltarines y largos, casi marciales.
No se decepcionan los corredores al ver ondear los cordoncitos de colores. Movediza la marcha formicana en los bordes de los pisos altos, pone pendientes los cordones de colores en lo alto del vestíbulo central. No se decepcionan los corredores, pero están algo molestos porque no los atendemos.
En la viga más alta, uno de los vigiladores, dejó de conversar por teléfono con su abuelo. Llegan más corredores. Este es un motivo más, entre la masa de motivos irracionales que lo hacen sentir distinto al vigilador. Así distinto como uno de los corredores, quien se percibió como enfrentando un momento turbio. Algo se desmoronó en su interior. Algo que lo hizo apartarse del montón, para caminar hacia la oscuridad. Alejarse con rumbo al abrigo de su identidad, fuera de las luces, caminar por la pista y las calles.
Margarita y Tom se dieron cuenta del que había partido. Se miraron sonrientes; y no se movieron de sus sitios, al igual que los otros corredores. Todos pausadamente y frágiles, en el vestíbulo de la obra, se dieron a danzar con los cordones de colores ondeantes que cuelgan movedizos. Las Hormigas supieron que esto tenía que ver con un futuro sin complicaciones; y esmeraron su andar para una mejor acción danzarina.
Se impone hacer saber, que el vigilador abrió el interruptor de los megáfonos. Quería decir de la conversación con el abuelo. De como el viejito le había contado de una circunstancia semejante, hacía ya bastante tiempo, pero era en Holanda. Mas no le pareció bien propalarlo; no dijo nada. Se puso a cambiar las bombillas que se habían quemado.
No se estuvo dando inicio a ningún otro comportamiento. Al rato, todos se habrán ido, hasta las Hormigas. No así la Danza, que persistirá iluminada e infatigable, con los megáfonos silenciosos, pero abiertos y listos.
Imgs':
"cardos", Delia Godoy
"Otoño Mdza", Mónica Ferreyra.
Una narración, es con Jabones, por Aquí...→click←.
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eltioantonio dijo
Muchos sentimientos encontrador y contratiempos de la vida, pero así es la misma, queramos o no.
Un abrazo
13 Septiembre 2007 | 07:52 PM