Flores de estación. -Relato-
(!)Click para "Archivo"?; ver otros posts?.
Flores de estación. -Relato-.
Por suerte. le tiene cambiadas las ruedas a su carro, Gerry. Ocho ruedas tiene el carrito de las flores. Las nuevas son de material plástico. No hacen tanto ruido como las otras de antes, que eran metálicas. Lo que no ha cambiado Gerry es su ropaje, sigue vistiéndose con harapos. Esa prenda que lo cubre bastante, una holgada remera parda y desastrada, que Gerry llama su "camisetita", contrasta por su rispidez con las flores. En realidad, las flores del carrito, tan bien dispuestas, tan soberbiamente coloridas y vivaces, son detonantes también frente al mismo carrito con el que Gerry las rueda.
El tipo este de la "camisetita", pergueñó este, su kiosco rodante. Partió en el armado de la cosa, de un cuelga-perchas brilloso. Lo vió en la entrada de un importante hotel. Ese aparato rodante, llevaba ropa grande de los huéspedes, enfundada y colgada. "Dejo el canasto", se dijo, "con algo así puedo llevar vasijas, más flores, más tiempo frescas, se van a ver más".
El resultado destartalado agregó a las calles un particular sonido, más identificable con el ruido de un coche comedor de viejo tren al descarrilarse, que con la exposición floral del Gerry. Las ocho ruedas pivotantes, las primeras, lograban amplificar sin amortiguaciones, cada junta del pavimento, cada baldosa ranurada. Los desniveles sonaban en las rueditas, en las vasijas floreras de chapines que se entrechocaban, algo desconcertante para el barrio alto. De alguna manera esto mejoró. pro-forma, con las actuales rueditas pivotantes de material plástico.
La carretilla callejera igualmente da lugar a otras menciones, por méritos de la carga floral. Gerry la empuja, y aunque el traqueteo se hace muy notorio, él parece no sentirlo. Con una rústica obstinación de impermeabilidad a su bochinche, Gerry pone nítida la esmerada selección que él hace de las flores. No le falta delicadeza. Esta vez llevaba Aguaturmas. Azucenas, Crisantemos, Dalias, Eloísas, Gerberas, Rosas y Stas. Margaritas. Separadas las especies, cada una en su vasija, sin confundir a las mentes. Este ha de ser el motivo por el que los vecinos del barrio alto le toleran el carrito y los harapos.
Gerry piensa que el estado de su ropa no tiene remedio. Pero además, en su rodante traquetear, va comparando: "la camisetita me deja entrar el aire por los orificios". El tiene un resignio: "no se puede contra la astilla del Bicho plumón, la mordedura de los Piquetones lobo, ni contra los ataques de la Serpentina comedora que vienen después, no se puede".
El barrio alto es silencioso, las puertas mecánicas son fuertes y lisas, los revestimientos son de piedra pulida. los automóviles parece que se deslizasen, las ventanillas cerradas, los vidrios infranqueables, los mecanismos herméticos. Gerry acarrea con su curtida hosquedad, empujándolo, a su batifondo floral. Cada tanto hace una venta. "No los envidio por sus cosas", piensa en su comparación. "Para estos vecinos sentir un soplo de aire en la piel, necesitan tanto, se tienen que ir tan lejos, adonde ellos no requieran de sus blindajes; pero, ...a mi tosca piel, ...por los orificios de la camisetita, ...me la acarician las lengüitas del viento, en cada paso".
Puede ser nomás que seamos afortunados, como lo siente Gerry. El está agradecido hacia los vecinos del barrio alto, porque estén ahí, aunque sea en sus castilletes. Y hay agradecimiento, vaya si lo hay, hacia sus ruidos y sus flores -este mismo-, y sea también el agradecimiento por los duros portales y por esas "lengüitas del viento", como para no agradecer, es una suerte poder darse cuenta.

Amalia dijo
Me encanto el optimismo del florista
17 Mayo 2008 | 03:33 AM