Crónicas desde el ombligo de la luna/Gota
Gota
Todo Miguel Bosé (ni modo son los gustos y me gusta)
Camino.
Lluvia.
Caminó.
Llovía.
Mientras caminaba llovía. Mientras llovía caminaba. Caminaba bajo la lluvia y el silencio que se hace con las gotas. Con las gotas y envuelto en la lluvia caminaba en silencio. Tantas gotas en su rostro hacia que este ya no estuviera mojado. Mojado su rostro ya no estaba, después de tantas gotas. De todas las gotas que caían sobre su cabeza, solo una sentía, una que resbalaba despacio, de su cabeza a su frente, de su frente a una ceja, de la ceja resbalo como un beso sobre su parpado, del parpado a la mejilla y en la mejilla una pequeña comezón, una comezón llena de ruido en ese silencio de lluvia. Y durante el gran viaje de la gota sobre su piel, los pensamientos lo secaban, su piel se secaba, su vida se hacia árida, un desierto, arena caliente, y la gota que resbala simple, sola, apartada de tanta gota, la gota que se siente. Su mente arde, su cuerpo caliente, las gotas olvidadas que se evaporan, que se van como nubes, y esa sola gota, esa comezón, ese silencio, esa lluvia que no mojaba ni un ápice de sus sentimientos, una sola gota lo hizo sentir, sintió la comezón, sintió la gota, el beso el parpado, la caricia en la ceja, el silencio en sus pensamientos, tomo idea de las demás gotas que caían y que no lo mojaban, se había secado mientras llovía, con tanta agua y sentía que moría de sed… y el silencio que lograba secar a toda su persona en un grito mudo y ruidoso, y la gota que resbala por su mejilla, que hacia una curva simple, sin matemáticas, sin geometría, una gota que hacia una curva simple hacia su barbilla, una curva silenciosa, una curva que llegaba tal vez tarde, tarde porque ya todo estaba seco como para tomar conciencia de la lluvia, de los árido de sus venas, seco aun cuando la ropa se pegaba a su piel, esa piel que ya no se pegaba a ninguna visera, ese silencio que ya no salía de ninguna voz ahogada, ni de la suya. Y camino, dio un paso mientras la gota resbalo de su barbilla en un viaje infinito, hacia la tierra finita y en ese momento recobro la idea de que existía y la gota que caía, que se estrellaba contra el suelo anegado produciendo un ruido inmenso, un ruido que desquebrajo el sonido del silencio, un ruido que lleno todo de realidad y mientras la gota se desbarataba en ese impacto, oyó su corazón húmedo de sangre escupida por sus viseras… estaba mojado y vivo.










trovadorhp dijo
La lluvia ... añoro una lluvia interna que limpie las aceras de mi alma ...
saludos
http://trovadorsinsuerte.blogspot.com/
14 Enero 2008 | 07:07 PM