El juego de los olores

Siempre que viajo cambio de perfume, así, puedo asociar cada lugar a un olor. Esta decisión es parte del pre-viaje, tan intenso como el propio viaje. La elección suele ser azarosa, pero es definitiva: sea cual sea, la memoria va a conservarla para siempre.
No entiendo por qué mi primer viaje a Londres huele a Genny, pero huele así, y cuando lo reconozco en alguien,por la calle, recuerdo aquellos días en Marble Arch comiendo peanut butter. Mi vida en Nueva York olía a L´eau d´Issey, un perfume tan extraordinario, que me hizo cambiar las reglas de este absurdo juego y seguir usándolo a la vuelta de Estados Unidos, cuando ya vivía en Madrid. Sigo así, por ejemplo, mi primer viaje a Japón olía a Eau du Ciel de Annick Goutal y mis últimas vacaciones en la Provenza a Parfum D´ete, de Kenzo, cuando la lógica dice que debería ser al contrario; pero este juego, sus reglas y el material que maneja no tienen lógica. Siempre que repito lugares, me planteo si repetir olores o no; algo que, de nuevo, dejo en manos del azar, ese gran amigo.

Igual ocurre en mi día a día. No soy muy estricta con la clasificación tradicional de perfumes de día-noche o de invierno-verano. Asocio olores a momentos en una suerte de caos que sólo yo veo ordenado. Ahora tengo cuatro:
Violet, de Marc Jacobs, con un frasco precioso muy bien copiado por Zara. Lo llevo en los días largos, que son muchos.
Pure White Linen, de Estee Lauder, que huele a ropa limpia y llevo en los días duros, para limpiarme.
Eau de Campagne, de Sisley, uno de los mejorer olores que recuerdo y que uso cuando se que todo va a estar bien.
Louve, de Serge Lutens, uno de los perfumistas más exquisitos del mundo, que cambié (al borde de las lágrimas) a mi amiga A. por el delicioso Tuberose Gardenia, de Aerin Lauder. Llevo Louve cuando me pongo guapa

Y así vivo y huelo. Agotador.



Juanita dijo
Hola... Es verdad que hay olores que permanecen en nuestro subconciente y nos traen recuerdos de lugares, de alguna persona en especial, de alguna situación o época. es agradable cuando el recuerdo es grato... tambien puede dejarnos nostálgicos por el pasado que ya se fue, precisamente por eso pienso que no es bueno saturarnos con tantas fragancias, se pierde ese encanto y se confunden los sentidos, siempre se debe tener una fragancia con la cual uno se identifique, como base, un olor capaz de decirle al resto del mundo sin que te vea: -Aqui estoy- Saludos amiga, éxitos.
3 Febrero 2008 | 02:48 PM