Latidos
Una noche cualquiera Pepe me llamó para dar una vuelta. Granada parece un poco abandonada estos últimos días de agosto, mucho granaino en la playa. La brisilla a lo tonto va refrescando un poco más de la cuenta, las carnes calientes empiezan a notar la diferencia de temperatura, es esa mala follá del lugar que hace que sudes durante el día y se te olvide una manguita nocturna. No pasa nada, buscamos un sitio donde cenar algo ligero, unas tapitas en el Chopp.
Vacío, y mira que es raro. Pepe tiene ganas de fiesta, siempre le ocurre cuando no trabaja al día siguiente, lo que puede pasar lo mismo un lunes que un jueves... Bueno, una vueltecita y a casa, mi jefe va a empezar a cansarse de esa media hora que me regalo ultimamente por las mañanas.
Dos cervecitas... y estamos en el meollo de la conversación. -¿Por qué no vamos a tu nueva casa? Quiero ver esa terraza desde la que se ve la Alhambra.- Ufff! no tengo las llaves, habría que subir la cuesta, luego bajar...una pereza. Pepe me mira preguntandome de qué me quejo. Y yo no protesto más, dicen que de perdíos al río. -¡Ala venga!-.
Cuesta Alhacaba pa arriba. Son estas noches de verano, no sé lo que tienen, pero parece que las horas de sueño son las horas perdidas. Ana duerme plácidamente, incluso se permite un suave ronquido. Descansa bonita. Nosotros al tema.
Bajamos y llegamos a mi nuevo futuro portal. Bien! Condenada llave! Es imposible abrir esta puerta. Después de un rato Pepe desliza su mano por la reja y abre, voalá. Y entonces descubro el patio de vecinos a la luz de la luna...Me quedo en silencio, aqui dentro en mi cabeza...es tan distinto! Este patio tiene mucho que contar, y ni siquiera me habia dado cuenta ¡condenado despiste!
Subimos por las empinadas escaleras, abro la puerta y entramos en casa, que me acoge ahora con los brazos abiertos. Ahora en el silencio de la noche todo es distinto. Pepe está entusiasmado, le encanta esta casa que parece la de Alicia en el pais de las maravillas. Lo miro, ha conseguido sacarme una sonrisa de dentro. Lo siento a él, es bonito sentir cerca a un buen amigo. Ala niño, a la terraza!
..... (Ojos bien abiertos, mis ojos achinados bien abiertos)... Estoy sorprendida!, ese lugar ha cambiado. De día es bonito, pero de noche... es mágico. Nos sentamos, abrimos nuestro litrico de cerveza y seguimos con lo nuestro. Sacamos nuestro ego para darle brillo, y hablamos de lo ya venido y de lo venidero, estando agradecidos del presente. Estamos tan vivos en estos momentos! Hablamos y hablamos, de los amigos, de los amores, del sexo... La señá Remedios, vecina del primero y que gusta de las conversaciones ajenas debe estar entretenida. Pepe quiere un porrito. Bueno, te lo preparo y nos vamos que mañana yo si curro, eh niño? -Claro claro- (en el fondo sabe que tardaré en irme, nos conocemos demasiado). Precioso silencio en el que me concentro en desmenuzar los cogollitos y mezclarlos con el tabaco, despacito que alli no se ve un pijo. Y entonces empiezo a escuchar esta granada nocturna. Se oye el aliento dormido de los viajeros que durante el dia llenaban la torre de la vela para hacerse la foto y que las niñas casaderas tocaran la campana a ver si san antonio se acuerda este año de ellas. Se oye el murmullo callado de la vida nocturna, no a través del oido, es más bien un latido. Gente llena de vida, y otra mucha que no sabe que hacer con ella y se arrastra buscando otro noctámbulo con insomnio. Y poco a poco lo empiezo a notar: la expansión y la contracción, el principio de todo. El mismo movimiento rítmico que se nota cuando pones un dedo en una vena, o un espejo delante de la nariz...ese movimiento de ida y vuelta, una y otra vez. Células que se abren y se cierran. Ese mismo movimiento...eso es lo que se nota en la noche de Granada.
Pepe, tú no lo sabes, pero me has regalado una noche preciosa.
La Alhambra se va a dormir, pero yo ya no puedo. Niño, vayamos a la calle. Quiero ver toda esa gente que respira.
Y bajamos, y granada está llena. De leyendas, de cuentos, de piedras que cuentan algo...y de latidos. En los bares el mismo camarero con sus dos o tres incondicionales. En el shawarmann de la esquina el sonriente pakistaní nos prepara un falafel. Tiene una película puesta...cine paquistaní. ¿como contarlo sin que sea una una violación?, igual que lo seria estar alli mirando y no ponerle cara de interés al dueño, que nos dirije esa expresión de: "¿es buena eh?". Yo asiento: si, es diferente, ya lo creo que lo es (una princesa baila la danza del vientre con mirada seductora muy muy poco lograda, cuando entonces aparece una versión autoctona de bruce lee, y se escucha ruido de golpes que deben estar hechos con cazuelas...)
Vamos al cebolla palace a tomar ese rico chawarmann, ¿que llevara esta salsa de yogur?, y pepe y yo nos entretenemos ahora con la escena que tenemos delante: un brillante follaorejas trata de ligar con una argentina (que va a caer, se ve a leguas). El le habla de los pesares de su vida, pero que alabados ellos que hicieron que sea el hombre que ahora es, un hombre fuerte por encima de las circunstancias...sin desperdicio.
Ultimo bocado. Ya si, ya si me voy... Creo que lo mejor de esta noche es que ha sido una de esas...una cualquiera.

glauco dijo
ves? ves? si ya lo decía yo.
más latidos porfa
19 Diciembre 2006 | 01:48 PM